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TEMA: Vicisti, o aspidistra

Vicisti, o aspidistra 02 Ene 2011 14:38 #678

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Re: Vicisti, o aspidistra 02 Ene 2011 17:29 #679

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Leyendo últimamente algún que otro artículo a propósito de lo que ciertos autores esperan del recién estrenado 2011, temible 2011 para muchos como Vicente Verdú, me he visto rodeado por un pesimismo atroz, con un desencanto político que se abandona ya al cinismo, una desesperanza rabiosa en el sistema. Y quizá la resolución tácita de muchos sea no tanto esperar pasivamente a que pase un poco la tormenta, como cuanto a retornar a las fuentes de la vida feliz esperando que con ello vuelva a asomar un poco el Sol. A esta crisis en transparencia, en credibilidad, en ilusión y en valores - y también en el aspecto financiero y económico en general - me vienen hoy como hechos a medida los versos de Calderón de la Barca, maestro del desengaño barroco, quien en su obra "En esta vida todo es verdad y todo mentira" los pone en boca del escarmentado Heraclio:

Como cuando miro
que la púrpura real
el polvo la esmalta en Tiro,
y que no hay polvo que no
se desvanezca en suspiros,
siendo tan leve la pompa,
que no hay humano sentido
que ser mentira o verdad
pueda afirmar, te suplico
que más lustre no me des,
que dejarme en mi retiro
a vivir como viví
de estas montañas vecino,
de estos brutos compañero,
ciudadano de estos riscos;
que no quiero oír aplausos
de tan mañoso artificio,
que no sepa cuándo son
verdaderos o fingidos.


A este retiro privativo, en el que debe darse la reflexión y no la anestesia, Calderón trae la misma conclusión de "La vida es sueño", a saber, la idea del desengaño: Sea la vida verdad o sueño, lo que importa es obrar bien. Y así, como recoge el profesor Abellán, resuelve Heraclio:

Esperad
que sea felice rey
el que entra con desengaño
de que no hay humano bien
que no parezca verdad,
con duda de que lo es.
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Re: Vicisti, o aspidistra 02 Ene 2011 21:04 #680

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La aspidistra es un planta bastante "tonta", sin gracia, aburrida, con sus hojas alargadas de color verde oscuro; prácticamente permanece todo el año igual, sin que se note en ella el paso de las estaciones; y es de interior, le gustan los rincones oscuros. Por eso es la típica planta de los rellanos y pasillos de las casas antiguas burguesas. No necesita mucho mantenimiento, sólo limpiar de vez en cuando el polvo a las hojas que, arrinconadas, van acumulándolo.

Por eso, creo que la mejor traducción de la obra de Orwell sería "Mantened enhiesta la aspidistra", ondeando (flying) al aire como una bandera de la rendición a un modo de vida.

Mi obra preferida de Orwell es "Homenaje a Cataluña". Es también su obra más demoledora acerca del fracaso de la utopía. Pero tiene el ímpetu de un: "por lo menos lo hemos intentado". Por lo que cuentas, Thunderbird, eso falta en "Keep the aspidistra flying" y, desde luego, en las otras dos obras que he leído de Orwell, "Animal farm" y "1984".

Lo más triste de esta crisis actual, realmente, es la incapacidad de las víctimas principales de ella de decir: "¡basta! ¡vamos a tomar el timón!"; sólo dicen: "quiero que me sigan dando subsidios". Ni siquiera ponen como bandera una aspidistra, sino la mano de pedir. A mí eso me sume en profunda tristeza. ¿Hay algo más triste que unos sindicatos que no se financian con las cuotas de la solidaridad mutua de los afiliados, sino de los fondos del Estado burgués?
Bin ich doch kein Philosophieprofessor, der nöthig hätte, vor dem Unverstande des andern Bücklinge zu machen.
No soy un profesor de Filosofía, que tenga que hacer reverencias ante la necedad de otro (Schopenhauer).


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Re: Vicisti, o aspidistra 02 Ene 2011 22:26 #681

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Re: Vicisti, o aspidistra 03 Ene 2011 09:48 #686

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Aunque en la exigencia radical, estoy contigo Thunder en que ese "por lo menos lo intentamos" me suena excesivamente autocomplaciente, también en otras ocasiones comprendo como necesario, por propia supervivencia y salud mental, acogerse a ella. De nuevo, me remonto a nuestros clásicos del Siglo de Oro con los que estoy y recordaré ese pasaje de don Quijote frente a los leones donde Cervantes plasma esta idea cuando el hidalgo exclama con legítimo orgullo: bien podrán los encantadores quitarme la ventura, pero el esfuerzo y el ánimo es imposible. Se trata de una clara demostración de que el hombre debe medir su valor por el ideal que persigue o por el esfuerzo que pone en su consecución, y no tanto por el resultado útil. Ésta es la llamada filosofía del “ánimo esforzado” que en otro hilo he comentado, expresada por don Quijote en su discurso de las armas y las letras.

P.D.: Bien podríamos pedir al moderador o al administrador que lo moviera a otra sección, pero no necesariamente a Ágora, pues toda reflexión podría acabar allí, ya que, por ejemplo, podría encajar en la Bibliografía por ser el origen una obra particular de Orwell, y haber hablado de otras tantas suyas. Pero como el pretexto original fueron los versos, (y yo mismo articulé mi aportación acudiendo a otros), yo sería partidario de respetar de momento tu primera iniciativa.
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Re: Vicisti, o aspidistra 03 Ene 2011 10:04 #690

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Re: Vicisti, o aspidistra 03 Ene 2011 13:00 #697

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Diferencia entre los "intentos" de "Keep..." y "Homenaje...": el primero no se culmina porque el protagonista se autoderrota; el segundo intento por derrota mediante fuerza ajena.
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Re: Vicisti, o aspidistra 30 Jul 2013 23:34 #15343

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Thunderbird escribió:

Las preguntas son: ¿nos queda, tras la crisis de la conciencia social que vivimos en estos años, algo más que la vida personal como consuelo, sea lo que sea aquéllo con lo que cada uno llene su vida personal? ¿Nos queda algo aparte de la consolación de la filosofía, y más aún, es esta consolación acaso uno más de los opios del pueblo que sustituyen la conciencia social ahogada en la crisis?


(En "La Hoja", de Vassilis Vassilikós, el protagonisca construye un paraíso privado en torno a su amor por una hoja que crece en una maceta. Una hoja que ha robado de la ventana de una muchacha a la que ha seguido a través de la ciudad.
En su edificio anodino, la cuida y alimenta hasta que logra transformar su pequeño apartamento en una selva secreta.
Pero acaso puede construirse un paraíso privado en una sociedad de hombres infelices?. Perdonan éstos los paraísos privados?) (Quien quiera leer "La Hoja" nunca lea lo que su autor dice de ella, o se la perderá)
Oñático, Pandémico y Celeste.
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Re: Vicisti, o aspidistra 31 Jul 2013 05:12 #15345

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Mileto, esta "irresponsabilidad" o falta de vocación y de compromiso político es el que siempre se le achacó a Epicuro, quien para alcanzar la famosa ataraxia exhortaba a no enfarragarse con la cosa pública. ¿Es lícito esto entonces? ¿Es lícito que un individuo construya su felicidad en medio del caos?

También Campanella trata de erigir su Ciudad del Sol para poder exportarla y no se "un isolte feliz" en medio de tanta gente que viven en la miseria. Él mismo decía aquello de que se debe luchar no para exterminar a los enemigos, sino para hacerlos mejores.

La respuesta a estas cuestiones tiene un componente intrínsecamente ético. Está claro que según se bascule en favor de una actitud egoista o altruista se inclinará uno por decir sí a la propia felicida en medio del caos o decir no. Pero incluso tal racionamiento encierra la dificultad de que quizás sea imposible encontrar la felicidad en tal trascendencia de sí mismo que es la que se da cuando uno antepone el afuera, la sociedad, a uno mismo. Quizás esto requiera de un héroe. Y ya se sabe: todos los héroes tienen tendondes de aquiles.
El noble debe vivir con honor o con honor morir.- Sófocles.
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Re: Vicisti, o aspidistra 01 Ago 2013 18:33 #15366

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Y los héroes, estimado Grealeser, no son, acaso, constructos de la cobardía?.


En "Los que Abandonan Omelas", Ursula Kroeber Le Guin elabora una metáfora opuesta.

Una sociedad perfecta, Omelas, carente de culpa o de dolor, libre y plena de belleza y conocimiento, exenta de templos y jerarquías, se fundamenta sobre una única condición necesaria: El dolor de un niño idiota encerrado en una habitación-infierno en los cimientos de la ciudad.

En Omelas todos conocen la existencia del niño necesario:

" Todos saben que está ahí, todos los habitantes de Omelas. Algunos han venido a verlo, otros se contentan meramente con saber que está ahí. Todos saben que debe estar ahí. Algunos entienden por qué, y algunos no lo entienden, pero todos entienden que su felicidad, la belleza de su ciudad, la ternura de sus amistades, la salud de sus hijos, la sabiduría de sus eruditos, la habilidad de sus artesanos, incluso la abundancia de sus cosechas y el aire templado de sus cielos, dependen absolutamente de la abominable desdicha de este niño.

Normalmente explican esto a los hijos cuando ellos tienen entre ocho y doce años, cuando parecen capaces de comprenderlo; y la mayoría de los que vienen a ver al niño son personas jóvenes, aunque muchas veces hay adultos que vienen, o vuelven, a ver al niño. Por precisas que sean las explicaciones que han recibido, estos jóvenes espectadores siempre se escandalizan y asquean ante el espectáculo. Sienten náuseas, aunque se creían por encima de esa sensación. Sienten furor, ultraje, impotencia, pese a todas las explicaciones. Les gustaría hacer algo por el niño. Pero no pueden hacer nada. Sería bueno poder llevar al niño a la luz del sol, sacarlo de ese lugar aberrante, limpiarlo y alimentarlo y confortarlo; pero si se hiciera, la prosperidad y la belleza y el deleite de Omelas se marchitarían y secarían ese mismo día, esa misma hora. Esas son las condiciones. Cambiar toda la bondad y gracilidad de cada vida de Omelas por esa sola y pequeña buena acción, perder la felicidad de miles por la posible felicidad de uno: por cierto eso sería abrir las puertas de la culpa.

Las condiciones son estrictas y absolutas; al niño no se le puede dirigir ni siquiera una palabra de cariño.



A menudo los jóvenes vuelven a casa llorando, o tan furiosos que no pueden llorar, cuando han visto al niño y han enfrentado esta paradoja atroz. Quizá cavilen semanas o años. Pero con el tiempo empiezan a comprender que aunque soltaran al niño la libertad no le brindaría muchas cosas: el placer vago y pequeño de la tibieza y la comida, sin duda, pero no mucho más. Está demasiado degradado e imbecilizado para gozar realmente de la alegría. Ha temido demasiado tiempo para estar libre de miedo. En verdad, después de tanto tiempo es probable que fuera infeliz sin paredes que lo protejan, sin oscuridad para los ojos, sin excrementos donde sentarse. Las lágrimas vertidas por esa atroz injusticia se secan cuando empiezan a entender la terrible justicia de la realidad, y a aceptarla. Sin embargo esas lágrimas y esa furia, la generosidad puesta a prueba y la aceptación de la impotencia, son tal vez la verdadera fuente de esplendor de sus vidas. No gozan de una felicidad vaporosa, irresponsable. Saben que ellos, como el niño, no son libres, Conocen la compasión. La existencia del niño, y el hecho de que ellos conozcan su existencia, posibilita la nobleza de su arquitectura, la hondura de su música, la profundidad de su ciencia. Es por causa del niño que tratan tan bien a los niños. Saben que si ese desdichado no estuviera acurrucado en la oscuridad, el otro, el flautista, no podría ejecutar una música alegre mientras los jóvenes y bellos jinetes se alinean para la carrera al sol de la primera mañana de verano.

¿Ahora creéis en ellos? ¿No son más convincentes? Pero hay algo más para contar y esto es absolutamente increíble. (...) De vez en cuando un hombre o una mujer de más edad guardan silencio un par de días, y luego se van. Esta gente sale a la calle, y echa a andar hasta salir de la ciudad de Omelas por las hermosas puertas. (...) El lugar al cual se dirigen es un lugar aún menos imaginable para la mayoría de nosotros que la ciudad de la dicha. Ni siquiera puedo describirlo. Es posible que no exista. Pero ellos parecen saber adónde van, los que abandonan Omelas."

Quiénes crees que son los que abandonan Omelas? Adónde se dirigen?
Siempre me lo he preguntado.
Oñático, Pandémico y Celeste.
Última Edición: 01 Ago 2013 18:38 por Mileto.
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