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TEMA: Réquiem

Réquiem 30 Mar 2011 12:54 #2143

  • Kierkegaard
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Esta obra de Mozart es probablemente una de las que más me apasiona, acaso por cierta interpretación muy personal con la que siempre la he escuchado, desde que con un ánimo angustiado en clave existencial la escuché por primera vez. Os comparto tres cosas:

Primero, un extracto de la obra:
Segundo, la famosa escena de la película "Amadeus" ganadora de 8 óscars en la que, sin rigor histórico pero con una memorable recreación, Mozart en su lecho de muerte dicta a Salieri mentalmente las notas de su última obra:
En tercer lugar, un texto breve que redacté una vez cuando, en una visita a Toledo, me sorprendió la obra en una de sus iglesias, experimentada en esta clave unamuniana de angustia existencial:
Pasear Toledo es encontrarse, entre otras cosas, con años de una historia particular y de miles de vidas milenarias. En su alabastro se puede palpar la vida dedicada a la Vida. Años de planificación, asedio, lucha, diseño, cálculo, reflexión. Años de trabajo, de pulido, de escultura, de detalle, de arquitectura, de empeño de los bienes y los seres queridos, de las pertenencias y los segundos, entrega plena a la posteridad, a la maestría, a la eternidad de una ciudad milenaria. Años y lustros de mística, de espiritualidad, de devoción, de experiencia, de gestación del genio por la fe y el tesón... Pasear Toledo es pasear al pálido Orgaz que me sumerge en la dimensión más penetrante del vacío. La judería color ladrillo gris se perfila sempiterna, y a Roma, la llamada ciudad eterna, Toledo no tiene mucho que envidiar, según ambas se me han mostrado. Paseo yo por Toledo, acompañado como gusto y suelo, entre las callejuelas diminutas y altísimas, que proyectan siglos en sus frisos y azulejos. Y de pronto algo detiene mi paso... es un tono puro... fino, guardado tras de los muros de piedra que conducen hasta la plaza de San Ildefonso... suena... el Réquiem de Mozart... ¿será?... ¡lo es! Mis pobres oídos reconocen su firmeza, que resuena por las paredes desgastadas y hace que palpiten. Abandono cualquier mapa, y cualquier orientación habitual de la razón – así se deja llevar uno en estos casos – y persigo al aire, transporte del violín y de las violas, de la mezcla de bajos, tenores, altos y sopranos. Desemboco en la fachada de la iglesia jesuita; una orquesta de cámara de Praga interpreta esa noche el Réquiem. Así lo anuncian. Ahora me han capturado con su ensayo. Tras las averiguaciones oportunas conocemos que la entrada es reservada. Pero llega la noche, y ardo en hacerme perfil y colarme por la ranura, la rendija, la alcantarilla escuálida y poder así oír el concierto. A rebosar la iglesia, más de una cincuentena de personas se quejan a su puerta porque no han podido entrar. Sin embargo, en un golpe de suerte, por una mala coordinación de quienes guardaban la entrada, raudos logramos entrar, y nos guarecemos al fondo, de pie, expectantes, silentes. Escuchamos primero una misa breve de Haydn, y a continuación se doblegan las paredes, el ignorante aplauso entre movimientos cesa, todo se hace silencio... y comienza. Su pálpito es sublime. No tiene nada que ver con un rico paladar musical, del que carezco, no es una sensibilidad exclusiva que yo me precie. Es el canto a la muerte. Al fin... Requiem aeternam dona eis, Dales descanso eterno... Suave, en contraste fuerte, excelso... et lux perpetua luceat eis, y que la luz perpetua ilumine la oscuridad en que incluso su presente se sumerge, ahora mismo se desvanece... Dies iræ, dies illa, solvet sæclum in favilla, Día de ira aquel que hará del mundo cenizas... y el mundo se hace cenizas a diario, la ira del tiempo acomete, y el tan ansiado y descubierto concierto se me va escapando en cada instante... ¿Angustia, dicen? ¿Que no aprovecho el momento? Aspiro firme las carreras, los golpes, subidas y bajadas, al detalle, desmenuzadas entre los labios las notas y los timbres. Salva me, fons pietatis, sálvame cada segundo y que no perezca, quod sum causa tuæ viæ, que soy causa de tu Vida... Gere curam mei finis, que cures mi final, mi final que es mi aliento, mi consumición, mi incertidumbre, mi desconcierto... que cuides de mis pequeños, de mis queridos, de mi mundo... que los guardes a todos... Lux aeterna luceat eis,... que la luz arranque del olvido y del vacío este pobre ser que no puede hacer otra cosa más que quemarse al respirar las notas de este instante eterno. El concierto acaba, atronan los aplausos contra la bóveda. Quizá la interpretación no fuera magnífica, alguien desafinó, el director llevó un ritmo excesivamente rápido... es igual. La ciudad milenaria me ha empujado hasta su fondo.
Última Edición: 30 Mar 2011 12:55 por Kierkegaard.
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Los siguientes usuarios han agradecido: Bud, milo

Re: Réquiem 07 Mar 2012 18:45 #6568

  • Bud
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Fantástico, Javier, casualidades de la vida he leído el texto que escribiste escuchando el Requiem y me ha impresionado.


Un saludo.
Hay una sola expresión para la verdad: el pensamiento que niega la injusticia. Horkheimer.
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