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TEMA: Razón, (e)utopía y dis(e)utopía

Re: Razón, utopía y disutopía 05 Sep 2013 21:06 #15931

  • Tasia
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Nolano, me gusta la cuestión que planteas.

Pero no creo que proceda excluir usos del término. El término "utopía" que significa "en ningún lugar" se ha aplicado de hecho en la historia de la filosofía a teorías muy distintas entre sí:

Se ha aplicado a las utopías políticas positivas (y también, en sentido extenso a las distopías), se aplica a todo lo que no ha ocurrido aún y hay esperanza de que ocurra, se aplica a lo que está fuera del tiempo (a los lugares en los que el tiempo "se para", como en las ucronías), se aplica al más allá de los mitos y las religiones, a las idealizaciones ("utopía romántica", por ejemplo, o "utopía liberal"), a la unión imposible de opuestos, a la síntesis estética de naturaleza y libertad, etc. Hay por tanto utopías políticas, morales, religiosas, estéticas, filosóficas, etc.

Pueden gustarme unos usos más que otros, pero no negaría el término utopía a ninguno, no tendría sentido hacerlo, no puedo luchar contra el devenir de un término. Lo único que tienen en común todos esos sentidos es que encajan en las palabras "en ningún lugar".

Como encajan en el sentido etimológico y en el devenir natural del uso del lenguaje filosófico; y además estos términos no dañan a nadie, no veo razones para negar el término "utopía" a algunos de sus usos.

Podríamos debatir sobre los rasgos más importantes en una utopía, pero no para negar el término a las utopías que no se adapten. Me parece más divertido explorar los límites del término: ¿Podríamos sentirnos en "utopía" en todas esas situaciones en las que nos vemos "fuera de lugar"?
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Re: Razón, (e)utopía y dis(e)utopía 08 Sep 2013 19:53 #16024

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Nada me desagradaría más que convertir esto en un debate onomástico en vez de un debate conceptual. Como es de suponer, a mí me da igual si llamamos “utopía” a un concepto o lo llamamos con otro nombre: lo importante es que no demos el mismo nombre a dos conceptos distintos, jugando así a la confusión.

A mí me da lo mismo si llamamos utópico a algo que se puede conseguir en este mundo o a algo que no, por lo que habría que esperar a la vida ultraterrena para ello. Lo que no me da igual es que dos conceptos morales y políticos de tan distinto alcance los metamos en el mismo saco con la misma denominación, porque emborrona y confunde los discursos. Para que se entienda bien el problema, me remonto al texto de Javier Muguerza que dio origen a este hilo y que, por lo que veo, no todo el mundo que ha participado en él ha llegado a leer, pues ya no es libro de base de la asignatura Ética como lo era cuando yo la cursé. Se trata del capítulo titulado “Razón, utopía y disutopía” del libro Desde la perplejidad. Utilizo un ejemplar impreso en 1996, y cito de las páginas 377-379:
Muguerza escribió:
Y de ahí que en el París del 68 se popularizase –con avieso designio antiengelsiano- la sustitución de la fórmula «del socialismo utópico al socialismo científico» por la fórmula inversa «del socialismo científico al socialismo utópico», acompañada en ocasiones de otros slogans bastante más voluntariosos que pacientes –como el de «seamos realistas, pidamos lo imposible»- de acomodo ciertamente difícil dentro de la intención utópica. Un pensador como Ernst Bloch, sin disputa el más grande cultivador del pensamiento utópico en nuestro siglo, habría aceptado sin reservas –aun si con precisiones, ya que lo suyo no era exactamente el desenfado del Mayo francés- la inversión de la fórmula de Engels, pero rechazó siempre, con la energía de quien no estaba para bromas al respecto, que la utopía por él reivindicada tuviese algo que ver con la propuesta de fantasías irrealizables. Aunque hoy por hoy no haya tal lugar, cabría decir, nada hay que presuponga en la utopía que nunca lo haya habido –el comunismo primitivo no era para Marx, comoquiera que sus críticos den en interpretar dicha hipótesis, el Jardín del Edén- ni que no lo haya de haber nunca, pues el advenimiento de la sociedad comunista en el futuro no equivalía tampoco para Marx –comoquiera, de nuevo, que sus críticos den en interpretar ese proyecto, que es por tanto en sí mismo algo más que una hipótesis teórica- a la eclosión del Quiliasmo.
(...)
Así pues, y desde el punto de vista de la intención que la anima, cabría afirmar que una utopía es contraria a los hechos únicamente en la medida en que ello entraña una preferencia moral por otros hechos, de suerte que su contrafacticidad sería perfectamente compatible con su «sed de facticidad», esto es, con la pretensión de que tengan lugar aquellos hechos en los que la utopía busca encontrar su cumplimiento. Y no hay que olvidar que una tal peculiaridad de la utopía ni tan siquiera está ausente de la Utopía de Moro, quien se permitió allí jugar con la posibilidad de hacer derivar la «u» inicial de esa palabra del prefijo griego eu, con lo que –más que «ningún lugar»- la utopía, o sea la eutopía, vendría a querer decir «un buen lugar» o lugar digno de convertirse en realidad (*). De donde, finalmente, se desprende que el intento de hablar «sobre el no–lugar de la utopía» no tendría por qué reducirse al de dar vueltas en torno a algo obviamente tautológico, así como tampoco es cosa de emprenderlo por el gusto de solazarse en el retruécano.”

(*) Moro, en efecto, confía la broma a la pluma de Anemolius -«poeta laureado de la isla»-, quien hace el elogio de ésta en un sexteto que precede al cuerpo de la obra, mas –como apuntan Frank y Fritzie Manuel- no cabe duda de que él mismo, al igual que no pocos de sus lectores y continuadores, llegó a tomarse en serio «el carácter eutópico, esto es, eupráctico» de sus propias propuestas.

Creo, y este fue el origen del hilo, que esta perspectiva de la “utopía” obliga a distinguir conceptualmente dos cosas, la contrafacticidad y la contrafactibilidad. Pero espero que no nos enredemos aquí de nuevo en un debate onomástico sobre el alcance que hay que dar al nombre “hecho”, que deriva del latín factum, cuyos derivados son contrafáctico y contrafactible. Entiendo por hecho “cosa que sucede” (RAE), y suceder conlleva ocurrir en un lugar y un tiempo determinado. Por eso la utopía es contrafáctica, porque los hechos que en ella suceden son utópicos y ucrónicos, no ocurren en ningún momento ni en ningún sitio. Pero siendo toda utopía contrafáctica, no tiene por qué ser contrafactible, como apuntaban en el Mayo del 68 o Ernst Bloch.

Pero, entonces, necesitaremos dos palabras diferentes: una, para la “utopía” sólo contrafáctica, pero no contrafactible, y otra para la “utopía” contrafáctica y también contrafactible. Ésta es la que sucedería al final de la Historia, es decir, cuando ya no hay ni espacio ni tiempo; en la Gloria de los creyentes, por ejemplo.

Como no quiero disputar sobre nombres, sino sobre conceptos, y aunque, como he querido expresar en este mensaje y en los inmediatamente precedentes, es difícil hablar en Filosofía de lo que no ocurre en el Mundo inteligible, sino fuera del Mundo, por lo que incluir en la “utopía” lo contrafactible es mezclar churras con merinas, es decir, milenarismo religioso con expectativas racionales sobre el futuro del hombre y sus sociedades en este mundo, digo que, como no quiero enredarme en disputas onomásticas, no tengo inconveniente en reservar “utopía” para lo contrafactible, para lo que, si acaso, tendrá lugar más allá del tiempo y el espacio, al fin de la Historia, utilizando, por tanto, la siguiente terminología:

-Utópico: lo que no tiene lugar efectivo ni puede tenerlo en este mundo, sino sólo en el otro.
-Eutópico: lo que no tiene lugar efectivo en este mundo, pero sí podría llegar a tenerlo.

Corrijo el título del post para adaptarlo a esta nueva terminología que, al parecer, es más de vuestro agrado.
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Última Edición: 08 Sep 2013 21:04 por Nolano.
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Re: Razón, (e)utopía y dis(e)utopía 11 Sep 2013 10:23 #16177

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Comprendo y comparto la matización que quieres plantear, pues desde tu enfoque parece que lo utópico contiene un grado de resignación que lo hace incompatible con lo eutópico, ya que ante lo contrafactible no cabe más que la esperanza fideista que dista mucho de la esperanza constructiva más humanizadora que observa que lo contrafáctico nos pone en camino.

Sin embargo, en otro sentido, creo que también es filosóficamente fecundo el no separar completamente la utopía de la eutopía, reteniendo de aquélla un significado también filosófico: Quien se pone en camino hacia la eutopía consciente de que ésta no llegará nunca de hecho, aunque potencialmente podría llegar en este más acá, siempre puede albergar una duda ¿a qué se debe esta imposibilidad? Y la cuestión que aquí se abre es la de la teodicea o, en general, el problema del mal en el mundo, el mal metafísico del que también hablase Bloch. Y ahí la utopía frente a la eutopía ofrece otra lectura: la de la irremediable imperfección del hombre, que aun siempre perfectible es en el fondo contrafactiblemente perfecto. La utopía, así entendida, mitiga la tendencia totalitaria de las eutopías, que pueden fácilmente envalentonarse al verse en tan buen camino que pueden caer fácilmente en el hechizo de haber llegado a ese buen lugar.

Ciertamente no creo que sea oportuno permitir que la resignación se inyecte en la mirada al futuro desde el punto de vista filosófico, y por eso es oportuno matizar el polo eutópico de la perspectiva filosófica frente a la utopía de corte religioso; sin embargo, también la eutopía tiene sus peligros cuando acaba admitiendo sólo de boquilla la imposibilidad fáctica de su pretensión y coquetea con haber alcanzado ese fin de la historia porque sólo ha sido contrafáctico (desde el estado prusiano en Hegel, pasando por la dictadura del proletariado, hasta el final de la historia y el último hombre de Fukuyama).

Eso es lo que hace tan ambigua la postura de Bloch, y que Kolakowski critica, mostrando la excesiva pretensión y difícil defensa dentro de los límites ateos en que se quiere mantener Bloch. Como vimos en Metafísica, de nuestros propios apuntes, “la identidad final escatológica corre el peligro de postular un final que clausura la historia” […] “oscila entre una visión inacabada de la historia abierta al fracaso, con la muerte como la anti-utopía más poderosa, y una visión de marcado cuño religioso que parece afirmar la exigencia de redención final”. La postura de Kolakowski es precisamente la que mantiene esa relación un tanto irónica y distante respecto a las propias esperanzas y (e)utopías, pues como donadoras de sentido pueden ser utilizadas como ficciones, y por ello es necesaria la reconciliación con la finitud humana, que pone de manifiesto la utopía al remitir esa perfección a “lo totalmente otro”, como verás en Filosofía de la Religión este año.

Por tanto, creo que resulta más prometedor un equilibrio que atienda a las contribuciones filosóficas que tanto la utopía como la eutopía pueden ofrecer. Y ese equilibrio es el que yo creo que la teología actual, más abierta, pretende asumir con una concepción del llamado “Reino de Dios” bajo la idea del “ya sí, pero todavía no”: estaría en curso en este mundo, en manos de los hombres, pero nunca sería totalmente realizable sin la última asistencia de Dios. Creo que la filosofía, sin tener que apelar a ninguna “Historia de la salvación” ni a Dios, puede plantearse de forma autónoma un equilibrio análogo que conjugue posibilidad en curso con imposibilidad en última instancia. Supongo que considerarás que la eutopía ya alberga ese equilibrio, pero, es mi opinión, creo que al querer marcar sus diferencias frente a la utopía tu idea subraya en exceso uno de los polos y queda coja. De ahí mi propuesta de que ambas pueden constituir nociones filosóficamente contribuyentes.
Última Edición: 20 Ene 2014 09:58 por Kierkegaard.
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Re: Razón, (e)utopía y dis(e)utopía 11 Sep 2013 21:03 #16202

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Yo creo que como apuntas, Kierkegaard, tiene que ver con la religión -al menos en Occidente-, pero para invertir ese reino de Dios que se promete y colocarlo completamente en la tierra y no en el cielo. El "ya, pero todavía no" pertenece a la teología protestante (Bultmann). Para la Iglesia Católica, al menos tradicionalmente, el Reino de Dios en la tierra se identifica con la Iglesia. la utopía o la eutopía, aún con sus matices, pretenden cumplir al menos la felicidad del hombre aquí en la tierra, mediante la psicología, la educación, la tecnología o cualquier otra promesa nacida de la revolución de 1789. Creo que la secularización de las promesas ultraterrenas de la fe llevó, en un proceso que comienza en el siglo XV incipientemente y depués manifiestamente con los reformadores, a la elaboración de las primeras utopías. El cielo ya les quedaba un poco lejos y el hombre medieval ya se había extinguido.
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Re: Razón, (e)utopía y dis(e)utopía 13 Sep 2013 21:01 #16264

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Agradezco a todos vuestras aportaciones a este, para mí, crucial debate en el ámbito de la Filosofía moral y política.

Más allá de la terminología, he apuntado, y me gustaría seguir insistiendo en ello, que una perspectiva utópica y una perspectiva eutópica tienen radicales consecuencias sobre la Filosofía moral y política, hasta el punto que creo que, en sus versiones digamos más extremas, nos sitúan ante programas éticos y políticos incluso opuestos.

Insistiendo en alguno de los puntos que ya he señalado en mensajes anteriores, creo que es evidente que la Utopía, escatológica y ultraterrena, es indefectible y la Eutopía no necesariamente. El Reino de Dios (o el Reino de los fines kantiano) no depende para nada del desarrollo de la Historia: advendrá nos comportemos como nos comportemos en vida. En cuanto a las eutopías, la cosa cambia. Es cierto que hay doctrinas eutópicas que, aun resolviéndose en este mundo, están también teñidas de ese halo de indefectiblidad; posiblemente podamos incluir entre ellas la de Hegel o la de Marx, al menos en su versión “fría” o de “materialismo histórico”. Quizá eso autorice a distinguir dentro de las doctrinas eutópicas entre “Filosofías de la Historia” y “Filosofías de la Esperanza”.

Sea como sea, en mi opinión, las doctrinas de una Eutopía no indefectible promueven la acción ética con relevancia política, buscan una convergencia de ética y política que, en puridad, a las doctrinas utópicas no sólo les es indiferente, sino que con frecuencia han propugnado la separación radical entre ambas vertientes (Ciudad de Dios y Ciudad del Hombre agustinianas, doctrina de “las dos espadas”, separación Iglesia-Estado, etc.).

No podemos ignorar que, por ejemplo, tanto Hegel, con su Sittlichkeit (eticidad) opuesta a la Moralität (moralidad) kantiana, como Marx, con su conocido activismo político, no muestran una coherencia con el determinismo histórico que postulan, concretado en el espíritu absoluto del primero y el comunismo triunfante del segundo. Parece claro que nos hallamos ante contradicciones internas de ambos sistemas, especialmente del marxista, que no llega a explicar bien por qué habría que esforzarse en la lucha política para hacer llegar un futuro que de todas formas vendrá por sí solo como consecuencia del propio desarrollo de las fuerzas sociales y económicas; pues en el sistema hegeliano no se propugna la lucha política, ya que el papel de la eticidad, es decir del comportamiento moral recto, no se encomienda a los individuos, pues ya lo realiza por sí mismo el Estado, quieran los individuos o no.

Por otro lado, no hay que olvidar que no toda filosofía es utópica o eutópica. Hay muchos filósofos a quienes esta cuestión les trae más bien al fresco: Wittgenstein, Quine, Nietzsche, Heidegger, y tantísimos otros. Y quiero aquí traer a colación a Kant de nuevo, y calificarlo de un filósofo nominalmente utópico, pero indiferente a la utopía desde el punto de vista de su sistema filosófico. Que Kant pensara que había un Reino escatológico de los fines, presidido por Dios e integrado por almas inmortales, no quiere decir que dicho Reino desempeñe un papel en su doctrina moral. Aunque no existiera ese Reino, el hombre tendría que actuar conforme a la ley moral; incluso los ateos están vinculados por la ley moral. De ahí que Dios o la inmortalidad del alma sean meros postulados (“proposición cuya verdad se admite sin pruebas, y que es necesaria para servir de base a ulteriores razonamientos”, define el DRAE) y no axiomas ni teoremas ni leyes de la razón práctica. El Reino de Dios escatológico no es causa final (telos) del comportamiento moral, sino término (final en el sentido de llegada, y no de propósito o finalidad) de dicho comportamiento moral. Por tanto, es totalmente irrelevante para el sistema moral kantiano; otra cosa es que Kant se viera obligado, por convicción, por razón del entorno ideológico en que vivió, o por ambas cosas a la vez, a introducir esos postulados que, como digo, no tienen papel relevante alguno en su moralidad. Repito: aunque no existiera ese Reino de los Fines, el hombre seguiría obligado a actuar conforme a la ley moral. Esta doctrina de Kant, en realidad, utópica en el sentido indicado, supone, sin embargo, en mi opinión, la expulsión de la utopía de la Filosofía, y su confinación en el ámbito de lo religioso.

Evidentemente, como en todo asunto de esta naturaleza, habrá opiniones discrepantes. Por ejemplo, los intentos por hacer una llamada pomposamente “Filosofía de la Religión”. Pero creo que basta echar un vistazo al panorama de esa asignatura para darse cuenta de hasta qué punto esa disciplina es un intento marginal por hacer teología en un mundo profano e ideológicamente secular. Da hasta risa, por la despropoción de los términos de comparación, ver los filósofos no religiosos e incluso manifiestamente antirreligiosos que se estudian allí: Hume, (Kant en el sentido en que lo interpreto), Hegel, Feuerbach, Marx, Nietzsche, Freud, y comparar esta lista con otra compuesta por Pannenberg y Otto, si es que es lícito llamar a éstos dos últimos filósofos en vez de teólogos.

Dicho lo cual, querría comentar el mensaje de Kierkegaard y el juego mutuo de relación entre utopía y eutopía que expone. Antes que nada, decir que incluso aunque existiesen esas relaciones y fuera conveniente analizarlas, eso no obsta, sino todo lo contrario, para que debamos separar filosóficamente utopía y eutopía, pues es precisamente desde la diferenciación conceptual, que llevará de suyo también la terminológica, como podemos analizar esas relaciones que, en ausencia de diferenciación conceptual y terminológica, se nos difuminarían en un todo en el que la utopía absorbería a la eutopía, o viceversa, sin que fuéramos capaces de discernir ambos conceptos con claridad, emborronando así sus relaciones.

En esto creo que al menos Kierkegaard estará de acuerdo, y, entonces, de lo que se trata es de ver si hay un abismo entre ambos conceptos o están unidos por algún puente transitable. Si no he entendido mal lo que nos dice el compañero Kierkegaard, la utopía nos serviría como ideal regulador de una eutopía imposible, pero, a la vez, necesaria.
Kierkegaard escribió:
Creo que la filosofía, sin tener que apelar a ninguna “Historia de la salvación” ni a Dios, puede plantearse de forma autónoma un equilibrio análogo que conjugue posibilidad en curso con imposibilidad en última instancia. Supongo que considerarás que la eutopía ya alberga ese equilibrio, pero, es mi opinión, creo que al querer marcar sus diferencias frente a la utopía tu idea subraya en exceso uno de los polos y queda coja.

Kierkegaard ha captado bien mi idea, pues, efectivamente, pienso que la eutopía, si no es que alberga ese equilibrio que él dice, al menos sí puede albergarlo en alguna de sus formulaciones menos extremistas, apartadas de las eutopías “de tendencia totalitaria” o “envalentonadas”, como él las llama. No veo en absoluto necesario, y de hecho tampoco conveniente, que la eutopía tenga como referencia una utopía que actuaría de una forma, como la que nos propone Kierkegaard, negativa e indirecta: a través de la constatación de una imposibilidad eutópica por la existencia de la maldad en el mundo. Yo al menos no creo en la maldad en el mundo. De hecho no pienso que los hombres sean buenos o malos; los hombres son como son.

Efectivamente, el punto clave de todo el asunto de que trata este hilo es, como dice Kierkegaard, ¿a qué se debe la imposibilidad de la eutopía? Y él contesta que es debido a la imperfección del hombre e incluso a la imperfección del propio mundo (mal moral el primero, mal metafísico el segundo).

Pero si dejamos a un lado el problema del mal, quiero decir: si negamos al mal un estatus ontológico, lo que encontramos es la connatural plasticidad del hombre. Es, de alguna forma, lo que apunté cuando rechacé la factibilidad de la eutopía ante la imposibilidad de que se pueda decir la “última palabra”, la palabra que clausura el discurso y que abre de par en par las puertas del Reino de los Fines. El hombre es un ser vivo, dinámico, abierto, genéticamente anticipatorio. Y no hay que darle muchas más vueltas a la imposibilidad de la eutopía: la eutopía no es posible porque supondría la paralización del hombre, su conversión en estatua de sal por mirar atrás, por haber perdido sus facultades anticipatorias y volver la vista exclusivamente al pasado (esas francfortianas nostalgias de lo radicalmente otro y esos apremios de reparación de todas las víctimas del pasado; ese empeño imposible por cerrar todos los discursos abiertos e interrumpidos violentamente). Dejemos que los muertos entierren a sus muertos (el hablar tanto de religión está sacando en mí la vena evangélica).

En estas circunstancias, no creo que sea imprescindible disponer de un modelo de Eutopía, como Bien absoluto, para obrar moralmente de forma correcta; basta con plantearse: si hago (o dejo de hacer) esto, el mundo que resulte después de mi acción (o mi omisión) ¿será mejor que éste o será peor? La aspiración moral, por tanto, pasa de ser una aspiración al Bien a ser, simplemente, una aspiración a la mejora. Si en vez de ese bien incremental, que es la mejora, nos fijamos como ideal en un Bien Supremo, es fácil caer en esos totalitarismos que denuncia Kierkegaard, que es en lo que se resuelve tantas veces lo que Max Weber llamó la ética de la convicción, frente a la ética de la responsabilidad, y que el propio Kant definió con la sentencia fiat iustitia et pereat mundus. Creo que no se puede obrar éticamente si se actúa de forma irresponsable, si, por buscar el Mundo Óptimo, renunciamos a un mundo mejor; porque si pereciese el mundo, ya no habría mundo donde realizar el Bien,

¿Podemos dar, en este esquema que esbozo, algún papel a la Utopía (ultraterrena)? No acabo de verlo. Si la Eutopía no nos sirve de idea reguladora del comportamiento moral, menos aún lo hará la Utopía, aunque sólo sea porque difícilmente un mundo de “santos” (utilizo la terminología kantiana), es decir, de seres desprovistos de materialidad corporal y, por tanto, de intereses que se oponen a la moralidad, difícilmente, digo, ese mundo puede servir de modelo para un mundo compuesto por seres que no son “santos”, sino solamente “morales”. Y frente a las acusaciones que hace Kierkegaard a la Eutopía sin Utopía, de poder derivar hacia el totalitarismo, tenemos las no menos pertinentes evidencias de que las Utopías ultraterrenas fácilmente derivan o bien hacia el fundamentalismo religioso o bien hacia una resignación conformista en este mundo a la espera del otro.
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Última Edición: 15 Sep 2013 23:20 por Nolano.
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Re: Razón, (e)utopía y dis(e)utopía 20 Ene 2014 02:19 #18845

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En una lectura rápida puedo decir que me parece una discusión sobre, lisa y llanamente, la imposibilidad del comunismo, donde el juicio de valor está de antemano dispuesto, todo aderezado con lecturas varias y avezadas. Tengo un amigo que dice: las utopías o se las monta uno consigo mismo, o lo lleva clarinete. Claro que este amigo solo sabe de peces, de cebos, y de carretes. Y eso me lo dice mientras pesca a mano en las gargantas. La utopía parte de uno, de querer vivir como le venga en santa gana. Y eso es realizable. Dice él. Montaigne pesaba poco más o menos, y el ideal cristiano de Erasmo era tal: casarse, un huertico y la tarde leyendo. Para que más. ¿ El comunismo es posible? Nolano, afirma que no. Su fundamento es potente. Hay filosofía, y mucha. Las utopías terrenales yo tampoco las veo. No las veo. Salvo la de dedicarse uno a pescar, a podar árboles, y hablar con los amigos todas las tardes mientras se toma una cerveza. Esa utopía es posible, lo aseguro:pero para saber eso no hace falta tanto manual obligario UNED. También se filosofa mirando el cielo. Los libros son útiles, pero sobre todo para ver cosas nuevas o de otra manera a como ya se ven. Porque digo yo, si uno es anticomunista de nacimiento como quien dice, para que tanto hilo. ¿ O es que ese es su carrete utópico?
Última Edición: 20 Ene 2014 02:20 por jake.
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Re: Razón, (e)utopía y dis(e)utopía 20 Ene 2014 22:48 #18867

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Si lees con detenimiento el hilo y su desarrollo verás, Jake, que en él hay varios mensajes míos; el primero es antiguo, y lo es mucho más porque procede de un antiguo foro que algunos sustituimos por este de ahora. De hecho en el mensaje que da inicio al hilo precisamente me posicionaba a favor de una utopía contrafáctica pero no contrafactible; no sé si eso es posicionarse a favor de la posibilidad del comunismo. No me interesa tanto la colectivización de los medios de producción como una sociedad libre de violencia y donde no se prive a nadie de enlazar el discurso con la siguiente palabra (donde no esté dicha la última palabra). Y, en todo caso, del comunismo estalinista al comunismo libertario hay gran trecho, así que no está claro qué pueda ser el comunismo.

Este hilo, en lo que a mí respecta, no es sino un registro de lo que me ha ido enseñando el estudio de la Filosofía desde que empecé con la Ética de 1º (2007), según dejé dicho en el primer mensaje, hasta la lectura de Lyotard, cosa para lo que, en aquel entonces, no estaba preparado, sin duda alguna. No es, por tanto, ni mucho menos, una invectiva contra el comunismo o cualquier otra clase de (e)utopía, sino un registro escrito de mi viaje particular a Ítaca. Si tienes a bien, como yo, ir dejando registro en el foro de tus etapas en este viaje, seguro que los demás tomaremos nota, agradecidos por ello.
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Última Edición: 20 Ene 2014 23:13 por Nolano.
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Re: Razón, (e)utopía y dis(e)utopía 21 Ene 2014 16:49 #18900

  • jake
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Ciertamente, aún no he podido leer detenidamente las entradas y es una apreciación rápida y sin fundamento ninguno. Ahondaré en ello, pues aún no tengo las herramientas suficientes. Te agradezco el comentario y comparto tu apreciación. Intentaré leer bien lo que afirma Lyotard detenidamente, pues es muy interesante este debate. De esto se poco, y Albert Camus es de lo poco que he entendido, con el Hombre Rebelde. Otra vez te agradezco el comentario.
Última Edición: 21 Ene 2014 22:58 por jake.
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