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TEMA: Antimaquiavelismo español

Antimaquiavelismo español 02 Ene 2011 11:14 #674

  • Kierkegaard
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En la descripción del período Barroco que realiza el profesor Abellán, se dice que en España se desarrollaron de forma paradigmática diferentes manifestaciones contrarias a las doctrinas políticas de Maquiavelo basadas en la “razón de Estado” para apoyarse en un pensamiento donde la política quedaba siempre subordinada a la moral. Así, se considera que esta postura "antimaquiavélica" resulta excepcional en la Europa de las nacionalidades, y definirá la particular constitución interna de España a lo largo de la historia, que, sin embargo, al tener que vivir en un mundo de naciones, ha provocado que la idea de nación haya tenido que imponerse artificialmente por quienes tenían a su cargo el mando. Así, Abellán refleja que el triunfo de la Inquisición y la razón de Estado como instrumentos para defender una política universalista, católica y, en definitiva, antinacional, incurren precisamente en lo que se quería combatir, como característica típica de la historia dramática y desgarrada de España.

Parecería así que la moralidad española lucha frente a la tesis maquiavélica de hacer del Estado religión, y desde su sublimación de la religión católica de la vida típicamente española, perseguía que de la religión se hiciera el Estado. En esencia, los españoles encarnarían desde su ideal quijotesco, a la par que militar y religioso del Barroco, el enfrentamiento contra la justificación de los propios actos con tal de alcanzar su fin, típico del pragmatismo terrenal burgués de la modernidad en el resto de Europa.

Sin embargo, en mi opinión, esta idea choca frontalmente con la que se sostiene cuando se habla del espiritualismo trascendente que define ideológicamente al Barroco, en el que cobra cuerpo la noción básica de “desengaño”, muy ligada a la decadencia política y económica y que se convertirá en el gran tema del barroco español. A pesar de los intentos moralizantes de los Calderón y compañía, ¿no son acaso los pícaros y los hidalgos, típicos personajes de la época en la realidad y la literatura, maestros precisamente de esa doble moral nada antimaquiavélica, que se sirve de diversos medios con tal de alcanzar sus fines? Los unos por el mero hecho de la supervivencia, esquivarán, sisarán, mentirán, engañarán... los otros por hacer preservar su prestigio, finjirán, adularán, mentirán,... Este desengaño propio de la decadencia en el Barroco que conduce a una desorientación tan análoga a la del helenismo en el que surgieron los epicureísmos, estoicismos y escepticisimos, ¿no es en parte fuente de esta moral típicamente española - y me atrevería a decir que latina, como se puede comprobar a lo largo del Mediterráneo - que marca señaladas diferencias con el sentido del deber y el respeto a las normas típico del resto de Europa con su férrea moralidad luterana, y su implacable ausencia de sacramento del perdón católico? ¿Y no resulta el neoestoicismo de Quevedo y de Gracián una auténtica confirmación del pesimismo antropológico típico del maquiavelismo, de la demanda de pragmatismo interesado que pone incluso en la boca del jesuita exhortaciones a huir de los que sufren o aprender a doblegar voluntades?

La tesis del antimaquiavelismo español, más que venir fundada por un ataque de espiritualismo idealista y moralizante católicos, creo que estaría mejor justificada en la renuencia de un Imperio que se derrumba a las ambiciones de las naciones emergentes europeas y a un nuevo paradigma social, el de la Modernidad, que va a minar los cimientos de aquella sociedad europea de la que España fue primera potencia mundial. Ello explicaría que se incurra en lo que se quiere combatir: en el fondo no resulta ser más que una expresión de frustración que reniega de quien le va quitando el poder que otrora ostentó.
Última Edición: 21 Ene 2011 13:59 por Kierkegaard.
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Re: Antimaquiavelismo español 03 Ene 2011 23:59 #716

  • Nolano
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En mi opinión (y en contra de lo que comúnmente se cree) el Concilio de Trento estableció las bases en los Estados católicos de la separación Iglesia-Estado, como modelo opuesto al de los estados protestantes donde el Monarca o Príncipe era también la cabeza de la organización eclesiástica (calvinismo, Iglesia anglicana, etc.). Eso frenó al maquiavelismo, pues el Monarca católico tenía siempre pendiente sobre su cabeza la doctrina de la licitud del tiranicidio. Creo que se ve a simple vista, leyendo por ejemplo a Vitoria, Las Casas o Yáñez que la cosa va por derroteros muy diferentes a los que transita Hobbes. Es cierto que entre España, por un lado, e Inglaterra y Holanda, por otro, no sólo hay una lucha por el control territorial de los nuevos territorios (que también), sino dos modelos diferentes de colonización.

Dos observaciones a tu mensaje, Kierkegaard:

1) Hablas de "el neoestoicismo de Quevedo y de Gracián". En mi opinión, Gracián era más epicureísta que estoico (en cuestiones morales, claro; no en cuestiones ontológicas, pero en estas Gracián no estaba muy interesado).

2) Hablas de "un Imperio que se derrumba a las ambiciones de las naciones emergentes europeas y a un nuevo paradigma social, el de la Modernidad". El imperio español no fue barrido por la Moderinidad. Nació con la Modernidad; y, de hecho, como he dejado dicho en el primer párrafo, sentó algunas de las bases morales del Estado moderno.

Sobre la novela picaresca, es cierto que forma parte inseparable de ese mundo de contrastes que fue el barroco español, pero también lo es que el pícaro español siempre acaba mal, castigado por su mala vida, que es un ejemplo de imprudencia, todo lo contrario del prudente de Gracián. Pero el Barroco es la muestra más palmaria de que sombras y luces son inseparables, como las dos caras de Jano.

Por cierto, y ahora que se reponen las películas de Luis G. Berlanga, el Quijote y las novelas picarescas tienen también su guiño en "Bienvenido Míster Marshall". El pícaro Manolo, al final, ofrece al pueblo decepcionado toda su solidaridad, igualándose así al hidalgo del pueblo. Al final los dos acaban confluyendo en la "quijotización".
Bin ich doch kein Philosophieprofessor, der nöthig hätte, vor dem Unverstande des andern Bücklinge zu machen.
No soy un profesor de Filosofía, que tenga que hacer reverencias ante la necedad de otro (Schopenhauer).


Jesús M. Morote
Ldo. en Filosofía (UNED-2014)
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Última Edición: 06 Ene 2011 12:36 por Nolano.
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Re: Antimaquiavelismo español 06 Ene 2011 12:00 #740

  • Kierkegaard
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Efectivamente, el antimaquiavelismo puede venir en el caso español de su poso católico: el discurso ideológico predicaría que es el proceder concreto de las obras el que justifica la salvación, y por tanto ningún medio concreto puede ser justificado por un fin, por alto que éste sea (no ya la ambición o el poder del propio Príncipe sino incluso el supuesto interés de la república en cuestión). La ética no puede repudiarse en la política, y por tanto aquélla tiene siempre una palabra que decir sobre ésta. Ahora bien, mi aproximación creo que es compatible con la tuya, pues tras de ese discurso ideológico observo intereses varios. Por un lado el de la Iglesia católica, por preservar su capacidad de influencia desde la perspectiva moral sobre los asuntos terrenales de la política (lo cual no necesariamente es un interés perverso, pues como Las Casas, han sido muchos los hombres de la Iglesia que han puesto los puntos sobre las íes a los poderes políticos, y de ahí la continuidad que hoy se observa entre Las Casas y el obispo Romero). Pero por otro lado, también, el interés del imperio español - dado el poder eclesiástico y el interés que acabo de atribuirle - por deslegitimar las justificaciones que ciertas naciones que compiten con él se atribuyen, conduciéndose por ejemplo hacia la emancipación del propio imperio (Holanda) o hacia la acaparación de poder bajo una sola figura (Inglaterra).

Sobre el neoestoicismo, efectivamente Gracián es más epicureísta, aunque recogí la generalización que ambiguamente parece realizar el propio Abellán al referirse a la evolución del "discurso de índole erasmiana" que "va a adquirir caracteres estoicos o neoestoicos bien entrado ya el siglo XVII" y en el que destacarán "los dos grandes ingenios del siglo", a saber, Quevedo y Gracián. Pero efectivamente, puede estar refiriéndose sólo a que ambos van a reflejar "las condiciones sociales del mundo español, donde la decadencia se ha instalado ya de forma irremediable", cada uno con su particular aproximación.

Sobre el derrumbe del imperio, efectivamente no se produce a manos directas de la Modernidad, a la que indudablemente contribuye - España, como una de las primeras naciones modernas aportó, sin ir más lejos, su modelo basado en una creciente burocracia - pero sí es cierto que a la vez fue víctima de esa misma Modernidad de la que un tanto se descolgó y en la que serán las naciones emergentes y subidas al carro del progreso científico y económico que es propio de este período las que participarán del "reparto de Utrecht" desmenuzador de su imperio. Se irá fraguando también en esta Modernidad una característica a la que España también será ajena, como es el de la progresiva escisión del poder político y ético, que no consiste tanto en su separación católica por el interés eclesial frente a su unificación bajo un mismo poder protestante, cuanto en su progresiva consideración como esferas separadas, basada en el principio de tolerancia tras la devastadora experiencia de las guerras de religión. Principio del que España no parece participar como el resto de las naciones europeas, lo que le hace avanzar en la retaguardia hacia nuevos modelos contractualistas más pragmáticos y menos morales, con la consecuente reclusión de la ética al espacio más privado del individualismo que hoy nos caracteriza.
Última Edición: 09 Ene 2011 13:51 por Kierkegaard.
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