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TEMA: Fenomenología del espíritu

Re: Fenomenología del espíritu 07 Abr 2014 22:49 #21410

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Hola, Krabat, me alegro de verte de nuevo por aquí, con tu Phänomenologie a cuestas.

Ando un poco liado este curso, a ver si termino este año la carrera, así que no voy a poder dedicar de momento todo el tiempo que merecen los pasajes de Hegel que vas proponiendo; pero intentaré ir exponiendo mis interpretaciones poco a poco. En este caso creo que te refieres al capítulo “IV. La verdad de la certeza de sí mismo”, apartado “B. Libertad de la autoconciencia; estoicismo, escepticismo y la conciencia desventurada”. Antes que nada debo confesar que no tengo ni idea de qué pueda tener que ver este fragmento de la Fenomenología con el Parménides de Platón (a quien creo que Hegel no cita ni directa ni indirectamente, aunque sí se refiere al estoicismo y el escepticismo, así como al “subjetivismo piadoso”), diálogo platónico que, por otro lado, no he leído; en todo caso, no creo que eso sea un impedimento para leer a Hegel, pues desde mi perspectiva lo importante es comprender su papel en el hilo conductor de la filosofía occidental que lleva a la postmodernidad; es decir, entender la crítica de Hegel a la filosofía europea en el estado en que estaba en sus días y en qué nos puede ayudar a filosofar hoy en día esa crítica de Hegel, con sus luces y sus sombras. Y para esta perspectiva mía, Platón pilla muy, muy lejos.

En el libro “Filosofía de la religión”, editado por Fraijó, el capítulo dedicado a Hegel, cuyo autor es Ramón Valls, contiene algunas interesantes observaciones que nos vienen al pelo para interpretar el comienzo de este apartado IV.B de la Fenomenología; reproduzco un pasaje (pp. 208-209):

...la tal distinción entre representación y concepto es la que define, en Hegel, la diferencia global entre el conocimiento filosófico, por una parte, y cualquier otra clase de saber por la otra, sea éste científico o vulgar. Todos los saberes no-filosóficos los tiene siempre por inferiores a la filosofía y la razón de ello es clara: tales saberes, como también la religión, porque se valen de la representación, contemplan sus objetos como algo enfrentado al sujeto que los conoce y separados de él: las cosas o Dios de un lado y nosotros del otro. La filosofía, por el contrario, valiéndose de concepto, comprende el lazo que constituye la unidad del universo. Bajo su luz, los objetos se presentan entonces unidos entre sí y al sujeto que los conoce, porque lo conceptual en que la filosofía consiste es siempre orgánico y articulador. (...) Sólo el concepto nos presenta así la realidad entera y nos revela de forma transparente el sentido o verdad del universo.
(...) el concepto surge en nosotros de la negación dialéctica de la representación.


Esta idea, que Valls califica de “fundamental” en el hegelismo, la distinción entre representación y concepto, está recogida claramente en los primeros párrafos del IV.B que propones comentar, lo que voy a ir haciendo traduciendo y comentando sobre la marcha el texto alemán de la Phänomenonlogie con la ayuda de la traducción francesa de Jean Hyppolite (y teniendo a la vista la traducción española de Wenceslao Roces).

Dem selbständigen Selbstbewußtsein ist einesteils nur die reine Abstraktion des Ich sein Wesen, und andernteils, indem sie sich ausbildet und sich Unterschiede gibt, wird dies Unterscheiden ihm nicht zum gegenständlichen ansichseienden Wesen; dies Selbstbewußtsein wird also nicht ein in seiner Einfachheit sich wahrhaft unterscheidendes oder in dieser absoluten Unterscheidung sich gleichbleibendes Ich.

Para la autoconciencia autosostenida, por un lado, sólo la abstracción pura del Yo es su esencia, y, por otro lado, al configurarse y diferenciarse [esta abstracción], esa diferencia no se convierte para ella en la esencia siendo-en-sí del objeto; la autoconciencia tampoco se diferencia verdaderamente en su sencillez o se hace en esta absoluta diferencia un Yo permanente.

Se refiere aquí Hegel a una autoconciencia que se percibe a sí misma como independiente, como autónoma, como el “yo” cartesiano. Hasta aquí Hegel se había referido a una primera fase en la que el hombre se enfrenta a las cosas del mundo como objetos de su conocimiento. Pero, más adelante, el hombre se da cuenta de que todo gira alrededor de sí mismo como sujeto: me doy la vuelta y el árbol desaparece. El yo que se autosostiene, que extrae su permanencia en el mundo de sí mismo es el “ego cogitans” de Descartes, o el sujeto de la apercepción kantiano; o, para ir un poco más lejos, el yo de Berkeley, que hacía depender la existencia de las cosas de la percepción del sujeto: “esse est percipi”. Pero ese sujeto, ese Yo, para Hegel es “abstracción pura”, carece de contenido determinado. Tanto Hume como Kant no pueden dar razón de la existencia del propio Yo como algo real (Hume negó el Yo como mera ilusión y Kant sólo lo postuló, pero sin poder afirmar racionalmente su existencia). Por otro lado, para Kant, el fenómeno es mera subjetividad; es cierto que Kant diferencia el sujeto perceptor del fenómeno, no identifica el fenómeno con el sujeto, porque el fenómeno tiene algo de irreductiblemente objetivo, el noúmeno, que no depende del sujeto, pero que queda separado radicalmente del propio sujeto, que sólo tiene acceso a los fenómenos. Por eso dice Hegel que, cuando esa abstracción que es el Yo crea figuras (ausbildet) o se da a sí misma diferencias (es decir: abre distinciones dentro de sí misma al formar los fenómenos) no concibe esas diferencias como esencias, cosas-en-sí, noúmenos, no establece verdaderas diferencias ontológicas, permanece en su sencillez del puro Yo, y se autoperpetúa a sí mismo de esa manera.

Das in sich zurückgedrängte Bewußtsein hingegen wird sich im Formieren als Form der gebildeten Dinge zum Gegenstande, und an dem Herrn schaut es das Fürsichsein zugleich als Bewußtsein an. Aber dem dienenden Bewußtsein als solchem fallen diese beiden Momente - seiner selbst als selbständigen Gegenstandes und dieses Gegenstandes als eines Bewußtseins und hiermit seines eigenen Wesens - auseinander.

Por el contrario, la conciencia repelida hacia sí al formar la cosa configurada como forma, se convierte a sí misma en objeto, y en el señor contempla el ser-para-sí a la vez como conciencia. Pero en la conciencia del siervo como tal estos dos momentos caen –su sí mismo como objeto independiente y este objeto como conciencia y con esto su propia esencia- separados.

La conciencia, al crear los fenómenos como formas o figuras de la cosa, se objetiviza a sí misma, cae en la ilusión de pensar que la cosa es una cosa-en-sí, con su propia esencia, diferente del ser-en-sí del propio Yo. Hay, pues, en la concepción kantiana un desdoblamiento de dos seres-en-sí: el objeto y el sujeto. Pero el sujeto de la percepción, el Yo, que no puede captar la cosa-en-sí del objeto, sí que cree que hay un objeto diferente al propio Yo perceptor, que se le aparece como fenómeno, es decir, como algo (figura, forma, representación) que no es ser-en-sí, sino ser-para-sí. Es la diferente forma de percibir la realidad del señor y del siervo; aquél se ve a sí mismo como un ser-en-sí y a lo otro como ser-para-sí; en cambio, el siervo se ve a sí mismo como ser-en-sí, pero no ve al otro como ser-para-sí, sino como otro ser-en-sí distinto y separado.


Indem aber für uns oder an sich die Form und das Fürsichsein dasselbe ist und im Begriffe des selbständigen Bewußtseins das Ansichsein das Bewußtsein ist, so ist die Seite des Ansichseins oder der Dingheit, welche die Form in der Arbeit erhielt, keine andere Substanz als das Bewußtsein, und es ist uns eine neue Gestalt des Selbstbewußtseins geworden; ein Bewußtsein, welches sich als die Unendlichkeit oder reine Bewegung des Bewußtseins das Wesen ist; welches denkt oder freies Selbstbewußtsein ist.

Pero, no obstante, para nosotros o en sí la forma y el ser-para-sí es lo mismo y en el concepto de la conciencia independiente el ser-en-sí es la conciencia, así el lado del ser-en-sí o la coseidad, que recibe la forma mediante el trabajo, no es ninguna otra sustancia que la conciencia, y ésta nos ha nacido como una nueva figura de la autoconciencia; una conciencia que se es, como infinitud o movimiento puro, la esencia de la conciencia; la cual piensa o es autoconciencia libre.

Hegel, sin embargo, nos dice que la “forma” o el “ser-para-sí” son lo mismo, y ambos proceden de la propia conciencia: todo es ser-en-sí, un único ser-en-sí: la “coseidad”, que puede ser transformada por el trabajo (no sólo percibida como algo externo e inalcanzable, como creía Kant), no es otra sustancia que la conciencia; son dos figuras diferentes pero de la misma autoconciencia; de una autoconcienca que “piensa” y “es libre”.

Denn nicht als abstraktes Ich, sondern als Ich, welches zugleich die Bedeutung des Ansichseins hat, sich Gegenstand sein oder zum gegenständlichen Wesen sich so verhalten, daß es die Bedeutung des Fürsichseins des Bewußtseins hat, für welches es ist, heißt denken. Dem Denken bewegt sich der Gegenstand nicht in Vorstellungen oder Gestalten, sondern in Begriffen, d.h. in einem unterschiedenen Ansichsein, welches unmittelbar für das Bewußtsein kein unterschiedenes von ihm ist.


Porque lo que significa pensar es no ser un objeto para sí mismo como Yo abstracto, sino como Yo que tiene al mismo tiempo el significado de ser-en-sí, o sea, comportarse ante la esencia del objeto de manera que ésta tenga el significado del ser-para-sí de la conciencia para la que es. El objeto del pensamiento no se mueve hacia representaciones o figuras, sino hacia conceptos, es decir, hacia un ser-en-sí distinto, que inmediatamente para la conciencia no es algo distinto de ella.

No puedo evitar hacer un comentario marginal para señalar que encontramos aquí un vocabulario plagiado por Deleuze, que también distinguía entre “figuras” y “conceptos” para distinguir el saber científico y el saber filosófico respectivamente (ver notas a “¿Qué es la filosofía?” en el apartado de la asignatura Metafísica de este mismo foro).

Para Hegel, en el texto que comentamos, las representaciones o figuras carecen de ser; son presencias mentales de algo real que está fuera del pensamiento, y así es como conciben el mundo los saberes no filosóficos. Sin embargo, los conceptos, con los que se las ve la filosofía, en las primeras etapas del pensamiento filosófico (que es lo que somete a crítica Hegel en el apartado IV.B ) es un ser-en-sí, distinto y diferenciado del sujeto que piensa, aunque en realidad no se trata de algo distinto de la propia conciencia, si se piensa con la óptica de la auténtica filosofía (la del propio Hegel).

Das Vorgestellte, Gestaltete, Seiende als solches hat die Form, etwas anderes zu sein als das Bewußtsein; ein Begriff aber ist zugleich ein Seiendes, und dieser Unterschied, insofern er an ihm selbst ist, ist sein bestimmter Inhalt, - aber darin, daß dieser Inhalt ein begriffener zugleich ist, bleibt es sich seiner Einheit mit diesem bestimmten und unterschiedenen Seienden unmittelbar bewußt, nicht wie bei der Vorstellung, worin es erst noch besonders sich zu erinnern hat, daß dies seine Vorstellung sei, sondern der Begriff ist mir unmittelbar mein Begriff.

Lo representado, figurado, existente como tal es otra cosa que la conciencia en cuanto a la forma; pero un concepto es a la vez un existente, y esta diferencia, en tanto que está en él mismo, es su contenido determinado; pero al ser ese contenido a la vez concebido conceptualmente, permanece inmediatamente consciente de su unidad con ese existente determinado y distinto, no como en la representación, en la que la conciencia tiene que tener presente, de una forma especial, que aquélla es una representación suya, mientras que el concepto es inmediatamente, para mí, concepto mío.

Es decir, que lo representado es algo fuera de la conciencia, mientras que el concepto es uno con la conciencia. El concepto existe, pero unido a la conciencia, y eso es captado inmediatamente (es decir, sin intermediario alguno) por la propia conciencia. Por eso la representación es de otro, o sea: es una figura de algo ajeno, mientras que el concepto es mío.

Im Denken bin Ich frei, weil ich nicht in einem Anderen bin, sondern schlechthin bei mir selbst bleibe und der Gegenstand, der mir das Wesen ist, in ungetrennter Einheit mein Fürmichsein ist; und meine Bewegung in Begriffen ist eine Bewegung in mir selbst. - Es ist aber in dieser Bestimmung dieser Gestalt des Selbstbewußtseins wesentlich dies festzuhalten, daß sie denkendes Bewußtsein überhaupt oder ihr Gegenstand unmittelbare Einheit des Ansichseins und des Fürsichseins ist. Das sich gleichnamige Bewußtsein, das sich von sich selbst abstößt, wird sich ansichseiendes Element, aber es ist sich dies Element nur erst als allgemeines Wesen überhaupt, nicht als dies gegenständliche Wesen in der Entwicklung und Bewegung seines mannigfaltigen Seins.

En el pensamiento Yo soy libre, porque no estoy dirigido hacia otro, sino que permanezco absolutamente unido a mí mismo y el objeto, que para mí es la esencia, es mi ser-para-mí en una unidad indivisible; y mi movimiento hacia los conceptos es un movimiento hacia mí mismo. Pero, en esta determinación de esta figura de la autoconciencia, es esencial retener firmemente que aquél es conciencia pensante en general, o sea, su objeto, unidad inmediata del ser-en-sí y el ser-para-sí. La conciencia homónima para sí misma, que se aparta de sí misma, se convierte para sí en elemento siendo-en-sí, pero es para ella ese elemento sólo, de entrada, como esencia universal en general, no como esa esencia del objeto en el desarrollo y en el movimiento de su ser variopinto.

En este último párrafo, si no estoy equivocado, Hegel dirige su crítica hacia el postkantismo y, especialmente, el idealismo de Fichte y de Schelling. En su filosofía práctica, Kant había postulado la libertad, como principio supremo de la moralidad. El ser moral requiere ser libre; pero la moralidad kantiana está fundamentada en la buena voluntad, no en los resultados buenos de la acción, porque el mundo tenía siempre un residuo nouménico inalcanzable, que hacía imposible la realización de la moral en este mundo. Disuelto el abismo entre ser y deber-ser por la unicidad del ser-en-sí, mediante la constatación de que no hay un ser-en-sí de los objetos y un ser-en-sí del sujeto, sino un único ser-en-sí, la libertad kantiana, que es de orden meramente subjetivo, puede ser postulada como libertad objetiva. Lo otro es el Yo, y sólo es ser-para-mí como figura conceptual (no como realidad separada del sujeto). Pero Hegel no se conforma con esa unidad concebida como una “conciencia pensante en general” o “unidad inmediata del ser-en-sí y el ser-para-sí”. No basta con un idealismo “en general” o unificador, sino que Hegel exige un ser que se desarrolle en toda una inmensa variedad de acontecimientos. El suyo no es un idealismo monolítico, sino dialéctico.

Por tanto, más que de una “tercera vía”, como dices, yo hablaría de una “cuarta vía”, según el siguiente desarrollo:

1. Conocimiento vulgar y conocimiento científico: el Yo y la cosa aparecen separados, con esencias diferentes; el objeto, en el Yo, es mera representación, no concepto.

2. Filosofía primitiva del concepto: la cosa aparece como separada del Yo; pero la cosa, en cuanto objeto del Yo (fenómeno) es producida por éste; el objeto percibido es producido por el sujeto (Kant).

3. Filosofía del Yo abstracto: la cosa es creada por el Yo pero no como realidad variopinta y determinada, sino en general, como pura abstracción, como intuición inmediata (Fichte).

4. Filosofía del espíritu: el Yo es la cosa y la cosa es el Yo, lo real es racional y lo racional es real; pero no en general o como pura abstracción, sino como ser variopinto y determinado (Hegel).

(NOTA: Las reglas del foro prohíben los excesos tipográficos. Espero que no se considerarán tales las variantes tipográficas que he utilizado para diferenciar bien lo que es el texto alemán de Hegel (reproducido para someter a posible crítica mi traducción), mi traducción al castellano, y mis comentarios personales. Creo que los excesos tipográficos se justifican en aras del intento de poner claridad en las oscuras frases de Hegel.)
Bin ich doch kein Philosophieprofessor, der nöthig hätte, vor dem Unverstande des andern Bücklinge zu machen.
No soy un profesor de Filosofía, que tenga que hacer reverencias ante la necedad de otro (Schopenhauer).


Jesús M. Morote
Ldo. en Filosofía (UNED-2014)
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Última Edición: 15 Abr 2014 15:49 por Nolano.
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