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TEMA: Elecciones Europeas: dialéctica del Estado del Bienestar

Elecciones Europeas: dialéctica del Estado del Bienestar 20 Jun 2014 18:03 #23811

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Me gustaría ofreceros una pequeña aportación personal acerca de mi postura respecto de la cuestión que plantea Nolano. En algún momento de mi exposición me dirigiré directamente a alguno de los que ya han intervenido, pero no será lo habitual, lo cual no significa que no esté rebatiendo o corroborando algunas de sus tesis.

Puede ser interesante plantear un análisis del resultado de las elecciones europeas desde la óptica de socioeconómica y, más concretamente, de los frutos y el futuro del llamado “Estado del bienestar”. Tal como apuntaba Rafel, podríamos indagar en otras aristas del problema; pero, de momento, me centraré en el mensaje de Nolano.

La economía regulada, de la cual forma parte indefectiblemente el Estado del bienestar, surge a mitad del siglo XX como reacción a los desbarajustes económicos y sociales de la economía liberal (quien quiera entender esto como la aparición de una antítesis frente a una tesis es libre de hacerlo; yo no voy a utilizar esa conceptualización). Tras el trauma de las guerras del 14 y del 39 y de la crisis del 29, que parece despertar conciencias, se da un pacto entre el capital y el trabajo. Esa alianza es la constatación de que una nueva utopía ha despertado en el imaginario de los países “occidentales” (llamémoslos así, para abreviar). Esta utopía es la consecución de un estado en el que todos los ciudadanos dispongan de unas condiciones lo suficientemente aceptables para desarrollar una vida digna social, cultural y económicamente. La meta es utópica porque, como decís, vivimos en un mundo donde los recursos son limitados. Si dispusiéramos de recursos ilimitados no existiría, para empezar, la ciencia económica (si es que es una ciencia). Desde ese momento nace el mito del Estado del bienestar. En anteriores ocasiones ya he referido lo que entiendo por “mito”: un relato, ni verdadero ni falso, orientado a regular el sistema axiológico de las gentes; un modo de ilustrar la realidad. En esto, Nolano, estoy básicamente de acuerdo contigo.

De modo que nos encontramos, aproximadamente hacia la década de los años 50, con un nuevo paradigma, que alcanza nuestros días. Al principio parece que todo funciona de fábula. Las siguientes dos décadas han sido calificadas, si no recuerdo mal, de “décadas prodigiosas”, “años felices” y demás expresiones de corte triunfalista. La economía, aunque con sus inevitables puntos negros, parecía prosperar en un contexto de aumento de los servicios públicos, de prestaciones, mejoras laborales. El keynesianismo está en boga, el Estado regula la economía a través del instrumento del gasto público. El Estado del bienestar parece alcanzable. Los puntos fuertes: expansión del sector industrial y del sector servicios. Economía real. Pero en los 70 estalla la célebre crisis del petróleo, que provoca inflación desorbitada, contracción de la producción y disminución de los recursos públicos, todo ello por el corte del suministro energético. La teoría económica se tambalea, el keynesianismo ya no es remedio, el Estado ya no posee las herramientas necesarias para paliar las enfermedades que aquejan a la economía real. Obviamente, el pueblo es el principal damnificado. Primer palo. No obstante, bueno, esto funciona mediante ciclos. Poco a poco se va saliendo del atolladero, mientras, quizá inconscientemente, se está asistiendo al surgimiento y desarrollo de un nuevo modelo económico: el del capital financiero. El capital financiero no conoce de dueños, ni de fronteras, ni de bienestar. Las relaciones económicas ahora están sustentadas por continuos movimientos de capital transnacional, que poco a poco van acumulándose en pequeños núcleos de poder deslocalizados. En este contexto, los Estados se ven impotentes, puesto que han perdido el control sobre su propia economía. Ya no pueden actuar como reguladores. De nuevo pierde la sociedad civil, que observa indefensa cómo el deseado Estado del bienestar se pierde por el sumidero.

¿Por qué se ha llegado a este punto? Yo no opino, como Nolano, que el mito del Estado del bienestar porte consigo el germen de su propia destrucción. Este mito es una idea ingenua, bien intencionada, cuya práctica podría extenderse a un buen número de ciudadanos (nunca a todos) sobre la base del poder coactivo del Estado. Es evidente que no me agrada dar a otros el dinero que he conseguido por méritos propios, pero estoy obligado a cederlo si el Estado así me lo impone, en pos del bienestar de los desfavorecidos. El problema se agrava cuando deja de haber un garante, situación que estamos viviendo ahora, que es lo que, a mi parecer, están denunciando grupos políticos como Podemos. Nolano, yo no creo que un partido como Podemos pretenda sustituir un imaginario por otro. Vaya, al final acabé leyendo las cuarenta páginas de su propuesta y la sensación que me quedó es la de que participan, más incauta y bobamente si cabe, del mismo imaginario: todo el mundo tiene parte en el pastel de los servicios públicos. A este respecto, por ejemplo, incluso Santesmases ve obstáculos difícilmente salvables en la carrera por la consecución de nuestro mito: por un lado, alcanzar “una política de solidaridad universalista” para con el prójimo; por otro, mantener una economía competitiva que soporte una alta presión fiscal. Ni con ésas.

También me gustaría comentar algo acerca de la abstención. No es mi pretensión especular sobre por qué casi un 60% de ciudadanos con capacidad de votar decidieron dedicar el domingo a actividades más provechosas que formar parte de la farsa democrática. Por supuesto, estoy de acuerdo con Nolano en este extremo (y con Sartre y con Lyotard). Lo que quiero hacer notar es que una filosofía política que se precie, sobre todo si se practica por un ciudadano español, está urgentemente impelida a preguntarse si lo que aquí tenemos es una democracia real o no lo es y si su sistema electoral es el más adecuado para alcanzar el mayor grado de representatividad posible. Lo que más me intriga de todo esto es qué porcentaje de ese 60% se ha hecho a sí mismo estas preguntas. Mi respuesta es rotundamente negativa a ambas, y sinceramente considero que muchos de los males que aquejan a la sociedad civil tienen su fuente en la práctica inexistencia de representatividad del pueblo por parte del poder estatal, derivada del actual modelo político y electoral.
- Disculpe, ¿la Calle Saboya...?
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Elecciones Europeas: dialéctica del Estado del Bienestar 21 Jun 2014 10:16 #23821

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Estoy de acuerdo contigo Demóstenes. A esta parte me estaba refiriendo en mi último comentario. también es interesante desglosar un poco más este tema .

A propósito de los gupos de votantes y los trasvases de votos de un lado a otro deberíamos comentar la importancia de los movimientos sociales. Algo que parecía estar olvidaddo en nuestro arsenal. Nos estaban dando gato por liebre haciéndonos creer que los únios movimientos sociales son los de los partidos mayoritarios. Más que un movimiento es un status de inmovilismo, como ha funcionado hasta ahora vamos a seguir igual

Nada más lejos de la relidad. La realidad es otra y no parcen acordarse o se ponen una venda. La masa ya sabemos que tiene una venda o esas gafas de visión tridimensional que de lo virtual creen ver el paraíso y siguen cayendo en lo mismo, no en valde, el hombre es el único burro que tropieza dos veces en la misma piedra. los movimientos sociales en España han cobrado fuerza, existe una redefinición del espacio de lo público un nuevo imaginario político. Su campo de acción es un campo de acción de política no institucional, cuya existencia no estaba prevista en palabras de Claus Offe. Una nueva cultura de protesta, fuera de los convencionalismos y radicalismos aunque parezca contradictorio, son movimientos radicales pero no violentos

Smelser es el pionero en sistematizar los motivos de participación. También Ted Gurr aporta sus teorías de que la privación absoluta, la pobreza, etc. no es buena compañera para la participación como tampoco la falta de expectativas y la frustración que produce lleve a la acción. Solo la esperanza d conseguir beneficios lleva a la acción colectiva y participación Pregunta obligada ¿ Porqué no participan en los movimientos sociales tantas personas que se declaran a favor de sus valores y fines? Estaremos ante aquel dicho popular de mucho hablar pero...

Parece que me esté refiriendo al movimiento "Podemos", pero nada más lejos ya que este capítulo estaba escrito seis años antes. Puede que lo hayan leído ahora. Seguremos charlando
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Elecciones Europeas: dialéctica del Estado del Bienestar 22 Jun 2014 20:07 #23832

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Si ya no para ponernos de acuerdo sí al menos para entender qué es lo que piensa cada uno, creo que conviene hacer algunas precisiones.

En primer lugar que, desde luego, no todo el mundo tiene por qué estar de acuerdo con un planteamiento conceptual del tipo de Castoriadis y las relaciones que éste ve entre necesidades reales, clausura cognitiva e imaginario social. Por ejemplo, quien se atenga a un planteamiento marxista tradicional, en el que la ideología tiene un papel subsidiario (nivel de falsedad) frente a las relaciones reales de producción (o nivel de autenticidad), para quien la superestructura ideológica depende, como un subproducto, de la infraestructura que es lo único real, difícilmente compartirá un análisis como el mío, basado en las ideas de Castoriadis, que dejó en su momento el Partido Comunista y su ortodoxia. O alguien que sostenga una Filosofía de la Historia con un providencialismo o finalismo que dota de sentido al acontecer histórico, sea de tipo cristiano, sea de tipo hegeliano. Ninguno de éstos asigna ningún papel a la interacción recíproca entre imaginario, metarrelato o mito (nuevo término que introduce Demóstenes como sinónimo de aquéllos) y las necesidades humanas, pues la realidad permanece, para ellos, inmune a la actividad de simbolización o de elaboración y reelaboración de juegos de lenguaje, que, para todos aquéllos a que me refiero, sería mera apariencia que nada puede contra la verdadera realidad en sí.

Dicho lo cual, conviene aclarar enseguida a qué nos referimos cuando hablamos de “Estado del Bienestar”. Porque creo que, al menos, podemos aplicar esa expresión a tres cosas:

1) Un sistema económico determinado.
2) El metarrelato que da cobertura a ese sistema económico, de forma que permite que los conflictos que de él se derivan puedan ser asimilados por los ciudadanos sin poner en riesgo la propia estabilidad del sistema económico.
3) El conjunto de ambos y sus interrelaciones.

Me da la impresión de que los críticos, quizá excepto Demóstenes, que se han dirigido hacia mi primer mensaje se han centrado sólo en el primer significado de “Estado del Bienestar” y han propuesto encendidas defensas de ese sistema económico, sin hacer mucho caso al metarrelato que está entrelazado con dicho sistema económico, dando por supuesto que cualquier crítica, sea al metarrelato sea a las interrelaciones entre relato y metarrelato, va dirigida contra un sistema económico que les satisface. Posiblemente están presos del imaginario y se resisten a analizar su adecuación al relato económico vigente.

En lo que a mí respecta, nada más lejos de mi intención que hacer en este hilo una crítica al sistema económico conocido como Estado del Bienestar. No conozco ninguno mejor y no tengo vocación política, por lo que no voy a dedicar mi tiempo a elaborar teóricamente otro sistema sustitutivo, así que no es mi intención proponerlo. De lo que se trata es de, ante una determinada situación, que en mi opinión ofrece señales de que el ajuste del sistema económico con el imaginario que le da cobertura ofrece puntos de ruptura, hacer lo que le pedía Kant a la Filosofía, decidir “qué debo hacer” y “qué me es dado esperar”, aunque reconozco que mi punto de mira para esas preguntas es bastante más rasante que el de Kant. Yo intento ver lo que pasa en nuestra sociedad, hacer el pertinente análisis y tomar las medidas que me parecen más convenientes. El que crea que las elecciones europeas no son síntoma de que en la sociedad esté pasando nada, pues puede tranquilamente seguir haciendo lo que hace ahora despreocupadamente; si luego los acontecimientos le pasan por encima, que no se queje.

Para aclarar un poco el panorama, creo oportuno partir de una afirmación de Demóstenes que entiendo que es errónea.
Demóstenes escribió:
La economía regulada, de la cual forma parte indefectiblemente el Estado del bienestar, surge a mitad del siglo XX como reacción a los desbarajustes económicos y sociales de la economía liberal

Esto no me parece del todo correcto, al menos en la Europa continental y en España. Como reacción a los “desbarajustes económicos y sociales de la economía liberal” lo que surge en Europa son los fascismos y los comunismos totalitarios. La crisis de finales de los años 20 en España desembocó en una República que finalmente se vio frustrada por el enfrentamiento violento entre fascismo y comunismo. Lo mismo ocurrió en Alemania, Italia y Portugal y en gran parte en Francia. Por lo tanto, en la Europa continental el Estado del Bienestar no surge directamente del liberalismo, sino de unos proyectos totalitarios que ponían toda la riqueza nacional al servicio del Estado. Y esto es el signo que marca la aparición del Estado del Bienestar en el núcleo de la Unión Europea.

Intentemos una definición del Estado del Bienestar como sistema económico. Yo pienso que se puede conceptuar como un sistema económico que se postula como un intermedio entre dos sistemas extremos: el liberalismo y el totalitarismo estatal. Lo que ocurre es que estos dos extremos son polos ideales, que realmente no existen. El mismísimo Adam Smith, aunque reducía el papel del Estado en la vida económica el mínimo posible, seguía considerando que no se podía sostener un sistema social y económico sin un poder público que, al menos, garantizara el orden público interno, la justicia y la seguridad exterior. Por otra parte, incluso en los regímenes más comunistas, donde se dice haber abolido la propiedad privada, todo el mundo tiene algo suyo, por poco que sea. Parafraseando el debate que en El nombre de la rosa mantenían los franciscanos y los emisarios papales, sería una cuestión bizantina preguntar: “¿son de propiedad del obrero soviético las ropas que viste?”.

Por lo tanto, siempre nos moveremos en un punto intermedio entre los dos extremos, pues nunca habrá una economía sin sector público ni una sin sector privado, por muy reducido que cualquiera de ellos pueda ser. Sin embargo, y aquí discrepo de Elías, las fronteras son borrosas: ¿hasta dónde puede llegar el sector público en detrimento del privado (o viceversa) sin que podamos decir que ya no estamos en un Estado del Bienestar? Los economistas, a efectos analíticos, bien pueden fijar unos criterios taxonómicos más o menos arbitrarios; por ejemplo, un sector público que como mucho alcance el 70% del PIB, o un sector privado que, como mucho, alcance el 70% del PIB. Entonces, si el sector público alcanzase el 70’01 % del PIB supondría haber salido del Estado del Bienestar, en el que, sin embargo, nos hallaríamos si sólo alcanzase el 70’00% del PIB.

Pero es evidente que, en el imaginario, las cosas no funcionan así. Difícilmente la ciudadanía pensaría que nos hallamos en un sistema diferente por haber pasado del 70’00% al 70’01%. Pero es que hay más: puede que gran parte de la ciudadanía perciba hallarse en un Estado del Bienestar con un participación del sector público en el PIB del 75%, y, sin embargo, podría pensar que ya no está en un Estado del Bienestar con una participación del sector público en el PIB del 65%. Aquí intervienen factores cualitativos e incluso subjetivos que hacen que los ciudadanos se formen una imagen determinada del sistema político y económico en el que viven, y que, aunque con un cierto grado de correlación con las cifras de las estadísticas de la economía nacional, tienen sus propias reglas del juego, que tienen mucho que ver con la simbolización, las creencias, las adhesiones emocionales, etc.

La cuestión que yo someto a debate no es si nos hallamos o no en un sistema económico de “Estado del Bienestar”, sino si este sistema económico y el metarrelato “Estado del Bienestar” siguen siendo un conjunto consistente y sin contradicciones, o han dejado de serlo. En el sistema político y económico surgido de las ruinas de la Segunda Guerra Mundial en Europa, parece evidente que los grandes propietarios creían poder ganar tras haber visto las consecuencias del desempleo masivo y la miseria: el espectro de un totalitarismo a que arrastraban las masas enfurecidas y hambrientas. Por su parte, los no propietarios podían soportar la desigualdad económica pues contaban con un Estado que aseguraba que no se fueran a alcanzar determinados niveles de indigencia. El sistema requiere que la dirigencia política del Estado oscile entre dos grupos políticos, la socialdemocracia y la derecha socialcristiana. Eso garantizaba una estabilidad institucional que hacía que los cambios en las políticas dependieran más de la coyuntura económica del momento que del signo político del partido gobernante. En suma, una misma política con apariencia de alternancia y de influencia del voto de los ciudadanos. Para que cualquier partido tuviera posibilidades de acceder al poder tenía que moverse en esos parámetros. Los partidos socialistas clásicos tuvieron que abandonar el marxismo, pasando por sus particulares Bad Godesberg, y los partidos comunistas difícilmente podían aspirar a gobernar, al menos hasta que pasaron por el “eurocomunismo”. Los partidos “liberales”, por su parte, fueron desapareciendo y hoy en día son prácticamente testimoniales, si no han revisado fuertemente sus principios ideológicos.

No está de más, para entender el papel que desempeña el imaginario, recordar algún hecho histórico. Tras el plan de estabilización de 1959 y, más adelante, los planes de desarrollo llevados adelante por los llamados “tecnócratas” del Opus Dei, el sistema económico español era totalmente equiparable a los estados europeos. Sin embargo, a nadie se le ocurría pensar que la España de los años 60 y primeros 70 era un “Estado del Bienestar”. ¿Por qué? Porque faltaba precisamente el imaginario necesario: la imagen del régimen de Franco, para los españoles (y también para la estructura política del régimen), era la de una dictadura corporativista, con sindicatos verticales y sin libertad de expresión ni derechos políticos. Por eso no era un “Estado del Bienestar”, pese a que su sistema económico era muy similar al de Italia, por ejemplo.

La importancia del imaginario es clave, para un análisis de la situación desde la Filosofía política. Como muestra, termino con un ejemplo. El líder de “Podemos” al tomar posesión de su cargo de eurodiputado
ha utilizado la siguiente fórmula: “Prometo acatar la Constitución hasta que los ciudadanos de mi país la cambien para recuperar la soberanía y los derechos sociales".

Y yo me pregunto, ¿qué tiene de diferente esa fórmula respecto de la utilizada por el más servil de los diputados de los partidos de gobierno? En realidad, nada: evidentemente todo diputado promete o jura la Constitución y las leyes actuales, pero hasta que cambien. Si no fuera así no habría posibilidad institucional de cambiar la Constitución y las leyes.

Lo que hay de nuevo en la fórmula de Pablo Iglesias no pertenece al relato político, sino al metarrelato. Promete acatar la Constitución porque es la que hay, pero en su fórmula expresa que la considera legal pero no legítima; todos lo hemos entendido así subconscientemente. Son esos matices y síntomas a los que hay que estar atento porque muestran que el sistema Estado del Bienestar presenta indicios de que el relato y el metarrelato divergen. Divergencias que creo entender que Rafel achaca a la “crisis económica” como si ésta fuera un elemento externo, sobrevenido, extraño, al sistema de Estado del Bienestar. Mi análisis es que esa ruptura de la armonía relato-metarrelato no es debida a elementos externos, sino que se incuba en el seno del propio sistema. De ahí el título de “dialéctica” que he utilizado. Dialéctica en sentido instrumental (herramienta analítica) y no en el sentido material de motor de una Filosofía de la Historia, al modo de Hegel o Marx, como creo haber dejado suficientemente claro en los primeros párrafos de este mensaje.
Bin ich doch kein Philosophieprofessor, der nöthig hätte, vor dem Unverstande des andern Bücklinge zu machen.
No soy un profesor de Filosofía, que tenga que hacer reverencias ante la necedad de otro (Schopenhauer).


Jesús M. Morote
Ldo. en Filosofía (UNED-2014)
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Última Edición: 22 Jun 2014 22:46 por Nolano.
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Elecciones Europeas: dialéctica del Estado del Bienestar 23 Jun 2014 12:02 #23855

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Dices, Nolano: “Me da la impresión de que los críticos, quizá excepto Demóstenes, que se han dirigido hacia mi primer mensaje se han centrado sólo en el primer significado de “Estado del Bienestar” y han propuesto encendidas defensas de ese sistema económico, sin hacer mucho caso al metarrelato que está entrelazado con dicho sistema económico, dando por supuesto que cualquier crítica, sea al metarrelato sea a las interrelaciones entre relato y metarrelato, va dirigida contra un sistema económico que les satisface. Posiblemente están presos del imaginario y se resisten a analizar su adecuación al relato económico vigente.”

Como no sé a quiénes te estás refiriendo quisiera dejar clara mi postura. Lo que yo trataba de puntualizar era si tu crítica al Estado del Bienestar era o no pertinente debido a que dicho Estado del Bienestar, como cualquier sistema, está constituido por una serie de notas esenciales que si desaparecen desaparece el mismo sistema. Y todo ello independientemente de la valoración ideológica que se haga de uno otro sistema.

Para mi el Estado del Bienestar es un estado que entre sus notas esenciales posee aquella que denominamos democracia. Pues bien, desde mi punto de vista si esta nota faltara no cabría seguir hablando de estado del bienestar.
Yo considero que en España, al menos, no se da esa nota esencial a la que llamamos democracia y por tanto no cabe hablar de Estado del Bienestar.
Desde mi punto de vista en España la corrupción no es algo accesorio o adventicio sino que es una nota sistémica. Es decir, la corrupción es constitutiva del sistema y por tanto no cabe hablar de democracia ni de Estado del Bienestar.
Desde mi punto de vista otra de las notas esenciales del cualquier Estado del Bienestar es la separación de poderes. Pues bien, en España no se da esa separación de poderes y tampoco cabe hablar de democracia y de Estado del Bienestar.
En todo Estado del Bienestar, y en toda democracia, existen unos contrapoderes. Dónde estaba el Banco de España y dónde estaban el resto de Instituciones Internaciones que tenían que velar para que esto que ocurrió no ocurriese cuando tanto el Banco de España como estas instituciones sabían lo que estaba ocurriendo.

Yo no considero que este sistema sea aquel conocido como Estado del Bienestar. Estoy cansado de escuchar a los políticos decirnos que hay que hacer correcciones en el Estado del Bienestar. Y en el fondo lo que subyace es que esos políticos no quieres “colar” que lo que son notas esenciales en realidad son notas adventicias. Y así nos dicen: “Por supuesto que existe la corrupción. Pero ésta no es la norma sino la excepción. La corrupción no es sistémica.” O que nos digan “Sí, la justicia requiere de unos ajustes pero existe la separación de poderes”

Aunque leyéndote mejor quizá tengas toda la razón y yo sólo me esté moviendo en el terreno de los relatos y no de los metarrelatos.

Por cierto, Nolano, estoy totalmente de acuerdo cuando dices:” O alguien que sostenga una Filosofía de la Historia con un providencialismo o finalismo que dota de sentido al acontecer histórico, sea de tipo cristiano, sea de tipo hegeliano. Ninguno de éstos asigna ningún papel a la interacción recíproca entre imaginario, metarrelato o mito (nuevo término que introduce Demóstenes como sinónimo de aquéllos) y las necesidades humanas, pues la realidad permanece, para ellos, inmune a la actividad de simbolización o de elaboración y reelaboración de juegos de lenguaje, que, para todos aquéllos a que me refiero, sería mera apariencia que nada puede contra la verdadera realidad en sí.”


Lo cual no significa incurrir en un relativismo que no digo que tú afirmes. Porque los metarrelatos son postulaciones de la “libre” creación humana. Pero una vez postulados deben de pasar por el tribunal de la experiencia. En este caso, de la experiencia histórica.


Estoy de acuerdo con Demóstenes cuando dice: “La economía regulada, de la cual forma parte indefectiblemente el Estado del bienestar, surge a mitad del siglo XX como reacción a los desbarajustes económicos y sociales de la economía liberal” aunque también estoy de acuerdo contigo.
Estoy de acuerdo en que el Estado del Bienestar surge precisamente para solucionar los desbarajustes económicos y sociales de la economía liberal. E igualmente considero que tanto los fascismos como los comunismos totalitarios fueron fórmulas continentales fracasadas para intentar dar una solución a dichos problemas. Es decir, el Estado del Bienestar surge para resolver el problema de fondo como era el desajuste económico y social de la economía liberal pero intentado no repetir las soluciones y experiencias de corte fascistas y totalitarias.
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