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TEMA: Crítica del maniqueísmo Sabios/Necios

Crítica del maniqueísmo Sabios/Necios 25 Feb 2012 19:30 #6460

  • grealeser
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Hola a todos.

Personalmente, como no creo en las dicotomías, pues las clasificaciones son mayormente de grado, que no de clase, trataré de enfocar una crítica de algo que me atrae sobremanera: la distinción entre Sabio y Necio parece emanar de un anhelo de autoridad intelectual o dogmatismo que queda muy lejos de la posibilidad del diálogo filosófico. Tan solo parece haber dos caminos: o se intelige la racionalidad del kosmos ordenado, o uno es exportado a los aledaños de la comunidad hermética que, paradójicamente, pretende autodenominarse Sabia.

El estoicismo parte de la idea de que la razón del hombre es lo mejor y lo más divino que reside en su ser, en tanto que su poder intelectivo participa de la racionalidad del mundo y por ello, puede aprehender la armonía de un kosmos que sí es interpretable desde la perspectiva humana. Precisamente esta razón es lo que hace al hombre “superior” al animal. Pero a mi juicio, esto encierra una aporía que parece reducir, sino a debilitar en sumo grado, el esqueleto estructural del pensamiento estoico, o más concretamente el maniqueísmo sabio/necio; a saber, si el hombre por naturaleza dispone de esa dimensión divina, ¿por qué hay que esforzarse por inteligir la realidad misma tal como es? Es decir, si es demostrable que la razón humana puede captar el orden u armonía que encierra los plurales aconteceres, dicha cognición debería de tener tal naturaleza que fuera absoluta, como absoluto es que el animal, ante el olor de la comida, tienda hacia ella; de tal modo similar a la respiración, por ejemplo, la cual no puede no darse en el ser vivo; o la reproducción, la cual no puede no darse para que el hombre sea. Debiera, pues, ser innata; asentarse sobre la biología del género humano de tal modo que ese modo de conocer y re-conocerse en un mundo vivo y ordenado por la providencia rigiera en la mismidad del hombre de un modo inalterable, claro y sin posibilidad, por tanto, de que el hombre tuviera la oportunidad si quiera de desarrollar otro pensamiento filosófico, tal como la experiencia y la historia sí nos demuestran. La misma discusión que mantienen con otras escuelas, como el Jardín, denota que el hombre y su pensamiento siempre es relativo, y si este lógos-divino se halla "derramado" por los seres como su dimensión inteligible, siempre dependerá, en última instancia, de la libertad del hombre que así lo piense, libertad que necesita de la no existencia de las categorías de "sabios" y "necios" para que pueda darse, pues el hombre, débil en su faceta animal, tiende a creer cualquier cosa antes que ser abandonado a las cloacas de la ciudad. Y si no es capaz o no llegua a este lógos, quizá sea porque tal providencia no rige de un modo fatal y necesario, sino que depende de la proyección que el hombre haga de su pensar, y depende también de la fuerza "coercitiva" que juegan las etiquetas mencionadas.

Pero se observa que no, que hay sabios y hay necios; hay los que sí saben y hay los que no saben. Pero bien mirado podríamos decir que los que saben se encierran en su atalaya para autodefenderse, una atalaya construida con esta intención de eliminar el dolor y el sufrimiento. Visto desde atrás hacia delante sí tiene sentido, es decir, si partimos del deseo de eliminar el sufrimiento y de ser estable en medio del torbellino del devenir el estoicismo es muy sugerente, pero si partimos de la física o la lógica hasta el final, mi parecer es que no se sostiene con toda la fuerza que sí pretende el binomio sapiente-no sapiente más radical, el de Zenón. Pero la distinción entre sabio y necio serán dos etiquetas que se proyectarán a la posteridad de tal modo que elimina un mínimo resquicio de escepticismo necesario para avanzar en el conocimiento y no quedarse pertrechado en una aparente sapiencia.

¿Qué opináis?
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Re: Crítica del maniqueísmo Sabios/Necios 26 Feb 2012 23:20 #6463

  • Kierkegaard
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grealeser escribió:
no creo en las dicotomías, pues las clasificaciones son mayormente de grado, que no de clase
Comparto en buena medida tu apreciación, aunque si me permites voy a remontarme un paso más allá de tu planteamiento concreto sobre la dicotomía entre sabios y necios para tratar de enfocar un poco más el problema antes de volver a él. Ya he hecho en otras ocasiones alusión a mi afinidad por esta postura moderada, como por ejemplo dije en este mensaje a propósito de un tema completamente distinto: "en mi opinión, nada es blanco ni negro sino un gris que observamos más o menos claro en contraste con aquello con lo que lo comparamos. Y es que desde hace tiempo vengo reflexionando que la problemática del montón de Eubúlides trae mucha cola."

El enfoque más maniqueísta, como polo extremo iluminador del problema aunque en la práctica insostenible, clasificaría la realidad de manera taxativa, inequívocamente, postura a la que habitualmente tienden los pensamientos más racionalistas e idealistas. Simplificando - no me lo echéis luego en cara, que ya he advertido la simplificación ;) - hablaríamos del Platón de las ideas inmutables y definidas, del Descartes de las ideas claras y distintas, del sistemático y omniabarcante Hegel o mucho más moderadamente del primer Wittgenstein (aunque éste reconocería al final del Tractatus lo precario de su intento). Esta postura, aunque epistemológicamente un tanto ingenua, resulta apabullantemente atractiva y tranquilizadora, por la apariencia de su claridad, porque parece mostrar las cosas atadas. Para ello requiere de una elaboración suficientemente trabada, pues de lo contrario pecaría de infantil por su carácter excesivamente simplificador. Resulta en ocasiones un lugar cómodo en el que los sistemas filosóficos descansan, como en el rellano de una escalera. Pero en la rueda histórica del pensamiento, sus sucesores críticos pondrán en cuestión esta comodidad, tantas veces en connivencia con las circunstancias históricas y culturales que la alumbraron. El caso es que lo potente y "facilón" de esta postura en ocasiones ha servido de excusa para que algunos hayan extrapolado esta supuesta capacidad de la razón para inteligir claramente el orden de la realidad al ámbito práctico, el de la ética y la política, en el que se permiten aplicar una distinción radical entre buenos y malos, entre sabios y necios, entre ciudadanos legítimos y bárbaros. Me parece que no muy lejos de esta peligrosa transición se hallan críticas como la que el compañero David Hernández Castro recogía en su artículo "El compromiso de Eneas", y que Nolano comentó en este hilo. En dicho artículo, muy en sintonía con la profesora Oñate, decía:
lo monstruoso [...] es la realización nihilista que ha cumplido la modernidad de la lógica matemática sobre todos los ámbitos del ser, aboliendo la diferencia, extirpando la pluralidad de sus principios limitantes por el limitado pensamiento del Uno. Auschwitz es Platón a rienda suelta.
Y es aquí donde en general se puede ubicar buena parte de la crítica que la postmodernidad ha hecho de la envalentonada razón ilustrada, demasiado optimista con su natural progreso y su inacotable poder, sin advertir su fragilidad para ser instrumentalizada o lo realmente limitado de su capacidad. Por eso, escarmentado con las lecciones iniciadas desde los maestros de la sospecha y apuntaladas por la Escuela de Frankfurt, estoy a priori de acuerdo con que la vida no va de blancos y negros sino más bien de grises. Pero podríamos decir que éste es, en gran medida, el tema de nuestro tiempo. Pues esta incertidumbre que le reconocemos a la realidad supone una ventaja y un peligro, y nuestro tiempo es plenamente testigo y víctima de esto. Pues la incertidumbre impide que nadie se arrogue la palabra definitiva, la posesión de la verdad, y por tanto en gran medida fundamenta y legitima a la democracia, a la sociedad de iguales, a la necesidad de un diálogo permanente.

Pero, ojo, ¿podemos hacer frente a una realidad que tejida de grises nos impida al final distinguir en ella nada en absoluto, de forma que al final todos los grises parezcan el mismo gris, bajo la amenaza del relativismo más demoledor e irracional que acecha nuestros días? Y aquí es donde entra mi amigo Eubúlides de Mileto (o de Megara) y su paradoja del montón o del sorites, y la asociada falacia del continuum: Vale, de acuerdo, quizá pecamos de optimistas o de ingenuos, pero ¿no nos resulta imprescindible jugar con clases para asir la realidad de alguna forma, aunque sea vagamente, aunque sea provisionalmente,... aunque sea por la simple necesidad de entendernos "razonablemente"? Las categorías serán ciertamente difusas, no podremos negarlo, pero ¿hemos de renunciar entonces a hablar de "montones", de emplear términos como los innumerables "montones" que pueblan nuestro discurso, y no sólo el habitual sino el más estrictamente filosófico que se pretenda?

Regresando a tu planteamiento en torno al estoicismo, respondo:
grealeser escribió:
El estoicismo parte de la idea de que la razón del hombre [...] puede aprehender la armonía de un kosmos que sí es interpretable desde la perspectiva humana [...] esto encierra una aporía [...] ¿por qué hay que esforzarse por inteligir la realidad misma tal como es?
Que la razón "pueda" no significa que necesariamente lo haga de hecho.

El animal tiende naturalmente a la comida ante su olor, pero puede tender equivocadamente si el olor procede de un depredador que simula dicho olor y espera devorarlo. Para el estoicismo, la razón humana participa de la divinidad pero no es la divinidad. Es lo que más le aproxima a ella, pero en su ejercicio pueden darse muchas variantes, entre otras, el error. No deja por eso de ser innata, pero no deja de ser una potencialidad, una capacidad que ha de actualizarse, para lo que los diferentes medios y circunstancias que se pongan en juego pueden dar lugar a muy diferentes resultados. Dicho simplificadamente quienes adecúan medios y circunstancias alcanzan la sabiduría - la relativa sabiduría que les cabe alcanzar - y quienes no lo hacen, quedan en la necedad. Las categorías de sabios y necios me parece que se asientan así no tanto como predeterminación natural a priori sino como de facticidad a posteriori: son sabios y necios a la postre los que emplearon de tal o cual manera su innata y divina razón natural. Empleadas a priori de forma coercitiva, como dices, estas etiquetas pueden jugar como condicionantes terribles, que restan posibilidades al desarrollo de la razón misma, y establecen clases naturales entre los seres humanos que, sin embargo, están llamados a la universal igualdad racional en el pensamiento estoico.

Los que se tienen por sabios responden a ese esquema comodón del que antes hablaba, y en la ingenuidad pretenden haber superado ya el dolor y el sufrimiento que les acarrea la diferencia. Sólo los verdaderamente sabios reconocerán que su sabiduría es siempre transitoria, provisional e insignificante. En definitiva, reconocerán la preeminencia de su ignorancia, como haría ejemplarmente para la historia Sócrates.
Última Edición: 27 Feb 2012 09:52 por Kierkegaard.
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Re: Crítica del maniqueísmo Sabios/Necios 26 Feb 2012 23:53 #6464

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Muchas gracias por entrar al trapo, Kierkegaard, y más gracias aún por el modo en que lo has hecho.

En primer lugar comparto totalmente el hecho de que una clasificación categorial bipolar sea necesaria y a la vez peligrosa. Necesaria en tanto que posibilita la clasificación misma, como bien has explicado, pero peligrosa en tanto que un fenómeno se puede incluir en la categoría inadecuada, tal como ocurre, por ejemplo, con los mulatos. Además, un hecho significativo y que ya advertía Derrida, y es que los binomios siempre tiene un polo dominante: Blanco-nego, Hombre-mujer, Sabios-necios.

Antes decías: "Sólo los verdaderamente sabios reconocerán que su sabiduría es siempre transitoria, provisional e insignificante. En definitiva, reconocerán la preeminencia de su ignorancia, como haría ejemplarmente para la historia Sócrates."
Exacto. Mi conclusión era precisamente la misma, que la llamada a la interioridad socrática vuelve a pedir la palabra, si quiera con una voz que no habla pero si rezuma de una ortodoxia rigorista que casi no deja espacio para el diálogo filosófico. Aquel que reconoce su propia ignorancia será aquel que puede avanzar en el conocimiento, el cual siempre habrá de disponer de un mínimo de esceptecismo a fin de que las propias creencias sean revisadas y nunca pensadas como universales e inmutables.

Lo que no me queda tan claro es que los Sabios esticos no se tuvieran por tales, al menos en el primer estoicismo, ya que en la transición hacia el estoicismo romano que hace Panecio la cosa se suaviza bastante. Esto denotaría que los autodenominados Sabios buceaban en su mundo discreto y tasado, lejos de la capacidad empática de escuchar más que de hablar, de dejarse afectar más que con el pensamiento colonizar... Si usamos las etiquetas con caracter retroactivo, tal vez deberíamos sentenciar la relatividad de las etiquetas mismas, ya que a los sabios se les daría la vuelta y a los necios se les podría seguir llamando tales, aunque alguno, quizás, se regocijara de ello con una mueca burlona.
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Re: Crítica del maniqueísmo Sabios/Necios 27 Feb 2012 10:01 #6465

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grealeser escribió:
Lo que no me queda tan claro es que los Sabios esticos no se tuvieran por tales
Creo que esto es algo que ya entra en un terreno de lo imposible de determinar. Fíjate cómo el Sócrates de los Diálogos de Platón, a pesar de su máxima, rezuma en ocasiones más prepotencia que prudencia. Thunderbird ya lo ha hecho notar en algún otro hilo. ¿Con qué Sócrates nos quedamos? En realidad creo que no depende de la corriente estoica en sí, sino de las individualidades: el ser humano puede pasar por un momento de lucidez en su ignorancia, pero en cuanto siente la satisfacción de creer haber alcanzado algún conocimiento es muy fácil que se acomode y se tenga por sabio. No dista mucho de lo que sucede con el éxito o la gloria, cuando se suele decir que a uno "se le ha subido a la cabeza".
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Re: Crítica del maniqueísmo Sabios/Necios 27 Feb 2012 15:46 #6467

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Para mí, el Sócrates que me resulta más atractivo es el que describe Felipe Marzoa. Es decir, el Sócrates que pregunta de modo insaciable a la gente qué son las cosas que él ignora. Una vez pregunta a sus concidadanos, éstos parten ya de algo que se supone asentado, por ejemplo, de lo que consiste ser valiente. Pero Sócrates, con su ironía y su juego dialéctico, hace ver al que cree que sabe de antemano que el intento de tematizar el eide siempre se torna en fracaso, y es precisamente este rehuir la tematización lo que los estoicos no hacen.
Desde este prisma, desde este Sócrates, los estoicos pecan de exceso de sabiduría, y pecan exactamente contra toda mesura que ha de conllevar un mínimo de escepticismo a fin de no tener por ciertos criterios inmutables, y sí quedar sometidos al raciocinio constate de aquellas posiciones que pudieran caer con el peso de la evidencia sobre las ya sabidas.
Al fin y al cabo, la filosofía la considero como camino, no como llegada; y en todo caso, como llegada a uno mismo.
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