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TEMA: El problema del mal en el mundo: el hambre y la pobreza

Re: El problema del mal en el mundo: el hambre y la pobreza 27 Ene 2014 17:32 #19102

  • jake
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No es comparar ese discurso. Es constatar que desde el centro, para el centro, la Filosofía asevera que el esclavo lo es por naturaleza, como señalaba Aristóteles. Para los países centrales de capitalismo avanzado, la periferia ha sido, simplemente, el lugar para recoger materias primas mediante sueldo de miseria. Simplemente. Hoy, sin embargo, algo está cambiando, porque la periferia se está incorporando, imitando el modelo, y les está compitiendo ya no solo de tú a tú, sino con ventajas competitivas. Los bárbaros están poniendo la máquina de trabajar a toda vela, y desde el centro se admite la globalización mercantil en modelos alternativos al colonialismo económico. Ese modelo de centro ( productor de manufacturas) _ periferia ( proveedor de materias primas), como acuerdo entre las oligarquías políticas y económicas del centro-periferia.
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Re: El problema del mal en el mundo: el hambre y la pobreza 31 Ene 2014 21:51 #19182

  • Nolano
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Demóstenes escribió:
La trampa es el dogma de la moral. Y su teorización es la ética.
Me voy a permitir disentir de tu mensaje, Demóstenes. Vinculas, a mi parecer erróneamente, la ética con disponer de un concepto incontrovertible del Bien y del Mal. Sin embargo, te propongo que intentes desvincular ambas cosas. Estoy de acuerdo contigo en que es ilusorio pretender disponer de un concepto fundado del bien y del mal, pero ¿deja eso fuera de juego a la ética (o la moral: para mí no hay distinción entre ambas cosas; lo único que las distingue es que, etimológicamente, una procede del latín y la otra del griego)?

Yo pienso que no necesariamente. Basta con acogerse a la línea kantiana y entender la ética como algo que no trata del bien y del mal, algo que está por encima de los valores, como una condición trascendental de la razón práctica; en eso creo que consistía su invocación de la “buena voluntad” más allá del resultado. Es decir, no hay por qué renunciar, aunque no tengamos un fundamento racional para establecer a priori lo que está bien y lo que está mal, a estar dispuestos a justificar razonadamente una propuesta de acción que consideramos correcta en un momento y situación concretos y estar dispuestos a sopesar y contrastar nuestras razones con las de los que proponen otras líneas de acción diferentes, si éstos ofrecen, a su vez, sus razones avalando aquéllas. ¿Sería imposible llegar a acuerdos mediante ese diálogo? (Nótese que, cuando alguien invoca que se le revuelven las tripas ante tal y cual propuesta, ya hemos arruinado el diálogo en esos términos: las razones desaparecen y se impone el sistema límbico.)

Supongo que todos habéis reconocido aquí una referencia a la “ética del discurso” de Habermas. Los que no saben dónde está el bien y el mal y se agarran a una posible cognitividad de la ética (en el sentido de poder ser objeto de discurso racional), tal vez estén interesados en seguir esta línea de investigación sobre posibles soluciones del problema del hambre en el mundo, que, al fin y al cabo, es lo que está en el origen del hilo.

Carezco de competencias para aportar una solución al hambre en el mundo; mi conocimiento del asunto es bastante limitado. Pero, desde la Filosofía, sí creo que se puede aportar algo: podemos intentar “limpiar” el debate de aportaciones irracionales que, si mi tesis inicial sobre el diálogo es cierta, suponen un obstáculo para buscar una acción unitaria consensuada en el mundo para acabar con esa tremenda lacra o por lo menos mitigarla. Por ejemplo, no parece muy “racional” decir que “la racionalidad no ha impedido el mal, sino que parece que la ha multiplicado” (cito a Jake), especialmente si hablamos del hambre en el mundo. Creo que es un hecho estadístico la disminución de las tasas de mortalidad en la humanidad en los dos últimos siglos (los de esa tan denostada “racionalidad” o modernidad) y me parece que no puede ser discutido que los avances científicos han tenido muchísimo que ver en ello.

Pero, volviendo a nuestro asunto, y como no soy un especialista en el problema del hambre en el mundo, voy a recurrir al siguiente enlace, que se titula “Once mitos sobre el hambre en el mundo” elaborado por el PMA (Programa Mundial de Alimentos, de la ONU) y someter a análisis “racional discursivo” su contenido o al menos el de alguno de sus argumentos sobre tales mitos, especialmente el primero de ellos, con el que quizá baste para ilustrar mis tesis. Advierto que de lo que se trata es de ver si ese organismo de la ONU que lucha contra el hambre en el mundo está teniendo en cuenta las voces de todos los que puedan estar interesados en el asunto o tengan intereses en el mismo (y por interés me refiero a interés de cualquier clase, no sólo económico) o está produciendo un discurso sesgado que, precisamente por ello, puede frustrar sus buenas intenciones, por no tener en cuenta todas las voces e intereses pertinentes en la cuestión sobre la que se dialoga. Dice el PMA:

Primero: No existe suficiente comida para alimentar al mundo
"En realidad en la actualidad hay en el mundo suficientes alimentos para que cada persona tenga una vida productiva y sana. Pero hace falta ser más eficiente, sostenible y justo en la forma de producir y distribuir los alimentos. Esto se puede lograr ayudando a los pequeños agricultores (que representan a la mayoría de los agricultores en los países en desarrollo) y asegurándose de que tengan buen acceso a los mercados".


Por mi parte, veo ahí demasiados errores conceptuales, que me parece que no llevan por el buen camino. Las intenciones serán inmejorables, pero el discurso es muy malo.

1) Cuando el PMA habla de “suficiente comida” o “suficientes alimentos”, ¿se está refiriendo a un fondo o a un flujo? ¿Quiere decir que hay almacenados en el mundo suficientes alimentos como para dar de comer a toda la población mundial (y si es así, ¿durante cuánto tiempo, un día, una semana, un mes?) o quiere decir que la producción anual de alimentos, en el estado actual de recursos naturales y factores productivos (capital financiero, maquinaria, tecnología, mano de obra disponible, etc.), es suficiente para cubrir las necesidades anuales de alimentos de la población mundial? Parece que el PMA tendría que hablar de esto último, aunque la dicción literal diga lo primero; pero, entonces, cabe todavía interrogarse sobre lo siguiente: ¿quiere decir el PMA que la producción anual de alimentos (flujo) actual es suficiente para alimentar a toda la población del planeta, o que lo sería si nos pusiésemos seriamente a dedicar recursos económicos (inputs) suficientes a ello? Parece que el PMA debe referirse a esto último, más que nada porque sería algo absurdo que si el mundo produce “en la actualidad” alimentos suficientes para todos, hubiera gente que muera de hambre: ¿qué estaría pasando con los alimentos no consumidos? ¿Se destruyen? Por otro lado, al decir a continuación el PMA que “hace falta ser más eficiente (...) en la forma de producir”, parece que apunta más a una producción potencial (no llevada efectivamente a cabo) que a una producción real. En todo caso, ya se ve que el discurso del PMA no es nada claro y no vaticina que vayamos a llegar a buen puerto dialógico con ese tipo de afirmaciones tan equívocas. Nada se dice, por otro lado, de que, si se desplazan recursos económicos hacia la producción de alimentos, se dejan de utilizar en producir otras cosas (¿qué cosas, según el PMA?), aunque, partiendo de que la alimentación es ahora nuestro objetivo prioritario, tal vez tenga que quedar en un segundo plano la producción de otras cosas (entre las que, por ejemplo, hay algunas como medicamentos, servicios sanitarios, ropa, vivienda).

2) Partamos, pues, de que lo que el PMA quiere decirnos es que si la producción de alimentos en el mundo fuera de determinada forma (mejor que la actual) obtendríamos suficientes alimentos para dar de comer de forma “sana” a toda la población mundial. Lo de “vida sana” lo entiendo; lo que no acabo de entender muy bien es lo que dice el PMA sobre “una vida productiva”: ¿qué se quiere decir con eso? Seguramente que hay países en los que el defecto de alimentación hace que se incurra en un bucle, pues la deficiente alimentación conlleva que la población tenga poca productividad económica y eso hace, a su vez, que gane poco y esté mal alimentada. Pero seguramente eso sobraba: si la vida es sana, eso lleva de suyo que la persona no tiene problemas de “productividad”. Por otro lado, es mala cosa mezclar un fin, “vida sana”, con un medio para ello, “vida productiva”.

3) “Pero hace falta ser más eficiente, sostenible y justo en la forma de producir y distribuir los alimentos”. Dejaré de lado lo de “sostenible” (que introduce aquí la ecología, problema diferente del del hambre en el mundo, me parece, y los problemas, para discutirlos, mejor uno a uno, al menos de momento); quizá esto de la sostenibilidad debería haber ido en la frase anterior, pues lo que parece que se quiere afirmar, con muy poco acierto, es que no sólo mediante una debida dedicación de recursos a la agricultura habría suficiente flujo de alimentos para toda la población mundial, sino que, además, dicho proceso económico sería posible sin comprometer el agotamiento del planeta.

Pero dejando a un lado lo de “sostenible”, tengo un nuevo problema de comprensión. ¿Nos habla el PMA de cuatro cosas: producción eficiente, producción justa, distribución eficiente y distribución justa? ¿O nos habla sólo de dos: producción eficiente y distribución justa? La cosa no es irrelevante, ni mucho menos, especialmente porque la “eficiencia” y la “justicia” son dos propiedades que muchas veces serán incompatibles. La eficiencia quiere decir conseguir una relación óptima de producción/coste. La justicia sería dar a cada uno lo que le corresponde. Por tanto, voy a suponer que el PMA habla de la segunda opción que he planteado: se trata de producir de la forma más eficiente y distribuir el producto de la forma más justa. ¿Estamos hablando, pues, del viejo lema comunista “de cada uno según su capacidad y a cada uno según su necesidad”? Parece que sí, o de algo que se le parece mucho; pero, entonces, nos tropezamos con un molesto sesgo ideológico; ¿estará la ONU proponiendo un sistema comunista de gobierno del mundo como solución al problema del hambre? También creo apreciar una cierta incompatibilidad entre ambos objetivos: ¿es posible una producción eficiente si la retribución de los factores productivos no va en función de su aportación al producto, sino en función de lo que necesita el que aporta el factor productivo a la producción final? Nuestra experiencia pasada nos dice que lo más probable es que no, con lo que eso habría que discutirlo bastante, para alcanzar un acuerdo al respecto; la retribución de los factores productivos es un asunto muy complejo: a veces una inadecuada retribución de aquéllos ha acabado empobreciendo a un país y generando en ese país, precisamente, hambre, que es lo que queríamos evitar en nuestra primera intención.

4) Pero la manera que propone el PMA de lograr ambos objetivos, la eficiencia productiva y la justicia distributiva, es bastante sorprendente: “Esto se puede lograr ayudando a los pequeños agricultores”. ¿Y eso por qué? ¿Qué logramos ayudando al pequeño agricultor, mejorar la eficiencia productiva o mejorar la justicia distributiva? El PMA mezcla aquí churras con merinas, como se ve bien a continuación cuando afirma que esos pequeños agricultores “representan a la mayoría de los agricultores en los países en desarrollo”, con lo que parece aludir a que la mayoría de la población de los países que sufren el hambre viven de la agricultura, y aumentando sus rentas disminuirá el hambre que padecen. Y no sabemos qué es un “pequeño agricultor”; ¿un propietario de una explotación agrícola de reducidas dimensiones o un bracero agrícola? Debe ser lo primero, pues tan “pequeño” es una persona que trabaja para una gran explotación de algodón o de ganado vacuno en EUU como un bracero que recoge tomates para un pequeño propietario. Todos los hombres somos, en principio, igual de grandes y pequeños; son las explotaciones (superficie cultivada, por ejemplo, o número de cabezas de ganado) las que pueden ser grandes o pequeñas. Pero yo no estoy seguro de que los que pasen hambre sean precisamente los agricultores pequeños (y hablo del propietario de tierras, aunque sean pocas, como acabo de decir), sino los que, no siéndolo, dependen de los productos agrícolas para vivir. Si un pequeño agricultor no es capaz de producir ni siquiera lo suficiente para comer él y su familia, no sé qué clase de explotación agrícola es ésa y si no sería mejor cerrarla; mantenerla abierta es contrario a la producción eficiente que estábamos propugnando antes. Pero si, como parece razonable, el apoyo a los pequeños agricultores no tiene por objetivo paliar su propia hambre, sino permitir que obtengan más excedentes para proveer de alimentos a los no agricultores, esa propuesta es contradictoria con la del pretendido aumento de la eficiencia productiva. Habrá tipos de cultivo en los que será eficiente la explotación a pequeña escala (por las economías y deseconomías de escala); pero habrá otros en los que lo más eficiente será la producción en masa, el cultivo de grandes superficies con maquinaria sofisticada. Si lo que queremos es producir alimentos a escala mundial de forma eficiente, no puede ser una receta universal el apoyo al pequeño agricultor. Eso dependerá del tipo de cultivo y la función de costes de cada tipo de explotación.

5) “Asegurándose de que tengan buen acceso a los mercados”. Ése parece ser un lugar común en las quejas de los agricultores. De hecho nuestro amigo Jake ya nos dijo en otro hilo que “los pequeños agricultores producimos alimentos, en cambio, se incrementa el precio por distribuidoras monopolísticas que intermedian. Del precio de consumo al precio de origen se multiplica por tres, básicamente porque existe competencia imperfecta”. A esa propuesta del PMA le encuentro yo varias objeciones.

La primera es de orden, si se me permite la expresión, ontológico. Creo que el PMA y Jake son víctimas de un cierto platonismo, que les lleva a ver los “alimentos” como objetos, como entidades esenciales, y no como “eventos” o “sucesos”. Supongamos una sandía: ¿es eso un alimento? Pues depende. Si esa sandía está en el fondo de un barranco, donde nadie conoce su existencia, no lo es, pues nadie puede alimentarse con ella. Digo esto porque, volviendo al número 1, que la producción mundial potencial de alimentos fuera suficiente para alimentar a todos los habitantes del planeta no significa que haya productos físicos con proteínas, calorías y vitaminas suficientes para mantener a éstos, sino que esos productos están en disposición de ser consumidos por quienes se tienen que alimentar. Si yo tengo en la Plaza Mayor de mi pueblo tropecientas mil toneladas de tomates perecederos y en África Central a miles de kilómetros hay tropecientos mil hambrientos: ¿hay alimentos suficientes para que éstos no pasaran hambre? Creo que no, porque los tomates situados en Europa no son alimentos para las personas que están en África. Por tanto, por alimento creo que hay que entender “producto alimenticio a disposición del consumidor”. Esa forma de ver las cosas hace que introduzcamos en la cadena productiva de alimentos no sólo al productor directo (agricultor), sino a multitud de recursos productivos que contribuyen a que el producto esté a disposición del consumidor donde éste lo necesita: infraestructuras, transportistas, controladores sanitarios, almacenes mayoristas y locales de venta al por menor abiertos al público, e innumerables cosas más (compañías de seguros, alumbrado público, seguridad ciudadana, etc., hasta recaudadores de impuestos, en una cadena que, sólo de pensarlo, da mareos). Eso explica que, a pesar de que no hay barrera legal ninguna (a menos en los países desarrollados) que impida entrar en el negocio de la distribución intermedia de alimentos, no haya en dicho sector "competencia perfecta", si hemos de creer a Jake que afirma que no existe; yo de eso no sé. La cantidad necesaria de capital financiero y de know-how técnico, administrativo y comercial es de tal envergadura que el pequeño agricultor no puede entrar en el sector de distribución. La cuestión es delicada porque habrá que hacer extensivos los buenos deseos de productividad eficiente, y de la justa distribución (retribución de los factores) a la cadena distribuidora de alimentos y de prestación de servicios conexos con la puesta a disposición del consumidor de los alimentos, de la que habrá que predicar tanta eficiencia como la que postulábamos para la producción física de alimentos. Si no obtuviera ciertos beneficios, el capital podría abandonar ese sector o la cadena distribuidora ser menos eficiente y, entonces, el hambre en el mundo no disminuiría, sino que aumentaría, por la escasez en los suministros de alimentos en disponibilidad de consumnir: nos encontraríamos con una cantidad ingente de productos alimentarios que no se podrían consumir por no estar en disposición de ser consumidos por los consumidores finales.

Además, hay una cierta incongruencia entre lo que se propone en este apartado de “mito” primero, el buen acceso a los mercados de los pequeños agricultores, y lo que se propone cuando se habla del “mito” cuarto: “Las personas pueden tener hambre por no poder acceder a los alimentos por falta de dinero o no poder acceder a los mercados”. La cosa se hace oscura por momentos. Por un lado hay que potenciar el acceso a los mercados de los pequeños agricultores (lado de la oferta) y, por otro, el acceso de los mercados de las personas con hambre (lado de la demanda). ¿Hablamos de los mismos mercados? Parece que no. De lo que se trata en el primer caso, parece que es de que, por ejemplo, los productos de un agricultor africano accedan, como oferentes, al mercado mayorista de París; sin embargo, en el segundo caso se trata de que el hambriento acceda, como demandante, al mercado del núcleo urbano más cercano a su aldea. Pero si el pequeño agricultor vende sus productos en París, que es lo que propugnábamos al postular el acceso de aquél a “los mercados”, ¿quién abastecerá el mercado en el que deberían suministrarse alimentos a los hambrientos africanos? La cosa resulta incomprensible; para no hablar de que la justicia distributiva a que se alude en el primer apartado parece que se compagina mal con la sacralización de los mercados que se propone ahora como panacea.

La segunda objeción es la misma que he planteado antes sobre la mezcolanza entre productores y consumidores. ¿De qué forma el aumento de rentas de los agricultores (aunque sean los pequeños) contribuye a paliar el hambre en el mundo? Porque lo que acaba con el hambre en el mundo es que los consumidores coman, no que los agricultores ganen más dinero.

Finalizo este borrador de diálogo sobre el hambre en el mundo y su posible solución. Mis objetivos principales eran dos. El primero de ellos, mostrar que los retortijones de tripas no ayudan mucho a solucionar el problema; mirar racionalmente los aspectos de la cuestión creo que ayuda más, porque permite tener la esperanza de llegar a diseñar políticas consistentes y no incongruentes o contradictorias. El segundo, que la cuestión es enormemente compleja y no contribuye a buscar una solución emborronar el debate con falacias, ambigüedades y relatos dickensianos ad misericordiam. Podemos estar condoliéndonos miles de años sobre lo malo que es que haya hambre en el mundo; pero si el problema no se afronta mediante discursos racionales, poca solución le encontraremos.
Bin ich doch kein Philosophieprofessor, der nöthig hätte, vor dem Unverstande des andern Bücklinge zu machen.
No soy un profesor de Filosofía, que tenga que hacer reverencias ante la necedad de otro (Schopenhauer).


Jesús M. Morote
Ldo. en Filosofía (UNED-2014)
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Última Edición: 31 Ene 2014 22:14 por Nolano.
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Los siguientes usuarios han agradecido: Demóstenes, jake

Re: El problema del mal en el mundo: el hambre y la pobreza 01 Feb 2014 01:34 #19184

  • jake
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Sería necesario precisar estadísticamente los datos sobre mortalidad para poder opinar objetivamente. Es posible conjeturar que las tasas de mortalidad en los países periférico coloniales del capitalismo tengan mayores tasas de mortalidad,

La Frontera de Posibilidades de Producción explica varias cosas: la escasez, la decisión económica, la eficiencia económica o la sobreexplotacion ( y la inflación, por tanto) o la infra utilización de recursos. De ese gráfico sencillo viene la expresión clásica de vivir por encima de nuestra posibilidades y, en economía, la clásica disquisición entre elegir cañones o mantequilla. Los recursos son escasos, y la decisión económica consiste en elegir entre varias opciones. Detrás se mueven intereses políticos e ideológicos.

El problema a dilucidar es saber si los mercados asignan bien los recursos. Si resuelven con equidad el problema económico o no; si, en definitiva, el excedente económico de la producción global se reparte entre todos los que añaden valor al producto (esto es, vida, tiempo de vida empleado en producir en término medio, mas recursos naturales esquilmados. Dos fuentes de valor). Otro asunto a debatir es preguntarse por las manos visibles del mercado, que las tienen. Así como estudiar la clave de la dependencia colonial y en que consiste ésta. O los derroteros insospechados que puede tomar el fluyente mundo (Heráclito).

Sobre el asunto de pequeños propietarios y agricultores ya he escrito en otro hilo. Sobre este asunto añadiré que mi experiencia es cooperativista.

El asunto del hambre es complejo y nuestro objeto es tratarlo filosóficamente, esto es : ¿ Cómo es posible que el trabajo de todos sirva para alimentarnos? ¿ Por qué el excedente de producción se acumula en pocos lugares y personas del mundo? Si tenenemos en cuenta que según Platón el arché de la polis es la Necesidad, por qué no es posible que el trabajo de todos y cada uno de nosotros no solucione los problemas básicos de la necesidad: vivienda, vestido y comida.

Todos estos asuntos se pueden ir debatiendo dialécticamente, preferiblemente, al método monologal, para no cansar al personal. Y la pregunta moral, el daimón que nos emplaza, nos exhorte ¿ Qué hago para subvertir el hambre y en qué contribuyo a la felicidad general del mundo? Y esa pregunta hacérsela todos los días..

P.D. En mi opinión la pregunta filosófica nace de la incomprensión de por qué, en un grito mudo, el mundo no está tan ordenado como en realidad parece. Esto es: nace de una desesperación o congoja. Eso no excluye que las respuestas que se den sean racionales¿O es que tal vez nos estamos olvidando de en qué consiste filosofar? Filosofar es una cosa muy diferente a conocer libros de Filosofía. La Filosofía que no parte de las llamas de la pregunta es pura vacuidad erudita. Una nada llena de palabras vacías. Filosofar es calentarse por un fuego. Y eso no quita el uso del discurso racional, Sr. Nolano.
Última Edición: 02 Feb 2014 16:56 por jake.
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