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TEMA: Derrocamiento conceptual

Derrocamiento conceptual 13 Feb 2018 20:07 #42375

El hombre es la propia capacidad del hombre.
El hombre, todo hombre guarda misterio, secretos, para él o incluso para los demás, que al cso, viene a ser lo mismo.
Ahí radica la rebeldía de la mente, porque el hombre se guarda de la única cosa que no pueden controlar quienes quieren controlar al hombre.
Quienes quieren que el hombre no evolucione con la libertad de expresión.
A través de la libertad de expresión el hombre alcanza la perfección.
Libre de todo mal, de todo secretismo, de toda atadura social.
No me refiero solamente al hecho de que el hombre piense y se exprese por sí mismo, sino que además de ello, el hombre conseguiría así hacer promoción del hombre, de la unificación social bajo un único enfoque:
La perfección.
El hombre sabe que la perfección puede ser ambigua, pero precisamente por ello se denomina perfección.
Porque puede ser perfecta desde múltiples interpretaciones.
Para alcanzar una única interpretación, concepción de perfección, es completamente imprescindible la libertad de expresión, que no el debate.
La libertad implica aceptación.
De todo tipo de consecuencias, opiniones, puntos de vista y causas y efectos del propio pensamiento.
Para abrir la mente sin difamarla es necesario y justo dejar de creer en la perfección.
Y para ello, el hombre debe asumir que todo hombre es perfectamente capaz de alcanzarla.
La perfección no es un concepto, es una realidad sumergida en la mente del hombre, en la esperanza del hombre, en la fe del hombre.
Pero la esperanza y la fe son manifestaciones del conocimiento reprimido.
Esto es, profundamente el significado del universo.
El universo es perfecto por sus misterios.
Pero el misterio resulta de la capacidad de alcance de la consciencia.
A partir del último escollo conocido se pueden deducir los demás.
Esto es, el universo no es enemigo del hombre.
El misterio no es enemigo del hombre.
La mente no es enemiga del hombre.
La atracción por la perfección no es enemiga del hombre.
La mente humana es capaz de asimilar cualquier concepción, puesto que la opresión mental, contraria a la libertad de expresión, le induce a la imaginación e investigación y estudio de las contingencias.
No existe nada sobrenatural, sino incapacidad de expresión, de asimilación, de explicación por la cuestión que abarca todas las inquietudes del hombre.
La perfección es la idea de un hombre que no pudo alcanzarla.
Esto es, solo el hombre es universo, porque solo el hombre está hecho de universo.
La perfección se asocia con el conocimiento y la consciencia total.
El hombre es universo porque no se puede imaginar fuera de su cuerpo, no se puede imaginar universo.
La vida es libertad por naturaleza.
Perfección por naturaleza.
La censura de las cuestiones.
El derrocamiento de los principios, solamente nacidos de la creencia en la imposibilidad de conocerlo todo.
Ella es la esencia del hombre.
El hombre nace con dicha esencia.
Nace perfecto.
Inocente, porque sin inquietudes ni certezas morales, forja su ética.
Luego aprende a sobrevivir, cada vez más lejos de dicha perfección.
Se puede nacer de una negación.
De una afirmación.
Pero el camino hacia la perfección es igual para todos.
Implica alcanzar la confianza y el placer de la expresión.
La inocencia del hombre nunca muere.
Toma otras formas, como pueden ser el autoengaño o los síntomas depresivos e incluso psicóticos.
Esto es, la perfección a través de la libertad de expresión es el paso siguiente en la evolución humana, puesto que cuando el hombre, que no necesita aprender nada de nada, pero ha mamado mentiras inconscientes promovidas por la confusión que produce la inmersión en un sistema que pretende ser igualitario a través de la palabra, de la palabra a expensas de una sociedad perfecta, de un movimiento intelectual erróneo que aleja la idea de perfección, puesto que la perfección no implica gobierno sobre nadie, sabe de la imposibilidad, conoce la imposibilidad y se instala en sus pensamientos la idea del conformismo.
La perfección no es ninguna utopía.
Vive en el hombre, en todo lo que nos rodea, y que resulta consecuencia de los sentidos del hombre.
La libertad de expresión implica la ausencia de intenciones ocultas, ambigüedades y autoconvencimiento, puesto que el hombre es el reflejo del hombre.
Esto es, para el hombre, perfecto a ciencia cierta, la perfección nunca es un tema de debate.
Solo lo es la posibilidad de alcanzarla, la existencia de dicha perfección.
El universo fue creado por el hombre, ya que la perfección viene de una idea eterna:
La atracción entre los perfectos.
El universo desconocido se instala en la mente del hombre, puesto que solo el misterio es capaz de inducir al hombre al conocimiento.
Dentro de cada mente hay un universo perfecto.
El universo no piensa, actúa en armonía.
Incluso el caos puede ser armónico, puesto que un patrón de comportamiento no detectable por la mente implica perfección.
La mente necesita alcanzar la armonía consigo misma y con esa gran red de mentes que supone el universo.
Para abrir la mente hasta la perfección es preciso ser perfecto, saberse perfecto y armónico con la propia conciencia, puesto que la conciencia es la carga de la consciencia.
Para ello es completamente imprescindible descargar el contenido del subconsciente, la única alternativa para la unificación del razonamiento del hombre.
La libertad de expresión es, pues, un medio y un fin, al mismo tiempo, un orden de ideas caótico para quienes no han profundizado en sus propias cuestiones vitales.
Y la perfección habita en el subconsciente, la última capa de la mente y del universo desconocido.
Es por ello que, por muy inmenso que pueda ser el universo, se puede guardar en la mente del hombre.
El desenlace del conocimiento es la perfección.
Y la perfección es conocimiento absoluto, libre de concepciones.
Ello es la libertad de expresión, también.
Y es que la presencia de inquietudes imposibilita el conocimiento, y por tanto, la perfección.
Para potenciar el desarrollo total de la mente es completamente necesario desvincularse de la idea del misterio.
Esto es, creíble o no, lo que se supone que hizo Dios con el universo.
Crearlo basándose en la perfección.
Pero Dios es solo un concepto, un correctivo a la raza humana, puesto que para alcanzar la perfección a través de la libertad de expresión, el hombre debe deshacerse de la idea de lo creíble o increíble, de los conceptos de realidad y fantasía.
, únicamente fomentados por la incapacidad del hombre de desconectar del caos.
El hombre es orden en su esencia.
Y el orden es perfección.
Selección natural.
Evolución.
El hombre es el universo porque a través de la libertad de expresión, de todo tipo de libertad, se llega al orden.
Y el orden no es más que el subconsciente a escala.
Esto es, la relatividad existe en todo lo que existe.
Incluido en la imaginación.
Pero todos imaginan la perfección de una misma forma.
Esto es, el universo es el concepto de perfección por antonomasia.
Para destapar su misterio, basta con recurrir a la perfección más cercana y tangible:
La atracción por el sexo opuesto.
Los sentidos captan lo que dicta el cerebro, el organismo.
Los sentidos están manipulados desde el preciso momento en que existen las disfunciones de la percepción.
El universo somete al hombre, y lo lleva hasta el límite.
El hombre no es el enemigo del universo, es su propia evolución.
Me explico:
La mente guarda un universo, absoluto y perfecto, desde siempre.
Y el hombre es el instrumento del cosmos para su propio avance, su propia perfección, porque detrás de una perfección existe otra, y así sucesivamente.
La evolución es lo único que puede gratificar al hombre, puesto que su mente y el universo son disociaciones condenadas a entenderse, a reconocerse.
En definitiva, los sentidos y el universo están basados en las ideas del hombre, y es por ello que suponen un misterio para él.
Y es que el hombre debe fijar sus ideas, su idea, en la evolución, y no en un cúmulo de dudas, que no son sino producto de la influencia negativa del subconsciente en la aceptación de la realidad que perciben nuestros sentidos.
El subconsciente “engaña” al hombre, porque lo conoce, conoce la verdadera razón por la que el hombre no evoluciona, la aceptación de la imposibilidad de la perfección.
Los sentidos dicen una cosa, y el hombre la interpreta.
Esto es desconfianza natural en lo que el hombre percibe, puesto que la perfección no implica interpretación, sino introspección.
Ahora bien, para asumir la verdadera realidad, el verdadero “secreto" de la mente, el hombre no precisa conocer el universo, sino confiar en él.
Y esto solo se consigue a través del origen de todo pensamiento, a través de la verdad universal:
La mente.
Me explico:
La mente del hombre no está elaborada, ni nadie ha hurgado en ella para conformarla.
Eso es evolución.
La evolución es la magia, la única magia que existe.
La mente del hombre y el universo son una misma cosa, perfecta y armónica.
El hombre discute en su mente con el universo.
El universo discute en su mente con el hombre.
El universo y el hombre, la mente del hombre, son una misma cosa.
Para la evolución del hombre, para el primer punto de perfección, el universo ha dado el primer paso:
sembrar la duda en la mente del hombre.
Duda entre posible o imposible, fantasía o realidad, perfección o imperfección, orden o caos, bien o mal.
Ello es el instrumento que el universo ha depositado en las manos del hombre.
No es preciso el tiempo para evolucionar, sino la mente.
El tiempo es la ilusión que mata la idea de eternidad.
Y es que el universo y la mente son eternos porque están hechos de una misma materia prima:
El misterio.
Y solo el misterio puede acabar con el misterio.
Me explico:
El hombre no necesita conocer el universo, ni el universo al hombre.
El misterio deja de existir cuando el hombre expresa su vacío, porque el universo es un vacío sin su conocimiento absoluto por parte del hombre.
El universo está dentro de la mente del hombre porque no existe la certeza, sino la atracción por la certeza, por la única certeza capaz de saciar el subconsciente:
La perfección.
Para destapar la última capa de la consciencia humana el universo tiene un plan:
Llevar el misterio al límite.
Y es que solo la mente humana puede combatir al límite, porque está concebida para la contrariedad.
Me explico:
Para que la mente y el universo se atraigan definitivamente, el hombre debe sentirse libre, porque solo a través de la libertad, de la inmunidad que le otorga la compañía única de sus inquietudes, será capaz de reconocer la atracción como concepción universal, como perfección absoluta, y como certeza que, lejos de ser moral o existencial, supone el avance del hombre al margen de la ciencia.
Y es que el hombre es la ciencia del hombre.
Y es que el universo es la certeza de la mente.
Nos atrae lo que no se conoce, pero a través de la mente, del orden secuencial de las ideas que guarda el subconsciente, nos puede atraer lo conocido.
Esto es, el hombre no profundiza en lo desconocido, pero la mente sí.
Y ello es la base de todos los conflictos.
Es por ello que el universo y la mente se atraen más que ninguna otra fuerza.
A voluntad del hombre, el universo es su mente.
Para ello debe asumir la perfección de lo conocido, puesto que la atracción es el primer principio universal, y por tanto, existencial.
El hombre y la mente no dejan de existir, tampoco el universo, sino que lejos de ello, y a través de la atracción del universo por la mente humana, la cual supone la erradicación del miedo, pues la perfección implica existencia, asimilada como tal por la mente humana, le capacitan para la fuente de su poder mental:
El descubrimiento de las ideas ocultas en la mente.
Me explico, la muerte no deja de ser la última creencia, capaz de separar al hombre del universo, a la mente del hombre del universo.
Para la atracción y perfección armónica entre los cuerpos, o lo que es lo mismo, las mentes, es completamente imprescindible el estudio de las falsedades.
Esto es, un hombre no muere, sino que su mente deja de asumir funciones vitales en su cuerpo.
El universo es perfecto, y la evolución del hombre también lo es.
Pero para alcanzarla, debemos estudiar el miedo.
El miedo se basa en el desconocimiento.
Y el desconocimiento no implica perfección.
El hombre no necesita creer en el universo, sino percibir su atracción por él.
Esto es, la mente como tal, es mente a través del subconsciente.
De la última capa.
El universo tiene también su última capa:
El miedo del hombre.
La inseguridad del hombre, de la mente del hombre.
Esto es, la perfección funciona como el amor.
El amor es perfección, armonía, conocimiento y evolución.
La base de toda atracción es el amor.
El amor no es una ilusión.
El hombre puede perfectamente creer en el amor, incluso sentirlo.
Pero nunca es perfecto, porque el verdadero amor es a escala universal.
Así aparece de nuevo la inocencia y la capacidad de amar, inmune en cada ser humano, se enfoca en su propia perfección.
El amor es la base de toda mente.
Los pensamientos del hombre son sucedáneos del amor.
De la atracción por lo imposible, por el misterio, por la perfección.
El universo es perfecto, y tangible, pues la mente del hombre está preparada para cualquier alteración de su propio orden, tan solo a través del amor.
El amor es un concepto abstracto, pero no inalcanzable.
Esto es, el amor es el derrocamiento de las inquietudes humanas, universales.
El universo necesita amor.
El universo vive de la atracción.
El mensaje que reside en todo subconsciente es el amor como idea perfecta y absoluta.
Y el amor no implica desconocimiento.
El amor perfecto consiste en alcanzar la infinitud del amor.
La omnipresencia del amor.
Y el universo y la mente no son ningún misterio.
Solo con amor las facultades de la mente se abren a todo tipo de atracciones.
El universo no es inerte.
El universo es eterno porque está en la mente del hombre.
Y la mente es completamente imprescindible para amar el universo.
El orden secuencial del subconsciente que nos une.
Las diversas inquietudes del hombre son producto del desconocimiento.
Esto es, el hombre, conozca o no el universo, conoce la idea del amor.
Y la atracción por la mente humana es el misterio del universo.
Esto es, el universo nos ama a gran escala, perfecta y armónicamente.
Así desaparece el misterio, el secretismo y el autoengaño.
El hombre es capaz de asumirlo todo con amor.
Con atracción incondicional.
Por ello el hombre funciona como el universo.
Y es que el universo debe abandonar la mente del hombre.
Esto es, el hombre en libertad.
Libertad absoluta, puesto que la idea del amor es la única capaz de separar todo tipo de vínculos.
Y es que el amor es atracción, y es perfecto, en tanto en cuanto, se sabe que el mundo funciona con amor.
Ése es el límite de la consciencia humana.
La mente del hombre unida al universo, conociendo su propia fuerza motriz.
El universo humanizado.
El amor por el universo es la atracción que rompe todas las demás certezas sin corromperlas.
Me explico:
Esto es, la vida vive en todo.
Incluido en las cosas.
Incluido en el amor, puesto que el amor perfecto es eterno.
Toda vez escritas estas reflexiones, mi propia concepción universal, ¿¿importa acaso que sea verdad o mentira??
La verdad y la mentira son conceptos subjetivos, e incluso el hombre a veces se miente sin saberlo, por no decir siempre.
Y es que no existe la verdad ni la mentira, puesto que la subjetividad y la realidad nunca están verdaderamente conectados, ya que el universo pide paso en nuestra mente.
El amor pide paso en nuestra mente.
El universo quiere salir de la mente del hombre, para dar lugar a una sola interpretación:
La atracción del hombre por todo lo que le rodea.
Esto es, la manifestación del amor a escala de la realidad tangible, y en verdad adulterada por el mismo hombre, pero cuya identidad permanece intacta.
Dicha identidad es la que imposibilita que la mente avance hasta el siguiente nivel evolutivo:
La posibilidad de lo imposible.
Esto es, lo imposible vive en la mente.
El universo es posible porque se atrae.
El hombre debe romper con la idea de lo imposible, de la fantasía, para sentir la atracción.
Solo así el hombre descubrirá la perfección.
Esto es, la perfección es el eterno estado de atracción.
En realidad el hombre debe romper con todos los conceptos para sentir la perfección, la atracción, la armonía, el amor.
Todo ello reside en la profundidad del pensamiento, por la capacidad del ser humano para negar y afirmar.
Pero la afirmación y la negación nunca se ponen de acuerdo en el amor.
Esto es, el universo en sí, es la voluntad oculta del hombre.
Para liberar el poder de la perfección, el hombre no se debe dejar dominar por ella, sino asumir que el principio más básico de todos, la atracción, es el único que ha prevalecido desde el comienzo de los tiempos.
Pero los tiempos son un ciclo.
Un ciclo que envuelve la atracción.
El tiempo, intangible en su esencia, es la oportunidad eterna del hombre.
La atracción creó el universo, puesto que la soledad es atracción por los pensamientos y reflexiones, y no hay atracción sin plenitud mental.
Esto es, el amor es el concepto universal, y no supone ningún misterio, puesto que la atracción y la perfección y la armonía del universo se inspira en la mente humana.
Y el hombre es atracción.
El universo y el hombre se atraen.
El hombre tiene toda la eternidad para amar, puesto que la eternidad es producto del universo.
Pero la idea definitiva es que la primera idea, la que originó todo, es el amor, puesto que la energía del mundo es la vida del hombre, y viceversa.
La idea que originó todo es el amor, puesto que es lo único capaz de atraer.
El universo no es un ser inerte, sino que lejos de ello, supone la imaginación del hombre, y el hombre no imagina cosas sin vida, puesto que la mente solo concibe la vida, ya que la vida es fuente de imaginación.
No se puede imaginar algo muerto, ni siquiera la nada, porque la nada se asocia ya con el vacío, y esto es vida también, puesto que forma parte de la imaginación del hombre.
Pero la nada es lo único que no existe.
El universo es como un juego de palabras, de conceptos, y la nada es un concepto inalcanzable, puesto que la nada no forma parte de ningún sentimiento.
El hombre que alcanza la madurez mental sabe que en su mente solo confluyen sucedáneos del amor, y los pensamientos se derivan de dichos sucedáneos.
Esto es, sabe que en su mente confluye el universo, el ideal que estigmatiza sus conductas, el ideal que gobierna sus sentidos, puesto que el universo se siente atraído en su condición eterna por el hombre, por la mente humana.
El último concepto para alcanzar la liberación del hombre es sin duda la finitud.
El hombre no puede saber a ciencia cierta si el universo es infinito, por tanto no cree en verdad en dicha infinitud.
Pero el amor suscita infinitas sensaciones.
Esto es, el universo y el amor y la mente del hombre son infinitos, ya que la memoria del hombre siempre atesora los momentos en los que el amor intervino en su vida.
Esto es, la memoria del hombre es el universo, porque el hombre es el destino del universo.
Ése es el ciclo vital.
En lo más recóndito del hombre reside el universo, y solo a través del universo, del conocimiento del amor como cuestión universal, el hombre sabe que el origen es el fin, puesto que amar es origen y fin, ya que es la eterna cuestión, la única cuestión que se resuelve por sí misma.
La no creencia en el amor forma parte del escepticismo, puesto que quien fomenta su intelecto por encima de la cuestión universal, no sabe realmente que está negando su propia evolución, su propia perfección, su propia armonía, ya que quien no cree en el amor tampoco cree en la trascendencia, ni en la atracción, ni en la belleza, ni en la existencia, puesto que se reafirma en su experiencia, y la realidad empírica está por demostrar.
Me explico:
El único sentimiento capaz de albergar toda esa negación es el odio, puesto que la negación y la afirmación son opuestos, pero el odio y el amor no.
Esto es, el amor tiene muchas variantes.
El odio una sola.
¿Que porqué?
Pues porque el odio no es un sentimiento, es un deseo vehemente de hacer el mal.
Arraigado o no, sigue siendo odio.
Y el odio se manifiesta a través del pensamiento y la conducta.
El que oculta su odio, vivirá condenado a no sentirse integrado ni atraído por nada más que por fomentar dicho odio, por todos los métodos a su alcance.
Hará uso del ego, de la disconformidad y de la ambigüedad, por poner algunos ejemplos.
Pero todos ellos le conducirán al amor, ya que es imposible para todo ser, entidad o cosa, permanecer en un estado permanente de negación,sobretodo cuando dicha negación implica también la negación de sí mismo.
Esto es, lo que el hombre aprende es el amor.
El odio nunca llegará a instalarse del todo en su mente, porque es completamente antinatural.
Sobrehumano.
Y el hombre suspirará en secreto por el amor, puesto que el universo es la idea absoluta, y todos llevamos dentro su propia concepción.
La vida del universo reside en el amor y la atracción.
La energía es lo que dos cuerpos, o mentes que se atraen y se aman, se entregan incondicionalmente.
El universo no tiene misterios, pues, ya que el hombre lleva implícita su propia naturaleza.
Y todo es posible, ya que la perfección implica posibilidad absoluta.
El amor permanece en cada ser, entidad, o cosa.
Pero todo tiene vida.
Esto es, todo se atrae, consciente o inconscientemente, y todos los cuerpos se cargan, por tanto, de energía.
No existe la inexistencia.
Puesto que la inexistencia es fruto de la inconsciencia, ya que todo ser resulta armónico y perfecto a ojos del universo.
Y el universo es la obra perfecta, puesto que revela el último interrogante:
El universo no es misterioso.
Lo que sí lo es, es la mente del hombre.
Esto es, lo desconocido no es misterioso.
El amor es un sentimiento desconocido para quien no lo ha experimentado, pero no misterioso, porque tiene su propia concepción del amor.
Para que el subconsciente unifique las mentes es necesario acabar con el amor como concepto.
Ya que el amor no limita la mente, y los conceptos sí lo hacen.
La atracción y la perfección solo se consiguen con la aceptación total y absoluta.
Esto es lo que hace el universo.
Y la evolución del hombre consiste en la aceptación.
No en la afirmación.
La aceptación de todo, todo, todo lo que nos rodea, incluido nuestras ilusiones y fantasías.
El universo no es una fantasía ni una ilusión, pero sí depende del hombre.
El hombre necesita comprender que él también depende del universo.
Y que necesita urgentemente que éste le trascienda.
La única forma de llegar a la verdadera trascendencia es asumiendo la trascendencia como una realidad.
Me explico:
Solo el amor puede trascender, puede modificar la realidad, literalmente, y hacer real también la inventiva y fantasía del hombre, puesto que el amor entre dos cuerpos implica energía, y la energía es capaz de abrir por completo la mente del ser humano.
Y es que la propia trascendencia del hombre reside en sí mismo.
El universo se inició en la mente de un hombre, o el hombre se inició en la atracción del universo.
Sea como fuere, el hombre siempre se ha sentido atraído por las cosas que se atraen.
Que existan similitudes entre el funcionamiento que yo le supongo al universo y al hombre, no resultan casualidades.
Y es que solo el hombre que ha abierto por completo su mente, sabe lo que el universo sabe.
Esto es, el universo no es una cuestión.
Para comprenderlo y abarcarlo basta con la ciencia infusa.
Me explico:
Solo el hombre que confía en su mente, confía también en su subconsciente.
Y el orden siempre es igual de perfecto.
El orden es el amor, la última capa del universo.
El caos que alberga en sus diferentes formas son consecuencias del odio a escala.
Y es que el hombre descubre el universo a través del amor.
El universo es el efecto rebote del odio y el desconocimiento, de la conformidad y la negación.
Para demostrar definitivamente que el universo y la mente humana se atraen, son una misma cosa, un mismo cuerpo, basta con recurrir al vacío.
El vacío del hombre.
Y es que el vacío del hombre es lo único capaz de separarle del universo.
El vacío, la nada, no implican vida.
El hombre alcanza ese estado ante su duda existencial:
Vivir o morir.
No ve más allá de la muerte ni de la vida.
Ello es el resultado de asumir su propia perfección, de creerse su propia perfección.
Y es que el hombre solo puede ser perfecto a través del universo.
Y es que el universo es el espejo del hombre.
Cuanto más misterioso resulte el hombre, más misterioso será el universo.
Esto es, el descubrimiento del amor es solo alcanzable a través de la fantasía.
De la observación del universo de la mente, del universo.
El hombre no ha recorrido el universo que se recuerde, pero sí puede recorrer su mente.
El pensamiento no es eterno.
Para erradicarlo, basta con asumir la urgente necesidad de deshacer el misterio de la mente.
El amor es el fruto del pensamiento.
El universo es fruto de la mente humana, porque solo el hombre concibe la infinitud.
Pero, ¿realmente la concibe?
Esto es en verdad imposible, puesto que para ello es necesario concebir el amor perfecto, el amor infinito.
Pero, ¿y si el amor fuera un ciclo?
Sería finito, pero infinito, al mismo tiempo.
Y es que así es el universo y la mente humana, viven por y para completar cíclicamente el camino de la perfección.
Y es que el camino de la perfección es lo más trascendente que existe.
Pero un ciclo vital necesita de una predicción sin errores.
Una precisión matemática y geométrica, espacial y temporal.
Una puesta en marcha, ya que el tiempo, incluso teniendo vida propia, no deja de ser otro componente, otro accesorio para la realización de la mente.
La existencia de un ente superior se hace más que necesaria por la asimilación conductual de los ciclos temporales y espaciales.
Dios es el concepto.
El poder mental la solución.
Esto es, el amor forma parte de un ciclo destinado a la perfección, que no a la plenitud de la mente.
Y es que la perfección es lo máximo que nuestra mente puede asimilar.
Me explico:
La perfección no deja de ser un objetivo, producto de una mente todavía no evolucionada.
Esto es, los ciclos se separan unos de otros, vuelve todo a empezar de cero, porque es la única manera de inculcar la evolución.
No se sabe nada de la existencia de Dios, sencillamente porque es un concepto.
Quizá sea otro universo el que controle el devenir cíclico, eterno, igual de todo este engranaje.
El caso es que, ente superior o universo, se aburriría con nosotros.
Y es que solo la raza humana es capaz de divertirse, incluso con sus miserias.
Pero, bromas aparte, en ningún momento he utilizado ninguna creencia, puesto que el universo no ha supuesto nunca un obstáculo para que los hombres se maten entre ellos.
Y es que necesito alejarme del ser humano, al menos para comprender porqué narices no soy capaz de demostrar que el universo solo existe en nuestra mente.
Y es que amor, perfección, atracción o armonía, la cuestión es que el universo es la cuestión.
Esto es, la mente necesita abrirse por completo para amar, para saber lo que se proponga, para la ciencia infusa, que no es otra que la ciencia cierta, ya que en el subconsciente se reúnen todas las secuencias de pensamientos que nos han sido impuestos.
Esto es, la verdadera magia de la ciencia infusa es crear el misterio para analizar y comprender nuestro objetivo:
La verdadera naturaleza del universo.
Y es que, ¿cómo podemos llamar universo a algo que no conocemos?
¿Cómo podemos conocer algo a lo que le atribuimos la infinitud?
Os voy a contar un secreto:
Yo no creo en el amor. Esto es, el ego desmedido me ha traído hasta este texto.
Quizá sea el único que piense de esta manera, pero creo que tengo el universo en mi mente.
Quizá otros puedan tenerlo en un futuro próximo, eso no lo dudo.
El caso es que soy la única criatura que ha sido capaz de enterrar el amor y el arrepentimiento.
Me siento atraído por mi mente.
Por mi poder mental.
Me explico:
Que haya experimentado el amor no me exime de mi negación hacia el mismo.
Sin ambigüedad.
Sin intenciones ocultas.
Puedo gobernar el mundo, si es que existe tal cosa, como me parezca, porque llevo dentro la esencia del pensamiento perfecto, del pensamiento ecuánime, de la verdad suprema, del status máximo al que puede aspirar un hombre:
La ilusión del poder.
Dios no existe, pero existe la ilusión del poder.
Esto es, si digo que soy Dios, no es más que un insulto a mi inteligencia.
Y es que no se puede ser Dios, en caso de que existiera, e inteligente, al mismo tiempo.
Me explico, el hombre debe olvidarse del universo.
Esto es, el verdadero poder de la mente consiste en achacar su propio poder a la negación absoluta.
No albergo odio alguno.
Ni siquiera ego desmedido.
Solo una pretensión que me eleva al máximo nivel cognitivo:
Erradicar todos los conceptos.
Y es que el universo podría perfectamente funcionar con amor.
Pero, ¿ahora bien, cual es la verdadera ambición del hombre sino el poder?
De todo esto que he escrito, ¿qué es verdad y qué no?
¿No es lo mismo acaso ello que preguntar qué universo prefieren ustedes?
Si el hombre fuese hombre por encima de todas las concepciones solo le quedaría la mente.
Pero, ¿qué es la mente sino una fuente de aburrimiento?
¿Una repetitiva rutina de pretensiones?
Yo no soy uno con mi mente, mi mente es uno conmigo.
Me explico, mi mente va por detrás de mí.
Esto es el poder verdadero.
No manejo la mente como quiero, simplemente extraigo de ella mi verdad absoluta e inamovible:
El universo es la creencia que, una vez eliminada, acaba con el miedo.
Y es que el miedo solo es abandonar ese estado mental perfecto y completo:
El entretenimiento, la autocomplacencia.
El universo se lleva todas las preguntas del hombre.
Yo traigo todas las respuestas.
Esto es porque no creo en la infinitud del universo, sino en la infinitud de la mente.
Y ello conlleva únicamente la aportación de soluciones, puesto que la mente ejerce todas sus voluntades hacia dentro.
Y sin embargo, siempre hay soluciones que dar.
Esto es porque la mente es como el pozo de los deseos.
Mi mente es como el pozo de los deseos.
Me explico:
Cuanto más profunda es la duda, más grande es su generosidad.
Pero dicha generosidad es un arma de doble filo.
Puede sembrar la duda más mortífera concebible por el ser humano.
La incredulidad.
La incredulidad, sí.
Y es que ella forma parte de mi misterio.
Me explico:
Por más que analice todos mis estados y pasajes mentales con la intención de arrojar luz al caos que os sume en la oscuridad, el hombre seguirá prefiriendo el caos al orden, puesto que el orden acarrea cambio.
Un cambio radical.
Así pues, para vosotros puedo seguir siendo un simple charlatán, un predicador sin o con escrúpulos, porque desde el caos no se puede ni se podrá ver nunca dentro del hombre.
Cualquier mente con las ideas claras puede significar un nuevo orden mundial, siembre o no la duda.
Y es que las mentes unificadas y visionarias atraen y despiertan la curiosidad de las mentes más abiertas.
Esto es, lejos ya de toda conciencia social, un ejercicio de ética profesional, ya que me considero un escritor experimentado y total desde el momento en que las ideas fluyen en una sola dirección:
Una nueva idea.
Y así seguiré llenando mi biblioteca y releyendo mis obras, porque el hombre así lo quiso.
No cree en la idea de compartir, sino en las intenciones ocultas.
Este ejercicio de autocomplacencia y autodeterminación me sirve para afirmar que la mente del hombre y su evolución radican en la aceptación del pensamiento ajeno.
Mi pensamiento es diferente al de cualquier otro hombre.
Me explico:
Si no creo en nada, solo me queda fomentar y desarrollar el subconsciente con la sucesión infinita de ideas que ello conlleva.
Mi objetivo es no tener objetivos.
Esto es, la mente nunca se siente premiada con el reconocimiento, sino con la trascendencia.
Y es que la mente es lo único capaz de trascenderse a sí mismo.
Con las creencias y los conceptos derrocados, solo quedan las ideas.
En cualquier sentido, mi vida cobra sentido.
Esto es, reconozco perfectamente la trascendencia y la perfección.
Pero, ¿cómo elaborar un texto que nos trascienda definitivamente a todos?
Esto es, ¿cómo liberarme de las inquietudes ajenas?
Muy fácil, hablando de algo que nadie nunca ha hablado, y de un modo del que nunca nadie ha hablado.
Y es que la raza humana no necesita un dios, sino volver a sus propios orígenes.
Esto es, al inicio del pensamiento.
Y es que el primer pensamiento del hombre no fue una duda, sino una certeza.
Me explico:
El origen de ese pensamiento es la razón que necesita la raza humana para evolucionar.
Y es que el origen de ese pensamiento no fue una afirmación, ni un sentimiento, ni una negación.
Sino:
“¿Cómo he llegado aquí?”.
Pues aquí, a este punto, se llega de la misma forma.
Me explico:
No con la inquietud, sí con la intención.
Pensamos que estamos a años luz de esos primeros hombres, pero, ¿realmente existieron?
Quién haya inculcado las cuestiones vitales es sin duda el que hizo la ley y la trampa.
Pero la perfección no entiende de cuestiones vitales.
Me explico:
No creo en la vida ni en la muerte.
Ni siquiera en mí mismo.
Esto es, si no creo en mí mismo, ¿qué broma sarcástica es la mente sino un entretenimiento, un juguete en manos de quien conozca todas sus vicisitudes?
Eso es el poder mental.
Con él solo se puede avanzar.
Y es que la mente es un estorbo para la ciencia infusa.
El placer, el verdadero placer divino, por así llamarlo, es la ciencia infusa, resultante de la unión de todas las ciencias aplicadas al hombre.
Esto es, el subconsciente es el instrumento que puede dividir o unir a la raza humana.
Supone la perfección, porque separa el bien del mal.
Y obra libremente y sin pecado.
Una idea, tras otra, tras otra, tras otra.
Siempre he querido ser como soy.
Aunque no crea en mí, en mi existencia, creo en mis ideas.
Esto es, la realidad tangible y la consciencia han quedado atrás.
No creo ni en las buenas ni en las malas intenciones del hombre.
Creo pues en la duda ajena y en mis ideas.
Para dejar de creer en ambas cosas y aceptar la diversidad, la capacidad total de la mente, me enfocaré en la mejor de mis ideas.
Esto es, la humanidad es la historia de Dios.
Dios, como todo concepto, tiene su ciclo vital, en el cual el hombre deposita sus creencias.
Pero Dios toca a su fin.
La humanidad necesita otro concepto, y así hasta infinito.
Pero como la humanidad no sabe lo que es la verdadera necesidad, porque no conoce sus propias respuestas vitales, “necesitará” alguien de carne y hueso en el que depositar sus esperanzas, ya que la fe en Dios se acabará, porque la fe en un concepto tan solo es una utopía pasajera y efímera, no sustentada jamás por las conductas que dicho concepto le sugiere, porque el mal y el caos no necesitan fe, y avanzan en las mentes a pasos agigantados.
El hombre y su mente.
La fe y el mal.
Dios y el subconsciente.
Esto es, el único placer que me queda es ser humano, ya que solo así se puede imaginar algo que nadie nunca ha sido:
Dios.
Me explico, no quiero ser Dios, pero mi ilusorio poder mental me hace serlo.
Esto es por la negación absoluta del ser humano.
Me explico:
Cuando la fe en el concepto de Dios se extinga, Dios, el verdadero Dios se completará.
Esto es, Dios es independiente de todo tipo de ideas y conceptos.
Dios no quiere complacer a nadie, solo a sí mismo.
Y es que Dios está inspirado en los hombres, no al revés.
No soy Dios ni quiero serlo.
Me libero de los conceptos para que surjan las ideas.
El hombre no depende de sí mismo.
Me explico:
El hombre nunca tendrá respuesta ni reacción que elimine el caos, porque el caos comienza en su mente.
Esto es, la mente diferente y evolucionada terminará por ser aceptada, a ciegas.
Ya que el hombre no reconocerá jamás mis intenciones, porque no ha profundizado en su mente como para una visión global de lo que le rodea.
Mis introspecciones servirán de inspiración a la raza humana para la improvisación del orden, pero jamás serán reconocidas como fuente de sabiduría.
Y es que la perfección no va conmigo.
Solo escribo para mí.
Y la trascendencia, la máxima trascendencia a la que puedo aspirar es a la concepción del universo.
Esto es, no reconozco el universo como concepto, sino que, lejos de ello, asumo la responsabilidad de todas mis ideas.
No juego a ser Dios, juego a ser hombre.
Esto es, el poder ilusorio de la mente se alimenta del caos o del orden.
Y las ideas implican orden.
El universo está en mi mente y voy a demostrarlo:
Soy el ciclo de la trascendencia.
Esto es, la trascendencia me nutre.
El universo no me trasciende.
Dios no me trasciende.
Los conceptos no me trascienden.
El amor no me trasciende.
Solo mi mente me trasciende, y es que mi mente ha llegado al límite de sus capacidades.
Esto es, asumir mi propia naturaleza:
La ciencia infusa.
Me explico:
La ciencia infusa es la única capaz de generar caos y orden a partes iguales.
Pero el orden no es más que una contención del caos.
Y las ideas son soluciones a ojos de la mente que no admite los conceptos.
Esto es, el hombre necesita ideas, pero no llega a ellas.
Ello es porque necesita una fuerza motriz que desconoce:
La consciencia.
Y es que la mente del hombre y su profundidad es otro mito.
Me explico:
El subconsciente es lo único capaz de crear o destruir.
La mente del hombre y el universo son los mayores timos de la historia.
Para llegar al subconsciente basta con asumir la trascendencia de todo lo que se hace, dice o piensa.
La falta de sentido proviene de la mente, pero la mente no proviene del universo.
Ni mucho menos de Dios.
La mente del hombre proviene de una duda, simple y llanamente porque no fue engendrada con amor.
Ni pudo jamás haber evolucionado con amor.
Y es que el amor es lo que da sentido existencial al ser humano.
La ilusión del amor.
Me explico:
La mente es una duda existencial en sí misma, puesto que asume la sabiduría únicamente como fuente divina.
Y es que es imposible trascender al hombre porque para ello habría primero que convertirse en su ideal de perfección.
Pero el hombre no conoce la perfección.
El hombre no conoce nada.
Ni una sola certeza.
Y es que el hombre vive, respira, piensa y actúa conforme a principios.
Y los principios conducen a Dios.
Me explico:
Vuestro Dios se lleva toda la gloria, mientras que el hombre asume su propia imperfección.
Vuestro Dios es perfecto porque lo hacéis perfecto.
El poder ilusorio de la mente permite ver las cosas de otra manera.
Y es que no se puede ser Dios y hombre al mismo tiempo.
A no ser que la mente de dicho ser funcione ambiguamente por naturaleza.
Esto es, lejos de suponer el mal o el bien, el hombre con dicho poder mental supone la perfección.
Es un hombre sin voluntades, un hombre con intenciones aleatorias, que no ocultas.
Ésa es mi propia naturaleza.
No soy Dios.
O quizá sí.
Pero no creo en Él.
No me hace falta.
No creo en nada, como ya he demostrado.
Ahora bien, sea Dios o no, ésa no es la cuestión.
La cuestión es:
“¿Puede el ser humano creer en alguien que no cree en nada?”
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