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TEMA: Intelectuales vs Tertulianos

Intelectuales vs Tertulianos 01 Sep 2019 09:21 #51129

  • Silvanus
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Buenas,

Hay un artículo en El País muy interesante sobre la muerte de los intelectuales y la aparición de los “tertulianos”. Es un tema tratado en el blog hace poco por nuestro compañero Javier Jurado, en un escrito titulado “Paparruchas” arjai.es/2019/05/08/paparruchas/


Pongo el artículo de El País:

“Con los intelectuales ocurre lo mismo que con la socialdemocracia: no puede hablarse de ellos sin mentar su muerte, su crisis o su lamentable estado. De hecho, les va incluso considerablemente peor que a aquella, que al menos consigue ganar algunas elecciones de vez en cuando. El final de los intelectuales se lleva cacareando desde hace unos 40 años y siguen sin levantar cabeza. A pesar de todo, el término sobrevive, pero desprovisto ya del aura que solía acompañarlo. En España sigue utilizándose para referirse a los miembros de algunas profesiones —académicos, artistas, literatos o actores—. Como cuando, por ejemplo, aparecen esos pomposos titulares donde se anuncia su pronunciamiento sobre alguna cuestión de actualidad. “Un grupo de intelectuales” dice esto o aquello y firman el manifiesto toda una ristra de personas pertenecientes a estas profesiones mencionadas. Pero la popularidad de algunos de ellos —pensemos en los casos recientes de Richard Gere o Javier Bardem con la crisis de los refugiados del Open Arms— no los convierte sin más en “intelectuales”; son personas populares que hacen público su loable compromiso político. Punto.

El intelectual clásico, el “verdadero”, es aquel o aquella cuya opinión cobraba una especial importancia porque estaba respaldada por el extraordinario prestigio que se había ganado en el campo en el que sobresalía, generalmente en el pensamiento, la ciencia o la literatura. Sus opiniones merecían más atención porque se supone que estaban fundadas sobre mejores argumentos. No era lo mismo lo que decía un profesor cualquiera de una universidad italiana que lo que salía de la pluma de un Bobbio o un Umberto Eco. Su capacidad para ser leídos o escuchados con atención ha sido siempre mayor que la de cualquier otro mortal. Pero, ¡ojo!, su excelencia en un determinado campo del saber no les otorgaba por sí misma un salvoconducto para obtener mayor influencia. Un buen ejemplo a este respecto, como nos recuerda Richard Rorty, es el caso de Heidegger, “el mejor filósofo del siglo XX y a la vez un facha (redneck) de la Selva Negra”. Casos de estos abundan, como cuando Foucault se pronunció con entusiasmo a favor del ayatolá Jomeini, o cuando, ya más cercanos en el tiempo, comienzan a desbarrar los Chomsky o Zizek. El buen juicio político, como decía Hannah Arendt, no está necesariamente asociado a la capacidad intelectual o al éxito académico.

De todas formas, y esto también forma parte del perfil del intelectual, en sus intervenciones siempre había algo de provocación, no se limitaban al sano ejercicio de la crítica sin más; nos desvelaban nuevas y originales perspectivas sobre la realidad y nos enfrentaban a nuestras propias contradicciones. Quizá por eso mismo muchos de ellos oficiaban como “sacerdotes impecables” (como los llamaba el teórico político Rafael del Águila), siempre del lado de la ética de la convicción y ajenos a la inevitable naturaleza dilemática de la mayoría de las decisiones políticas. Su rol no era el de facilitar la decisión al gobernante, sino el de sacudir las conciencias, aunque a veces, como en el caso de Sartre, les perdiera su partidismo, justo lo contrario de lo que nos encontrábamos en Camus u Orwell, cuya autonomía de pensamiento era marca de la casa.

A algunos les gustaba la sobrerreacción, la exageración o, como en el caso de Foucault, “destruir las evidencias y las universalidades, mostrar en las inercias y restricciones del presente los puntos débiles, las aperturas, las líneas de fuerza”. Más modesta, pero por ello no menos eficaz, nos parece la posición de Habermas, para quien el atributo fundamental del intelectual es el “olfato vanguardista para las relevancias”. Para él, el punto fundamental es “detectar temas importantes, presentar tesis fértiles y ampliar el espectro de las cuestiones relevantes con el fin de mejorar el deplorable nivel de los debates públicos”. Puede que en este juego entre razonabilidad y provocación estuviese la clave que hacía que su acción pública fuera más o menos escuchada y seguida, más o menos respetada.

Aparece el experto

Poco a poco, sin embargo, su reinado en el espacio público fue sustituido por el de los expertos. La nueva complejidad de una política cada vez más tecnocrática hizo que nuestra comprensión de lo que acontecía requiriera del continuo recurso a especialistas de distinto pelaje. Los grandes discursos de la tutela filosófico-moral del intelectual clásico dieron paso así al “análisis experto”. Este complementaba más eficazmente las noticias del día a día que las posibles reflexiones del sabio. El mundo académico, además, pronto dejó de ofrecer generalistas y propició únicamente la especialización. Por otro lado, ya iban quedando cada vez menos de los intelectuales históricos, que estaban siendo suplidos también por los que los anglosajones llaman public intellectuals, que opinan a partir de su especialidad y su prestigio, como Francis Fukuyama, Steven Pinker, Yuval Noah Harari, ­Niall Ferguson…, y que tienen en común el estar casi siempre bajo el foco público. Muchos de ellos —no necesariamente los aquí mencionados— poseen, como señala Daniel W. Drezner en The Ideas Industry, un acceso privilegiado al “mercado de las ideas”, que no está exento de mediaciones y donde grandes intereses económicos desempeñan también su papel a la hora de promocionar unas u otras reflexiones. Eso del intelectual clásico de “decir la verdad al poder” se tornaría así en lo contrario: son los poderes fácticos los que tratan de definir cuál es la verdad buscándose los portavoces adecuados, ya sean pensadores o think tanks.


Intelectuales y política posverdad

El caso es que, al entrar en esta fase de política posverdad, ya no hay forma de imponer “verdades” que valgan. Vengan de los intelectuales, los expertos o los public intellectuals. No en vano, todos ellos pertenecen a una élite y eso les coloca ya a priori bajo sospecha. A menos, claro, que defiendan las posiciones que nos importan. La actual vituperación de las élites se ha extendido también a quienes tenían la función de orientarnos. Ortega se equivocaba. Ha habido que esperar a la expansión de las redes sociales para que se produjera la auténtica rebelión de las masas, aunque ahora hayan cobrado la forma de enjambres virtuales. Detrás de esto se encuentra, desde luego, el proceso de desintermediación, que ha roto con el monopolio de los medios tradicionales para ejercer su tutela sobre la opinión pública. O la posibilidad potencial de acceso directo a conocimientos que hasta ahora solo eran accesibles para un grupo de iniciados. O el predominio de los afectos sobre la cognición —“solo me parece convincente lo que encaja con mis sentimientos”—. O la enorme polarización política que se nutre de un consumo tribalizado de la información y la discusión (las famosas cámaras de eco). O la desaparición de la deliberación detrás de lo meramente expresivo.

El resultado de todo esto es una pérdida generalizada de auctoritas por parte de instituciones, grupos o personas que hasta entonces cumplían esa función orientadora de la que antes hablábamos. Y entre ellos se encuentran, cómo no, los intelectuales. Porque haberlos haylos, solo que su influencia cada vez es menor en esta sociedad que se proyecta sobre un escenario cada vez más fragmentado y está dominada por una fría economía de la atención. Se atiende a quien más ruido hace, no a quienes aportan mejores argumentos; o al más feo y provocador, como Michel Houellebecq, que siempre es entrevistado con fruición; o a quienes se valen de novedosas estrategias en defensa de una determinada causa. No es de extrañar así que la ecologista adolescente Greta Thunberg haya conseguido captar mucha más atención que cualquiera de los escritos de Bruno Latour, el filósofo que más y mejor se ha venido ocupando del desastre climático.

La tertulianización de la opinión

No podemos olvidar, sin embargo, que la democracia ha tenido siempre una peculiar relación con la verdad. La democracia es el gobierno de la opinión, no el de los filósofos platónicos o el de los científicos. Y aunque aquellos siempre podrán ilustrarnos, al final decide la opinión mayoritaria, que no tiene por qué ser la más fundada en razón. Por eso mismo los teóricos de la democracia han abogado por la necesidad de someter las diferentes opiniones a la prueba de la deliberación pública. Y aquí es donde son bienvenidos los intelectuales, los que nos alertan sobre dimensiones de la realidad que a veces se nos escapan. El problema es que la mayoría de ellos se han dejado llevar por la polarización y se han adscrito a alguna de las partes de esta nueva política de facciones irreconciliables. Con ello pasan de ser intelectuales a convertirse en ideólogos, en racionalizadores de unas u otras opiniones. El pensamiento autónomo se desvanece o pierde su resonancia detrás del ruido de las redes. Otros se empecinan en disquisiciones pedantes digeribles solo para quienes están bien anclados en la cada vez más minoritaria subcultura humanística.

Con todo, tengo para mí que los que han dado la puntilla a los intelectuales han sido, curiosamente, los tertulianos, si es que podemos generalizar entre tan amplio y variado grupo. Por la propia dinámica del invento, el fugaz y casi improvisado análisis —el “pensamiento rápido”— y el fomento del contraste de pareceres, el mensaje que se transmite es que todo es opinable. Y sin hacer grandes esfuerzos. Incluso en aquellos temas que requerirían el recurso al conocimiento experto. ¿Quiénes son, pues, estos intelectuales —o expertos— que se atreven a imponernos una única visión de la realidad cuando yo ya tengo la de los “míos”? No es de extrañar, pues, que se esté abandonando a los otrora “sacerdotes impecables” para seguir acríticamente a líderes populistas implacables. La razón argumentativa se va supliendo poco a poco por la cacofonía de opiniones sin sustento o el refuerzo emocional de las nuevas consignas. Sí, me temo que el final de los intelectuales tiene todos los visos de ser una profecía autocumplida.”
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Última Edición: 01 Sep 2019 18:12 por admin.
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Intelectuales vs Tertulianos 01 Sep 2019 19:04 #51137

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Muchas gracias por la aportación, Silvanus.

Silvanus escribió:
No podemos olvidar, sin embargo, que la democracia ha tenido siempre una peculiar relación con la verdad. La democracia es el gobierno de la opinión, no el de los filósofos platónicos o el de los científicos. Y aunque aquellos siempre podrán ilustrarnos, al final decide la opinión mayoritaria, que no tiene por qué ser la más fundada en razón.

¿Alguno de vosotros tiene idea de qué relación y de qué tipo puede existir entre un concepto político, que designa una forma de gobierno, y otro concepto de tipo ¿epistemo-onto-lógico? como el de "verdad"?

¿Qué significa la afirmación "La democracia es el gobierno de la opinión"? ¿Qué opinión? ¿De quién? ¿Acaso la tiranía no es el gobierno de la opinión: la del tirano y de sus consejeros, si los tuviere? ¿No es la aristocracía el gobierno de la opinión de cuantos, unos pocos, ostenten las decisiones que afecten a los gobernados?

¿Qué designa la expresión "opinión mayoritaria"? ¿Cuál es el objeto de opinión relevante del ciudadano hoy día en nuestro país? ¿No es dicho objeto un símbolo, en tanto que condensación de prejuicios y demás, representado en las siglas de un partido político?
- Disculpe, ¿la Calle Saboya...?
Última Edición: 01 Sep 2019 22:07 por Demóstenes.
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Intelectuales vs Tertulianos 02 Sep 2019 09:49 #51138

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Bueno, en realidad, y según Platón, la aristocracia no sería el gobierno de la opinión de unos cuantos. La aristocracia sería la multitud de hombres que imita la política ideal. Sería la oligarquía, y como forma degenerada de la aristocracia, la que constituiría un gobierno de la opinión de una multitud. La episteme correría a cargo de la aristocracia y la doxa a cargo de las oligarquías.
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Intelectuales vs Tertulianos 02 Sep 2019 12:11 #51139

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Gracias, Elías.

En mi comentario no quería situarme en un marco de categorías platónicas, por más que Vallespín aluda a los filósofos platónicos. Trato de seguir la terminología del autor y cito, simplificando hasta el equívoco (mea culpa), un par de ejemplos clásicos de formas de gobierno. Doy por entendido, entonces, que la aristocracia es la opinión de los mejores, es decir, unos pocos de facto, tal como muestra el pasado.

Se podría discutir si, a fin de cuentas, la demarcación entre opinión y conclusión basada en principios racionales a partir de verdades irrefurtables posee algún fundamento en Política, o más bien se trata de una fantasmagoría más, otra, de nuestra herencia platónica. Pero esto no formaba parte de mi intención cuando escribí el anterior mensaje.

Particularmente, me ha causado una gran desazón leer este artículo, escrito por un catedrático de ciencias políticas, dadas su vaguedad y su oquedad.

Un saludo.
- Disculpe, ¿la Calle Saboya...?
Última Edición: 02 Sep 2019 12:16 por Demóstenes.
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Intelectuales vs Tertulianos 02 Sep 2019 12:39 #51140

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Hola,Demóstenes

Simplemente se trataba de una pequeña puntualización.

En cualquier caso, mucho ha llovido desde Platón. Personalmente considero que la inteligencia no puede considerarse como una especie de intuición capaz de aprehender verdades objetivas, eternas e inmutables. Pero tampoco abrazo el relativismo gnoseológico y ontológico por el cual todo posea igual valor o nada posee valor alguno.

Lo que hace un intelectual es postular nuevas formas de estar en realidad. Y digo postular porque esa razón apodícitca o todopoderosa, que a base de ilaciones lógicas alcanza la verdad, simplemente no existe. Y será la probación física de esos modelos políticos en la realidad, es decir, en la historia, los que darán o quitarán la razón de lo esbozado o postulado.

Y creo yo que aquel que posea más conocimientos sobre una determinada materia y de la historia estará en mejor disposición para postular nuevas formas de estar en la realidad (modelos políticos, sociales o económicos) que quien no tengan conocimientos sobre dichas materias. E insisto, será la probación física de dichos modelos en la historia la que dé o quite la razón a dichos modelos o postulaciones.

Un saludo
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Intelectuales vs Tertulianos 02 Sep 2019 13:01 #51141

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Demóstenes escribió:

Silvanus escribió:
No podemos olvidar, sin embargo, que la democracia ha tenido siempre una peculiar relación con la verdad. La democracia es el gobierno de la opinión, no el de los filósofos platónicos o el de los científicos. Y aunque aquellos siempre podrán ilustrarnos, al final decide la opinión mayoritaria, que no tiene por qué ser la más fundada en razón.

¿Alguno de vosotros tiene idea de qué relación y de qué tipo puede existir entre un concepto político, que designa una forma de gobierno, y otro concepto de tipo ¿epistemo-onto-lógico? como el de "verdad"?

¿Qué significa la afirmación "La democracia es el gobierno de la opinión"? ¿Qué opinión? ¿De quién? ¿Acaso la tiranía no es el gobierno de la opinión: la del tirano y de sus consejeros, si los tuviere? ¿No es la aristocracía el gobierno de la opinión de cuantos, unos pocos, ostenten las decisiones que afecten a los gobernados?

¿Qué designa la expresión "opinión mayoritaria"? ¿Cuál es el objeto de opinión relevante del ciudadano hoy día en nuestro país? ¿No es dicho objeto un símbolo, en tanto que condensación de prejuicios y demás, representado en las siglas de un partido político?

Hola Demóstenes

Efectivamente, tal definición de democracia no sé en realidad en qué se basa. Pero, enlazando lo que dice Elias y las categorías platónicas, tal vez, inconscientemente o no, el señor Vallespín, catedrático, y por tanto portador de la episteme, nos esté diciendo que como la democracia es cosa del pueblo, de la mayoría, donde reina la doxa, por tanto democracia significa el gobierno de la opinión.

Cuando esa opinión ya no es guiada por las ideas de los intelectuales "clásicos", es decir, los intelectuales típicos de cátedra como él, entonces se habla de "muerte", "crisis" y "mal estado".

Por otro lado, como bien dices, la opinión del ciudadano, por más que se canalice vía internet y cosas parecidas, tan estériles, no ha hecho retroceder en nada al poder de los partidos políticos. La demostración está en el estado actual de España, sin gobierno, a causa de la táctica y la estrategia interna de cada uno de los partidos implicados.

Y, finalmente, cuando habla de think tank, de intereses de clase y de poder, ¿no es él mismo, con tal artículo en sí, uno más de esos interesados, que reacciona evocando a Foucault o a Camus, porque en realidad se siente amenazado en su grado de influencia por los "tertulianos"? Es más, ¿a qué viene la crítica a Heidegger, a Foucault mismo, o a Chomsky, diciendo que ya desvaría, y que la posición del "intelectual" era la de sacudir los problemas, pero no responderlos?

En definitiva, creo que habla desde la crisis por la pérdida de poder (suya), y de los mandarines como él, pero que, como siempre que ha ocurrido en la historia, lee su propia muerte como si se tratara de la muerte entera del sistema.

Ahora bien, para cualquier estudiante de filosofía y en general de humanidades, la preocupación no solo es que tal artículo sea de lo poquito que se pueda leer a nivel de los grandes diarios (¡cuando está planteado desde muchas mentiras!), sino que después de la muerte de estos tipos, lo que ha venido a sustituirlo es aún peor.

Saludos.
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Última Edición: 02 Sep 2019 13:05 por Silvanus.
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Intelectuales vs Tertulianos 02 Sep 2019 14:53 #51144

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Gracias por el hilo Silvanus.
No es que yo cuestione que Vallespín sea un intelectual, pero me gustaría subrayar que también es un tertuliano…
Tampoco creo que él se esté incluyendo en tan venerado grupo de intelectuales, aunque es cierto que me da la sensación de que, generalmente, le gusta bastante escucharse (y leerse).
Imagino que por tertuliano entiende solo los televisivos, claro… aunque algunas tertulias radiofónicas en las que participa tengan un millón de escuchantes… es más, en ellas todo aparenta que existe cierto control ideológico acompañado de sus purgas…
Pero claro, si Richard Gere o Javier Bardem son intelectuales … hace bien Vallespín en cuestionar el concepto.

Por otro lado, del artículo de Vallespín me sorprende que diga que se ha acabado “el monopolio de los medios tradicionales”…, y lo dice desde una tribuna de un medio que presiona al más alto nivel como se ha reconocido por nuestros gobernantes en alguna ocasión. Que yo pueda escribir algo en twitter para los 10, 100 o 1000 personas que se interesan por lo que digo no quiere decir que se hayan roto los medios tradicionales de comunicación. Pero claro, tal vez lo mío sea un anhelo de “subcultura humanista”….
En fin… no sé si la democracia será “el gobierno de la opinión” (coincido con vosotros en lo desafortunado del aforismo), pero me parece claro que el control de la opinión da acceso al poder.

Por cierto, la equiparación de los "desvaríos" de un nazi (ya no confeso, también partícipe) con los de Chomsky es digna de intelectuales de la talla de Eduardo Inda...
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Última Edición: 03 Sep 2019 08:30 por cuervo ingenuo.
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Intelectuales vs Tertulianos 02 Sep 2019 18:28 #51147

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elías escribió:
Hola,Demóstenes

Simplemente se trataba de una pequeña puntualización.


Lo que hace un intelectual es postular nuevas formas de estar en realidad. Y digo postular porque esa razón apodícitca o todopoderosa, que a base de ilaciones lógicas alcanza la verdad, simplemente no existe. Y será la probación física de esos modelos políticos en la realidad, es decir, en la historia, los que darán o quitarán la razón de lo esbozado o postulado.

Hola Elias,

Entiendo que dices que un intelectual, o vamos a poner filósofo, crea o postula formas de conocimiento y sistemas en general, y luego viene la validación. Pero, ¿en qué sentido crees que la historia puede dar o quitar razón a un modelo político o, en general, a una manera de relacionarse con la realidad? ¿Si un modelo político permanece mucho tiempo vigente hablaríamos de "sistema verdadero", o en general que tal sistema "posee razón"?

¿Tal método de validación no te parece que está traspasado de cierta ideas tan contemporáneas, y sumamente erróneas y superficiales, tales como: "si algo triunfa, será por algo"?

Saludos!
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Intelectuales vs Tertulianos 02 Sep 2019 19:09 #51148

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Silvanus escribió:
Y, finalmente, cuando habla de think tank, de intereses de clase y de poder, ¿no es él mismo, con tal artículo en sí, uno más de esos interesados, que reacciona evocando a Foucault o a Camus, porque en realidad se siente amenazado en su grado de influencia por los "tertulianos"? Es más, ¿a qué viene la crítica a Heidegger, a Foucault mismo, o a Chomsky, diciendo que ya desvaría, y que la posición del "intelectual" era la de sacudir los problemas, pero no responderlos?

En definitiva, creo que habla desde la crisis por la pérdida de poder (suya), y de los mandarines como él, pero que, como siempre que ha ocurrido en la historia, lee su propia muerte como si se tratara de la muerte entera del sistema.

Pienso que has dado en el clavo. Me parecio ver recientemente que has acabado de leer El Cura y los mandarines. ¿Recuerdas el título del capítulo, de hilarante a fuer de grotesco contenido, que trata sobre El País?: El País como parodia del intelectual colectivo. Poco más cabe añadir.

Ahí queda resumida la función de estos plumillas que, vaya usted a saber de qué modos (Morán revela algunos), han logrado hacerse huecos donde empollar gilipolleces y enredos, empaquetados y servidos diariamente al ciudadano.
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Intelectuales vs Tertulianos 02 Sep 2019 20:56 #51151

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Hola, Silvanus

Detrás de todo modelo político, social o económico se esconde una determinada idea del hombre. ¿Y cuál es la finalidad de todo modelo político, social o económico? Pues alcanzar el ideal del hombre. ¿ Y cuál es ese ideal humano? Pues el logro de la felicidad. La cuestión es cómo se conceptúe la felicidad. Según se conceptué de un modo u otro se postularán diferentes formas o modos de alcanzarlo según diferentes modelos políticos, sociales y económicos.

La cuestión no es que si un modelo triunfa entonces será verdadero. O mejor dicho, “triunfará” si mediante la experiencia histórica se alcanza el ideal del hombre (felicidad) que se había postulado en dicho modelo. El triunfo no consiste en la persistencia en el ser de dicho modelo sino en si da respuesta o no al ideal de felicidad que se había postulado.

A modo de ejemplo diré lo siguiente. Si en todo hombre existe una dimensión personal, social e histórica todo modelo político, económico o social que no recoja dichas dimensiones estará abocado al fracaso. Pero en cualquier caso eso lo tendrá que decir la experiencia histórica. Personalmente considero que el sistema comunista fracasó precisamente porque redujo el hombre a su dimensión social (anulando la dimensión personal o individual e histórica) mientras que el capitalismo salvaje está fracasando precisamente porque reduce el hombre a su dimensión individual (anulando la dimensión social e histórica). Creo que la experiencia histórica es la que ha quitado razón a uno u otro modelo independiente de la persistencia en el tiempo de cada uno de ellos.

Los modelos políticos, sociales o económicos no fracasan únicamente porque se parta de una idea u otra del hombre sino porque todo modelo teórico no puede tener en cuenta todas y cada una de las interrelaciones que se dan en la realidad y de las nuevas realidades que van apareciendo en la historia a las que se tendrán que ir dando nuevas respuestas, y por tanto, postulando, nuevos modelos. De ahí que se sea necesaria la probación en la historia. Sería quimérico pensar que dentro de 500 años ( si llegamos como especie) los modelos sociales, económico y políticos sigan siendo los mismo. A saber qué nos deparará el futuro y la realidad.

Un saludo.
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