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TEMA: Filosofa, ingeniero. La lucha contra el ruido

Re: Filosofa, ingeniero. La lucha contra el ruido 29 Dic 2010 17:19 #659

  • Nolano
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Más que una tercera vía creo que se trata de cambiar el enfoque que dan a la cuestión tanto Huntington como Fukuyama. Porque ambos están refiriendo la cuestión a un presunto “choque” o enfrentamiento de civilizaciones o valores. Para Huntington existe dicho choque; para Fukuyama no, puesto que habría valores universales o una civilización universal.

Yo en esto soy habermasiano, y en los enfrentamientos de las sociedades contemporáneas (tanto en el interior de las sociedades como entre sociedades distintas) veo más un conflicto de intereses que de valores; éstos, más bien, serían un disfraz de esos intereses particulares en conflicto.
Entonces, el análisis de Huntington fallaría porque traspone el nivel del conflicto y se enmascara la auténtica naturaleza de éste. Y el de Fukuyama yerra porque, aunque se consiguiera un consenso universal respecto de los valores, continuaría subyaciendo el conflicto de intereses, y éste, tarde o temprano, volverá a manifestarse, si no se dispone de un foro de diálogo transparente sin presiones ni violencia, mediante el enfrentamiento de ideologías que sirven de disfraz a los intereses latentes de fondo.

Todo lo anterior creo que se desliza en la exposición de Fukuyama, entre líneas. Así, cuando habla de “quienes se sienten amenazados por la modernización y, en consecuencia, por su componente moral: el respeto por los derechos humanos”, no se entiende bien en qué sentido puede nadie verse amenazado por los derechos humanos, como no sean los explotadores, que asientan su beneficio económico particular sobre la instrumentalización del prójimo, utilizándolo como mera herramienta de sus intereses particulares. Y tampoco se entiende que en las sociedades tradicionales “la visión individualista occidental de los derechos humanos” pueda ser “sumamente irritante”, si no es porque sirve de fachada a la penetración de un capitalismo liberal y extremadamente competitivo en sociedades que no están preparadas para afrontar esa clase de competitividad y se ven obligadas a competir en términos inicialmente desventajosos, sin que esa desventaja pueda ser reducida por el propio sistema de mercado internacional, sino más bien ahondada mediante desigualdades cada vez más profundas.

Y no ayuda a resolver el problema que los órganos internacionales de diálogo institucional estén configurados bajo una óptica que prima el poder político y de decisión de los países industrializados (como muestra claramente la composición del Consejo de Seguridad de la ONU) frente a los países subdesarrollados. E, incluso fallando ese poder político institucionalizado, siempre tiene uno la fuerza de facto de los portaaviones y los misiles, si le falta la fuerza de iure. Lo que es irritante para muchos sectores y grupos sociales es la hipocresía de ese diálogo internacional condicionado por la fuerza de las armas mientras los líderes occidentales se llenan la boca hablando de los derechos humanos.

Fukuyama refiere los derechos humanos universales a un contenido material concreto, y así enmascara el auténtico problema de fondo: la desigualdad de partida y de oportunidades, que condiciona no la titularidad de los derechos (que se puede adjudicar a todo el mundo), sino la capacidad para hacerlos valer de forma efectiva (que es donde se produce la desigualdad). Yo puedo tener el derecho abstracto a ser propietario, igual que cualquier otro, pero si ese otro ha ocupado la tierra antes que yo, siendo ambos iguales en los derechos abstractos, éstos no tendrán el mismo contenido práctico y concreto, sencillamente porque yo careceré de objeto sobre el que aplicar las facultades dominicales del propietario, puesto que no tengo cosa alguna de mi propiedad.
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No soy un profesor de Filosofía, que tenga que hacer reverencias ante la necedad de otro (Schopenhauer).


Jesús M. Morote
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Re: Filosofa, ingeniero. La lucha contra el ruido 29 Dic 2010 19:29 #660

  • Kierkegaard
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Pero, ¿no es irritante para algunos grupos con convicciones religiosas la libertad occidental que, según ellos, degenera y se convierte en libertinaje? Occidente es hipócrita, como has explicado, con todas las desventajas en lo práctico y real. Pero ya en el soporte teórico ¿somos objetivos o etnocéntricos? ¿o más bien una mezcla de ambos? Al ponderar el abstracto valor de la libertad, y darle tanta preponderancia, occidente ¿conquista un valor universal o más bien sufre un escarmiento histórico? ¿o más bien una mezcla de ambos?

Para no incurrir en la falacia del muñeco de paja, debemos tener en cuenta que los irritados no son simplemente claros explotadores (como por ejemplo los que se sirven del trabajo infantil) sobre los que resultaría más fácilmente encontrar una censura universal desenmascarando un conflicto de intereses. Es decir, creo que cabe hacer entrar en razón a una pareja de tailandeses o guatemaltecos explicándoles que el niño, mejor que trabajar, lo que debe hacer como niño es educarse y disfrutar (y sus padres, creo yo, no se mueven tanto por el interés económico - que si lo fuera, sería de mera supervivencia - sino por la costumbre cultural enraizada, tampoco necesariamente inculcada por meros intereses que no sean los de la supervivencia de un pueblo).

Existen, no obstante, otros ejemplos en los que no se puede dar tan fácilmente este consenso y sobre los que cabe cuestionarse si el fondo es un conflicto de intereses. Podría dejar a un lado la legitimidad de la pena de muerte, aunque ésta no está sólo en China sino también en quien detenta ese poder de facto, EEUU. Pero ¿es una cuestión de conflicto de intereses la protección de la mujer / opresión machista sobre la mujer, según sea la perspectiva, en el mundo musulmán? El occidental creerá que esa mujer no goza de la libertad ni de la igualdad, estandarte occidental impreso en los DDHH. El musulmán echará en falta en esos DDHH, por su parte, el respeto, que a él parece inalienable, de la dignidad moral y religiosa que debe preservarse para todos, especialmente para las mujeres.

Creo que sabes cuál es mi postura con respecto a estos asuntos. Pero tratando de evitar etnocentrismos e imposiciones gratuitas (en aras de esa misma libertad que profesamos los occidentales), ¿no podemos considerar que vivimos momentos históricos hasta cierto punto distintos, con experiencias históricas diferentes, y que ese bagaje cultural - y no tanto interesado - es lo que muchas veces nos diferencia y sirve de base al conflicto?

La historia del laicismo, arrancada de las devastadoras guerras de religión en Europa, separó a Iglesia y Estado y parió unos DDHH lo más religiosamente asépticos. Una cultura que no haya atravesado por esta experiencia, a pesar de no ser estúpida y tener ojos en este mundo y observar la experiencia de otros, ¿no será natural que le cueste más desprenderse, en aras del mutuo entendimiento, de esa convivencia necesaria con lo religioso?

No tengo tan claro que tras de todo haya conflicto de intereses - el análisis ideológico marxista, aunque necesario, muchas veces me parece degenerar, si no se le pone algún tipo de sentido común, en una obsesión paranoica excesivamente creativa, propia de las sensacionalistas teorías de la conspiración. Entiendo, sin embargo, que más que reducir todo al conflicto de intereses, se trata de un combinado - y he ahí el por qué de las dificultades de este asunto - que efectivamente tiene como ingredientes los intereses pero que también, muchas veces, introduce como ingredientes las propias limitaciones de la formación de las culturas humanas, fuente parcial de estos choques.

Yo creo en una universalidad de valores - al horizonte -, y efectivamente corroboro que siempre existirá un conflicto de intereses que desenmascarar tras del aparente conflicto de valores. Pero la conquista de esos valores es histórica, y no vivimos necesariamente el mismo momento histórico, si me permites la expresión. Las culturas, las personas, efectivamente son maleables y dóciles a ciertos valores culturales inculcados desde el interés. Pero no creo en un complot urdido en las más altas esferas de las diferentes civilizaciones, que contraponen sus intereses, inculcando al detalle controlado ciertos valores culturales a sus gentes, que a la postre se contraponen. No hay que subestimar la capacidad humana para el dominio y la maldad, pero, creo yo, no llegamos a ser tan retorcidos.

Antes bien, y he aquí el debate, se entremezclan inercias culturales e históricas, momentos vitales de las culturas, con los sempiternos intereses. Extrapolado, si se me permite la metáfora simplificadora, al mundo microsocial, avaros y egoístas los hay a todas las edades, ¿pero no es cierto que el conflicto intergeneracional goza de algo más que de un mero conflicto de intereses?
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Re: Filosofa, ingeniero. La lucha contra el ruido 31 Dic 2010 12:50 #668

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Reconozco que el planteamiento que tomo de Habermas es bastante conjetural y, por otro lado, “sospechoso”. Porque si se sostiene que la ideología enmascara intereses subyacentes, se está postulando la dificultad de descubrir en las instituciones culturales el interés que subyace a las mismas, y parece que está uno eludiendo la carga de probar lo que afirma.

Pero creo que hay, a lo largo de la historia, datos suficientes para apoyar dicha tesis. Dos culturas nunca han chocado si no ha habido un conflicto de intereses económicos y políticos entre dos sociedades. Cuando Marco Polo viajó al Extremo Oriente, no se produjo enfrentamiento entre la cultura china y la occidental. Y aún es más significativo lo que ocurrió en la época de los grandes descubrimientos. ¿Por qué se desató un choque de civilizaciones entre los españoles y los incas y aztecas, choque que no se manifestó en las Indias Orientales? Me parece claro que ello se debió a que en el primer espacio geográfico se produjo un conflicto de intereses inexistente en el segundo.

El modelo de conquista americana fue de dominación política con derrocamiento de los gobiernos constituidos por los indígenas. En el caso de China y Japón una dominación política era claramente inviable (por razones de lejanía y de desarrollo tecnológico de los aborígenes), por lo que las relaciones económicas no fueron de ocupación de la tierra por los colonos occidentales, sino de mero establecimiento de agencias comerciales, para facilitar un intercambio comercial que favorecía a ambas partes. Y el modelo evangelizador se ajustó, en cada caso, al correspondiente modelo de interés económico.

Nadie en occidente se planteó si los chinos eran “esclavos naturales” según la doctrina aristotélica, como ocurrió en relación con los indios americanos. La evangelización en América se llevó a cabo por la fuerza, con apoyo militar, mientras que en China Fray Matteo Ricci tuvo que vestirse de oriental, aprender chino y elaborar un combinado sincrético de cristianismo y orientalismo (que le dio problemas en Roma), para conseguir una mínima audiencia.

Esta ausencia de choque de civilizaciones con China duró hasta que la Europa relanzada por la Revolución Industrial, los buques de vapor y la superioridad tecnológica militar, se dedicó a la colonización masiva del planeta en busca de acaparar materias primas. La guerra de los bóxers no se produjo sino hacia 1900. Sólo cuando entran en conflicto intereses económicos y de poder chocan las civilizaciones.

Algo parecido se observa en las relaciones entre Occidente y el Islam. La lucha encarnizada en el Mediterráneo, que culmina en la batalla de Lepanto, desaparece según se van desplazando los intereses económicos occidentales desde el Mediterráneo hacia el Atlántico. Y reaparece coincidiendo con dos cuestiones de interés: la apertura del Canal de Suez en 1867 y la creciente importancia del petróleo como fuente de energía y la aparición de reservas naturales del mismo en Oriente Medio. Y entonces reaparece el choque de civilizaciones. Y es bastante significativo que los intereses de los jeques árabes frente al imperio otomano dieran lugar a un choque de civilizaciones árabe-turco (donde los árabes se sentían muy a gusto con el apoyo occidental contra sus hermanos de religión), que, tras el desmantelamiento del imperio otomano derrotado en la 1ª guerra mundial, se ha deslizado hacia un choque Islam-Occidente, cuando los jeques árabes cambian de rival en sus intereses y los turcos son reemplazados en esa rivalidad por las potencias occidentales.
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Jesús M. Morote
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Última Edición: 19 Oct 2015 18:09 por Nolano.
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