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TEMA: Un modelo para descubrir obras de arte falsas

Un modelo para descubrir obras de arte falsas 10 Jul 2013 13:22 #15045

  • Nolano
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Ha aparecido recientemente en la prensa este artículo que suscita algunas reflexiones importantes sobre Filosofía del arte e, incluso, en un plano más general, sobre Teoría del conocimiento en sentido amplio.

La teoría del arte subyacente al programa investigador de Antoni Tudurí sería la que Richard Wollheim (en “El arte y sus objetos”) llama “argumento de Gombrich”, refiriéndose a la tesis que éste expone en su obra “Arte e ilusión”. Resumidamente, dicha tesis sostiene que la expresión artística radica en la elección que hace el artista dentro del repertorio de recursos expresivos que tiene a su disposición. Su técnica le proveería de un abanico de recursos disponibles, de entre los cuales el artista elegiría los que considera más idóneos según lo que pretende expresar.

La relación que esta tesis tiene con el trabajo de Tudurí creo que es evidente. Si conocemos el “repertorio” (en el sentido que acabo de indicar) de J. S. Bach, toda obra que contenga elementos que no pertenecen a dicho repertorio de recursos expresivos, es una falsificación. ¡Ojalá la cosa fuese tan sencilla! Pero, como bien pone de manifiesto Wollheim, el argumento de Gombrich presenta insalvables dificultades.

En efecto, ¿cómo podemos establecer el “repertorio” de un artista? Evidentemente, identificando todas las herramientas o técnicas expresivas que ha utilizado en sus obras. Pero siempre habrá elementos de su repertorio que no habrá utilizado nunca, que tenía a su disposición pero que no usó por no convenir a lo que quería expresar. Y ¿cómo saber cuáles eran, si no los utilizó?

En el caso de la propuesta de Tudurí hay una circularidad viciosa de inicio. Si vamos a someter a un análisis de autenticidad ciertas obras, habrá que excluirlas del conjunto de obras del que extraeremos el “repertorio”. Si un recurso expresivo sólo ha sido utilizado en la obra A que estamos analizando, no estará en nuestro “repertorio” inicial, por lo que el análisis de la obra arrojará un resultado de falsedad. Si, sin embargo, consideramos de entrada que la obra A es auténtica y otra, B, que habíamos considerado antes auténtica es ahora la sometida a análisis bajo el criterio del nuevo “repertorio” (construido incluyendo la obra A), ocurrirá posiblemente que la obra B sea ahora la considerada falsa. Eso obliga, parece, a tomar de entrada como auténticas sólo las verificadas mediante datos históricos concluyentes (extramusicales): noticias de conciertos, cartas y partituras autógrafas, etc. Pero eso arroja, sin duda, un número muy limitado de obras y, en consecuencia, un “repertorio” extremadamente corto, lo que pone en cuestión muy seriamente la validez del sistema mismo de análisis propugnado por Tudurí.

Una dificultad adicional, en mi opinión, se presenta si tomamos en consideración que no sólo es legítimo, sino seguramente forma parte del núcleo mismo de la creación artística, que el artista utilice como recurso expresivo precisamente alguna novedad que no había utilizado antes, para buscar una nueva amplitud de expresión en su propia obra. Todo “progreso” expresivo del artista, incluyendo cambios de estilo, especialmente si son radicales, arrojaría, según el sistema de análisis de Tudurí, resultados de falsedad de dichas obras rupturistas.

Finalmente, creo que es de importancia filosófica general la cuestión de los conceptos teóricos como filtro inevitable a través del cual vemos la realidad, que nunca se nos presenta bruta, sino mediada simbólicamente. El sistema de Tudurí obliga a definir los esquemas que se van a utilizar para el análisis. Tratándose de música, seguramente los siguientes tipos de esquemas como mínimo: rítmicos, melódicos y armónicos. Pero ¿qué es, por ejemplo, un esquema rítmico? ¿Cuántas notas incluye? ¿Cuántos compases? Y, si hablamos de un esquema armónico, la cosa es aún más compleja. ¿De qué hablamos? ¿De clases de acordes? ¿De esquemas de secuencias en las modulaciones?

La arbitrariedad inevitable en la definición de los esquemas relevantes para el análisis se trasladará a los resultados. El caso es idéntico al del problema científico de que la definición de los conceptos teóricos determina el diseño de los experimentos y, en consecuencia, los resultados de éstos confirmando la teoría.

En resumen, como casi siempre, el problema es lo mal que los medios de comunicación presentan estos asuntos. Ya he dicho alguna vez en este foro que, en mi opinión, toda teoría está viciada de circularidad. Pero lo importante es que el círculo de cada una de ellas no tiene la misma amplitud. Ciertamente, el sistema de Tudurí es circular; lo que no quiere decir que no nos pueda servir para ampliar nuestros conocimientos sobre Bach, no tanto como “detector de mentiras” musical, sino como herramienta de análisis de las obras del viejo pelucas de Eisenach.
Bin ich doch kein Philosophieprofessor, der nöthig hätte, vor dem Unverstande des andern Bücklinge zu machen.
No soy un profesor de Filosofía, que tenga que hacer reverencias ante la necedad de otro (Schopenhauer).


Jesús M. Morote
Ldo. en Filosofía (UNED-2014)
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Última Edición: 11 Jul 2013 20:44 por Nolano.
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