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TEMA: Esbozo interpretativo de Rudolf Otto

Re: Esbozo interpretativo de Rudolf Otto 02 Feb 2014 12:17 #19201

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Kierkegaard escribió:
Creo que reduces en exceso la experiencia de lo numinoso de Otto a la introspección. Ello te lleva a despojar a ésta completamente de todo vínculo con cualquier tipo de referencia, por indirecta que ésta sea, y que pudiera hacerla más intersubjetiva. Si fuera mera experiencia introspectiva, ¿cómo explicar que, como reconoces, no se quede en un mero ámbito privado, en un puro juego privado del lenguaje, y se suela manifestar de forma compartida en ámbitos culturales que superan semejante introspección?
Para hallar la respuesta a esto tenemos que irnos un poco más arriba en las Investigaciones Filosóficas de Wittgenstein:Wittgenstein escribió:
244. ¿Cómo se refieren las palabras a las sensaciones? (...) La pregunta es la misma que ésta, ¿cómo aprende un hombre el significado de los nombres de sensaciones? Por ejemplo, de la palabra «dolor». Aquí hay una posibilidad: Las palabras se conectan con la expresión primitiva, natural, de la sensación y se ponen en su lugar. Un niño se ha lastimado y grita; luego los adultos le hablan y le enseñan exclamaciones y más tarde oraciones. Ellos le enseñan al niño una nueva conducta de dolor.
Se trata, pues, de que las palabras, en cuanto términos de un lenguaje, son reglas de uso dentro de ese lenguaje (o juego de lenguaje). Y eso vale tanto para términos que designan un referente externo, términos que designan una sensación interna o términos que carecen de referencia designativa. Para lo primero (términos con referente externo) basta recordar a Quine y su inescrutabilidad de la referencia, con su ejemplo de gavagai que profiere un nativo cuando salta un conejo de una mata. Para lo segundo, tenemos el ejemplo del dolor de Wittgenstein; y creo que “dolor” es sólo un conjunto de reglas de uso, pues no se parece mucho el dolor que sentimos cuando nos cortamos con un cuchillo y el dolor que sentimos al tener un cólico nefrítico o el dolor de cabeza y el dolor de una quemadura; y, sin embargo, lo llamamos igual, porque a efectos comunicativos nos vale la misma palabra, porque las reglas de uso para “dolor” son las mismas. Finalmente, para lo tercero, tenemos ejemplos como el flogisto o (quizá) Dios. Que exista la palabra Dios no significa que exista Dios. Mi tesis es que Dios es un conjunto de reglas de uso en un juego de lenguaje cultural (en cada cultura). Y, para eso, no hace falta que tenga una referencia real.

Si a un niño, como me pasó a mí en la infancia, lo llevan cada Domingo a misa, le explican que hay un Dios que todo lo ve, que hay que confesarse de las infracciones que has cometido contra los preceptos que te enseñan, te dicen que hay que rezar para que te salga bien un examen, o para reconfortarte en cada dificultad que se va presentando en la vida, etc. no es necesario que haya un Dios-referencia existente; puedes hablar perfectamente de Dios (exista éste o no exista) con el resto de las personas de tu entorno, porque conoces las reglas de uso de la palabra Dios. No me parece que eso sea un signo claro de que Dios existe; ni mucho menos.
Kierkegaard escribió:
Esto sonaría razonable si se asume acríticamente el prejuicio de que Dios y un escarabajo son entes del mismo tipo. Lo cual, más allá de que Dios pueda existir, puede ser demasiado suponer...
Nadie ha presupuesto aquí (o al menos yo no lo he hecho) que Dios y un escarabajo sean “entes del mismo tipo”. “Dios” y “escarabajo” son, en mi discurso, meras palabras cuyo uso está regido por las reglas de determinado juego de lenguaje público. Y, desde ese punto de vista, no veo qué diferencia puede haber entre “Dios” y “escarabajo”, sean cuales sean las diferencias ontológicas que puedan existir (yo a eso ya no alcanzo) entre un coleóptero y el ens realissimum.

El resto de este párrafo de tu mensaje, en contra de lo que es habitual en ti, expresarte con bastante claridad, me resulta completamente ininteligible; todo un arcano. Debe ser porque, como hablas de lo inefable (“lo que no se puede explicar con palabras" según la definición del diccionario), tu discurso es imposible. Entonces, ¿no sería mejor seguir el sensato consejo de Wittgenstein y callar sobre aquello de lo que no se puede hablar?

No soy tan insensato como para intentar una prueba o demostración de que Dios no existe. En primer lugar porque, como es de sobra conocido, no incumbe la prueba a quien niega la existencia de algo, sino a quien la afirma y, en segundo lugar, porque es una cuestión que hoy en día carece, en mi opinión, de interés filosófico. Hemos podido arreglárnoslas, por ejemplo, hasta ahora en este foro discutiendo sobre Teoría del Conocimiento, Filosofía de la Lógica, Filosofía del Lenguaje, Filosofía de la Ciencia, Ética, Filosofía Política y hasta de Metafísica (en el sentido en que se entiende hoy esta materia) sin que hayamos necesitado en absoluto decidir si Dios existe o no. El estado de la cuestión es hoy en día bastante diferente del que se encontró el pobre Hume (o Feuerbach o Marx más adelante); el pensador escocés tuvo que vérselas con una tradición racionalista desde Descartes a Wolff, pasando por Spinoza y Leibniz, donde el asunto de la demostración de la existencia de Dios era fundamental e insoslayable, incluso en el orden epistemológico.

Hoy en día el asunto, como bien reconoce Fraijó, se sitúa en términos muy diferentes. La existencia de Dios es un asunto que interesa al creyente porque se ve compelido a demostrarse a sí mismo que su creencia en Dios no es irracional. Tú mismo lo dices:Kierkegaard escribió:
Y, aunque pueda parecer que este discurso acaba blindando la idea de Dios hasta secar el diálogo, quiero recordar la relevancia que esta aparente “huida” puede tener, según la tesis que ya planteé el otro día a propósito de Hume, desde el punto de vista ético y existencial: Si hay un Dios realmente verosímil, es aquel que no lo sea más ni menos que la alternativa de su inexistencia.
Así que, como comprenderás, Kierkegaard, yo calificaría ese asunto como de interés muy limitado. No es un problema universal, que afecte a todos los hombres, sino sólo a los creyentes y, por tanto, al no ser de ámbito universal no puede ser calificado, en puridad, de filosófico, sino de antropológico, psicológico o sociológico.

El intento de Otto, Fraijó y demás “filósofos de la religión” es un intento ilegítimo de extender indebidamente la amplitud del problema a los que no comparten sus creencias y tiene mucho de la que me voy a permitir llamar “falacia del traje del emperador” (del cuento de Andersen) o, en términos más nuestros, “falacia del paño del rey” para decirlo en palabras del cuento XXXII del Conde Lucanor.
Bud escribió:
Pero, obviamente, no todo el mundo capta las cosas de la misma manera, de ahí la expresión utilizada por Fraijó en sus textos de la necesidad de "antenas para lo religioso".
O sea, que, como afirmaban los tres pícaros del cuento, el que no “vea el paño” es que “no tiene antenas”, está limitado en sus capacidades cognitivas y, además, carece de gracia eficiente y, por tanto, como afirmaba el luteranismo, no estaba predestinado a gozar de la Gloria. Cualquiera se atreve a decir que él no tiene antenas, como pasaba en el cuento, que nadie se atrevía decir que no veía el paño del rey.

Pues bien, yo voy a ser como el negro del cuento y me atrevo a decirle a Fraijó y a Otto (y a quienes piensan como ellos sobre lo de tener o no tener antenas): «Señor, a mí me da lo mismo que me tengáis por cortito o menguado, y por eso os digo que o yo soy ciego, o vais desnudo».
Bin ich doch kein Philosophieprofessor, der nöthig hätte, vor dem Unverstande des andern Bücklinge zu machen.
No soy un profesor de Filosofía, que tenga que hacer reverencias ante la necedad de otro (Schopenhauer).


Jesús M. Morote
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Última Edición: 02 Feb 2014 16:19 por Nolano.
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Re: Esbozo interpretativo de Rudolf Otto 02 Feb 2014 12:32 #19202

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Nolano escribió:
No soy tan insensato de intentar una prueba o demostración de que Dios no existe. En primer lugar porque, como es de sobra conocido, no incumbe la prueba a quien niega la existencia de algo, sino a quien la afirma y, en segundo lugar, porque es una cuestión que hoy en día carece, en mi opinión, de interés filosófico. Hemos podido arreglárnoslas, por ejemplo, hasta ahora en este foro discutiendo sobre Teoría del Conocimiento, Filosofía de la Lógica, Filosofía del Lenguaje, Filosofía de la Ciencia, Ética, Filosofía Política y hasta de Metafísica (en el sentido en que se entiende hoy esta materia) sin que hayamos necesitado en absoluto decidir si Dios existe o no.
Gracias por tu extensa aportación, Nolano. Pero me queda una duda. ¿Y en Filosofía de la Religión? ¿Le incumbe ese asunto a esta disciplina?
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Re: Esbozo interpretativo de Rudolf Otto 02 Feb 2014 12:44 #19203

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Mi tesis es que la llamada Filosofía de la Religión es un intruso en la casa de la Filosofía, ya que su pretensión es universalizar a toda costa lo que es un problema sólo para unos cuantos (muchos o pocos, eso no importa: por grande que sea una parte, eso no la convierte en universal).

El mismo Fraijó es incapaz en el libro base de la asignatura de dar una definición de Filosofía de la Religión, de su método y su contenido.
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