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TEMA: Kolakowski: juegos éticos y teológicos de lenguaje

Kolakowski: juegos éticos y teológicos de lenguaje 01 Mar 2014 22:44 #20390

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Con motivo de una cita que Fraijó hace de Habermas, manifesté aquí que lo que Habermas venía a decir era que Dios y la religión son unos “juegos de lenguaje” públicos que tienen lugar para expresar ciertos sentidos que necesitan ser expresados en la vida social y que la filosofía no provee por sí misma. Me parece que lo que Kolakowski dice sobre la religión va en esta línea. Naturalmente, a un teólogo como Fraijó, cuya visión de Dios es de corte entitativo esencialista, eso no le hace mucha gracia; como le pasaba a nuestro compañero Kierkegaard que transfiere la comparación de la palabra “Dios” con la palabra “escarabajo” de Wittgenstein al ámbito ontológico, y eso le produce rechazo. No se entendería, si no, este fragmento de “A vueltas con la religión” (p. 192), donde comienza enlazando con la frase de Horkheimer según la cual la filosofía se preocupa de que «no nos timen»:

Quien sí nos «timará», si nos descuidamos, es Kolakowski. Su intento de resucitar la convicción de Dostoyevski, «si Dios no existe, todo está permitido», suscita preocupación. Es la expresión máxima de un nuevo canto a la heteronomía. (...) Kolakowski entiende su afirmación «no sólo como regla moral, sino también como principio epistemológico, (...). En un mundo en el que, si existe Dios, las vías de acceso a él son tan exiguas, el alegato teocéntrico de Kolakowski nos deja en una insoportable precariedad ética y epistemológica. No veo necesario pagar este tardío y anacrónico tributo a un teocentrismo inexistente.

Sorprenden estas duras palabras contra Kolakowski, contenidas, además, dicho sea de paso, en uno de los textos más banales desde el punto de vista filosófico debidos a Fraijó (que, por otro lado, en general, no anda demasiado sobrado de hondura filosófica en ninguno de sus escritos) como es este capítulo de “A vueltas con la religión” dedicado a las relaciones entre ética y religión. Pero es que, además, esa valoración de Kolakowski no se corresponde, ni mucho menos, con el estudio de Jorge Vigil en el libro Filosofía de la religión, con base en el cual elaboro este comentario.

Leszek Kolakowski parece pertenecer a la muy concurrida, y útil para perezosos intelectuales, lista de filósofos cuyo pensamiento queda reducido a una sola frase que, para más escarnio, se interpreta en sentido contrario al que realmente tiene. En nuestro caso Kolakowski aparece asociado a la frase de Dostoyevski que Fraijó cita en el pasaje reproducido antes y cuyo inicio constituye el título de su obra más conocida (Si Dios no existe...).

Explica Jorge Vigil que la principal preocupación de Kolakowski consiste en la constatación de que toda ideología, primero la religión, pero como también acaba sucediéndole al marxismo-leninismo, pasa de ser en inicio una ideología liberadora y revolucionaria, con un contenido filosófico e intelectual, a ser una ideología institucionalizada e institucionalizadora: «el “marxismo” ha pasado a ser una noción dotada de contenido institucional, no de contenido intelectual, cosa que, por lo demás, ocurre con toda doctrina propia de una Iglesia» (FR, p. 650, citando a Kolakowski). «La cohesión social así ganada [por la vía de la institucionalización de cierta ideología] se obtiene al precio de una pérdida objetiva desde el punto de vista intelectual, pues la función religiosa de una doctrina es incompatible con la función cognitiva» (FR, p. 651).

Ese paralelismo entre Iglesias y Comunismo institucionalizado le lleva a elevar el proceso a categoría filosófica: hay una correlación entre las normas morales vigentes en una sociedad y la institucionalización de un metarrelato fundamentador de tipo “religioso” (entendido aquí “religioso” en sentido amplio: fundamentación metafísica de la ética y los valores vigentes en dicha sociedad). El proceso es inevitable desde el momento en que nulla scientia probat sua principia, y, por tanto, “la radicalización de las pretensiones cognitivas de la razón teórica y de la razón práctica parece abocada a una simple derrota en la búsqueda de una fundamentación última, de ahí que la posición consecuente de la primera conduzca al escepticismo y en la segunda a la mística: puede considerarse a Wittgenstein –en quien concuerdan el escéptico y el místico- el exponente más acabado de esta conclusión” (FR p. 666).

Las creencias religiosas están vacías desde el punto de vista empírico; (...) de ahí no puede inferirse que «carezcan de significado» (...). Dado que no existen semejantes criterios –aparte de los internos a un determinado juego de lenguaje- todas las restricciones impuestas a los criterios de significado cotidianos carecen de legitimidad. (...) A diferencia de en el discurso cotidiano y en el científico, en el ámbito religioso son inseparables la comprensión y la creencia, esto es, el conocimiento, la adhesión unilateral y el culto" (FR, p. 666).

Es decir: llegados a la conclusión (a la que llegan todos los filósofos actuales) de que no hay un fundamento filosófico stricto sensu para el sostenimiento de unos valores morales en vez de otros, es decir, constatado el relativismo axiológico, «los juicios sobre lo que es correcto o incorrecto, sobre el bien y el mal, sólo pueden validarse en términos del lenguaje sagrado, lo que equivale a repetir el dicho de que “si Dios existe, todo está permitido”» (FR, p. 666, citando a Kolakowski).

Pese a la falta de fundamentación, la vida en sociedad requiere que sus miembros actúen conforme a ciertos valores, o por mejor decir, conforme a ciertos tabúes “religiosos” semejantes a ritos de culto: “La existencia de un orden normativo de tabúes, y su correlato subjetivo en el sentimiento de culpa, es el «único fundamento posible de la moral»": «la culpa es todo lo que tiene la humanidad, aparte de la pura fuerza física, para imponer reglas de conducta a sus miembros». Constata así Kolakowski que, «después de mil vueltas, la filosofía ha ido a parar a lo que desde hace años viene predicando el cura-párroco desde el púlpito». Y concluye que «hemos de apostar por Dios porque sólo él puede garantizar la verdad, el bien y el sentido». "La concepción resultante es la de una razón que no puede fundarse a sí misma (recuérdese el viejo trilema de Münchhausen) y necesita “el salto a la fe” como “único fundamento posible” del conocimiento y de la acción. El discurso de la fe sólo es susceptible de una hermenéutica interna, y ello en virtud de su carácter de vivencia” (FR, p. 667).

Estas ideas de Kolakowski recuerdan sin duda a Descartes y su Dios-garante. Pero mientras en Descartes éste era garante de la razón teórica o científica, en Kolakowski Dios es garante de la razón práctica: de que no erramos cuando decimos dónde está el bien y dónde el mal; qué es lo correcto y lo incorrecto. Naturalmente, no está hablando Kolakowski de un Dios-persona, como parece creer Fraijó, sino de un Dios-juego-de-lenguaje que sustenta el juego de lenguaje del comportamiento moral en una sociedad dada. En el hilo sobre Viaje al inicio de Occidente y en tantos otros de este mismo foro hemos tenido ocasión de comprobar recurrentemente cómo algunos sacan a relucir una “verdad” moral, lo que es el bien y lo que es el mal, qué está bien y qué está mal en nuestra sociedad, qué hay que hacer y qué no hay que hacer, qué es lo correcto y qué lo incorrecto. Pero los que nos dicen dónde está el bien y dónde el mal nunca justifican esa moral, ni dicen en dónde encuentran su fundamento los valores que propugnan; los tienen tan interiorizados que los asumen sin cuestionarse por su origen. Es natural: ese fundamento no existe en sentido filosófico. El fundamento de esos valores es una creencia religiosa, ritual, de culto, que aparece unida constitutivamente al propio discurso moral. Kolakowski ha desvelado certeramente esa trama y a su fundamento puramente fideísta lo llama “Dios” lo que ha despistado a lectores poco atentos y poco duchos en la sutileza y escepticismo radical de la filosofía contemporánea.

Finalizo, para aclarar bien la cuestión, y conciliar la inicial perplejidad que puede suscitar el hablar del comunismo (declaradamente ateo) como religión, con una reflexión sobre una novela que leí hace tiempo. Se trata de “El cero y el infinito” (curiosa traducción del inglés original: Darkness at Noon) de Arthur Koestler. Este autor era húngaro de nacimiento y de joven perteneció al Partido Comunista; por encargo del Komintern estuvo en España, durante la Guerra Civil, como espía soviético. Posteriormente rechazó el comunismo y vivió en Londres hasta su muerte. Escribió una interesante autobiografía publicada en España por Alianza Editorial. En El cero y el infinito se plantea una cuestión que en su día dejó asombrado a Koestler: se trata de la Gran Purga de Stalin durante los años 30. Detenidos muchos disidentes de la línea oficial marcada por Stalin, fueron sometidos a procesos judiciales. Koestler vio, con gran sorpresa, que veteranos luchadores que habían sufrido persecución, incluso largas y dolorosas torturas en la cárcel cuando preparaban la revolución, sin haber dado su brazo a torcer, comparecían ante el mundo en un estrado y se declaraban culpables de traición al comunismo, poniéndose en manos de sus verdugos y lavando la imagen de éstos en público. Muchos de ellos, antes de ser ejecutados hicieron declaraciones de culpabilidad validando el proceso y reconociendo la autoridad del Estado Soviético y el Partido en manos de Stalin y lo correcto de las posiciones de éste, aunque la mayoría de las acusaciones de conspiración eran falsas y con pruebas amañadas.

La novela narra los últimos días de uno de estos dirigentes objeto de “purga”. En prisión, un Comisario político se entrevista con él. Hablan como viejos camaradas de lucha que fueron; y el Comisario le explica que no se puede ir contra la marcha de la Historia; que la Revolución exige su sacrificio; que su vida, dedicada a la Revolución, le pide ese último sacrifico, la autohumillación pública que demanda la marcha de la Historia para que siga acercándose el triunfo del Proletariado, un acto de inmolación coherente con todos los esfuerzos y sufrimientos que ha soportado a lo largo de su vida; esa declaración de culpabilidad y exaltación del Estado Soviético que lo condena a muerte es el decisivo acto que da sentido a toda su vida de revolucionario. Y el prisionero acaba estando de acuerdo y se autoinmola con un discurso público de reconocimiento del error de su disidencia y de que Stalin tiene razón.

¿Qué ha pasado ahí? El prisionero tenía conciencia de dónde está el bien y dónde está el mal; pero ¿qué fundamento tenía ese bien y ese mal? Ciertamente no su propia conciencia, sino la integración de la acción en un panorama de sentido. El juego de lenguaje moral se sustentaba en un juego de lenguaje religioso (donde el Dios con barba blanca de las iglesias había sido sustituido por el Partido, la Humanidad en marcha hacia la liberación y la Justicia universal); sin juego de lenguaje religioso, el juego de lenguaje moral queda sin sentido, reducido al absurdo. Así que, en las puertas de ser fusilado, el disidente recobra la fe, vuelve a dar sentido a su vida y a su conjunto de valores morales: vuelve a creer en la escatología comunista que adviene al mundo mediante el Partido, la Iglesia Nueva, representante de la comunidad de los fieles.

No es nada extraño que Kolakowski hubiera sido del partido comunista polaco en su juventud y diera sus primeros pasos dentro del régimen comunista polaco. Sin duda, sabía muy bien de qué hablaba cuando hablaba de Dios, religión y moral y su unidad constitutiva e indisoluble.
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No soy un profesor de Filosofía, que tenga que hacer reverencias ante la necedad de otro (Schopenhauer).


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Kolakowski: juegos éticos y teológicos de lenguaje 02 Mar 2014 10:09 #20396

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Ayer por la noche publiqué este hilo y hoy por la mañana me desayuno con esto:
"¿Puede funcionar una sociedad sin valores?" por Diego Sánchez Meca

Otro que está en pleno reciclaje profesional: de filósofo a cura-párroco predicando al pueblo desde el púlpito la verdad moral. Otro en busca de un Dios necesario para que no todo esté permitido...
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Kolakowski: juegos éticos y teológicos de lenguaje 02 Mar 2014 11:16 #20397

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Bueno, si lo hace de forma critica y de un modo exaustivo, y no de un modo vacio y sin espiritu, no veo objecions, Nolano... El artículo a mi juicico no fué malo en sí mismo, y puede que una nueva critica univeral, en fín, haya podido quedar inagurada.

Al que no le guste, que lea en su defecto el Manual o el Diccionario Básico.
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Kolakowski: juegos éticos y teológicos de lenguaje 02 Mar 2014 11:23 #20398

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Bueno, Alekhine, ya se sabe que el fuerte de los curas-párrocos de pueblo nunca ha sido la gramática ;)
Como ocurre con los contemporáneos catedráticos de Universidad, por otro lado.
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