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TEMA: Rawls

Rawls 26 Dic 2014 22:41 #28010

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RAWLS: CRÍTICA DEL UTILITARISMO

Al pensamiento de John Rawls parece aguardarle, en el desértico panorama filosófico español, el mismo destino que el de tantos otros filósofos: quedar encapsulado en cuatro tópicos expresados en cuatro frases hechas con las que cualquiera puede aludir a él sin necesidad de haberlo leído y, menos aún, reflexionado seriamente sobre los matices y entresijos de su obra. Por mi parte, intento ir cubriendo esa grave laguna con la lectura de A Theory of Justice (Harvard University Press, edición revisada de 1999 de la original de 1971; citaré por aquella edición, con traducción propia).

En la facultad de Filosofía de la UNED, al menos cuando yo estudié, apenas se reservaba a Rawls un pequeño hueco entre las lecturas de "Ética del siglo XX", con escaso peso, sin embargo, en los exámenes, y sin que hubiera desarrollo alguno de sus doctrinas en los temas que constituyen el núcleo duro de esa asignatura. No sé si eso habrá mejorado con el manual que después elaboraron Muguerza y Gómez. En Filosofía Política, ni eso.

Tampoco se dedicaba mucho espacio a la corriente de Filosofía moral conocida como "utilitarismo", doctrina que, sin embargo, tiene gran importancia en los planteamientos de Rawls, pues, como afirma en el Prefacio de la edición revisada a que me refiero, I wanted to work out a conception of justice that provides a reasonable systematic alternative to utilitarianism, which in one form or another has long dominated the Anglo-Saxon tradition of political thought (Buscaba [cuando se publicó por primera vez la obra] elaborar un concepto de justicia que proporcionara una alternativa razonable y sistemática al utilitarismo, que, de una manera u otra, ha dominado durante largo tiempo la tradición anglosajona de pensamiento político; p. xi). Parece, por tanto, que en el panorama ético-político de la UNED poco importa esa tradición anglosajona de pensamiento político. Al parecer son más importantes, por un lado, el monocultivo del freudianismo moral (obras de Gómez mediante) y, por otro, la línea jesuítica predominante en nuestras Universidades implantada en el franquismo por López Aranguren y Gómez Caffarena, seguida por su epígono Muguerza.

Siempre me ha parecido curiosa esa cerrazón a lo ajeno propia de este país nuestro. Máxime cuando, a la vista está, las instituciones y principios del pensamiento político anglosajón han llevado a esos países a una riqueza y un bienestar muy superiores a los nuestros, lo que hace aún más llamativo el desprecio que en nosotros impera hacia esas formas de convivencia social y política tan exitosa, y la querencia hacia las nuestras propias tan evidentemente fracasadas. Por ejemplo, es fascinante el empeño filosófico de Muguerza en la busca de justificaciones para quienes se saltan a la torera el Derecho y las instituciones políticas comunes, que contrasta con el proyecto filosófico de Rawls, que es justamente el contrario: cómo implantar unas instituciones justas en las que no estuviera de ninguna forma justificado un "imperativo ético de desobediencia al Derecho".

La ignorancia sobre el sentido filosófico del utilitarismo no parece ser un mal sólo de la UNED. Algunos asiduos participantes en el foro, que no han estudiado Ética en la UNED, sino en otros sitios, han venido utilizando el epíteto de utilitarismo un tanto a la ligera (y más como una ofensa que como un concepto filosófico) para calificar algunas de mis posiciones discrepantes a las suyas. Por eso quizá no estará de más comentar la crítica de Rawls al utilitarismo, para fijar bien el marco en el que se desarrolla la idea que nuestro autor denomina justice as fairness (justicia como ecuanimidad, me permitiré traducir); alguno que ha estado aquí hablando de oídas, se llevará una sorpresa (si se digna leer lo que escribimos los demás; si no, peor para él o ella).

Rawls toma como referencia para su crítica del utilitarismo lo que denomina el "utilitarismo clásico": Fundamentalmente Sidgwick y Pigou, como síntesis de una extensa corriente que comienza en Shaftesbury y Hutcheson, y continúa a través de Hume, Adam Smith y Bentham, sin olvidar a John Stuart Mill y Edgeworth. Una primera observación. En la carrera de Filosofía en la UNED, de todos estos autores sólo se habla con cierta profundidad de Hume, pero desde luego no en las asignaturas de Ética y Filosofía Política, y un poco de Mill. Los otros serán desconocidos para los estudiantes de Filosofía en España; por mi parte, sin embargo, todos ellos me resultan conocidos, en mayor o menor medida, porque aparecen con cierta asiduidad en la carrera de Ciencias Económicas, especialmente relacionados con las teorías de la elección social. Los que rechacen apriorísticamente la Ciencia Económica por considerarla origen de los males del mundo y de la destrucción de todos los valores sociales, ya pueden dejar de leer en este punto.

Rawls formula de la siguiente manera el principio de utilidad, que va a ser el blanco de sus críticas: a society is properly arranged when its institutions maximize the net balance of satisfaction. The principle of choice for an association of men is interpreted as an extension of the principle of choice for one man. Social justice is the principle of rational prudence applied to an aggregative conception of the welfare of the group (una sociedad está adecuadamente organizada cuando sus instituciones maximizan el balance neto de satisfacción. El principio de elección para una asociación de hombres se interpreta como una extensión del principio de elección para un solo hombre. La justicia social es el principio de prudencia racional aplicado a un concepto aditivo del bienestar del grupo; p. 21).

Tras reconocer que este principio posee una gran plausibilidad inicial, Rawls pasa al ataque: The striking feature of the utilitarian view of justice is that does not matter, except indirectly, how this sum of satisfaction is distributed among individuals any more than it matters, except indirectly, how one man distributes his satisfaction over time (El rasgo más chocante del punto de vista utilitarista es que no se preocupa, salvo indirectamente, por cómo esa suma de satisfacción se distribuye entre los individuos al igual que no cabe preocuparse, salvo indirectamente, por cómo un solo hombre distribuye su satisfacción a lo largo del tiempo, p. 23).

The most natural way, then, of arriving at utilitarianism (...) is to adopt for society as a whole the principle of rational choice for one man. Once this is recognized, the place of the impartial spectator and the emphasis on sympathy in the history of utilitarian thought is readily understood. For it is by the conception of the impartial spectator and the use of sympathetic identificationon guiding our imagination that the principle for one man is applied to society. (…) it is by this construction that many persons are fused into one. (…) the impartial spectator is the perfectly rational individual (La forma más natural, entonces, de llegar al utilitarismo… es adoptar para la sociedad en su conjunto el principio de la elección racional de una sola persona. Una vez se llega a este punto, se comprende enseguida el puesto del espectador imparcial y el énfasis sobre la simpatía en la historia del pensamiento utilitarista. Porque es mediante el concepto del espectador imparcial y el uso de la identificación por simpatía como guías de nuestra imaginación como el principio de un solo hombre resulta aplicable a la sociedad... es mediante esta construcción como se funden muchas personas en una sola... el espectador imparcial es el individuo perfectamente racional; p. 24). Concluye Rawls esta sección: Utilitarianism does not take seriously the dinstinction between persons (El utilitarismo no se toma en serio la distinción entre personas; p. 24).

A destacar, antes que nada, que frente a lo que muchos piensan, al identificar de forma grosera la doctrina utilitarista con lo que ellos llaman "neoliberalismo", que el utilitarismo gira alrededor de una figura que podíamos calificar perfectamente de "sujeto trascendental", el "espectador imparcial" al que se refiere Rawls. Es decir, e insisto en ello para guía de quienes no tienen clara la distinción entre un concepto intensivo y un concepto extensivo: el utilitarismo entiende al hombre de forma intensiva, a través de ese espectador imparcial, y no como un conjunto extensivo de individuos con intereses, fines y creencias propias. Ese sujeto trascendental que es el espectador imparcial es el que permite definir el mejor sistema político como el que consigue mayor cantidad de utilidad agregada o aditiva. Como es sabido, para que se pueda utilizar la operación matemática de la suma o adición es necesario que los sumandos sean homogéneos: no podemos sumar árboles y ovejas. Desde el pensamiento económico, la crítica más común al utilitarismo (que viene a coincidir con lo que dice Rawls con otras palabras) es la siguiente: el utilitarismo hace comparaciones intersubjetivas de utilidad; pero la utilidad (satisfacción) de cada uno es única y no se puede comparar con la de los demás.

No obstante, hay algo aún más siniestro en la posición de quienes hoy atacan al utilitarismo desde posiciones diferentes a las de Rawls. Me permitiré, tomando la idea aristotélica de regímenes rectos y regímenes desviados, llamar a esas posiciones "utilitarismo desviado", que tiene diferentes variantes.

La primera, y quizá la más ingenua, es la de quienes sostienen un "utilitarismo positivo" y cierran los ojos a la utilidad negativa o desutilidad. Quiero decir: quienes sostendrían que es una mejor situación social una en la que tres personas tienen pan que una en la que uno solo tiene pan mientras dos no tienen nada para comer. Los utilitaristas a que se refiere Rawls, evidentemente no eran tan simples. A la hora de computar la utilidad habrá que computar la utilidad neta; es decir: si el pan lo fabrica uno solo, y trabajando una hora produce pan suficiente para mantenerse él y su familia, es bastante cuestionable que contenga mayor utilidad agregada otra situación en la que se obligue a ese productor a trabajar tres horas para mantener a tres familias, mientras dos personas no trabajan nada y reciben gratis una ración de pan cada uno a costa del único que trabaja. Posiblemente, teniendo en cuenta que el esfuerzo de cada hora adicional de trabajo se incrementa (desutilidad marginal creciente), si computamos la desutilidad del productor, la segunda posición sería peor que la primera, pues el coste de la tercera unidad de pan es superior al de su utilidad bruta. Ésa es la dificultad a que se enfrenta este utilitarismo ingenuo: que nada es gratis.

La segunda variante del utilitarismo desviado es la del populismo. Debido a la extensión de ese fenómeno en Latinoamérica no son pocos los estudios realizados sobre ese fenómeno; ahora parece que asoma por nuestro país. Realmente la crítica de Rawls hacia el populismo va más orientada en este sentido: Thus there is no reason in principle why the greater gains of some should not compensate for the lesser losses of others; or more importantly, why the violations of the liberty of a few might not be made right by the greater good shared by many (Así, no hay en principio ningún motivo por el que la mayor ganancia de alguno no compensase las menores pérdidas de otros; o, aún más importante, por qué las violaciones de la libertad de unos pocos no podría llegar a ser algo correcto por el mayor bien compartido por muchos, p. 23).

Rawls plantea su tesis en un plano abstracto; simplemente como argumento teórico contra el utilitarismo. Pero en ambientes de caciquismo, corrupción, miseria y analfabetismo de los que Rawls se halla lejos, el utilitarismo ingenuo puede fácilmente derivar en populismo: un utilitarismo grosero que no duda en pasar por encima de cualquier derecho individual con tal de propugnar un "reparto de la riqueza" que producirá, bajo la hipótesis del espectador imparcial, o sujeto trascendental de intereses y utilidades homogéneos, la mayor felicidad posible, que nos está siendo hurtada por unos pocos (los ricos, los mercados, los capitalistas, etc.).

Aunque el utilitarismo clásico no propugna la abolición de los derechos individuales, lo cierto es que convierte a dichos derechos en algo subordinado al principio superior de la mayor utilidad agregada de la sociedad. Y es contra ello contra lo que se pronuncia Rawls.
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Última Edición: 29 Dic 2014 09:21 por Nolano.
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Rawls 27 Dic 2014 13:00 #28012

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Nolano no te sientas mal. No estás solo. Dicho libro estaba leyéndolo hasta que me interrumpio el nuevo curso y en una edición en castellano muy reciente. tal vez un licenciado en derecho extraiga más partido del mismo. A pesar de los planes de estudio intentaba conocer su obra desde la filosofía política tan criticada en este foro.

Como ejemplo para muchos debía dictar clases magistrales (algún texto más poseo que son apuntes de sus clases) muy desmenuzadas y bien esquematizadas aunque se extendiera mucho en algunos puntos, pero sin perder el hilo
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Rawls 27 Dic 2014 22:30 #28015

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Detrás de toda teoría económica o política subyace, más o menos inadvertidamente, de forma latente o patente, una determinada concepción del hombre. Y toda teoría económica o política que se elabore desde una concepción distorsionada del ser humano estará avocada, en mayor o menor medida, al fracaso. Y muchas de la críticas que se lanzan a determinadas teorías económicas o políticas no tienen que ir dirigidas propiamente al sistema económico o político que se defiende sino a la concepción del hombre que está detrás de ellas. Pero ello no implica un mayor o menor desconocimiento de dichas teorías económicas o políticas sino que la diana a la que va dirigida la crítica es a la concepción del hombre sobre la cual se sustentan dichas teorías.

Yo puedo criticar al marxismo o al liberalismo o al utilitarismo porque el “hombre” que soporta dichas teorías es un ser humano “reducido”. En el marxismo el hombre se reduce prácticamente a la dimensión social que posee todo hombre como en el liberalismo el hombre se reduce prácticamente a la dimensión individual de toda persona. Pero es que en todo hombre hay, y constitutivamente, una dimensión personal, social e histórica. Y todas aquellas teorías que no partan de esas dimensiones constitutivas de toda realidad humana “nacerán” capitidisminuidas.

Todo esto que he dicho será o no cierto. Pero espero que se me conceda que ya sea cierto o no lo aquí dicho no dependerá de haber estudiado o no en la UNED.
Última Edición: 27 Dic 2014 22:44 por elías.
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Rawls 29 Dic 2014 11:43 #28022

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Por todos es conocido que en John Rawls hubo un punto de ruptura importante entre su trabajo “Teoría de la Justicia” (1971) y la publicación de su “Liberalismo Político” (1993).

Efectivamente, el primer Rawls (Teoría de la Justicia) “buscaba elaborar un concepto de justicia que proporcionara una alternativa razonable y sistemática al utilitarismo”. Y sí, efectivamente, “el utilitarismo no se toma en serio la distinción entre personas”.

Ahora bien, hay una cuestión mucho más radical en la crítica que Rawls realiza al utilitarismo que yo ya puse de manifiesto en relación a una cuestión tratada en otro hilo. Y es el concepto de persona que sostiene el utilitarismo y contra el cual se opone enérgicamente Rawls.El concepto de persona que defienden los utilitaristas desconoce la exigencia de considerar a las personas como fines en sí mismos. Y por tanto, todo utilitarismo, antes o después, y en mayor o en menor medida, acaba desembocando en una instrumentalización de la persona. Aquí ya no se trata de que la crítica de Rawls hacia el utilitarismo esté basada en una desconsideración por parte de éstos entre las distintas personas sino en una desconsideración hacia cada una de ellas. Precisamente esa fue mi crítica hacia aquellos que sostenían una postura utilitarista.

Rawls cambió de posición debido a la críticas realizadas desde el ámbito comunitarista (Sandel) y del feminista. Parte de las críticas de Sandel se centraban en el concepto rawlsiano de persona. Rawls parte de un concepto Kantiano de persona. Esto le sirve, frente al utilitarismo, el asegurarse que las personas son fines en sí mismas. Pero el problema radica en que ese concepto de persona está soportado en un ente abstracto. Esto obligó a Rawls a modificar sus posiciones sostenidas en “Teoría de la Justicia” (1971) y entre ellas se encontraba el concepto de persona o el concepto de moral asociado a la ética kantiana.

En definitiva, lo único que me gustaría resaltar son dos cuestiones:

1.- El utilitarismo adolece de un grave problema que al día de hoy nos parece irrenunciable. Y es que el hombre es un fin es sí mismo y no solo un mero instrumento.

2.- Que toda teoría política y/o económica debe de partir de un determinado concepto de persona. Y que el partir de un concepto u otro de persona lleva a dichas teorías por caminos bien diferentes.
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Rawls 30 Dic 2014 19:25 #28038

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Nolano escribió:
Por mi parte, intento ir cubriendo esa grave laguna con la lectura de A Theory of Justice (Harvard University Press, edición revisada de 1999 de la original de 1971; citaré por aquella edición, con traducción propia).
Elías escribió:
Por todos es conocido que en John Rawls hubo un punto de ruptura importante entre su trabajo “Teoría de la Justicia” (1971) y la publicación de su “Liberalismo Político” (1993).
Efectivamente, el primer Rawls (Teoría de la Justicia) “buscaba elaborar un concepto de justicia que proporcionara una alternativa razonable y sistemática al utilitarismo”. Y sí, efectivamente, “el utilitarismo no se toma en serio la distinción entre personas”.

Creo que dejé claro que utilizo la edición revisada de 1999. Por lo tanto, todas las citas de Rawls que aporto son asumidas como propias por el mismo Rawls después de 1993. En el Prefacio de esta edición revisada de 1999 explica con cierto detalle en qué consisten los cambios respecto de la primera edición; y no afectan a la cuestión de que aquí se trata, el utilitarismo.

Elías escribió:
Pero espero que se me conceda que ya sea cierto o no lo aquí dicho no dependerá de haber estudiado o no en la UNED.

Por otro lado, la referencia a quienes no han estudiado en la UNED no es denigratoria por no haberlo hecho; simplemente expresé mi sospecha sobre que las omisiones académicas tan notables en la UNED son compartidas en otros centros de estudio de la Filosofía en España.

Vuelvo a quejarme de que no se leen mis mensajes antes de contestarlos. Eso no sólo arruina el debate, sino que es muestra de poca cortesía. Ya no se trata de discrepar, o incluso de ser inmune a los argumentos del otro; es que ni siquiera se lee con cierta atención lo que escriben los demás antes de responderles.
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Última Edición: 30 Dic 2014 19:31 por Nolano.
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Rawls 30 Dic 2014 20:04 #28039

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Verás, he leído tus mensajes. Y tal es así que afirmé haciendo uso de tus propias palabras: "Efectivamente, el primer Rawls (Teoría de la Justicia) “buscaba elaborar un concepto de justicia que proporcionara una alternativa razonable y sistemática al utilitarismo”. Y sí, efectivamente, “el utilitarismo no se toma en serio la distinción entre personas”.

En el tercer párrafo de mi intervención anterior lo que hice fue radicalizar la crítica al utilitarismo porque así lo hizo Rawls.

En el cuarto párrafo, y retomando mi segundo mensaje, lo que intenté fue hacer ver lo importante que es la concepción que se tenga del hombre para el desarrollo de cualquier teoría política y/o económica.

Tus mensajes son leídos con atención ( al menos en mi caso). Cuestión bien diferente es si se responden como tú deseas o en base a unas supuestas normas que al parecer decides tú. De hecho creo que cualquier persona objetiva considerará que mi mensaje ( independientemente de la valoración del contenido) no obstaculiza ningún debate sino que lo amplía.

Verás, lo que obstaculiza el debate son párrafos como "La ignorancia sobre el sentido filosófico del utilitarismo no parece ser un mal sólo de la UNED. Algunos asiduos participantes en el foro, que no han estudiado Ética en la UNED, sino en otros sitios, han venido utilizando el epíteto de utilitarismo un tanto a la ligera (y más como una ofensa que como un concepto filosófico) para calificar algunas de mis posiciones discrepantes a las suyas. Por eso quizá no estará de más comentar la crítica de Rawls al utilitarismo, para fijar bien el marco en el que se desarrolla la idea que nuestro autor denomina justice as fairness (justicia como ecuanimidad, me permitiré traducir); alguno que ha estado aquí hablando de oídas, se llevará una sorpresa (si se digna leer lo que escribimos los demás; si no, peor para él o ella)."

En el párrafo, pese a lo que ahora digas, hace referencia a la ignorancia que poseen algunos sobre el sentido filosófico del utilitarismo. Por cierto, ¿quiénes eran ese "él y ella" que hablan de oídas?. Bien, todos los sabemos. Si realmente quieres que los debates no se arruinen deberías de eliminar ese tipo de párrafos. Salvo que esa sea la manera en que expresas cortesía.
Última Edición: 30 Dic 2014 20:56 por elías.
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Rawls 02 Ene 2015 21:27 #28065

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La argumentación de Rawls contra el utilitarismo contiene otros aspectos que resultan de gran interés en relación con algunos de los tópicos que mantienen a los debates de Filosofía moral en España un tanto empantanados en vía muerta; los términos del debate que plantea Rawls creo que pueden ayudar a salir de ese bloqueo.

Está Rawls haciendo explícitas las diferencias entre su justice as fairness (justicia como ecuanimidad) y el utilitarismo y, como tercera y última, apunta: The last contrast that I shall mention now is that utilitarianism is a teleological theory whereas justice as fairness is not. By definition, then, the latter is a deontological theory, one that either does not specify the good independently from the right, or does not interpret the right as maximizing the good. (It should be noted that deontological theories are defined as non-teleological ones, not as views that characterize the rightness of institutions and acts independently from their consequences. All ethical doctrines worth our attention take consequences into account in judging rightness. One which did not would simply be irrational, crazy.) Justice as fairness is a deontological theory in the second way. ("La última diferencia que mencionaré ahora es que el utilitarismo es una teoría teleológica, mientras que la justicia como ecuanimidad no. Por definición, pues, ésta última es una teoría deontológica, que ni especifica lo bueno independientemente de lo correcto, ni interpreta lo correcto como maximización de lo bueno. (Habría que remarcar que las teorías deontológicas se definen como aquéllas no-teleológicas, no como doctrinas que caracterizan la rectitud de las instituciones y actos independientemente de sus consecuencias. Todas las doctrinas éticas que merecen nuestra atención tienen en cuenta, en sus juicios de rectitud, las consecuencias. La que no lo hiciera sería simplemente irracional, demente). La justicia como ecuanimidad es una teoría deontológica en la segunda acepción" p. 26).

Como se ve, alude aquí Rawls a la tradicional distinción entre éticas teleológicas y éticas deontológicas. Pero es patente la diferencia de enfoque entre el de nuestro filósofo y el planteamiento habitual de la cuestión en los filósofos de nuestro entorno. En efecto, la distinción entre ambos tipos de doctrinas éticas se plantea, por ejemplo en Adela Cortina en su Ética mínima, como la diferencia entre dos bloques normativos que se dicen, respectivamente, regidos por dos principios radicalmente diferentes; una ética teleológica (o de la felicidad) dirá: "haz esto y lo otro porque así alcanzarás la felicidad"; en cambio, una ética deontológica dirá: "haz esto y lo otro porque ése es tu deber (eso es lo correcto)". Ambos tipos de éticas, en la medida en que sirven a principios diferentes (y aunque eventualmente puedan coincidir accidentalmente en ciertas reglas) son irreconciliables.

Pero ese planteamiento de la cuestión no es aceptable para un pensador postmetafísico. Antes de la postmodernidad cualquier filósofo ético tenía en mente un modelo apriorístico de hombre al que cuadraría un modelo igualmente apriorístico de valores conducentes a su felicidad; si esa felicidad se presuponía terrena, nos hallábamos ante las éticas teleológicas; si esa felicidad se posponía al mundo ultraterreno (o utópico: terrenal pero postergado ad infinitum), nos hallábamos ante las éticas deontológicas. El apriorismo metafísico del fin (telos) conlleva la rigidez homogénea de la normatividad ética. Si todo hombre es Hombre, a todo hombre le conviene lo mismo. Ni siquiera una ética hedonista como la de Epicuro escapa a la trampa metafísica; es bien conocido hoy en día, frente a los intentos denigratorios contra el epicureísmo, que éste no sólo propugnaba la búsqueda del placer, sino que predicaba qué cosas había que hacer y de qué cosas había que abstenerse para ser feliz. (No quisiera sobrecargar demasiado este mensaje, por lo que sólo de pasada mencionaré que, pese a ser presentado habitualmente como el paradigma de las éticas teleológicas, el buen sentido de Aristóteles hace de él quizá el menos teleológico de los filósofos antiguos, como se evidencia en varios lugares y especialmente en la última parte de la Ética nicomáquea, cuando postula como el mejor un modo de vida contemplativa completamente opuesto al modo de vida activa en la polis que había presentado en la mayor parte de la obra; se han vertido ríos de tinta sobre esa aporía aristotélica).

Lo que quería destacar es que esas éticas de "sermón parroquial", de "manual de autoayuda" o de "dirección espiritual" no son de recibo en una Filosofía moral de la postmodernidad. No hay dificultad alguna en reconocer que todos los hombres buscan la felicidad; pero se reconoce también, casi unánimemente, que no hay un solo camino para la felicidad, que cada uno es libre de buscar la felicidad a su modo. No puede haber ningún filósofo que esté ubicado en la postmodernidad que no tenga que reconocer que uno bien puede buscar la felicidad metiéndose a monje budista, otro dedicándose a la política, aquel dedicándose a broker de Wall Street, el de más allá dedicado al ocio y a los placeres carnales, este de aquí al estudio de los insectos, etc.; en realidad, más probablemente, combinando varias actividades de la manera que le resulte más satisfactoria. Según las creencias, aspiraciones y concepciones de la vida que tenga cada uno, su camino para buscar la felicidad será, en principio, tan respetable como cualquier otro. El camino en busca de la felicidad no tiene por qué ser único; y difícilmente, desde un planteamiento postmetafísico y no doctrinario, se podrá decir con fundamento y justificación que uno es mejor o peor que el otro.

Así pues, el planteamiento del debate ético en términos de "decálogos" normativos opuestos o no coincidentes podemos afirmar que es totalmente estéril. Mucho más fructífero es el planteamiento de Rawls que, como se puede apreciar en el texto que he reproducido al principio, no es deontológico en sentido fuerte; parece obvio que la crítica que hace al utilitarismo no va dirigida contra el principio de la búsqueda de la felicidad, que Rawls en ningún momento cuestiona, sino en la carencia de límites a la búsqueda de la felicidad contenida en el utilitarismo al proponer la utilidad neta total de la sociedad como principio irrestricto de la comunidad social y política: Justice denies that the loss of freedom for some is made right by a greater good shared by others (La justicia niega que la pérdida de libertad para alguien se convierta en algo correcto mediante el mayor bien compartido por otros, p. 25). Es decir, hay un límite que la búsqueda de la felicidad no puede traspasar: The principles of right, and so of justice, put limits on which satisfaction have value; they impose restrictions on what are reasonable conceptions of one's good (Los principios de lo correcto, y por tanto de la justicia, ponen límites a aquello cuya satisfacción tiene valor; imponen restricciones a lo que son concepciones razonables del bien propio, p. 27).

Pero, por otro lado, como hemos citado antes: "Todas las doctrinas éticas que merecen nuestra atención tienen en cuenta, en sus juicios de rectitud, las consecuencias. La que no lo hiciera sería simplemente irracional, demente". La búsqueda de la rectitud no es tampoco un principio absoluto (fiat iustitia et pereat mundus), sino que debe tener en cuenta sus consecuencias. ¿Consecuencias sobre qué? Sobre la propia búsqueda de la felicidad, sin duda alguna.

Vemos, pues, que, a diferencia de los planteamientos maximalistas, felicidad y rectitud, en la visión de Rawls, tienen compatibilidad (al menos, como cuestión de principio) porque desempeñan papeles ineludibles pero, al menos potencialmente, conciliables, desde el momento en que una dimensión imprescindible de la felicidad para el hombre es la social y política: sin una estructura social el hombre no puede vivir y, menos aún, ser feliz. Pero, una vez fijados esos límites de lo correcto, el resto ya es campo libre para que cada cual busque la felicidad a su propia elección. No hay que buscar lo correcto por lo correcto, sino lo correcto como base sólida de cualquier felicidad posible. Y, haciendo uso del polisemismo de la palabra right en inglés, podemos también afirmar que no hay que buscar el derecho por el derecho, sino el derecho como base sólida de cualquier felicidad posible.
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Última Edición: 02 Ene 2015 21:37 por Nolano.
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Rawls 02 Ene 2015 22:53 #28067

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Hola, yo hace años estudié ética en la facultad de filosofía de Granada, mi profesor de ética era especialista en utilitarismo y el manual que usábamos era el "compendio de filosofía" de Peter Singer. Un manual muy recomendable, por cierto.

Estudié algunos conceptos que se apartan ligeramente de lo aquí expuesto. Yo estudié una división entre tres modelos básicos (y no dos). No contraponíamos éticas deontológicas-éticas teleológicas; sino:
-Éticas deontológicas.
-Éticas teleológicas (o de la virtud).
-Éticas utilitaristas.

Aunque supongo que a ellas podrían añadirse las éticas basadas en mandamientos rígidos que buscan un fin determinado (como la de los mandamientos, que nos conducen a la vida ultraterrena).

Las éticas deontológicas (Kant) se basan en el deber, con independendencia de un fin tal como la felicidad o el paraíso; las éticas utilitaristas se basan en una estructura de medios y fines (aunque pueden contener elementos de "deber", como parece ser el caso de Rawls y lo es también de Adam Smith, y de Mill).

Las éticas teleológicas se basan, no tanto en la búsqueda de un fin o fines (felicidad, supervivencia, conocimiento de Dios, conocimiento intelectual, etc) mediante unos medios, sino en la configuración del carácter humano y de sus virtudes introduciendo hábitos de vida coherentes con un modelo que naturalemente nos conduce a un fin. No obstante, el fin no es la causa determinante de la acción ética en este modelo, sino que la causa determinante es la coherencia con el propio caracter que se ha adoptado como patrón vital.

En cuanto al utilitarismo, creo recordar que diferenciábamos uno que se basaba en el cálculo de medios y fines que se realizaba en cada ocasión particular; y otro (el más "deontológico") que trataba de establecer mediante un cálculo racional normas universalizables que pudieran establecerse en un tipo de casos con identidad común.

Personalmente considero que todos los modelos éticos han dado interesantes frutos y tienen a grandes pensadores. Me identifico más con una ética de la virtud no enfocada en fines (y no naturalista, sino basada en el diálogo), pero no rechazo categóricamente ninguno de los otros modelos.

Alguna vez he criticado el utilitarismo (en concreto el utilitarismo economicista como el del movimiento law and economics). Y realicé la crítica desde Nussbaum, que es muy buena conocedora de los autores utilitaristas clásicos.

En todo caso, formo parte de un grupo de investigación sobre utilitarismo, y hace unos años escribí una comunicación titulada "el utilitarismo como corriente solidaria". Espero que las alusiones a críticos del utilitarismo a la ligera no se refirieran a mí.

*En cuanto a Rawls, por lo que expones aquí y lo que yo conozco (unos cuantos textos que no aclaran demasiado esta cuestión), no podría ubicarlo bien en el esquema. Obviamente tiene una fuerte influencia kantiana-deontológica, pero también utilitarista, y no descartaría totalmente un cierto aire teleológico en sus tesis contractualistas.
Última Edición: 02 Ene 2015 23:18 por Tasia.
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Rawls 22 Ene 2015 23:56 #28194

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Puede sorprender un poco, de entrada, que Rawls declare su intención de proponer una teoría moral y política en rivalidad con el utilitarismo, como corriente dominante en la filosofía moral del mundo anglosajón. ¿Qué hay del intuicionismo, del que tantos filósofos (desde Moore y especialmente los positivistas como Carnap) se han mostrado partidarios?

Rawls entiende que se trata de doctrinas que se mueven en niveles diferentes y él, en su teoría de la justicia como ecuanimidad, se mueve en el mismo nivel que el utilitarismo: la búsqueda de unos principios básicos de partida para configurar un marco de convivencia social ecuánime y justo; el intuicionismo, simplemente niega que puedan justificarse, de forma fundada, tal clase de principios. Pero, teniendo en cuenta que Rawls no es un fanático del sujeto trascendental ni del apriorismo, no rehuye el debate sobre el intuicionismo y ciertas conclusiones clarificadoras que ese debate puede aportar a su propósito de alcanzar un cierto consenso sobre algunos principios básicos, si no de naturaleza apriorística y necesaria, sí al menos de naturaleza contingente pero con un amplio y suficiente grado de acuerdo social que pueda justificar su aceptación casi unánime. Como tampoco el intuicionismo recibe mucha atención en las asignaturas del Departamento de Filosofía Moral y Política de la UNED (pese a su manifiesta importancia en el panorama filosófico de nuestros días), puede resultar útil revisar brevemente el debate de Rawls al respecto.

Como buen filósofo de la tradición analítica, Rawls comienza dando unas breves definiciones de lo que él entiende por intuicionismo:

The intuitionist maintains that there exist no higher-order constructive criteria for determining the proper emphasis for the competing principles of justice. (…) Intuitionist theories, then, have two features: first, they consist of a plurality of first principles which may conflict to give contrary directives in particular types of cases; and second, they include no explicit method, no priority rules, for weighing these principles against one another: we are simply to strike a balance by intuition, by what seems to us most nearly right. Or if there are priority rules, these are thought to be more or less trivial and of no substantial assistance in reaching a judgment.

Es decir: "El intuicionista mantiene que no hay criterios de un orden constructivo superior para establecer las preferencias adecuadas entre principios de justicia contrapuestos. (...) Las teorías intuicionistas, pues, tienen dos rasgos: primero, consisten en una pluralidad de primeros principios que pueden entrar en conflicto dando diferentes directrices en tipos particulares de casos; y segundo, no incluyen ningún método explícito, ninguna regla de prioridad, para ponderar esos principios unos contra otros: simplemente nos limitamos a acuñar un equilibrio por intuición, por lo que nos parece más cercano a lo correcto. O, si hubiera reglas de prioridad, piensan que son más o menos triviales y no una ayuda esencial para llegar a formarse un juicio" (1999, p. 30).

El problema del intuicionismo, desde el punto de vista político, es que, planteado en toda su crudeza hace imposible cualquier tipo de acuerdo sobre las elecciones sociales o, si tal acuerdo se alcanzara eventualmente en algún momento, sería totalmente inestable. Rawls ilustra ese hecho acudiendo a un instrumento analítico muy asentado en la teoría económica (en la teoría microeconómica del consumidor, para ser más precisos): las "curvas de indiferencia". Su análisis puede sernos útil para comprender, más allá de fundamentalismos totalitarios, alguno de los debates político-morales más acuciantes en nuestras sociedades.

FIGURA 1

Supongamos, para simplificar, como suele ser habitual en el análisis económico, que tenemos dos únicas opciones entre las cuales distribuir nuestros recursos. En el eje de las abscisas se representa el "Bienestar total" y en el eje de las ordenadas la "Igualdad". Cuanto más se aleja del origen de coordenadas el eje de las abscisas, mayor "Bienestar total" habrá en la sociedad (téngase presente que al computar ese bienestar no se tiene en cuenta cómo se halla distribuido: un bienestar para A de 100 y para B de 50 es superior, en total 150, a un bienestar para A de 70 y para B de 70, que sumaría en total 140); aunque Rawls no lo diga, pienso que Bienestar total equivale a mayor cantidad de bienes y servicios producidos en la sociedad: es la única manera de interpretar la figura sin tener que afrontar el peliagudo problema de las comparaciones intersubjetivas de utilidad. Por otro lado, cuanto más se aleja el eje de ordenadas del origen, mayor igualdad habrá en la sociedad en el reparto de los bienes y productos que se producen.

Una curva de equivalencia representa todos aquellos puntos a los cuales un individuo concreto (cuyas curvas de indiferencia estamos considerando) asigna una valoración equivalente. Por otro lado, cuanto más alejada está una curva del origen de coordenadas, representa mayor valor, o una posición más deseable, para el sujeto considerado. En esta figura 1, la curva II es más deseable que la curva I. El punto A representa una satisfacción para el sujeto considerado que es la misma que obtendría en cualquier otra posición representada en cualquier punto de la curva I; y la satisfacción del punto B es la misma que la de cualquier punto de la curva II; por tanto, la posición B es más deseable para este sujeto que la posición A.

Algunas precisiones que Rawls no hace explícitas, pero que creo que no estarán de más para filósofos poco avezados en el aparato analítico de la ciencia económica.

1) ¿Por qué, si la curva II es más satisfactoria que la curva I, consideramos ésta como una posibilidad? El mapa de curvas de indiferencia es infinito, se puede alejar sin límite alguno del origen de coordenadas hacia posiciones cada vez más satisfactorias. Lo que Rawls no dice es que hay que poner en conexión las curvas de indiferencia con la "restricción presupuestaria". Es decir, los recursos disponibles en un momento dado limitan qué curvas de indiferencia se pueden alcanzar y cuáles no. Evidentemente, las que no podamos alcanzar quedan fuera de nuestro horizonte. Tal vez la curva II sea mejor que la curva I, pero si es inalcanzable con nuestros recursos actuales, no podremos considerarla una opción realista de política económica.

2) Las curvas de indiferencia son convexas respecto del origen de coordenadas. Eso es consecuencia del principio de la utilidad marginal decreciente. Es decir: cuanto más tengamos de uno de los polos de elección, más necesitaremos de dicho polo para compensar disminuciones cada vez más pequeñas del otro. Cuanto más igualitaria sea la distribución, posteriores incrementos adicionales de Igualdad equivaldrán a menores disminuciones de Bienestar total; y viceversa, si la desigualdad de distribución es ya elevada, para compensar (manteniendo igual la valoración de la situación) una pequeñísima disminución de equidad necesitaremos un incremento muy grande de Bienestar. Recuérdese este punto porque creo que tiene una gran importancia para nuestro balance final del debate.

3) Este último punto sí lo trata Rawls, porque es crucial en el desarrollo de su argumentación: dos curvas de indiferencia del mismo sujeto no pueden cruzarse nunca. Si así fuera el sujeto incurriría en vicio de inconsistencia; efectivamente, si la curva I se cruzara con la curva II en cierto punto, a la izquierda de este punto la curva I sería preferible a la curva II, y, viceversa, a la derecha del punto de cruce, la curva II sería preferible a la curva I. Y teniendo en cuenta que definimos cada curva como la unión de todos los puntos en los cuales la valoración es de indiferencia, resulta inconsistente que una curva fuera preferible a otra en algunos puntos y no en otros.

(Este mensaje tendrá su continuación en otros dos posteriores; lo he dividido en tres entregas por su excesiva longitud; no obstante, quien tenga alguna objeción, observación o comentario a lo que vaya siendo publicado, puede intervenir cuando lo desee).
Bin ich doch kein Philosophieprofessor, der nöthig hätte, vor dem Unverstande des andern Bücklinge zu machen.
No soy un profesor de Filosofía, que tenga que hacer reverencias ante la necedad de otro (Schopenhauer).


Jesús M. Morote
Ldo. en Filosofía (UNED-2014)
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Última Edición: 23 Ene 2015 13:18 por Nolano.
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Rawls 23 Ene 2015 14:14 #28197

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Hay una cuestión que no entiendo en la figura 1. El eje de abscisas representa el bienestar total mientras que el eje de ordenadas representa la igualdad. Según las curvas, cuanto mayor sea el bienestar total (mayor cantidad de bienes y servicios producidos según tu interpretación, pero da igual para lo que aquí deseo plantear) menor será la igualdad (reparto equitativo de los bienes en una sociedad). Salvo que lo esté interpretando mal parece que cuanto mayor sea la cantidad de bienes y servicios producidos menor tiene que ser el reparto equitativo de los bienes en la sociedad. Y lo que no entiendo es la razón de ello.

Por cierto, dices que el punto A representa la satisfacción para el sujeto. Mi pregunta es ¿la “satisfacción” sería el cociente entre el bienestar social y la igualdad? ¿Por qué dices que la “satisfacción” será la misma en todos los puntos de una misma curva? ¿Qué se entiende por “satisfacción”?
Última Edición: 23 Ene 2015 14:14 por elías.
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