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TEMA: Parménides de Elea

Parménides de Elea 14 Sep 2016 18:50 #38118

  • ksetram
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Parménides de Elea

Tan sólo se conserva un poema de Parménides, unos ciento cincuenta versos que nos llegan a través de citas de Simplio, Aecio, Plutarco, Cicerón y Diógenes Laercio entre otros.
En el Teeteto (Platón) nos dice Sócrates:
Sócrates: << Parménides me parece a la vez respetable y temible, sirviéndome de las palabras de Homero. Le traté siendo yo joven y cuando él era muy anciano, y me pareció que había en sus discursos, una profundidad poco común>>.

Argumento del poema: El el poema de Parménides, un viajero es llevado en carro por yeguas, que son guiadas por las hijas del Sol, hasta el lugar donde le espera la diosa (de la cual no se nos da el nombre). La comparsa deja atrás la noche y va hacia la luz, al tiempo que las muchachas solares se liberan de sus velos, (es decir, dejando atrás lo aparente). Esta diosa va a rebelarle al viajero la verdad, así como el camino erróneo de los hombres. Pues hay según ella dos vías, la de la verdad y la del error. La verdad, el Ser, es una sola, igual a sí misma e inmutable, y nunca nació ni podría cambiar ni dejar de ser. Sin embargo, por la vía errónea, los mortales han dado muchos nombres al Ser. No obstante el Ser es una sola cosa igual a sí misma, increada, indestructible, continua por dentro y sin contrastes ni partes, inmutable, completa y sin necesidad de nada más, perfecta como una esfera indiferenciada por dentro, igual y contínua en todo lugar.

Aclaraciones:
- Las citas sobre la doctrina parmenidiana son de Los filósofos presocráticos G. S. KIRK, J. E. RAVEN Y M. SCHOFIELD.
Ellos traducen "ente" en lugar de Ser.
- He roto la estructura de los versos de Parménides, y los transcrito como prosa sin verso, pues me ha parecido más breve y aclaratorio para acometer sus ideas.

Dice la diosa al viajero del poema de Parménides:
Fr. i, 28-32, Simplicio, de caelo 557.
<<Es necesario que conozcas todo, tanto el corazon imperturbable de la verdad bien redonda, como las opiniones de los mortales, en las que no hay verdadera
confianza. Aprenderas, empero, también como las creencias deberían ser aceptables, penetrandolo totalmente todo>>.

En sus "falsas opiniones", los mortales <<decidieron dar nombre a dos formas, de las que necesariamente no deben nombrar mas que a una —y en esto es en lo que están extraviados— y las juzgaron opuestas en su aspecto y le asignaron signos diferentes entre sí —a una el fuego etereo de la llama,
apacible y muy ligera, igual a sí misma por doquier, pero no igual a la otra; la otra, empero, es en si misma lo opuesto, noche oscura, densa
de aspecto y pesada>>. Las opiniones de los mortales incurreron por lo tanto en un error, al postular que la verdad última puede ser dos, puesto que si es última, perfecta y completa, tal verdad ha de ser una sola, igual a sí misma y no cambiable, pues para poder ser llamada Ser y Verdad, difícilmente podría ser de otro modo.
Dirá la diosa: <<Yo te revelo el orden completo verosimil para que nunca te aventaje ninguna opinion de los mortales>>.
El orden completo, la visión total, la verdad misma, no puede ser dos sino tan sólo Uno, y siendo la verdad, será inmutable. En mi humilde opinión es difícil rebatir en esto a Parménides. ¿Podría la verdad no ser Una e inmutable? Si muta no es la verdad pues habría dejado de serlo, y no sería lo que realmente "es", sino una mera apariencia de ello.

Parménides nos muestra por lo tanto dos vías, una de la verdad, por la que las hijas del Sol parecen conducirle, que le explicará la diosa (de la cual no nos da el nombre), y otra falsa, que también debe conocer, conformada por las opiniones de los mortales. Para no perderse en la falsa vía, le aconseja la diosa:
<<(...) no permitas que el hábito, hijo de la mucha experiencia, te obligue a
dirigirte por este camino, forzándote a usar una mirada vacilante o un oído y una lengua plenos de sonido sin sentido, sino que juzga racionalmente la muy discutida refutacion dicha por mi>>.
La diosa quiere que el viajero del carro juzgue sus razones, no la experiencia de lo que conoce, sino sus "razones", para que no se conduzca mediante <<un oído vacilante o una lengua sin sentido>> como los mortales. Ellos confunden lo que es con lo que no es. Sin embargo, ¿no ha de ser en última instancia Uno la Verdad, e igual a sí misma e inmutable para que sea llamada Verdad? ¿Por qué hablaron de dos, día y noche, cuando debieron obviar el otro y decir sólo "lo que es", postulando al Ser mismo que es Uno? <<Pues nunca se probará que los no entes sean>>. ¿Cómo va a ser lo que no es? Por el contrario <<Permanece aun una sola version de una via: que es. En ella hay muchos signos de que, por ser ingénito, es tambien imperecedero, entero, monogénito, inmóvil y perfecto>>. En la doctrina de Parménides la vía correcta es por lo tanto una sola, y es la vía de una sola cosa, la vía propia de "el Ser", que se nos muestra al tiempo como la Verdad.
Por todo esto explica la diosa:
Fr. 8, 5-21, Simplicio, in Phys. 78, 5;
145, 5
<<Ni nunca fue ni será, puesto que es ahora, todo entero, uno, continuo. Pues ¿que
nacimiento podrías encontrarle? ¿Cómo y de donde se acreció? No te permitire que digas ni pienses de "lo no ente" (no ser), porque no es decible ni pensable lo que no es. Pues, ¿qué necesidad le habría impulsado a nacer después más bien que antes, si procediera de la nada? Por tanto, es necesario que sea completamente o no sea en absoluto>>.

Si la Verdad es "lo que es", lo que realmente es, es necesario que sea completamente. ¿O acaso es una verdad a medias? No vale decir que es y no es, pues la verdad misma es para Parménides la búsqueda de lo que es, del Ser mismo como realidad última. Puesto que la verdad es lo que realmente es, no cabe decir que comenzó a ser, ni que será o dejará de ser, ¿acaso no es el Ser la Verdad?
El Ser no tiene comienzo ni fin, siempre ha existido; la Verdad es realmente, y por lo tanto, no puede cambiar. La Verdad, ¿no es precisamente postular y diferenciar qué es lo permanente? (Igualmente hoy la ciencia aspira a leyes permanentes, inmutables, pues el conocimiento es necesariamente en última instancia, el conocimiento de lo estable y no cambiante).
La misteriosa diosa del poema, nos explica por qué hay que descreer de esa otra vía errónea:
<<Pero se ha decidido, como es necesario, abandonar una via por impensable y sin nombre (pues no es el verdadero camino) y que la otra es y es genuina. Y ¿como podría lo que es ser en el futuro? ¿Como podria llegar al ser? Pues, si llego a ser, no es, ni es, si alguna vez va a llegar a ser. Por tanto, queda extinto el nacimiento y
la destruccion es inaudita>>.

El Ser, que es la Verdad misma, es inmutable como ésta y no puede haber nacido ni de la nada ni de ninguna otra cosa, pues lo que que es realmente, el Ser, no puede tener otra causa exterior, y tiene que haber existido siempre. Por lo tanto hay una sola vía a la verdad, a la verdad de lo que es, pues lo que no es no puede llegar a ser ya que el ser es incambiable, verdad inmutable que siempre estuvo. Tal verdad es una, global y continua, y siempre estuvo pues si llegó a ser no es, y si llegara a ser tampoco. No hay en el Ser por lo tanto nacimiento ni destrucción, ni variación posible, pues entiéndase que si tal verdad no fuese incambible e igual a sí misma, no sería la verdad, o no sería en todo caso la verdad única y la verdadera vía. Sería necesariamente otra cosa. No hay división en el Ser, pues siendo uno, ha de ser igual en todo punto a sí mismo y sin contrastes y a la vez está completo consigo sin que nada le falte.
Los de la vía errónea han señalado la dualidad. En cambio el poema nos muestra que la verdad del Ser es continua, igual a sí misma por todas partes sin distinción, pues de otro modo no sería una consigo, siendo que habría mixtura. Mientras que los de la vía errónea han señalado el origen de todo en la dualidad, en el ser mismo no hay tal, sino que el Uno, por ser no increado, necesariamente habrá de ser anterior a toda dualidad pensable; y puesto que es uno, no cabe en él dualidad. Dado lo cual, las dualidades presentadas en el poema, podríamos quizás aventurar que son posteriores, un desarrollo posterior, que es al tiempo un engaño, una apariencia y no "lo que es", mirado en su propio plano. (Parménides no explica tanto). El Ser visto en su propio plano es inmutable, pero el error, donde aparece la dualidad, añade una mixtura entre lo que es y lo que no es, siendo que ya no es la verdad originaria y real, la que siempre es y será. Al postular la dualidad, hablamos de una cosa que pasa a otra, o en todo caso de más de una verdad, así pues no hablamos de la verdad última, la verdad uno que lo abarca todo como síntesis máxima.
Al tiempo, es el alba lo que encuentra el viajero del poema, y lo portan las hijas del Sol, mientras ellas se quitan los velos conforme se alejan de la noche, acaso como si se nos dijese de nuevo, que no es la luz y la oscuridad en el fondo, ni ninguna otra dualidad, sino que el Sol mismo es "lo que es", la luz es lo que es, y ese no ser que es la noche, que es un aparente contraste con el día, no es sino algo posterior, algo creado, y en última instancia una simple falta de luz. Pues sólo el Ser existe, existió y existirá. La noche sería pues por lo tanto, el lugar erróneo en que no está tal luz del Sol. Por eso parece que son las propias hijas del Sol las que conducen al viajero <<hacia la luz>>.

Si no podemos decir que "lo que es" sea dualidad, precisamente porque ya no sería la verdad única e igual a sí misma, ya nos es fácil entender por qué el Ser es igual y contínuo a sí mismo en todo punto:

Fr. 8, 22-5, Simplicio, in Phys.
144, 29
<<Ni está dividido, pues es todo igual; ni hay más aquí, esto impediría que fuese
continuo, ni menos allí, sino que está todo lleno de ente. Por tanto, es todo continuo, pues lo ente toca a lo ente>>.

Todo el ser está unido a sí mismo necesariamente, pues <<lo ente toca a lo ente>>, o sea el ser está en contacto con el ser y no hay digamos trozos de ser en otro lugar, sino que está todo junto y unido de una sola pieza. Por eso para Parménides el Ser carece de partes, pues no sólo es contínuo, sino que es en todo punto igual a sí mismo, todo él ser y el mismo ser en todos lados dentro de él.
Ahora bien, único, inmutable e igual a sí mismo, el Ser (ente en la traducción presentada), es limitado. Posee sin escapar de ello, estas características suyas, férreas e inmutables, a las cuales le encadena la Necesidad:
Fr. 8, 26-31, Simplicio
<<Mas inmutable dentro de los límites de poderosas cadenas existe sin comienzo ni fin, puesto que el nacimiento y la destrucción han sido apartados muy lejos y la verdadera creencia los rechazó. Igual a sí mismo y en el mismo lugar está por sí mismo y así quedará firme donde está; pues la poderosa Necesidad lo mantiene dentro de las cadenas de un limite que por todas partes lo aprisiona>>.

Por lo tanto, el Ser se halla limitado por un encadenamiento, la Necesidad, que define y determina las leyes propias del Ser: quietud, continuidad en su ser, siempre y sin excepción igual a sí mismo y sin partes diferenciadas. Según Parménides: <<El Hado lo encadenó para que fuera entero e inmutable y de ninguna de estas cualidades suyas puede escaparse el Ser, debido a la Necesidad>>.

Fr. 8, 32-49, Simplicio, in Phys
<<Por ello es correcto que lo que es no sea imperfecto; pues no es deficiente —si lo fuera, seria deficiente en todo>>.
Puesto que es igual a sí mismo y uno, de contener lo imperfecto, todo él sería imperfecto; pues si es igual en todas partes, o es perfecto en todas o imperfecto en todas ellas. El ser está completo, es perfecto y redondo. <<Es correcto que lo que es no sea imperfecto>>. Aquí hay un puente entre la verdad y la perfección, que recuerda de no muy lejos a Platón. Para Parménides la Unidad, esa verdad última que abarca todo, que define lo que es realmente en el fondo todo lo que es, tiene como atributo no ya sólo la completud, sino la perfección, que Parménides representa como esfera continua, así como "equilibrada", en el sentido de igual a sí misma en todas partes.

En el siguiente texto (recordemos que en el original son estrofas de poemas),
Parménides pone en acción una síntesis de mucho de lo que hemos dicho ya:
Fr. 8, 32-49, Simplicio, in Phys
<<Lo mismo es ser pensado y aquello por lo que es pensamiento, ya que no encontrarás el pensar sin lo que es en todo lo que se ha dicho; pues ni es ni será algo fuera de lo que es, dado que el Hado lo encadenó para que fuera entero e inmutable.
En consecuencia, ha recibido todos los nombres que los mortales, convencidos de que
eran verdaderos, le impusieron: nacer y perecer, ser y no ser, cambio de lugar y
alteración del color resplandeciente. Pero, puesto que es límite último, es perfecto, como la masa de una esfera bien redonda en su totalidad, equilibrado desde el centro en todas sus direcciones; pues ni mayor ni menor es necesario que sea aqui o alli, ya que ni es lo no-ente, que podría impedirle llegar a su igual, ni existe al modo que pudiera ser más aquí y menos allí, pues es todo inviolable, porque, por ser igual a sí mísmo por todas partes, se encuentra por igual dentro de sus limites>>.

Los mortales han dado al Ser nombres erróneos, como <<nacer y perecer, ser y no ser, cambio de lugar y alteracion del color>>, todo lo cual es imposible en cuanto al Ser, pues es inmutable. En lugar de lo que nace y muda como ellos piensan, el Ser es el límite último y perfecto, completo en sí y por sí, sin necesidad por lo tanto de cambio alguno, ni de ninguna otra cosa. Si buscásemos una imagen de lo completo y perfecto, ¿emplearíamos una esfera? La esfera es para Parménides la figura geométrica igual a sí mísma en todos lados y que carece de partes. Si bien Platón discute esta idea de Parménides en el Sofista, y la pone en duda:
<<Si el todo es, como lo declara Parménides: semejante por la forma a una esfera redondeada por todas partes, de cuyo centro salgan radios iguales en todas direcciones, de modo que es alsolutamente imposible que
sean más grandes de un lado o más pequeños de otro; si el ser es tal, el ser tiene un centro y extremos; y si tiene todo esto, es indispensable que tenga partes; ¿no es así?>>
(diálogo El Sofista, Platón).
(Por lo demás, notemos que aquí Platón pone en duda la imagen escogida, la esfera, no la teoría misma de Parménides, que sí pondrá en duda en cambio a lo largo de el Sofista).
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