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TEMA: F. Nietzsche

F. Nietzsche 06 May 2019 09:02 #49568

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Xna escribió:
Again
Anuska:La pena es que cuando yo llegue ahí vosotros ya no estaréis.
Cuando llegues nos habremos descarnado el cuerpo unos a otros cuales bestias carroñeras, nosotros, últimos nihilistas europeos

Espero que aguantéis un par de añitos más para que yo pueda descarnarme con vosotros. Aunque eso debe doler mucho. Mejor acabad vosotros sin mí.

Y ya en serio. Xna, Abel, Silvanus, creo que nunca aprenderé tanto en los libros como lo hago con vosotros, pues ofrecéis un punto de vista personal que es el que vale para empujar a los demás a intentarlo por nosotros mismos.

Silvanus escribió:
Tal vez, si hubiéramos seguido, asumiendo lo que otros ya han trabajado y sus interpretaciones, precisamente podríamos haber hecho eso de “subirnos a hombros de otros grandes hombres”, y tal vez haber llegado a una nueva interpretación.

No lo veo nada descabellado. Sois muy capaces de llegar a eso y mucho más.
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F. Nietzsche 06 May 2019 12:44 #49569

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Hola, Silvanus

Me gustaría que leyeras el siguiente artículo y que me dijeras si tal interpretación es acertada o al menos si puede ser sostenida desde los mismos textos de Nietzsche.

Nietzsche y la política
Carlos Javier González Serrano

A pesar de que Friedrich Nietzsche suele ser estudiado como autor eminentemente fragmentario, literario, creador de una corriente crítica y novedosa que pretendía cuestionar buena parte de la corriente metafísica occidental, lo cierto es que, si escarbamos en sus obras, encontramos numerosos fragmentos en los que aquél se hace cargo de un asunto en principio insólito: la política y la teoría del Estado.

Los pormenores políticos y sociales de su época nunca resultaron indiferentes a Nietzsche, y desde luego se puede hablar de un curioso perfil antidemocrático al recorrer diversos puntos de sus escritos. Una democracia a la que no dudó en tildar de “introducción de la imbecilidad parlamentaria” y a la que culpaba de nivelar a los espíritus aristocráticos o superiores con los más adocenados y vulgares, un proceso que denominó “degeneración fisiológica”. La democracia no es más que el más funesto de los sistemas políticos, al permitir la decadencia del Estado en pos de conseguir una suerte de igualdad del todo quimérica.

Es conveniente recordar que la afinidad y amistad con el músico Richard Wagner, a quien Nietzsche idolatró durante buena parte de su vida, influyó en la visión de éste sobre la necesidad de una regeneración de la nación alemana. Aunque el compositor transitó en un comienzo los senderos de un moderado liberalismo, con el paso de los años se afincó en una dura postura reaccionaria y, por tanto, conservadora. En toda la obra musical de Wagner predomina lo filoteutón, un gusto exacerbado por los valores norteños y, finalmente, un descarnado antisemitismo (sobre el que nunca se mordió la lengua). Wagner deseaba, en fin, que Alemania fuera “limpiada” de elementos contaminantes, para recuperar, así, la más pura “alemanidad”. Un influjo del que sin duda Nietzsche se dejó impregnar. En misiva a su amigo Gersdorff, asegura que en dos años “verás extenderse una nueva concepción de la Antigüedad que determinará un nuevo espíritu en la educación científica y moral de Alemania”.
Son los años del Nietzsche más pujante, más conflictivo, los años de entrada en la Universidad de Basilea, los años en los que redacta El origen de la tragedia y de su idilio intelectual con Wagner. En este período, tras haber dejado atrás muchos de sus prejuicios infantiles y adolescentes sobre la religión cristiana, Nietzsche aboga por una vuelta a la cultura griega más agónica, entendida, precisamente, como cultura trágica. El más odioso de los errores griegos fue el abandono de este ideal trágico: lo plebeyo, lo cotidiano, lo normalizado se impuso sobre lo egregio y distinguido, la mediocridad se aburguesó, se hizo moneda de curso corriente. La introducción del elemento “socrático” no fue, a ojos de Nietzsche, más que el suicidio del ideal trágico, que pujaba, al contrario, por generar lumbreras y hombres de altura en el mundo. Nacía de esta forma el imperio de la masa, el esclavismo propiciado por Sócrates. Así se expresaba el filósofo alemán: “la Humanidad debe siempre trabajar para dar individuos de genio, tal es su misión, sin que tenga ninguna otra”.
Ningún hombre tendría inclinación por formarse si supiera lo increíblemente pequeño que es el número de personas que poseen una auténtica formación cultural y que por fuerza tiene que ser así. A pesar de ello, no será posible ni siquiera a ese número pequeño de personas verdaderamente cultas desarrollarse si se dedica la formación cultural a la gran masa, decidida a ello exclusivamente por un engaño seductor y, en el fondo, impulsada a ello contra su propia naturaleza.

La gran masa (große Masse) ha terminado por equipararse, de manera cotidiana y sin tapujos, a los espíritus más distinguidos. La educación ha degenerado, se ha corrompido, y quienes se encuentran auténticamente empujados al estudio y la creación deben luchar contra seres que sólo ponen obstáculos y se ven llenos de envidia por la desigualdad natural que media entre ellos y aquéllos. Así, sentencia Nietzsche: “el verdadero secreto de la formación cultural ha de encontrarse […] en el hecho de que un sinnúmero de hombres aspiran a la formación cultural y trabajan con vistas a ella, aparentemente, pero en realidad sólo para hacer posibles a algunos pocos hombres”. Un pensamiento que sorprende por lo elitista y aristocrático.

Nietzsche deseaba fundar una nueva Esparta, combativa, brillante intelectualmente y pertinaz, en contraposición a los presuntos valores de la democracia ateniense, donde no sólo parece democratizarse el poder y su ejercicio, sino también y sobre todo la inteligencia… aunque a fuerza de ser dividida. Las grandes personalidades sólo pueden forjarse en el seno de un Estado presidido por un gobierno fuerte y autoritario, un gobierno que defienda, ante todo, la formación y emergencia del genio.

La “dignidad del trabajo” es una idea moderna ilusoria de lo más idiota. Es un sueño de esclavos. Todos se atormentan por seguir vegetando miserablemente […]. El Estado surge de la manera más cruel mediante la sumisión y la generación de una especie de zánganos, [pero] el Estado ha de preparar la generación y la comprensión del genio.

Y de nuevo se mostraba inflexible al referirse a la creación de las masas: “las multitudes […] han nacido para servir, para obedecer, y cualquier instante en que se agitan sus pensamientos serviles o débiles o con las alas tullidas, confirma de qué arcilla los ha formado la naturaleza o qué marca de fábrica ha impreso en dicha arcilla”. El objetivo de Nietzsche es pues el de acabar con el imperio de estas multitudes, con la “cultura de masas”, en detrimento de una cultura dirigida a individuos específicos, de “hombres escogidos” que puedan llevar a cabo “obras grandes y duraderas”. La lucha del filósofo contra el llamado “populismo” de Bismarck se hace casi despiadada:
El Estado moderno más fuerte, Prusia, se ha tomado tan en serio el derecho a mantener una suprema tutela sobre la formación de las masas en la cultura y en la escuela que ese peligroso principio así adoptado, dada la osadía que caracteriza a dicho Estado, adquiere un significado universalmente amenazador y peligroso para el verdadero espíritu alemán.

Tesis que Nietzsche no sólo toma de Wagner y de la Antigüedad clásica, sino también y sobre todo de su maestro Schopenhauer (antes de que renegara de él para siempre). Arthur Schopenhauer, conocido reaccionario, aseguraba en su obra magna que:
El Estado, esa obra maestra del egoísmo bien entendido, razonable, de todo en general, ha puesto la protección de los derechos individuales en manos de un poder que, muy superior a las fuerzas de cada individuo, los obliga a respetar los derechos de todos los demás. El egoísmo ilimitado de casi todos, la maldad de muchos y la crueldad de algunos, no puede abrirse paso aquí: ha sometido a todos.

Un fragmento schopenhaueriano que guarda muchas correspondencias con este otro de Nietzsche:
"La esperanza reside en que al asegurar la conservación de muchos fracasados, también sean protegidos aquellos pocos hombres en los que culmina la humanidad. De lo contrario no tiene ningún sentido mantener a tantos hombres miserables. La historia de los Estados es la historia del egoísmo de las masas y del ciego deseo de querer vivir: sólo por los genios se justifica en alguna medida esta aspiración, en cuanto que les permite existir."

Siempre de fondo, observamos una clara raigambre platónica en cuanto a las tesis políticas aristocratizantes de Nietzsche. La pregunta que finalmente se hace el pensador de Röcken no es otra que la de “¿Quién ha de ser el Señor de la Tierra? Esta cuestión es el ritornello de mi filosofía práctica”, leemos en sus fragmentos póstumos. Aunque Platón, a juicio de Nietzsche, fue víctima igualmente del socratismo más dogmático, reconoce al filósofo ateniense su esfuerzo por “convertirse en el supremo legislador filosófico y fundador de Estados”. Y es que fue ya el propio Platón quien reconoció que no existe para la muchedumbre posibilidad de adquirir arte alguno.
En definitiva, Nietzsche plantea una suerte de Estado presidido por una aristocracia natural, la del genio (o espíritu artístico, expresión que debemos tomar en sentido amplio), en el que la masa queda supeditada a las intenciones y necesidades de aquél.
¿Por qué necesita el Estado ese número excesivo de escuelas y profesores? ¿Con qué objeto son esa “cultura popular” y esa “educación popular” tan ampliamente difundidas? Porque odia al espíritu alemán auténtico, porque se teme la naturaleza aristocrática de la cultura auténtica, porque propagando y alimentando las pretensiones de formación de la “multitud” se quiere incitar a los grandes líderes a buscar un exilio voluntario, porque se intenta escapar a la severa y dura disciplina, haciendo creer a las “masas” que encontrarán por sí solas el camino, guiadas por el Estado como su auténtica estrella polar.”

Es decir, Silvanus, lo que te pregunto es si a pesar de que se afirme: “la Humanidad debe siempre trabajar para dar individuos de genio, tal es su misión, sin que tenga ninguna otra” también se afirma: “En definitiva, Nietzsche plantea una suerte de Estado presidido por una aristocracia natural, la del genio (o espíritu artístico, expresión que debemos tomar en sentido amplio), en el que la masa queda supeditada a las intenciones y necesidades de aquél.”

Lo que deseo que me aclares es que si bien Nietzsche, y en el terreno moral, defiende una voluntad de Poder como voluntad de dominio de sí mismo (figura del genio) sin embargo, y a nivel político, y ya que da por sentado que sólo pueden conseguir tal estado de dominio de sí mismo una minoría aristocrática, propone que la relación que debe de establecerse dentro de una sociedad sea la de dominación.

O dicho de otra forma, considero que Nietzsche efectivamente aboga por trabajar para dar individuos de genio, pero eso sí, considera que no será posible que todos los individuos de una sociedad puedan alcanzar dicho estado. Y que la relación que debería de regir en esa situación es la relación de dominio. Igualmente considero, acertada o equivocadamente, que en la actualidad se intenta articular, y desde Nietzsche, un modelo de sociedad, en la cual, y si bien, se siga sosteniendo que la finalidad de la humanidad sea el trabajar para dar individuos de genio, la relación posterior no sea la de dominio. Pero si ese fuera el caso, esa tesis no sería Nietzsche, sino que constituiría una construcción desde algunos postulados de Nietzsche.

Un saludo.
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F. Nietzsche 06 May 2019 13:19 #49570

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Hola Elías, el último de los videos que colgó Silvanus responde a las preguntas que planteas. Esa visión de Nietzsche está perfectamente explicada y sus terribles consecuencias no responden sino a la más espantosa versión del nihilismo activo, al más terrible de los leones.
Última Edición: 06 May 2019 13:20 por Xna.
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F. Nietzsche 06 May 2019 13:43 #49571

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Hola, Xna

Te agradezco la respuesta pero lo que trato de esclarecer es si esa interpretación estaba ya en Nietzsche o si cabe hacer esa interpretación con los propios textos de Nietzsche. Lo digo porque parece que si uno hace o da esa interpretación de Nietzsche lo está malinterpretando o no está dando una interpretación adecuada (¿para quién?) del mismo. Qué problema debería de tener uno si defiende esa interpretación; si dicha interpretación cabe o es posible desde los mismos textos de Nietzsche. ¿Por qué habría que domar al león? ¿Para salvar a Nietzsche? ¿Pero desearía Nietzsche ser salvado? No estoy hablando de que no haya que compartir unas tesis mínimas en torno a Nietzsche sino de si todos tenemos que compartir una y única interpretación.

Un saludo
Última Edición: 06 May 2019 13:46 por elías.
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F. Nietzsche 06 May 2019 13:51 #49572

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Hola Elías, yo no he leído nada de eso en Nietzsche, no lo he leído todo pero creo que lo suficiente para entender que no hay en él un diseño político de ninguna forma de Estado aunque se exprese en términos que puedan derivar a ese tipo de interpretaciones, lo que hace es romper gramáticas, proponer con el mismo lenguaje una ruptura de reglas, de esquemas y simplificaciones, otro desarrollo le fue dado después, él ya fallecido y por otras personas con otros intereses, en busca de un cuerpo ideológico que cimentase determinada apuesta política, pero eso fue muchos años más tarde.
Última Edición: 06 May 2019 13:54 por Xna.
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F. Nietzsche 06 May 2019 14:09 #49573

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Hola, Xna.

Sí, vale, de acuerdo, pero es que he dejado un artículo, de los muchísimos que podría dejar, y de otros muchos pensadores, que también han estudiado su obra, y yo también lo he leído, en que sí que se puede hacer dicha interpretación. Pero bueno, tampoco pasa nada, aunque honestamente sigo considerando que dicha interpretación es más que posible. Y sí, efectivamente, su hermana influyó mucha en todas esas cuestiones que apuntas aunque la cuestión sería en qué dirección apuntó su hermana y por qué.

Un saludo.
Última Edición: 06 May 2019 14:10 por elías.
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F. Nietzsche 06 May 2019 14:24 #49574

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Claro que sí, el mismo se postuló como otra interpretación de tantas.
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F. Nietzsche 07 May 2019 00:07 #49579

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El Abel escribió:
Anuska- escribió:
La pena es que cuando yo llegue ahí vosotros ya no estaréis.

Hola, Anuska:

Seguro coincidimos en alguna asignatura. El tema es que yo apenas entro y participo en los foros oficiales. Me suelo preparar las asignaturas con la bibliografía recomendada, miro los exámenes de otros años y lo preparo todo por mi cuenta.

Tampoco hago resúmenes ni esquemas, subrayo y hago notas en los libros. Así que tampoco doy pie a preparar las asignaturas en colaboración con nadie.

Al principio sí iba a las tutorías pero pasados unos años te vuelves bastante autónomo en la UNED

Saludos

Abel
No aspiro a teneros como compañeros (Xna, Abel, Silvanus), ni tampoco me hace especial ilusión (¿¿¿???), sólo me gustaría compartir algo nuevo con vosotros. Espera. Estamos a años luz. Mejor rectifico.

Lo único que quiero es compartir vivencias filosóficas, y creo que es aquí, creo que este es el único sitio que conozco en donde podemos juntarnos para charlar de filosofía.

De filosofía o de lo que sea. Qué carajo.

EDITO este mensaje para explicar que no estoy haciendo piña con tres foreros, simplemente me dirijo a ellos tres porque son los que han aportado en este hilo de Nietzsche, que tanto me interesa. Puse ese mensaje tan pastelero porque da pena que un proyecto tan interesante se quede en nada porque alguien se ponga sistemáticamente en contra de todo lo que se dice, se hable de feminismo, de eutanasia, de cataluña o del dolor de pies. Deberíamos ser todos un poco más razonables e intentar dejar fluir los hilos sin tanta traba. No me extraña que haya quien tire la toalla o que haya mucha gente que no le apetezca participar. Seamos generosos.
Última Edición: 07 May 2019 08:42 por Anuska-.
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F. Nietzsche 07 May 2019 08:08 #49581

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NIETZSCHE Y LA POLÍTICA Lluís ROCA JUSMET

Las doctrinas de Nietzsche tienen esto de raro: que no se las puede seguir. Sitúan ante nosotros luminosidades imprecisas, a menudo deslumbradoras: ningún camino lleva en la dirección indicada (Georges BATAILLE)

Hoy ya es un tópico hablar de las múltiples lecturas políticas de Nietzsche, que irían desde el anarquismo hasta el fascismo. Aunque no todos estén de acuerdo con esta afirmación, como es el caso de Antoni Doménech, que afirma en su excelente libro El Eclipse de la Fraternidad, que Nietzsche forma parte de la juventud dorada que reacciona contra el avance revolucionario la tradición republicana-socialista obrera y popular. En todo caso este supuesto pluralismo no es un producto de la ambigüedad del autor, ya que Nietzsche se define por su determinación, por su rechazo visceral de las medias tintas. Se atribuye más bien al carácter contradictorio de su obra, ya que Nietzsche, como muchas veces se ha dicho, lo afirma y al mismo tiempo lo niega todo y por tanto cada cual puede elegir lo que más le interese. Esta salida es, en todo caso solo parcialmente cierta, porque si bien es cierto porque si bien tiene en su pensamiento elementos muy contradictorios hay unas líneas fundamentales que no admiten rodeos.

Vale la pena entonces ser rigurosos y huir del relativismo para afirmar que, nos guste o no, Nietzsche dice lo que dice y que a ello hay que atenerse si hablamos de él. Por lo tanto, no hay que hacer trampas para llevarlo donde más nos convenga porque hay que hacer emerger la verdad política del autor, si esta existe. Otro tema es que vale la pena detenerse en algunas de las lecturas que se han hecho desde los que se reclaman de la izquierda, ya que esta reflexión nos permite profundizar sobre lo que significa hoy ser de izquierdas. Nietzsche niega reiteradamente que tenga una posición política en el sentido convencional de la palabra, aunque el año 1888, al borde ya de la locura, anuncia a su amigo el teólogo Overbeck una futura declaración política (que en todo caso nunca realizará). Lo que sí podemos hacer es articular lo que hay de políticamente significativo en Nietzsche, Si analizamos el contexto en el que se mueve Nietzsche comprobamos que ya existen las primeras semillas de los movimientos nacionalistas y antisemitas que cristalizará históricamente en el nacionalsocialismo. Estos círculos tienen miembros destacados muy próximos a Nietzsche que le presionan reiteradamente para que se adhiera explícitamente al grupo del que forman parte. Vienen del que fue su editor hasta el año 1844, Enst Schmeitzner y sobre todo de su hermana, Elisabeth y del marido de esta, el dirigente antisemita Bernhard Förster. Nietzsche no solo no cederá sino que se manifestará activamente en contra de este movimiento, como pone claramente de manifiesto la carta que envía a su hermana en diciembre de 1887 expresándole la repugnancia que le produce este partido antisemita. En Ecce Homo, testamento personal y filosófico de Nietzsche éste ya manifiesta que considera a su hermana, que entregará personalmente a Hitler el bastón de su hermano ya muerto y manipulará sus escritos póstumos, como pura escoria. Nietzsche está preocupado porque no se confundan sus ataques al judeocristianismo con el antisemitismo emergente en aquellos momentos en Alemania y se dedica a criticar explícitamente a los alemanes y a sus proclamas nacionalistas. Si repasamos la obra de Nietzsche constatamos que el único cambio radical de su obra es el paso del entusiasmo a la 2 decepción por la cultura alemana de su época, liderada por Schopenhauer y Wagner. En El origen de la tragedia confía en que esta sea capaz de regenerar la cultura trágica nacida en la Grecia presocrática. Pero como constatará en Ecce Homo aquello fue una ilusión, ya que pronto se dará cuenta que tanto Wagner como Schopenhauer no son más que nuevas manifestaciones del nihilismo más decadente. La postura de Nietzsche sí es cada vez más europeísta y menos chovinista. Lo que más bien plantea Nietzsche en su propuesta no es una opción política sino una transformación de valores que podríamos considerar, con algunas reservas, como cultural. Ahora bien, Nietzsche sí que ilustra a nivel sociopolítico sobre quién estaría del lado de los valores que defiende y quién en contra. En este sentido el libro más sistemático de Nietzsche, que es la Genealogía de la Moral nos muestra unos ejemplos que son bastante inquietantes para un lector de izquierdas. En este libro plantea que la historia de la humanidad es la historia de la lucha de los nobles contra los siervos. Si bien su definición de aristocracia es planteada en términos de carácter, que sería el de la persona libre, generosa, feliz y creativa si que en algún momento identifica estos valores con los de la nobleza aria, romana o feudal. Y no solo esto, sino que nos plantea un análisis tan preciso como reaccionario de la Revolución francesa. La nobleza francesa del S.XVIII es la mejor expresión de los valores que defiende y Napoleón un claro ejemplo de lo que él entiende por superhombre. En este punto no hay ambigüedades: el lenguaje de Nietzsche no es metafórico, lo que defiende es coherente con su posición aristocrática y su odio a la democracia. Este odio a la democracia representa el desprecio por dar el poder, la capacidad de decisión a cualquiera y aquí Nietzsche coincide con uno de sus principales adversarios, que es Platón. Por otra parte Nietzsche plantea que el anarquismo y el socialismo son versiones desacralizadas del cristianismo, en la medida que lo que defiende este es una moral igualitaria. La antropología de Nietzsche tiene como núcleo duro su concepción jerárquica del hombre y esta significa que los hombres son constitucionalmente diferentes y que esta diferencia lo es de grado, es decir que los divide en superiores e inferiores. Y este constitucionalismo tiene un carácter biologista, ya que cada cual nace con una naturaleza que lo sitúa cualitativamente en el lugar que le corresponde ( y aquí coincide otra vez con Platón).

Todo esto no quiere decir que una persona de izquierdas no pueda valorar aspectos que plantea Nietzsche, pero solo en la medida que aceptemos que la dicotomía política izquierda-derecha no lo abarca todo y evitemos tanto las teorías de la que pretende situar cualquier pensamiento en la órbita exclusivista de la lucha de clases ideológica como los cómodos relativismos que nos llevan a situar un pensador en el lugar que nos interesa. Nietzsche ha seducido desde los años 50 a una buena parte de la izquierda heterodoxa y supuestamente radical, sobre todo de Francia y por mimetismo de España. Y la seducción siempre es peligrosa porque es una pasión que distorsiona, que crea espejismos en nombre del amor. Me parece aquí que es interesante analizar una línea de influencia de Nietzsche sobre la izquierda francesa (que se inicia con Georges Bataille y que continuará con Michael Foucault y Gilles Deleuze) y también en autores contemporáneos del país como Pere Saborit. Bataille escribe el año 1944 Sobre Nietzsche, que tiene un carácter especialmente significativo, ya que lo hace en plena ocupación alemana, cuando se le asocia claramente con el nazismo de Hitler. Bataille intentará recuperar a Nietzsche desde una lectura inédita, en la que planteará lo siguiente: 1) Nietzsche nunca tuvo una actitud política desde su desilusión juvenil con Wagner. La propaganda pangermanista y antisemita le asqueaba. 2) Nietzsche no era un predicador ni quería seguidores. No exhortaba a la lucha, no era propagandístico. Estas 3 afirmaciones son, como hemos dicho al principio ciertas y por tanto desvinculan a Nietzsche del nazismo hitleriano. Pero lo que defiende Bataille de Nietzsche es 1) El carácter benéfico de la guerra, que según él, es común con Proudhon y Marx, como emancipación de la humanidad de las servidumbres morales del pasado. 2) Paradójicamente a lo anterior, el carácter cultural y no militar del mensaje de Nietzsche. Aquí encontramos un elemento fundamental que es un cierto culto a la violencia y a una lucha radical contra la moral burguesa. Este culto a la violencia es el que liga a Nietzsche con el fascismo original de Georges Sorel y más tarde, Benito Mussolini, Hay aquí un fondo común que hará que Walter Benjamín, que aún siendo admirador protegido de Bataille en París, le advirtiera con una gran dureza : “Usted trabaja para el fascismo”.Y lo decía precisamente porque lo que combatía Benjamín ( como podemos leer en sus Iluminaciones) era el culto a la guerra y el esteticismo de la violencia. Precisamente en este grupo influenciado por Nietzsche estaba no solo Bataille sino también Ernst Jünger. Y aunque éste nunca fue un nazi sí manifiesta en su época juvenil esta ética y estética fascista (en el sentido amplio de la palabra) de fascinación por la violencia, por la destrucción redentora. El Jünger juvenil formulará en su texto clave El Trabajador que la Movilización t 4 poco consistente, escrito con una retórica confusa que solo la moda del momento convirtió coyunturalmente en un libro de culto… Tenemos finalmente el planteamiento de lo que podríamos llamar con reservas un nuevo nietzscheanismo de izquierdas, línea que encontramos en el sugerente libro de Pere Saborit titulado La política de la alegría o los valores de la izquierda. La idea de Saborit es que la izquierda debe ser la transmisora de los valores afirmativos de la vida, de la alegría y la generosidad mientras que a la derecha le corresponde por su propia naturaleza una concepción nihilista, negadora de la vida. La crítica que hace Saborit a la izquierda convencional, es que adopta una perspectiva dominada por el resentimiento y la envidia, que les lleva muchas veces a una posición como la de derecha, en la que la defensa de una utopía futura que no es más que una continuación de la óptica nihilista del cristianismo con su negación de la vida presente con su promesa de una salvación futura. Saborit defiende también una solidaridad fuerte frente a la solidaridad débil o compasiva de carácter cristiano que combate Nietzsche y que pertenece a la derecha. La solidaridad que debe reivindicar la izquierda deriva del fondo irracional y contingente de la existencia humana, del enorme peso del azar por encima del mérito, de la contingencia que nos iguala a todos. Por el contrario, la derecha intenta justificar que la posición de cada cual se corresponde con sus méritos y que, por tanto, la única solidaridad que los ricos deben a los pobres es la caridad. Finalmente relaciona también el Amor Fati nietzscheano (que sería la aceptación de la propia vida, de lo real) como ligado a la Democracia que defiende la izquierda, que muestra los antagonismos sociales frente al consenso falsamente democrático de la derecha, que anula las diferencias y oculta los conflictos. La conclusión es clara: la izquierda debe ser alegre, vital y generosa aceptando una perspectiva trágica que nos lleva a afirmar la vida asumiendo la parte de dolor que necesariamente conlleva. La derecha conservadora, en cambio, es cobarde, triste y nihilista, se aferra a sus privilegios y a su miedo a la vida. La vida, en su sentido más pleno y afirmativo, está del lado de la revolución y así debe asumirla sin complejos. Aquí habría todo un debate sobre el significado de la palabra revolución en todos sus múltiples aspectos. Ha habido revoluciones culturales, artísticas, intelectuales desvinculadas de la política o incluso vinculadas a movimientos políticamente reaccionarios. Y aquí podemos volver a Jünger, un autor que en ningún momento puedo considerarse de izquierdas, que sigue una trayectoria que va desde el fascismo juvenil hasta una especie de anarquismo conservador, que me parece que representa esta voluntad afirmativa en el mejor sentido nietzscheano. La forma como relaciona Saborit los valores de izquierda con la política de la alegría me parece muy forzada aunque introducen una reflexión a partir de elementos nietzscheanos que sí es interesante para la izquierda. Y aquí hay sobre todo un aspecto que me parece fundamental. Hay en Nietzsche un carácter intempestivo contra el humanismo moralizante y hipócrita de su época que vale la pena recuperar. Y vale la pena recuperarlo porque este moralismo tiene hoy una actualidad en la forma de consenso y de corrección política. Y la corrección política es hoy la ideología del capitalismo porque justamente lo que hace es ocultar los conflictos, los antagonismos radicales de la propia sociedad con un discurso bienpensante es importante cuestionar críticamente su lenguaje. Lo que pasa con la palabra jerarquía, por ejemplo, es muy significativa, ya que en una sociedad como la nuestra en la que se van profundizando las desigualdades y se consolidan las élites de todo tipo es un término que resulta incómodo mencionar. Y negándolo no es que eliminemos la realidad sino su posibilidad de transformación, ya que para cambiar algo primero hay que aceptarlo como real. Y es evidente que la supuesta democracia en la que vivimos es tremendamente jerárquica, ya que hay una oligarquía burocrática en el Estado y en los partidos que es quién toma las decisiones políticas. Quizás valdría la pena recuperar esta palabra en la medida en que expresa una realidad y a partir de aquí discutir cuales son las jerarquías que funcionan para contraponerlas a la que defiende Nietzsche. Hay que cuestionar desde la izquierda esta corrección política que muchas veces nos atrapa en la trampa de la derecha, que es la de un consenso que en definitiva solo beneficia a los privilegiados, que como también nos enseña Nietzsche, no son necesariamente los fuertes en el sentido vital. Pero también desde la izquierda me parece importante considerar que si bien la política es por supuesto fundamental, no todo es política. Una lectura política literal de Nietzsche me parece nefasta, ya que como decía Thomas Mann quien se toma a Nietzsche al pie de la letra está perdido. Ahora bien, pienso que para una persona crítica (y una persona de izquierdas debe serlo, por supuesto) es muy interesante leer a Nietzsche, porque su lectura es un revulsivo que nos hace pensar y salir de los tópicos de la comodidad intelectual. Y esto vale la pena, porque aunque sea para llegar a la conclusión que no estamos de acuerdo, esta aventura intelectual vale la pena.
Última Edición: 07 May 2019 08:08 por elías.
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F. Nietzsche 07 May 2019 10:01 #49582

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Buenas,

“La antropología de Nietzsche tiene como núcleo duro su concepción jerárquica del hombre y esta significa que los hombres son constitucionalmente diferentes y que esta diferencia lo es de grado, es decir que los divide en superiores e inferiores. Y este constitucionalismo tiene un carácter biologista, ya que cada cual nace con una naturaleza que lo sitúa cualitativamente en el lugar que le corresponde ( y aquí coincide otra vez con Platón).”


Siguiendo a Vattimo, eso no es así. No hay un carácter biologista en Nietzsche, a pesar de que habla, sobre todo en sus últimos escritos (Voluntad de Poder), en términos cercanos a ello.

Por otra parte, abría que (intentar) definir esa división entre superiores e inferiores, porque tiene gran importancia.

Respecto a la violencia, parece que el ultrahombre es aquel que se ha emancipado de la violencia inherente a la ratio y al devenir nihilista. Porque aquí está uno de los meollos: cuando Nietzsche habla de guerra y lucha, está constatando un hecho de la ratio socrática y su devenir, dado que la moral es en su raíz in-moral, su historia, su génesis, es la de las fuerzas violentas, que precisamente cercenan y cierran la creación dionisiaca. En el mito dionisiaco aparece: violencia y muerte de Dionisio, y resurrección de este, como acto creador nuevo, como conquista de nuevas máscaras.

De todas formas, lo complejo del pensamiento nietzscheano es conseguir una revolución (la que traiga al ultrahombre) desde el mismo seno del devenir nihilista, que es donde nacemos y vivimos. De ahí el problema con el lenguaje, pues está traspasado por las fuerzas decadentes y socráticas de la ratio.

Saludos.
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Última Edición: 07 May 2019 10:02 por Silvanus.
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