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TEMA: Marx

Marx 07 Ene 2011 19:41 #774

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MARX (¿SIN PROLETARIADO?)
Comentarios a “Marx (sin ismos)” de Fernández Buey, libro de lectura obligatoria de la asignatura Metafísica

Parece que la tendencia de los tiempos actuales hacia lo light se ha hecho extensiva también a nuestro mundo de sofía. A la cerveza sin alcohol, los refrescos sin azúcar y los alimentos sin grasa parece haberse unido la filosofía sin “ismos”. Ya en la asignatura Teoría del conocimiento, de segundo, se nos impuso la consumición del Nietzsche de mejillas sonrosadas entre pámpanos otoñales de Sánchez Meca, más digno de postal de señorita romántica que del fiero y lenguaraz azote de todos los valores nihilistas de la tradición occidental.

Ahora se nos propone consumir el Marx apoltronado, como buen burgués, con su fiel esposa al lado (que, para salvar las apariencias, hasta hacía la vista gorda cuando el señor de la casa se beneficiaba a la criada: ver pág. 173), que nos propone Fernández Buey (en adelante, FB).

Nada hay que oponer, por supuesto, a una lectura conforme a las demandas de nuestra actualidad, de los grandes clásicos. Pero, ¿cómo llevar a cabo esa tarea? ¿Reinterpretando hasta la dislocación el sentido del mensaje filosófico del clásico para adaptarlo a nuestros tiempos hasta hacerlo irreconocible? ¿O no sería mejor identificar paladinamente los errores de perspectiva del filósofo, puestos de manifiesto por la evolución de los tiempos? Porque mucho más provecho sacaremos de sus errores que de la distorsión de sus textos para que, quieran o no, acaben coincidiendo con la “verdad”.

Se pueden recordar aquí unas atinadas observaciones de Javier Muguerza (“Desde la perplejidad”, pág. 212); como con gran sentido común observa, parecería un sano criterio hermenéutico dar mayor peso en el análisis de la doctrina filosófica de un autor a las obras por él publicadas en vida que a cartas, notas, borradores y demás papeles que quedaron dispersos por su escritorio al morir: “cuando menos clasificar de modo diferente obras tales como el volumen primero del Capital, que Marx consideró su magnum opus y llegó a ser objeto en vida suya de una segunda edición; la Ideología alemana que Marx y Engels proyectaron publicar, pero no publicaron de hecho... y las Tesis sobre Feuerbach, que Marx no publicó, pero –por la frecuencia con que acostumbran a ser citadas- producen muchas veces la impresión de ser lo único que escribió”. Y no cabe duda de que FB hace un uso más recurrente de estas Tesis, de los Manuscritos de 1844, de correspondencia privada con su novia y después esposa e incluso de ¡poemas de juventud! de Marx que de la obra que éste publicó de forma oficial en vida. Y en eso no se aleja mucho de Sánchez Meca, que utiliza profusamente citas de escritos póstumos no publicados en vida del autor, dejando a un lado su obra publicada y reconocida por él mismo. Naturalmente, no es eso inventiva propia de nuestros compatriotas académicos, sino asentada tradición importada de París y Berlín, donde se ha iniciado ese revisionismo integrador en el pensamiento “correcto” de nuestros dos grandes autopretendidos (¡pobrecillos ellos!) iconoclastas.

La pertinacia de FB en adaptar “su” Marx a los tiempos modernos, antes que reconocer que, sencilla y por otro lado humanamente, Marx se equivocó en varias (o muchas) de sus apreciaciones, es digna de mejor causa. Quiero ahora centrarme exclusivamente en una cuestión que, al hilo de la lectura del libro de FB, me ha resultado sumamente llamativa: el intento de mantener la doctrina marxista (o marxiana, que se dice ahora) librándola del oscuro peso de eso que se llamaba “proletariado”, y de la aún más oscura y tenebrosa losa de la “dictadura del proletariado”. Es comprensible que en una sociedad en la que sólo trabaja una cada vez más menguada proporción de los ciudadanos (entre niños, estudiantes y pensionistas, aquí la verdad es que trabaja poca gente) la cual, por otra parte, es en gran medida empleada por el sector público y en otra gran medida se trata de trabajadores autónomos (y, por tanto, ambos de difícil encaje en el esquema de obtención de plusvalía del trabajo por parte del capitalista), no sé qué número potencial de lectores podría tener actualmente una propuesta filosófica basada en el proletariado como clase. Pero eso no autoriza a nadie a mistificar de forma flagrante el pensamiento de Marx hasta el punto de hacerlo irreconocible y, por tanto, aunque bien depurado de “errores”, verdaderamente inútil y vacuo.

Nos dice FB (pág. 130): “La parte más discutida y discutible de la crítica marxiana de las ideologías es aquella en que mantiene el carácter no ideológico o antiideológico del proletario”. Unas páginas antes (pág. 128) ha escrito: “En la mayoría de sus escritos, cuando quiere precisar, Marx no entiende por ‘ideología’ un simple conjunto articulado de ideas y valores o una concepción del mundo sin más. (...) Usa por lo general el término ‘ideología’ en un sentido peyorativo: ideología es un cuerpo de ideas que aspiran a la universalidad y a la verdad más abstracta, pero que representan sólo (...) intereses parciales, particulares, de una muy determinada clase social. ‘Ideología’ es, en suma, para Marx, falsa consciencia, elaboración más o menos teórica, de las ilusiones de una clase”. Con estos mimbres, FB hace el siguiente cesto (pág. 130): “Marx dice dos cosas: que el proletariado no tiene esas ideas teóricas asimilables a ilusiones imaginarias, y que si alguna vez las ha profesado, por ejemplo en el caso de aceptación de ideas religiosas, ya no las tiene porque las circunstancias mismas se han encargado de eliminarlas de sus cabezas [IA, 43]. (...) Pero aun dando una versión así de sus palabras (...) la idea es falsa. Es falsa y era falsa en el momento en que fue escrita: ni las circunstancias habían eliminado de las cabezas de los proletarios las ilusiones religiosas en 1845 ni los de abajo estaban entonces inmunizados contra las ideologías dominantes. Hay que suponer que Marx confunde ahí sus deseos con la realidad”. Y concluye FB este apartado: “... una vez admitido que hay también ideologías proletarias, el discurso tendría que versar ya sobre ideologías comparadas, no sobre ideologías (de un lado) y ciencia (de otro). Los dos únicos marxistas relevantes que han visto esto con claridad han sido Antonio Gramsci y Karl Korsch”.

Esta interpretación de FB, en su pretensión de poner el marxismo al día de la actual visión de la sociedad ideal como una sociedad ideológicamente plural, introduce gran distorsión, creo yo, en la doctrina de Marx. Es correcta la interpretación de FB en la página 128 según la cual las “ideologías”, tal como Marx las entiende, “representan sólo intereses de clase”: la ideología es un subproducto de un interés económico concreto. ¿No debería, entonces, como afirma FB tener también ideología el proletariado? No, rotundamente no, porque el proletariado no es una clase cualquiera, sino precisamente la única clase sin interés alguno, al estar desposeída de cualquier bien material, como consecuencia del proceso de apropiación de la plusvalía por el capitalista. Y como clase sin interés, será también clase sin ideología, pues no tiene interés alguno que defender mediante el subterfugio encubridor de la ideología. El proletariado, al ser su único interés la desaparición de la propiedad privada, es decir, la desaparición de todo interés, se despoja también de toda ideología. Por eso el proletariado, que nace inmerso en una lucha de clases, es el factor social y político que conseguirá la desaparición de las clases y de la lucha de clases.

El capítulo II de El manifiesto comunista es bastante explícito en este sentido:

Lo que caracteriza al comunismo no es la abolición de la propiedad en general, sino la abolición del régimen de propiedad de la burguesía, de esta moderna institución de la propiedad privada burguesa, expresión última y la más acabada de ese régimen de producción y apropiación de lo producido que reposa sobre el antagonismo de dos clases, sobre la explotación de unos hombres por otros.
Así entendida, sí pueden los comunistas resumir su teoría en esa fórmula: abolición de la propiedad privada
”.
(...)
Los que, por tanto, aspiramos a convertir el capital en propiedad colectiva, común a todos los miembros de la sociedad, no aspiramos a convertir en colectiva una riqueza personal. A lo único que aspiramos es a transformar el carácter colectivo de la propiedad, a despojarla de su carácter de clase”.
(...)
Al discutir con nosotros y criticar la abolición de la propiedad burguesa partiendo de vuestras ideas burguesas de libertad, cultura, derecho, etc., no os dais cuenta de que esas mismas ideas son otros tantos productos del régimen burgués de propiedad y de producción, del mismo modo que vuestro derecho no es más que la voluntad de vuestra clase elevada a ley: una voluntad que tiene su contenido y encarnación en las condiciones materiales de vida de vuestra clase”.
(...)
Hasta hoy, toda la historia de la sociedad ha sido una constante sucesión de antagonismos de clases, que revisten diversas modalidades, según las épocas.
Mas, cualquiera que sea la forma que en cada caso adopte, la explotación de una parte de la sociedad por la otra es un hecho común a todas las épocas del pasado. Nada tiene, pues, de extraño que la conciencia social de todas las épocas se atenga, a despecho de toda la variedad y de todas las divergencias, a ciertas formas comunes, formas de conciencia hasta que el antagonismo de clases que las informa no desaparezca radicalmente.
La revolución comunista viene a romper de la manera más radical con el régimen tradicional de la propiedad; nada tiene, pues, de extraño que se vea obligada a romper, en su desarrollo, de la manera también más radical, con las ideas tradicionales
”.

Para entender bien la reflexión de Marx no podemos hacer una interpretación desde nuestra actual perspectiva, sino desde el tiempo del propio Marx. Esta cuestión del interés ya era crucial en la filosofía moral y política de Kant y Hegel, procedente de la contraposición fundamental que estableció Rousseau entre el interés particular y la volonté générale. La universalidad que demandaba Kant para su imperativo categórico requería desligarse del interés concreto del momento contingente; o, lo que es lo mismo, que el sujeto se convirtiera en legislador universal y no pusiera su interés por delante del de los demás conciudadanos: que no considerara a los demás como medios para sus fines particulares, sino como fines en sí mismos. Por eso, si queremos entender desde nuestro hoy el significado filosófico (no social o económico) del proletariado, concepto central de la filosofía de Marx, no podemos encararlo desde la perspectiva de las “ideologías comparadas”, como quiere FB, sino considerándolas a todas como ideologías enmascaradoras de interés y de relaciones de dominio, que sólo pueden ser desenmascaradas desde posiciones libres de interés. Posiblemente sea verdad que cada cual tiene su ideología (y su interés propio), y por eso somos hombres morales, no santos (en terminología de Kant); pero no menos verdad es que una mera comparación de ideologías no nos lleva moralmente muy lejos: hay que “proletarizarse” (=”desinteresarse”) para poder realizar una crítica de las ideologías que no puede surgir nunca de la mera contrastación de ideologías de hecho.
Bin ich doch kein Philosophieprofessor, der nöthig hätte, vor dem Unverstande des andern Bücklinge zu machen.
No soy un profesor de Filosofía, que tenga que hacer reverencias ante la necedad de otro (Schopenhauer).


Jesús M. Morote
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Última Edición: 07 Ene 2011 20:00 por Nolano.
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Re: Marx 09 Ene 2011 19:00 #801

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Sobre la cuestión del proletariado y su presunta ideología, no acabo de entender la discrepancia con el planteamiento de Fernández Buey que pretendes exponer con tu análisis. Sólo encuentro que de partida estáis considerando de forma diferente el concepto en Marx, pero al final no llegáis a una conclusión muy distinta. En cualquier caso, para dilucidar cuál de los dos sentidos sería el correcto me surgen varias preguntas.

Creo entender que Fernández Buey sí mantiene en la noción de proletariado que le imputa a Marx el aspecto social y económico de esta clase materializada en la historia de diferentes formas, y que está compuesta por hombres y mujeres que, como no podía ser de otro modo, cuentan con diversos intereses, algunos de los cuales comparten, y a partir de los cuales fácilmente podrían haber trabado una ideología propia. Achando a Marx que quisiera ignorar esto, Fernández Buey acude a la necesidad de recurrir a la comparación entre ideologías, lo que tú consideras que no nos lleva moralmente muy lejos. Pero, ¿acaso esa comparación, ese contraste mutuo, no es lo único que nos queda en nuestro intento por sacar a la luz los intereses que las subyacen y lograr así, en la medida de lo posible, desinteresarnos, como tú mismo pretendes?

Afirmas que "para entender bien la reflexión de Marx no podemos hacer una interpretación desde nuestra actual perspectiva, sino desde el tiempo del propio Marx"; y sin embargo, te propones que "si queremos entender desde nuestro hoy el significado filosófico (no social o económico) del proletariado..." ¿Queremos o no queremos entenderlo desde nuestro hoy? Porque si, como propones, obviamos el significado social y económico de la noción del proletariado en Marx como propones, ¿no nos estamos perdiendo algo del sentido original en Marx que podría alumbrarnos? ¿no es importante también sacar a la luz que en el tiempo del propio Marx - y períodos sucesivos - el "proletariado" no se concebía desde ese significado puramente filosófico, puramente utópico de clase desinteresada completamente ajeno a la realidad para la que Marx predicaba la revolución? Si nos quedamos con ese sentido ¿no es cierto que así ignoraríamos precisamente uno de esos errores que invitas a superar en Marx a la luz de la historia, y que consiste en que en la noción original del proletariado en Marx se ignoraba que esta clase, concreta y real, tenía entre otros muchos intereses precisamente el interés de "desposeer a la propiedad de su carácter de clase" no sólo por acabar con todo interés, sino porque así los desposeídos precisamente podrían "oler" algo de todo cuanto históricamente se habían venido perdiendo? ¿Y no se enlazaría a partir de ahí que usurpando y saboreando el poder - como los cerdos de Orwell - otros intereses surgirían en el seno de esa presunta clase para permanecer en su dictadura?

Desde luego es interesante tu interpretación de la "proletarización" como ejercicio de reducción o eliminación de los propios intereses, bajo el pretexto de quedarnos con el significado puramente filosófico de la noción de "proletariado"; pero, con todo el valor hermenéutico que esto pueda tener, ¿no estaríamos así reinterpretando forzadamente el materialismo histórico de Marx desde categorías trascendentales kantianas? En cualquier caso, si nuestras ideologías sólo pueden "ser desenmascaradas desde posiciones libres de interés", y "cada cual tiene su ideología", ¿adónde nos lleva tu propuesta si no es precisamente a acudir al contraste con otros, a la razón dialógica, para sacar a la luz nuestros intereses? Pues, si no, para llegar moralmente más lejos, ¿quién podría tirar la primera piedra? Y así, de nuevo, volvemos a un punto que no dista tanto de esa comparación entre ideologías que al parecer propone Fernández Buey.

P.D.: No leeré ya con los mismos ojos este libro, que ya he adquirido para la asignatura cuando en un futuro la curse. Espero aun teniendo en cuenta tu observación tratar de librarme en lo posible de cualquier tipo de prejuicios ;)
Última Edición: 09 Ene 2011 19:06 por Kierkegaard.
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Re: Marx 14 Feb 2011 22:09 #1346

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Espero que mis notas sobre el libro de Fernández Buey no condicionen a nadie en su lectura, sino que, al contrario, sirvan de contraste y amplíen perspectivas.

Había estado esperando para contestarte, Kierkegaard, a mi relectura del libro de Fernández Buey para el examen de Metafísica; pero razones profesionales me han ido quitando tiempo este cuatrimestre, de forma que no he podido dedicarle a esta asignatura todo el que pensaba, así que finalmente no me he examinado y, probablemente, la deje para el curso que viene. Así que te contesto ahora.

Ciertamente ni Fernández Buey ni yo podemos dejar de reconocer que el proletariado en Marx es una clase social; en eso hay coincidencia. Pero eso solo carece de relevancia filosófica: toda clase social es un fenómeno contingente en la historia, como podían serlo los ilotas en Grecia, o los siervos de la gleba en la Edad Media. Si Marx se hubiera limitado a constatar la existencia del proletariado como clase social, podría haber sido un sociólogo relevante, pero, desde luego, no hubiera pasado a la historia de la filosofía. No es el proletariado como clase social lo que tiene relevancia filosófica.

La discrepancia entre Fernández Buey y yo radica en que yo interpreto que, cuando Marx decía que el proletariado no tiene ideología, no se equivocaba, pues no hablaba de ese proletariado fáctico, sino del proletariado como ideal filosófico de liberación humana. Fernández Buey compara la ideología del proletariado (los buenos) con la de la burguesía (los malos), compara ideologías y, por eso, necesita un proletariado ideologizado (en el sentido peyorativo de Marx). Ahí veo yo su error de interpretación.

Te cito: "Afirmas que "para entender bien la reflexión de Marx no podemos hacer una interpretación desde nuestra actual perspectiva, sino desde el tiempo del propio Marx"; y sin embargo, te propones que "si queremos entender desde nuestro hoy el significado filosófico (no social o económico) del proletariado..." .

Reconozco no haberme sabido explicar bien; a ver si ahora lo hago mejor. Una cosa es que intentemos utilizar lo que dijo Marx para nuestra reflexión actual (la estamos haciendo ahora y no en el siglo XIX) y otra bien distinta querer que Marx diga lo que nos conviene que diga, atribuyéndole una perspectiva histórica que él no podía tener pues vivió hace casi 200 años. De hecho, creo que sólo comprendiendo bien el contexto histórico en que escribió el propio Marx es como se puede revelar provechoso su pensamiento para nuestras actuales preocupaciones, pues es como podremos separar lo que en su pensamiento hay de contingente (y falible) por estar amarrado a una peripecia histórica concreta, y lo que en él hay que nos pueda ser útil a nosotros más allá de esa contingencia histórica. Hay, en Marx, dos grupos sociales y económicos tan pobres y desposeídos como los “proletarios” y que, sin embargo, no lo son. Por un lado los “pequeñoburgueses”, los procedentes de la burguesía que, consecuencia de la acumulación del capital en cada vez menos manos, se han ido quedando sin nada; sin embargo, siguen presos de su ideología pequeñoburguesa. Por otro lado, el lumpenproletariat, los indigentes que, sin embargo, carecen de conciencia social desinteresada. Por contraste con estos dos grupos es como mejor resalta el auténtico sentido filosófico liberador del proletariado.

La crítica de Orwell en “Animal Farm” no va dirigida precisamente contra el marxismo. De hecho Orwell era marxista, y luchó en la guerra civil española en las milicias del POUM (Partido Obrero Unificado Marxista), de tendencia trotskista. La obra de Orwell va dirigida contra esa modalidad degradante del marxismo que fue el estalinismo. La interpretación de Fernández Buey, que propicia la equiparación del proletariado con un interés material concreto, es la que concluye por “desactivar” el potencial revolucionario del marxismo, e incluso yo diría que justifica el estalinismo, en la medida en que lo hace "comprensible" al convertir la lucha política en un mero conflicto de intereses contrapuestos.

Dices: “¿no estaríamos así reinterpretando forzadamente el materialismo histórico de Marx desde categorías trascendentales kantianas? “.

Sí lo estaríamos haciendo, pero entiendo que no “forzadamente”, sino “naturalmente”, pues el pensamiento ético de Kant procede directamente de Rousseau y, mediante una línea ininterrumpida, pasando por Hegel, Marx y la escuela de Fráncfort, desemboca en Habermas. Sin duda que Marx está en la historia de la filosofía y, por muy rupturista que pudiera llegar a ser, también recibía una herencia; ningún filósofo parte del vacío. Lo que no acabo de ver muy bien, sin embargo, es el hilo conductor de Fernández Buey, que parece pasar, peligrosamente, muy cerca de Max Weber e ir a desembocar en mares ciertamente extraños y alejados del marxismo, tal y como yo lo entiendo al menos. Aunque reconozco que mi marxismo nunca ha estado a gusto en las diferentes ortodoxias marxistas, ni las de hace unas décadas ni las de ahora.
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Última Edición: 04 Oct 2011 13:04 por Nolano.
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Re: Marx 22 Ene 2013 14:33 #11554

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¿Habéis leído "La Filosofía de Marx" de Étienne Balibar? Está en castellano en Nueva Visión, aunque no sé qué tal será la traducción. Yo lo leí en inglés, en la edición de Verso. Es bastante general y casi introductorio (tiene como 150 páginas o así), pero aclara mucho sobre, primero, el lugar de la filosofía en Marx, y segundo, las posiciones filosóficas que fue teniendo Marx, por qué las fue teniendo, y los conceptos que sus seguidores han ido sacando, aunque por supuesto en todo esto se nota mucho la mano de Balibar y sus ideas, incluso su trayectoria política. Cuesta creer que en tan pocas páginas se explique tanto, y además lleva una bibliografía muy buena y muy ordenada, según conceptos y según tendencias.

Edito: en ese libro se discute, además, el papel del concepto ideología y su relación con el proletariado. Para Balibar, Marx llegó a pensar que el proletariado no tenía ideología, pero visto el fracaso de 1848 acabó pensando que era mejor abandonar el concepto de ideología y pasar al de fetichismo, que sí que afecta al proletariado. Desde luego ningún althusseriano que maneje el concepto de aparato de estado, o ningún gramsciano que maneje el de hegemonía, se va a creer que pertenecer a un cuerpo sociológico X te vaya a liberar de tener una ideología, y, además, saliendo de la filosofía a la política, creo que no es una posición demasiado útil.
También es interesante la postura de Badiou, más filosófica y menos sociológica, para quien "proletario" es un fenómeno que responde a algo ontológico: para ordenar el ser en un estado de las cosas, es decir, para que el ser aparezca, siempre es necesario que acabe habiendo un elemento que aparece mínimamente y que representa el vacío, o el ser sin ordenar, en la situación. Por este representante del vacío es por donde el orden de la situación puede cambiar, y, en un determinado mundo, el proletario es una de las figuras de esta nada transformadora. Vosotros que sabéis más de filosofía podréis opinar más sobre esto, supongo : )
Última Edición: 22 Ene 2013 14:53 por mono.
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