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TEMA: Objetividad de las explicaciones causales en ciencias sociales

Objetividad de las explicaciones causales en ciencias sociales 24 Ene 2014 00:01 #18991

  • Kierkegaard
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Comparto este mensaje que he colgado en el curso virtual de la asignatura:

Al hilo de la lectura de la Addenda sobre las explicaciones causales en el ámbito de las ciencias sociales, vengo dándole vueltas a algunas ideas y preguntas que me gustaría compartir por si alguien, además del equipo docente, se anima a intercambiar pareceres e intentos de respuestas. Aunque se hace alusión a esta cuestión en diferentes pasajes, partiré en particular del comentario que se hace en la página 56, y que plantea que “tal vez haya razones más profundas por las que realmente es más difícil predecir que explicar, aunque tanto las leyes como las condiciones iniciales sean conocidas antes de que suceda el explandandum”. Esto me ha hecho pensar sobre el profundo carácter pragmático de nuestra noción de causalidad y que tanto sale a relucir en el ámbito de las ciencias sociales.

Como bien es reconocido al menos desde Hume, la causalidad como tal no es un principio observable per se en la naturaleza, sino un constructo aportado por la mirada del ser humano, hasta el punto de que Kant llegaría a considerarla como una categoría a priori. A saber, cuando observamos que una bola de billar golpea a otra, sólo constatamos que la primera se detiene llegado un punto y la otra comienza a moverse justo en el instante en que entra en contacto con la primera. Estrictamente hablando, no hay nada en la mera observación que nos permita decir que el movimiento de la segunda está causado por la primera. Es la costumbre de observar su contigüidad espacio-temporal la que nos hace inferir que existe una relación que bautizamos como causal.

Pero incluso dando por buena esta intuitiva inferencia, la realidad social nunca es tan sencilla como este mecanismo billarístico, lo que complica enormemente los intentos de ofrecer explicaciones de este tipo. Y por ello es por lo que quizá resulte mucho más difícil predecir que explicar, en claro contraste con lo que por ejemplo puede hacer la astronomía con los eclipses, considerando equivalentes y tan satisfactorias tanto sus predicciones como sus explicaciones a posteriori. Sin embargo, en las ciencias sociales la predicción resulta tan escurridiza, probablemente, porque tampoco la explicación a posteriori resulta nunca completa. La caótica multicausalidad está siempre presente y el estatuto de las ciencias sociales en el aire, a caballo entre dos extremos que la desnaturalizan como ciencia, pues de un lado, si simplifican en exceso abusando de la cláusula ceteris paribus, pierden su capacidad para aportar conocimiento y se quedan en un limbo excesivamente teórico y casi tautológico; y por otro, si pretendieran abarcar todos los posibles parámetros, se diluirían infructuosamente en un holismo frustrante.

Así, ante la enorme complejidad de los fenómenos que desean explicarse, parece que toda construcción de las ciencias sociales no constituye sino un reduccionismo parcial que selecciona arbitrariamente las variables que pretende considerar como relevantes, a partir de una teoría previa, y que después contrasta empíricamente dentro de ciertas condiciones de contorno para dichas variables que permitan sostener el siempre titubeante modelo – y que desde la tesis de Duhem y Quine pueden llegar a protegerlo ad infinitum, al estilo de los ecuantes de Ptolomeo. Cuántas variables a considerar son suficientes, si los intervalos acotados para los que el modelo funciona son suficientemente amplios, o si el modelo es suficientemente sencillo… resultan todas cuestiones de tipo convencional, a determinar por la comunidad científica.

Este es el motivo, me parece, por el que en buena medida las ciencias sociales son pasto de la instrumentalización política, pues ya en la política suele suceder algo parecido: desde una teoría generalizada y a priori – basada en una sensibilidad individual, una educación, una experiencia personal… – se elabora un constructo para interpretar la realidad, a partir del cual, se ignoran intencionada o inconscientemente aquellos casos que contrarían esa interpretación, y se recogen con mimo aquellos que la avalan. Nuestra necesidad de encontrar una explicación y un sentido a la realidad – especialmente a la social – y nuestra renuencia a la incertidumbre de que las teorías nunca fragüen probablemente nos empujan en este sentido. Y así, según la ideología, las ciencias sociales se orientan fácilmente observando relaciones causales entre diferentes variables dejando fuera de ellas otras que cuestionarían los juicios de valor que inevitablemente llevan aparejados. Por ejemplo sucede cuando se estudia el efecto que los niveles de subsidios tienen en la productividad o el emprendimiento, o el efecto del aumento de los impuestos y la recaudación como en la famosa curva de Laffer, los resultados académicos en entornos multilingüísticos, la sostenibilidad de los servicios públicos, etc.

Evidentemente, para poder hacer ciencia es preciso jerarquizar y, llegado el caso, desechar aquellas variables que deban considerarse irrelevantes para el modelo que quiere plantearse, o de lo contrario hablaríamos de una ciencia impracticable. Pero cuando las ciencias sociales pretenden, dejando a un lado la más que cuestionable objetividad de las interpretaciones hermenéuticas y los un tanto tautológicos y opacos modelos de las explicaciones intencionales, emular el nivel de “objetividad” de las ciencias naturales a partir de explicaciones causales, ¿no se embarcan en un intento necesariamente herido de nacimiento? ¿Estamos así condenados a que las ciencias sociales no puedan favorecer nuestro intercambio subjetivo de valoraciones particulares y al menos aclarar – aunque no puedan resolver – las discusiones puramente ideológicas del escenario político?

Siguiendo el giro lingüístico del segundo Wittgenstein, Van Fraassen plantea que para construir una explicación causal, no es necesario enumerar todos los factores relevantes que de una manera u otra forman parte de una red causal, sino sólo los destacados (“salient”). Así, el criterio de relevancia está contextualmente determinado, y se basa entre otras cosas en los intereses de los involucrados. De ahí el ejemplo del famoso carruaje de Galileo, en el que diferentes observadores aducen diferentes causas para explicar la muerte del peatón atropellado (el médico, encuentra la causa en la hemorragia múltiple; el abogado, en la negligencia del conductor; el constructor de carros, en el fallo en los frenos del carruaje; el urbanista, en los arbustos demasiado altos en la curva que impidieron la visión). ¿Bajo qué criterio, que no sea el puramente pragmático de la comunidad lingüística que lo juzgue, pueden jerarquizarse e incluso juzgarse todas estas diferentes versiones tan aparentemente legítimas? Aquí, sin duda, el habitual carácter irrepetible de los fenómenos sociales impide probablemente avanzar por este camino para observar la relevancia efectiva de cada variable entre alternativas. Y entonces es preciso emplear otros criterios (mayor capacidad explicativa o mayor comprensión a la hora de abordar variables, mayor corroboración empírica – también herida desde Popper como auténtica verificación –, mayor consistencia interna y externa,…). Criterios que, sin embargo, resultan ser de índole también pragmática, lo que les impide solventar con mayor garantía el problema de la objetividad que parece herir de raíz la aspiración “científica” de las ciencias sociales.
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Re: Objetividad de las explicaciones causales en ciencias sociales 24 Ene 2014 12:39 #19001

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Recordarás, Kierkegaard, que tratamos sobre la causalidad en este hilo.

Allí llegamos a la conclusión de que la causalidad tampoco es cosa que tenga atribuido un gran papel en las ciencias físicas y biológicas. Por tanto, tan ilegítimo o dudoso es su uso en las ciencias sociales como en aquéllas.

El problema, por tanto, más que en la causalidad está en la dificultad de modelizar matemáticamente un modelo social, lo que conlleva muchísima más complejidad que un modelo físico. Con la desventaja adicional de que el físico puede aislar en el laboratorio los hechos que le interesan, "limpiando" otros hechos que perturban la correlación principal que pretende establecer. En la Física la causalidad sólo entra en juego a la hora de establecer hipótesis, pero no a la hora de formalizar los modelos matemáticos. Me gustaría a mí que me dijera un Físico cuál es la causa de que una manzana caiga al suelo desde el árbol.

Además, los modelos sociales tienen una relevancia política que no tienen normalmente los modelos físicos; es natural, por tanto, que sean más manipulables por los políticos y los inventores de metarrelatos y simulacros, a lo que ayuda lo antes dicho sobre el gran número de variables a considerar y la imposibilidad de hacer pruebas de laboratorio. Pero no han estado exentos de política o metafísica ciertos "relatos" de la ciencia Física, como el debate entre Bohr y Einstein o entre el heliocentrismo y Tycho Brahe.
Bin ich doch kein Philosophieprofessor, der nöthig hätte, vor dem Unverstande des andern Bücklinge zu machen.
No soy un profesor de Filosofía, que tenga que hacer reverencias ante la necedad de otro (Schopenhauer).


Jesús M. Morote
Ldo. en Filosofía (UNED-2014)
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Última Edición: 24 Ene 2014 14:38 por Nolano.
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