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TEMA: Heidegger : Nazismo y política del ser.

Heidegger : Nazismo y política del ser. 29 Sep 2025 07:53 #88031

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La profundidad del mal

El libro es demoledor. Si alguien después de leer esto, sigue defendiendo a Heidegger, ya no sé cómo explicarlo. Aunque posiblemente los heideggerianos no lo leerán y seguirán como si nada.


Así comienza su interesante artículo la filósofa Montserrat Galcerán sobre el libro de E. Faye La introducción del nazismo en la filosofía que se puede leer aquí


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La profundidad del mal

El libro es demoledor. Si alguien después de leer esto, sigue defendiendo a Heidegger, ya no sé cómo explicarlo. Aunque posiblemente los heideggerianos no lo leerán y seguirán como si nada.

El autor, Emmanuel Faye, experto en Descartes y el Renacimiento, no ha escatimado esfuerzo ni tiempo en esta investigación, a pesar de lo que significa que uno dedique tanta energía a investigar en detalle algo que le enoja. Para él la filosofía responde al legado “humanista” de la filosofía clásica. Justamente por ello su repulsa de Heidegger se asienta en la idea de que destruye la concepción clásica de la filosofía puesto que la embarra en la justificación de un proyecto político aberrante. Hay textos realmente espeluznantes. Da grima ver cómo en los seminarios se mezclan consideraciones banales con formulaciones de pretendida profundidad. Aderezado con supuesta agudeza y petulancia.

Faye sostiene que todos esos intelectuales nazis, Jünger, Schmitt, Heidegger o Nolte trazaron una estrategia para proteger su legado, de modo que después de 1945 retocaron sus obras para hacerlas aceptables a la intelectualidad vencedora o a los pensadores posteriores. Esa estrategia ha tenido éxito puesto que a finales del siglo pasado hubo un cierto renacer de Heidegger y otros autores nazis. Por ejemplo, en el Revisionismus-Streit [el debate del revisionismo] de finales de los 80 o en la recepción actual de Heidegger en algunos países en la que parece que el hecho de que fuera un nazi no tiene importancia.

En mi propio trabajo sobre Heidegger expresé esa repulsa por su pasado político, pero no conseguí llegar al fondo del asunto1. La investigación de Faye, minuciosa, extensa, detallada, es demoledora. Ratifica algo que ya sabíamos desde los estudios de Ott y Farías: que Heidegger nunca renunció a su compromiso político con el nacionalsocialismo, no lo puso jamás en cuestión y mantuvo la esperanza de que su pensamiento encontraría de nuevo seguidores en una época a venir. Eso resulta muy inquietante cuando vemos que en parte se ha cumplido pues hay un fascismo extraño que vuelve.

También se nota en sus textos el gusto por el ocultamiento que será clave después de 1945. Lo habría cultivado ya al principio cuando trabajaba con Husserl y se ocultaba detrás de su fama para empezar a divulgar su teoría propia. El que luego le tratara tan mal, cuando se le expulsó de la Universidad por ser judío, forma parte del carácter despreciable del personaje, aunque eso, hasta aquí, no sería prueba de nada contra su filosofía. Tampoco lo es su cultivo de una cohorte de seguidores que le seguía y le aplaudía donde fuera que asistiera, como cuando se presentó en Davos en la famosa discusión con Cassirer.

Puntos esenciales de la investigación

La investigación de Faye se centra en los seminarios de 1933-5, publicados en la edición de las Obras completas [Gesamtausgabe], (tomos 16, 36/7 y 38) – sólo el seminario del 35 está todavía inédito - y los analiza en el contexto del lenguaje nazi de la época, es decir de la jerga utilizada por otros intelectuales del Reich2. En este contexto la filosofía de Heidegger más que una filosofía habría que considerarla una “educación política”, una especie de formación política para los seguidores de Hitler. Al cumplirse ese objetivo con un ropaje filosófico, la consecuencia es que la filosofía queda metida en el marco hitleriano. Cuestiones que resultan oscuras desde un punto de vista filosófico, por ej. la famosa “llamada del ser” se traduce en una sumisión a la orden del Führer, elevado a categoría de intérprete del “ahora” epocal. O la cuestión de la “autenticidad”. Adorno se equivocó cuando sólo se burla del giro lingüístico presente en el tema pues no hay criterio para marcar dicha autenticidad; quien se dice “auténtico” podría decirlo falsamente y por tanto eso auténtico sería inauténtico. Ese juego, que está muy bien, nos enreda en las paradojas del lenguaje. Mientras que en Heidegger está muy claro: auténtico es decidirse por seguir la llamada del Ser y someterse o aceptar el destino común que una época le depara a un pueblo. Por supuesto eso implica que la llamada sea percibida, para lo que es preciso una existencia “abierta” y “cuidadosa” -aquí opera la famosa Sorge [cuidado]- y que el “pueblo” la acepte y la siga. Aquellos integrantes del “pueblo” que no estén dispuestos a seguirla llevarán una existencia inauténtica y, en último término, no serán dignos de pertenecer al pueblo de los elegidos, con las consecuencias terribles que eso pueda acarrear.

Si nos preguntamos ahora qué marcas tendrá esa “autenticidad”, la marca principal es la fuerza de su arrastre que opera como una especie de dato de partida, como un “hecho”. Quien tiene autoridad para promulgarlo son los poetas y pensadores del “pueblo” y en último término sus hombres de acción, sus líderes. Por eso podemos decir que la famosa ontología heideggeriana es, en el fondo, una filosofía de Estado, pues la fuerza del Estado se impondrá legítimamente con todo su peso sobre los disidentes que han desoído aquella llamada. Es una legitimación de dicho poder.

A su vez entre los documentos históricos analizados por este autor son especialmente relevantes los que lo relacionan con el movimiento estudiantil del momento. Paradójicamente, o quizá no tanto, pero en cualquier caso llama la atención que el movimiento estudiantil y juvenil del momento se dejara arrastrar por el nacionalsocialismo del modo en que lo hizo. Faye relata la quema de libros “no alemanes” a la que Heidegger asistió como Rector, el entorno solemne en que se llevó a cabo y los discursos que lo acompañaron. No es concebible que un filósofo festeje la quema de libros, aunque no sean de su agrado. ¿Qué tipo de filosofía puede surgir de ahí?
El racismo heideggeriano

El autor insiste mucho en el racismo de Heidegger. El término “raza” aparece repetidamente en los textos. Rasse, Stamm,… son términos usados habitualmente para referirse a un grupo humano privilegiado, los alemanes, y también para quitar el carácter de humano a los que no pertenecen a ese grupo, especialmente los extranjeros y los judíos. En otras ocasiones habla de “lo asiático” que designaría a los bolcheviques. Por ejemplo, cuando dice:

«Cuando, por ejemplo, decimos “canción popular”, “costumbres populares” decimos la palabra “pueblo” de una manera que alude a la vida emocional y sentimental. Con esto nos referimos a cierta pureza y frescura inherente a la originalidad de las costumbres. Esto no tiene nada que ver con formas de hablar como “¡Dispersad al pueblo!”: aquí vemos una aglomeración de súbditos, una “plebe” sin educación, que se supone numéricamente superior y tiene limitado el acceso a los así llamados bienes “supremos” […] Aquí estamos seleccionando como límite y definición del pueblo el hecho de pertenecer al Estado. Estrechamente relacionado con la expresión “censo popular” encontramos una palabra como “salud del pueblo” en la que además todavía se percibe el vínculo de la unidad de sangre y linaje, de raza” (Uber Wesen und Begriff …, ed. cast., p. 70).

El término “pueblo” se interpreta no en términos territoriales, de modo que abarque a todos los habitantes de un territorio, sino en términos de raza: «A menudo utilizamos la palabra “pueblo” en el sentido de “raza” (Rasse) por ej. en la expresión “movimiento popular” (völkisch)» (ibidem). Eso implica que se incluyen alemanes que no viven en el territorio del Reich, como por ejemplo alemanes de los Sudetes, y se excluyen personas que sí viven en el territorio, pero no son alemanes, como los judíos. Esa exclusión de una parte de los habitantes de un territorio es un rasgo propio de los discursos nazis, fascistas y actualmente de la ultraderecha. De ahí que el que Heidegger sea contrario al biologicismo de la doctrina racista habitual no implica que no tenga una concepción racista más sofisticada y adornada de jerga filosófica.

El carácter excluyente y asesino del discurso de la raza se contrapone a la idea “humanista” de la dignidad igual de todos los seres humanos y acompaña el repudio clasista y elitista de la plebe. Sobresale también la concepción de “pueblo” como “comunidad de linaje”, ligada por lazos de sangre. Faye señala el carácter völkisch (populista, con el tinte antisemita propio de la acepción nazi de esta palabra) de esa idea. Tal vez en algún momento su insistencia en el tema de la raza pueda parecer exagerada, pero no diría que sea injustificada.

Otra cuestión a la que hay que dar alguna vuelta es el tema de la decisión. Heidegger lo aborda en el sentido de arrojo en el lanzarse a una tarea o en la resolución con que encara su compromiso político y filosófico. Pero tal vez tenga un recorrido más amplio si lo ligamos a las tesis políticas sobre la decisión en Schmitt, en el sentido de que sólo un poder que es capaz de saltarse las reglas es un poder auténtico, puesto que no sigue lo instituido, sino que lo establece. El rasgo antidemocrático de ese instituir es lo que le da su sesgo nazi. Pues, al final, resulta, que ese acto no se traduce en la creación colectiva de un algo, sino en el dejarse arrastrar por una aparición, se supone que de las exigencias del momento político interpretado ya por el dirigente. Sin embargo, pienso a mi pesar que el poso humanista no es suficiente antídoto contra esa retórica llameante. Con lo cual el problema de la constitución o institución democrática de lo político se pone de nuevo sobre la mesa.

Como ya he dicho las posiciones políticas pronazis de Heidegger y sus intervenciones durante el periodo del Rectorado eran ya conocidas desde la publicación de los textos de Ott y Farías, pero Faye ha ido mucho más allá recopilando documentos históricos, poniéndolo en relación con el discurso nazi dominante en la Alemania de la época y analizando su jerga filosófica a partir de ello.

La perversión de los términos es tan profunda que a veces cuesta aquilatarla en toda su monstruosidad. Por ejemplo, con el término “trabajo”. En la doctrina nacionalsocialista se acepta el prejuicio de que el trabajo productivo no es propio de los judíos a los que se presenta como rentistas y especuladores. En consecuencia, imponer el trabajo físico en los campos de trabajo era una forma de reeducarlos. El lema de dichos campos: Arbeit macht frei [el trabajo hace libre], no sólo es un sarcasmo siniestro, sino que resume una idea fija de los nazis: los judíos deben aprender a trabajar con las manos para atisbar, aunque sólo sea, en qué consiste la verdadera libertad que ya sabemos que no es otra cosa que quedar sometido a la dureza del carácter alemán. Este se ejerce en la puesta en marcha de un “Estado del trabajo”. No olvidemos que el Tercer Reich se presenta como un Estado del trabajo, en un reflejo distorsionado del modelo bolchevique.
La doctrina de los Seminarios

Los capítulos más impactantes del libro son el 4º, el 5º, el 8º y el 9º en los que estudia los seminarios de 1933 a 1935, tanto los que están publicados como el último, inédito. Son los seminarios contemporáneos de la toma del poder por Hitler y del nombramiento de Heidegger como Rector. Faye extrae citas inequívocas sobre el compromiso político de los textos y el modo en que el autor somete la filosofía a lo que él entiende como el destino histórico del pueblo alemán:

«resumimos: 1. Filosofía es la lucha incesante que pregunta por la esencia y el ser de lo que es. 2. este preguntar es histórico en sí mismo, o sea es el demandar, pelear y honrar de un pueblo por mor de la dureza y claridad de su destino» (GA 36/37,12, cit. por Faye, p.151).

O sea la filosofía se enraíza en la lucha de un pueblo – entendemos que el alemán – por entender y cumplir con su destino histórico. Heidegger entiende que el pueblo alemán es un pueblo de poetas y filósofos, de modo que inserta la filosofía en una aventura política que acababa de empezar con los efectos espantosos que todos conocemos. “Esta captación nacional y völkisch de la filosofía es algo completamente insostenible”, nos dirá el autor de este extraordinario trabajo.

En el curso del semestre de 1934 Heidegger insiste en los mismos puntos, pero da mayor importancia al tema del Estado-del-pueblo:

«estamos ahí insertados en el orden y la voluntad de un Estado. Estamos ahí, insertados en lo que ocurre hoy, estamos ahí, en la pertenencia a este pueblo, somos este pueblo mismo» (GA, 38, 63, cit. por Faye, 168).

Al año siguiente, 1935, dedica su seminario a Hölderlin, en el que tematiza lo que llama “un nuevo comienzo”, pero ese nuevo comienzo, término que seguirá utilizando después de 1945, no tiene que ver con un cambio en su filosofar, sino que se identifica con el cambio que promueve el nacionalsocialismo, en aquel momento triunfante. Después de 1945 reinterpreta ese “nuevo comienzo” y lo camufla como una cuestión filosófica – un nuevo comienzo del pensamiento que deja atrás su etapa metafísica y se inserta en un pensar existencial-. Al intentar quitarle su referencia política, esa experiencia del pensar queda suspendida en el aire y no se sabe muy bien a qué nos está invitando, si bien la retórica empleada y el pathos de su discurso tiene un fuerte efecto de seducción.

En el texto sobre Hölderlin encontramos una glorificación del Führer, - no olvidemos que esta es la palabra con la que se designaba a Hitler – al que se califica de endliches Seyn o sea Ser finito. La traducción no hace justicia a toda la carga semántica de los términos, puesto que Seyn, escrito con y griega y no con i latina, implica ese cambio del “ser” como término de la metafísica que forma lo común de todos los seres, en este otro “Ser” como potencia oculta que se actualiza en un ente finito. Dada la finitud de su “encarnación”, se entiende que Heidegger postule un medio perenne que cuide de ella y la mantenga más allá de la necesaria finitud de su protagonista: ése será el lenguaje, en especial el lenguaje imperecedero de la filosofía y la poesía. Si se quiere concretar más la filosofía del propio Heidegger y la poesía de Hölderlin.

Por eso podemos decir que el famoso “ser hacia la muerte” implica tener en cuenta el carácter mortal de todo cuanto existe, su fugacidad y de ahí la necesidad de cuidar el legado de algo que, aunque parezca fuerte, desparecerá, pues también los elegidos y los dirigentes se mueren. Cuidar su legado en el sentido de ponerlo en palabras, resulta fundamental.

Todavía más impactante es el seminario del semestre de invierno de 1933-4, titulado Über Wesen und Begriff von Natur, Geschichte und Staat [Sobre la esencia y el concepto de Naturaleza, historia y Estado] que no había sido publicado en el momento de la redacción del libro de Faye, pero del que conocía fragmentos y una copia de la última sesión. Recientemente se publicó un resumen de las sesiones, como una especie de Actas3. En ellas el Estado y en especial, el Estado de “nuestro tiempo”, de “su” tiempo, o sea el Estado del Führer, se identifica con el ser del pueblo en ese preciso momento histórico.

En el liderazgo ese vínculo de identificación se vivifica, aunque sigue necesitando la educación política de, al menos, aquella capa de seguidores llamados a cumplir la nueva misión, una especie de nueva nobleza. Para ello habrá que reescribir la historia alemana en relación a los dos Imperios (Reich) anteriores, el de Otto el Grande y el de Federico el Grande. De ahí el nombre, Tercer Reich (tercer Imperio). Pero el carácter “caudillista” del Estado hitleriano es objeto de alabanza; correspondería al Führerprinzip o principio de caudillaje, de mala memoria por estos pagos.

En ese Estado, dice Heidegger, “la voluntad del Führer y la voluntad del pueblo se identifican en su esencia” (p.243, ed. cast. 94). Dada esa identificación, la dominación de los que no se dejen seducir por esa política deberá ser total, pues no se trata de un problema de diversidad de opiniones, sino de dejarse arrastrar o no por la voz del Ser, de atender o no a la orden del Estado; es la quintaesencia del totalitarismo caudillista.

A su vez el rasgo distintivo de los seguidores será “el sacrificio y la sumisión” que proceden, dice, del vínculo vivo entre dirigente y dirigidos. Todo el discurso funciona como una legitimación de la dominación – y la sumisión consiguiente. La tesis fuerte de Faye es que Heidegger no se identificó con una u otra de las corrientes internas del nacionalsocialismo, sino que “tuvo la ambición de asegurar la dirección intelectual y «espiritual» del conjunto del movimiento, luchando contra las desviaciones liberales” (p. 247).

Por último, el seminario de invierno de 1934-35, no publicado en las Obras completas, abunda en la misma dirección. El seminario está dedicado a la doctrina hegeliana del Estado apropiándose de la figura y el pensamiento de Hegel para dar mayor autoridad a su propio pensamiento. Faye lo resume como sigue:

“es necesario recordar que la utilización de palabras de la tradición filosófica no garantiza que se esté haciendo verdadera filosofía. Si no se busca alcanzar más distinción en la concepción, más claridad y discernimiento en el pensamiento; si, por el contrario, se tiende hacia una confusión oscura de todos los conceptos, es porque no existe en realidad ni verdadero trabajo del pensamiento, ni filosofía. En particular […] no existe ninguna filosofía del derecho en Heidegger y eso se ve claramente en su definición tautológica de la «Constitución» entendida como la manera a través de la cual el Estado se constituye a sí mismo” (p. 375).
Supresiones y manipulaciones

El autor de esa detallada y prolija investigación da mucha importancia al papel desempeñado por Heidegger entre 1936 y 1940 en los trabajos del Archivo Nietzsche. Su lectura de Nietzsche en aquel momento se centra en la “voluntad de poder” y no se aleja de la defendida por otros intelectuales nazis como A. Baeumler. Sin embargo, en el texto sobre Nietzsche publicado en 1961, Heidegger ha cambiado sutilmente las frases, de modo que dé la impresión de que su lectura era radicalmente diferente de la de sus colegas. Faye compara el texto de 1961 con el de 1936-7 y concluye afirmando que lo que tenemos delante es “una primera ilustración de las manipulaciones heideggerianas de posguerra, manipulaciones destinadas a convertir en aceptables sus cursos para el nuevo público. Si cabe hablar de un «giro», de una Kehre heideggeriana, ésta se sitúa en el orden de la falsificación y no de un cambio brusco del pensamiento” (p. 423).

Algo semejante encontramos en los textos de los primeros 40 incluidos en los Beiträge, escritos en plena guerra. En ellos Heidegger identifica la democracia liberal inglesa con el bolchevismo, reproduciendo el doble frente de la Alemania hitleriana.

Un pasaje escalofriante es el siguiente:

“cientos de miles mueren en masa. ¿Mueren? Perecen. Son derribados. ¿Mueren? Se convierten en piezas de un stok de fabricación de cadáveres. ¿Mueren? En los campos de exterminio son liquidados sin ostentación. Como si nada -Ahora mismo en China millones se depauperan por hambre hasta perecer.

Sin embargo, morir significa llevar la muerte en su ser. Poder morir significa posibilitar esa encomienda. Y sólo la posibilitamos si nuestro ser permite el ser de la muerte. Así pues, en medio de los incontables muertos, la esencia de la muerte sigue oculta. La muerte no es la nada vacía, ni el paso de un ser a otro. La muerte pertenece a la existencia del hombre que sucede a partir de la esencia del Ser (Seyn) […] Posibilitar la esencia de la muerte significa: poder morir. Sólo aquellos que pueden morir son mortales en el sentido básico de la palabra” (p. 501).

O sea, sólo mueren quienes merecen morir. Los demás perecen, desaparecen. La dignidad de la muerte no es un rasgo de todas las personas que es una obligación respetar, sino un honor para algunos. Decir algo así ante los campos de exterminio y los montones de cadáveres califica a toda una filosofía.

En un momento en que todavía no hemos salido de la pandemia y la muerte sigue estando tan presente entre nosotros, merece dedicar un minuto a pensar en tal muestra de arrogancia e insensibilidad, en la indecencia que supone despreciar la muerte de aquellos que literalmente “no merecen morir” puesto que su vida no vale nada. Llamar la atención sobre la brutalidad de esos textos que están esparcidos en una obra “filosófica” que es tratada como si mereciera respeto y consideración es el objeto de ese comentario de un libro de obligada lectura.




1 Galcerán, M., Silencio y olvido. El pensar de Heidegger durante los años 30, Ondarribia, Hiru, 2004.

2Es importante recordar que la Edición completa (Gesamtausgabe) no respeta los criterios filológicos elementales de una edición de estas características, sino que por expreso deseo de su autor los textos se editan en un orden cronológico arbitrario, carecen de referencias exactas sobre la procedencia de los manuscritos, así como los criterios de su selección y contienen supresiones o alteraciones del texto que dificultan el trabajo de investigación.

3 En las Universidades alemanas es costumbre que los integrantes de un Seminario redacten unas Actas (denominadas Protokoll) que se leen al inicio de cada sesión, permitiendo recapitular lo dicho en la sesión anterior. El Acta de cada sesión corre a cargo de un alumno/a diferente y la totalidad es supervisada por el profesor y archivada. Un manuscrito con esas Actas relativas al seminario de 1933/4 fue encontrado en 1999 y publicado en 2009. Hay traducción castellana en Trotta, 2018.
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Heidegger : Nazismo y política del ser. 29 Sep 2025 07:53 #88032

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Espero que este sea mi último post en el hilo. Como dicen los ingleses I make my point.
No pretendo convencer ni tener la última palabra. La intención ha sido presentar pruebas, habla Marcuse, Stein Löwith, Lukács, Bataille y los libros de años de investigación de Varela (despachado como sensacionalista!!!!) y Faye.

Sí, he sido hiperbólico. Ya está bien de acusar a los demás de querer la quema de libros (justamente era Heidegger el que presenciaba la quema de libros no alemanes) o insinuar que queremos prohibir su lectura. Hipérbole sí. Para dejar claro que cada quien es LIBRE de leer lo que quiera, ya sea la biblia, a Ramiro de Maeztu, libros que se leen con una mano o al genocida de nuestra época, Netanyahu. Todo el mundo es LIBRE de leer lo que quiera. Nunca he pretendido lo contrario, pero es que aunque lo pretendiera sería imposible…

Eso es así.

Yo entiendo que para quien elige académicamente el pensamiento de Heidegger, el mayor filósofo del siglo XX…, sea un píldora difícil de tragar. Pero no puedo permitir el blanqueamiento.
El otro gran filósofo del siglo XX Wittgenstein, un poco autista y se le iba la mano con facilidad, lo mismo le arreaba un hostión a un niño que te quería arrear con el atizador de la chimenea...difícil elección, ya que nadie es perfecto...

En ningún momento se le ha insultado a Heidegger, fue él mismo el que manchó su nombre.

Mis afinidades son deleuzianas. ¿era Deleuze un ser de luz? No lo creo. Pero parece que era buena persona. A Deleuze en este foro se le ha dicho de todo, menos bonito. Más con la intención de ofender a sus seguidores que debatir su filosofía. Yo no dejo de reírme con esos impotente intentos, aunque legítimos. Deleuze no era más que una persona, y como persona podía filosofar mejor que otra persona o no, ser racista o no ser racista, querer la eliminación física de los demás o no quererla, querer un genocidio o no quererlo. Culpar a los judíos de su propia suerte o no culparles. Cada uno con su proyecto de vida….

Nada que haya escrito el mismo Heidegger le desquita de lo que se ha dicho hasta ahora en este hilo. Eso sería burdo y demasiado fácil.

Yo entiendo que la mochila heideggariana es pesada ya de por sí. Además va con el pack completo. Pero no es de recibo ir por los meandros eliminando peso hasta hacerla soportable. Al final va a resultar que Heidegger era un demócrata de toda la vida.

Espero, salvo alusiones, no volver a participar en el hilo (aunque tengo material de sobra), lo cierro con una frase de Heidegger, al que sí, animo a leer:

“Saber significa poder sostenerse ante la verdad”

SS AND THANK YOU FOR YOUR ATTENTION ON THIS MATTER


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Última Edición: 29 Sep 2025 08:46 por Black Mask.
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Heidegger : Nazismo y política del ser. 29 Sep 2025 15:41 #88037

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Hay algo que me ha llamado la atención ya desde el primer párrafo de tu contestación en cuanto a lo que expresa la Filósofa Montserrat Galcerán. De entrada, la tirita antes que la herida “los heideggerianos no lo leerán y seguirán como si nada”, parece ser que todo lector de Heidegger entra en una especie de paroxismo que le impide ver más allá. Lo segundo el efectismo “libro demoledor”, “ya no sé cómo explicarlo”. Esto ya es a vida o muerte.

Vale, leído y algo más, he encontrado una entrevista a Emmanuel Faye en un conocido programa de filosofía de France Culture que, desgraciadamente, hace un par de años acabó su emisión. Os dejo el enlace. Si no conocéis el francés, os doy algunas pinceladas de este interesante capítulo, disculpad mis imprecisiones.

A juicio de E. Faye, Heidegger introduce el nazismo en la filosofía y la locutora le interpela si es por el compromiso político del pensador alemán, si este germen se encuentra en el fondo mismo de su propuesta filosófica, o si tal la crítica va dirigida la recepción de su filosofía por tantos otros pensadores durante el s.XX.

Es por la persona de Heidegger y por supuesto por su filosofía. Hay dos seminarios de Heidegger en 1934 que no han sido traducidos en Francia cuando sí hay traducciones al ruso y al italiano, ¿por qué? Además de la censura editorial hay un blanqueamiento del filósofo por, entre otros, el filósofo francés Jean Beaufret, una rehabilitación que, sin embargo, no ha tenido lugar en la propia Alemania donde Heidegger ha caído en desuso.

La filosofía de Heidegger es una nueva creencia y no debe ser objeto de estudio por lo que después se dirá. Se puede tener una enorme cultura filosófica sin que haya que pasar por Heidegger, de hecho, expresa como solo un par (quizá alguno más) de ediciones de libros de filosofía en Francia llevan textos del alemán y subraya el que nunca sea pregunta en el Bac (examen de acceso a la universidad en Francia)

En cuento a su recepción nos habla de la curiosa aporía de Levinas, para quién Heidegger ha estado “al lado del crimen” pero, a su vez, considera Ser y tiempo como un monumento de la filosofía o Hannah Arendt quien expresó que Heidegger deshumanizaba al ser humano con el Dasein, pero al final de la década de los cuarenta del siglo pasado se convierte en agente de difusión de su pensamiento en EEUU.

Pero volvamos a por qué su filosofía no debe ser leída. A diferencia de lo explícito del antisemitismo y adhesión al nazismo de autores como L.F. Céline en Viaje al fin de la noche o de los textos de Carl Schmitt, motivo por el que dejaron de ser editados, Heidegger ha programado la edición de todos sus textos en una estrategia de publicación en la que consigue edulcorar no solo su antisemitismo sino la lógica de la exterminación que se encuentra en toda su obra, por ello también en Ser y tiempo (1927)

La locutora encuentra elementos de radicalidad, casi de violencia en el modo de expresión de los Cuadernos negros (I-IV) pero ello no lleva a decir que términos como “anéntissement” signifiquen “exterminación total” como la ha traducido el propio E. Faye. No es aniquilación o acabamiento espiritual, es exterminación total y si es total refiere a lo físico y a lo material. Así como el elemento “asiático” que aparece en estos textos refiere a los semitas de Asia, no van a ser a los japoneses, añade en dos momentos el entrevistado.

La directora del programa vuelve a insistir, cómo es posible que Heidegger en 1934 ya expresara la idea de un “exterminio” que tuvo lugar 10 años después, que ni el nacional socialismo en aquella época lo había planificado. Faye habla de un hilo rojo que recorre sus cuadernos negros, la “exterminación total” 1934, “la autoexterminación”, término aparecido en los cuadernos más adelante y la idea de “Alemania como un gran campo de concentración” ya al final de la guerra, en la típica postura del agresor que se hace pasar por víctima. La locutora le dice que los Cuadernos negros contiene gran cantidad de aportes e infinidad de temas. El señala que el problema está en el lector y en el filósofo contemporáneo. La entrevistadora insiste, cómo es posible que pensadores que han trabajado el pensamiento de Heidegger como Derrida o J.L.Nancy estén en las antípodas de toda idea de antisemitismo y mucho menos de exterminio.

Para Faye, Heidegger encuentra una correlación entre la visión del mundo y la condición del acto de filosofar, algo que somos y no que tenemos, por tanto, su filosofía está impregnada de una visión racial, selectiva y posee una intención clara de genocidio. Un recorrido por su obra nos lleva a un ataque a la razón, al sujeto, a filósofos como Descartes, a las luces y al respeto al individuo, por ello Ser y tiempo, pese a ser escrita en 1927 y también toda su obra anterior está impregnada de esta visión del mundo.

Después, en relación a su último libro sobre Arendt y Heidegger, muestra el peligro de la lectura de Heidegger y como ella, acaba promocionándolo, no solo, Arendt en Eichmann en Jerusalen, llega a mostrar que algunos miembros destacados en el aparato del Tercer Reich eran medio judíos (escuché un par de nombres pero no me he quedado con ellos) como culpabilizando a las víctimas del holocausto en 10 páginas de ese libro que considera de lo más sombrío. Arendt asimismo exculparía a las élites intelectuales alemanas y, a pregunta de Gaos sobre que ella era judía, Arendt respondería que ella venía de la filosofía alemana y pertenecía a aquella revolución conservadora.

Por último Faye dice que hay preparado un debate en France Culture en el que discutirá contra estudioso del tema que no comparten su visión pero que será un diálogo enriquecedor, lo buscaré, eso sí que no me lo pierdo.

Bueno, seguro que me he dejado mucho por ahí pero básicamente, toda la filosofía de Heidegger es el enmascaramiento de los presupuestos del nazismo, de la idea de exterminio y de la pulsión genocida. Desgraciadamente, es el filósofo desde el que más se ha pensado en el s.XX, por su crítica a la modernidad, a la técnica, el ser frente al no ser: el progreso que destruye el medioambiente y aniquila la naturaleza, también se ha pensado desde él por otros que le combaten, como J. Habermas, “hay que pensar con Heidegger contra Heidegger”, es algo así como el Km cero del s.XX filosófico y resulta que todos los que lo hemos leído hemos sido mordidos por la serpiente del nazismo y por eso repetiremos ese comportamiento. Tendré que tirarme un triple yo también con “curva hiperbólica” y desde mi casa: no es que se lea a Heidegger y luego a Netanyahu, es que Netanyahu ha leído Ser y tiempo, vamos que es su libro de cabecera.

Por lo pronto, ya tengo los Cuadernos negros, a ver si me enveneno y puedo encajar mejor este espantoso panorama mundial que nos asola.


www.radiofrance.fr/franceculture/podcast...mmanuel-faye-7657718
Última Edición: 29 Sep 2025 15:50 por Xna.
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Heidegger : Nazismo y política del ser. 29 Sep 2025 18:34 #88038

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Hola:

Heidegger era nazi, sí. Era miembro del partido nazi. Esto es indiscutible. Y Aristóteles machista. Lo que se llevaba en esos tiempos y lugares. Y más si querías ser rector de universidad. El que quiera juzgar al hombre que le juzgue. De ahí a tratar de colocar a su filosofía como un envoltorio cómplice con el holocausto judío hay más trecho. También me parecería columpiarse un poco colocar a Aristóteles la violencia de género.

Hay una trampa en interpretar los seminarios de Heidegger en los años treinta como ideología nazi en un sentido. En el sentido en que resulta fácil. Desde el momento en que Heidegger reivindica en esos seminarios una vuelta al ser presocrático, anterior a la conceptualización de la filosofía, donde comienza su lamentable errancia, está reivindicando una pureza, esencia del ser, que encaja perfectamente con cualquier ideología, con tal de asignar a la misma una esencia. Así que con esto hay que ser prudentes porque si lo colocamos la etiqueta nazi y lo eliminamos, nos perdemos un planteamiento que bien merece reparar en él. Nazi o no.

El contexto es el posterior a la Primera Guerra Mundial, con una Alemania severamente castigada tras el Tratado de Versalles y el Crack del 29. Ambiente muy propicio para los nacionalismo extremos.

Y Heidegger, y muchos más intelectuales y no intelectuales de otros ámbitos, entienden que con la IGM colapsa un ciclo de toda una civilización y su cultura. Se precisa un nuevo pensamiento. Y según él, hay que buscarle en el ser presocrático. Hay que plantear un nuevo comienzo desde lo antiguo puro. Desde un ser esencial preconceptual.

Ese espantoso panorama mundial que nos asola remite directamente a los planteamientos heideggerianos, aunque ninguno de sus profetas sepa mucho de Heidegger. Por no decir nada. Pero nosotros sí.

Esos son los profetas del ser esencial. Son los que hablan de una esencia que está en peligro y que hay que defender. Una que ponen en peligro las conceptualizaciones insolentes sobre la inmigración, la familia, la educación, las costumbres etc etc... Una esencia a la que apelan y que no por no saberla definir, que no saben, la sustraen cualquier atributo. Así es de paradójico. Al contrario, esa esencia que no saben definir, predica una praxis y un discurso. Lo cual supone una acción pura en el vacío, que como afirmaba Peter Sloterdijk, está sujeta a la ley de la autorradicalización progresiva. (Me encanta esa afirmación).

¿La esencia es indefinible porque el mundo es dinamismo y devenir? Esa es una pregunta que sí importa. Y por ahí sale Heidegger y alguna de sus reflexiones que sí me resultan perturbadoras, como esta:

"Salvar, significa propiamente, franquearle a algo la entrada a su esencia"

Uffff.... parece muy poético pero ¿qué pasa si hacemos que esa esencia existe y es la esencia de una asesino? ¿A qué esencia se refiere Heidegger? ¿A la del pueblo alemán, gloriosa y pura? ¿A la esencia judía negativa y por tanto eliminable? Lo último sería una especie de salvación en cuanto ser para la muerte, por definición esencial. ¿Matar a alguien para salvarle?...

Este es el engranaje filosófico, en el que vale la pena enzarzarse, más allá o con más motivo incluso, si es un planteamiento nazi.

Lo que no me parece legítimo es atribuir al ser auténtico de Heidegger, el ser que define el pueblo alemán hitleriano. Eso es lo acomodaticio fácil. Cuando en Ser y tiempo, seguir al Uno, alemán o de donde sea, es precisamente lo contrario: ser inauténtico. Y como esta, varias más que he leído en un post anterior.

Resulta también estimulante asociar la querencia final heideggeriana por el lenguaje poético, con el lenguaje poético de la Grecia Clásica, donde ese lenguaje era el vehículo de la palabra divina. El lenguaje de la aristocracia portadora del mismo, como descendientes de los héroes. A lo que se opusieron los sofistas de una manera, y Sócrates de otra. Todos, eso sí, en dura pugna por la paideia en voluntad de poder nietzscheana. En Sócrates y en los sofistas hay logos enfrentados. La palabra divina admite únicamente transmisores, y más dramático, portadores.

La esencia sigue siendo olímpica, como no podría ser de otra manera a riesgo de vulnerar esa misma esencia. Y siendo olímpica, su extension es caprichosa y emocional. Como sus actuales profetas políticos.

Todos estos, y bastantes más, son planteamientos que ofrecen reacción intelectual argumentada y necesaria. Con adeptos y detractores. Es lo que abrió este nazi y hay que estudiarlo porque vale mucho la pena pensar todo esto. Toda esa argumentación tan potente de Heidegger.

Saludos.
Antes tenía mis dudas, pero ahora no lo tengo claro
Última Edición: 29 Sep 2025 19:55 por zolaris.
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Heidegger : Nazismo y política del ser. 30 Sep 2025 05:48 #88042

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Sólo un apunte, de verdad, dejo el hilo y me pongo con el coñazo de Frege.

Ah, que era lo que se llevaba en esos tiempos y lugares. Vaya. Una moda vamos.

Más allá (y más acá) de la cosmovisión política que acabó siendo dominante en Alemania y en Italia hubo muchas otras, como bien sabes.

El nazismo tuvo desde su mismo nacimiento la violencia política como credo, inmanente. Al igual que su antisemitismo y su anti comunismo. Los camisas pardas sembraron el terror durante toda la década de los años 20, se crearon en 1921.

Nada más producirse el incendio del Reichtag se abrió el primer campo de concentración, el de Dachau, en marzo de 1933. Aunque ya existían muchos campos de detención ilegal (“campos salvajes”) que se improvisaban en fábricas y almacenes. Allí arrojaban y torturaban a sus oponentes políticos, comunistas y anarquistas mayormente, como al anarquista (también judío) Erich Mühsam, al que tuvieron a palos desde el 33 hasta que se lo cargaron en el 34 en el campo de concentración de Oranienburb. Por cierto, en ese campo (abierto también en 1933) los transeúntes podían ver el trabajo forzado de los internos (para los que nunca vieron nada…). Al ser un campo de las SA, después de la purga se cerró y abrieron en el 34 el campo de concentración de Sachsenhausen, ya de las SS. En ese período murieron 16 personas.

Los primeros que cayeron en los campos fueron oponentes políticos, no hay que olvidarlo, siguieron los llamados asociales, los gitanos, los homosexuales, testigos de Jehová, católicos y sí, por supuesto, los judíos, los que ha rentabilizado hasta la nausea el holocausto. Pero aunque fueron los que más muertos pusieron, no fueron ni los primeros ni los únicos.

También se cargaron, ya más adelante en el 39, a cualquier niño con discapacidades.

Claro que juzgo al hombre. Un señoro, como Aristóteles. Pero me niego a pensar que ni antes ni ahora no hubiera alternativa.

Sigue esto lleno de machistas y por las calles de mi ciudad veo desfilar a los nazis.

Como en los videojuegos: choose your fighter.
Coito, ergo sum.
Última Edición: 30 Sep 2025 05:49 por Black Mask.
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Heidegger : Nazismo y política del ser. 30 Sep 2025 09:03 #88045

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¡Animo con Fregge!

Yo también lo dejo pitando. Es en ese post tuyo de indignado, que siempre llega con este asunto del nazismo de Heidegger, cuando el debate se convierte en ocioso.

Un saludo.
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Heidegger : Nazismo y política del ser. 30 Sep 2025 10:44 #88046

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Black Mask escribió:
Sólo un apunte, de verdad, dejo el hilo y me pongo con el coñazo de Frege.

Ten cuidado, que Frege también fue un poco nazi y antisemita.
I’m so lazy.
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Heidegger : Nazismo y política del ser. 30 Sep 2025 10:48 #88047

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Futaki escribió:
Black Mask escribió:
Sólo un apunte, de verdad, dejo el hilo y me pongo con el coñazo de Frege.

Ten cuidado, que Frege también fue un poco nazi y antisemita.

:P lo estoy leyendo envuelto en papel albal !!!! Yuyu!!!!
Coito, ergo sum.
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Heidegger : Nazismo y política del ser. 30 Sep 2025 21:18 #88056

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Black Mask escribió:

Ah, que era lo que se llevaba en esos tiempos y lugares. Vaya. Una moda vamos.

"Lo que se llevaba en esos tiempos y lugares"
en efecto, ha sido una nanera muy frívola de expresarlo por mi parte.

Pero el debate era otro. Y sigue sin analizarse con la tensión debida.

Creo que mañana abren los cursos virtuales.
Antes tenía mis dudas, pero ahora no lo tengo claro
Última Edición: 30 Sep 2025 21:47 por zolaris.
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Heidegger : Nazismo y política del ser. 03 Oct 2025 12:18 #88136

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Entonces es que eso hay que hacerlo de alguna manera. Los prebostes proboscidios dicen que lo mejor en estos casos es confrontarlo con algo. Una manera que a mi me gustaría conseguir sería contrastar o hacer contrario el Ser y el Todo, Ser y Tiempo de Heidegger con el Ser y la Nada de Sartre. Y contrariarlo en sus contextos históricos y literarios, políticos y filosóficos. Creo que si tuviera tiempo me gustaría una porrada hacer semejante estudio.

G. Bataille es un gitano francés de esos de antiguamente. Ya quedan pocos.

El Dasein es la aspirina por lo blanco y el betún de las botas de los soldados del Reich por lo negro. Es algo sin solución posible. No consigue el Dasein el estamento de universalidad, tan solo dentro de la perentoriedad de la precaria situación alemana en esos tiempos históricos.

De Heidegger lo que se puede decir es: ¡SOY LA CONCIENCIA DEL PUEBLO ALEMAN!

"abuelita dime tú........"

En cuanto a la foto no puede uno por menos de contrastarla con otra foto parecida y del mismo tamaño donde las enseñas y banderolas sean de color rojo y los símbolos la hoz y el martillo. Lo preocupante es que en ambos casos se llegue siempre, siempre a la misma conclusión. Sería importante, de cualquier forma, ya que se trata de posituras políticas altamente contrastadas, diferenciar y contrastar un totalitarismo de otro. Por mi, totalitarismo como palabra y como concepto siempre le habría ido mejor a la facción fascista que a la comunista. La diferencia podría apreciarse en sus orígenes, en cómo resultan esos principios de autoridad totalitaria, como si la facción fascista lo tuviera por la mano, desde siempre, y la comunista estuviese que hacer una revolución, una acción extrema que lo hiciera totalitario.

Enhorabuena por el post.
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