Ksetram:
Precisamente al "mundo de las ideas" me refiero como un sistema de ideas que no están en Platón. Piensa en la argumentación que se hace para mostrar tal teoría. La argumentación suele consistir en dos cosas: en decir que algo es de cierta manera y que esa manera es contradictoria con ser (= la sensación es contradictoria con el ser), y en decir que la forma no contradictoria de ser es, exquisita retórica, precisamente la forma correcta de existir, aquello cuanto verdaderamente es aunque no haya nada ente que sea de esa manera (= la idea es lo que es verdaderamente pero ninguna idea existe, ninguna idea es sensación ?!).
A este modelo argumental se le suma una característica que, a mi modo de ver, hecha por tierra incluso la capacidad de que eso sea un argumento, que es un modo de exposición tipicamente doctrinal, consistente en afirmar cosas que existen y cosas que no, que existen de una u otra manera, no sostenidas por un argumento para cada cosa sino por el efecto que produce el contar con el argumento en que consiste, a la postre y de manera sistemática, la relación de todas ellas.
Quiero decir, cuando se habla de la teoría del mundo de las ideas de Platón, generalmente, las nociones de sensación, idea, inteligencia, unidad, etc., adquieren la apariencia de conocimiento, por ejemplo de un conocimiento verificable en un examen, cuando se conocen todas sus relaciones, como una especie de novela donde sus personajes son entidades filosóficas. Se sabe lo que es la idea en Platón cuando se sabe lo que es la sensación cambiante; se sabe lo que es la virtud en Platón cuando se sabe lo que es alguna virtud en particular; pero nunca se pisa suelo porque siempre se está yendo de un lado a otro, siempre se está en un tránsito entre los términos y así no se concede oportunidad a comprender la necesidad del pensamiento platónico (Para mí, que haya "necesidad" de un pensamiento, es la prueba de fuego de su importancia). Y toda exposición de Platón suele consistir en un examen más o menos extenso de lo que sucedió entre tales entidades. Siendo que justo al hecho de que eso sucedió -ese suceso sería la obra platónica- es que se le concede un lugar en la historia del pensamiento, una justicia de dependencias meramente fácticas. Pero si no queremos otorgar importancia a las cosas por razones meramente fácticas -"lo hubo", "fue importante"-, habrá que atender a la necesidad, a algún suelo, a la raíz del problema, si es que la hay.
Y, ¿cuál es ese suelo? Desde mi punto de vista, cuando Platón destruye, como en el caso del Ión, un saber particular, al caso: el saber de Ión como rapsoda sobre Homero en favor, y bajo comparación teórica con el saber propiamente homérico, o sea, con el saber acerca de las cosas en general -saberes sobre navegación, guerra y acerca de cuántos saberes se aúnan en Homero en la unidad de un saber ontológico, acerca de todo- lo que hace no es rechazar o denunciar el valor o la realidad de algún saber particular, el del rapsoda, sino caracterizarlo en su justa medida, siendo más bien no lo ente particular lo que anatemiza, sino la pretensión de ser universal de lo particular, por ello es que solo la idea es; cabría mejor decir: solo la idea es (idea). Ser así (como idea) que no es ser nada. Entonces: que solo es verdaderamente la sensación, pero solo es verdaderamente aliénandose en forma-idea con pretensiones de universalidad, que no le pertenecen, luego que la sensación fracasa cumpliendo con su propia condición, la de ser verdad, siendo el fracaso de su pretensión la realidad misma y global, esa que describen en general los diálogos. Pero no cabría, como he tratado de argumentar, solución del tipo: lo verdadero de verdad es lo del otro lado.
No hay, por tanto, un mundo de las ideas; hay una justa caracterización de lo sensible para cuya justa caraterización aparece el recurso a algún algo ideal, cuyo algo ideal es precisamente el estatuto de lo absolutamente inexistente, eso que ninguna sensación será nunca, eso que la idea es. Eso que la sensación será nunca es su justa caracterización, su "simple" descripción, no una subordinación ontológica, no un anatema. Su subordinación ontológica sería cosa de la recepción helenística y finalmente decidida por el cristianismo.
Esto es a su vez la cúspide del carácter griego, el gusto aristocrático por vivir sobre el filo de una indecidida navaja ontológica. Salidas téticas, metafísicas, son, en mi opinión, helenísticas o ya directamente medievales. Pero, insisto, no tengo casi ninguna posición en filosofía que no me preocupe por revisar constantemente y de la que tenga interés en conservar porque sí. Pero esta es la que es a día de hoy para mí.
Y sí, Ksetram, hasta la gramaticalización del griego (s. II a.C?; tendría que buscarlo), no había muchas cosas que hoy damos por sentado: ni el canon ático, ni todo lo que te he comentado antes. Este trabajo de erudición se preocupó, para establecer el canon del "griego clásico", de comparar cuantas ediciones de las obras de Homero existían en casas particulares para establecer al Homero que hoy leemos. Lo recuerdo como una anécdota graciosa.
Ya ni entremos en el hecho, bastante evidente por sí mismo de que, si se lo lee en latín de copistas medievales, se introduzca, no por mala fe, sino naturalmente, la salida tética y metafísica en que consiste el cristianismo.
Ahora bien, mi lectura de Platón, que es la de Marzoa, tiene mucho de la moda deconstructivista de su época. Pero lo importante en cualquier caso es insistir en mejorar las propias posiciones, algo que se logra hacer cuando, al modo freudiano, uno es capaz de poner frente a sí su propia idea de las cosas. Cuando se nos pasa por alto que tenemos una posición, cuando no somos capaces de definirla, cuando nos parece que nuestra posición se confunde con la realidad, es cuando somos incapaces de criticar nuestras propias ideas. A mi este foro me va bien porque me obliga a exponer, sobre todo frente a mi, mis propias posiciones.