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TEMA: Galileo visto con las gafas de los autores cristianos

Galileo visto con las gafas de los autores cristianos 19 Nov 2011 23:58 #5357

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Como sugerencia de Nolano abro este hilo para tratar la cuestión de Galileo visto desde la perspectiva de autores cristianos y aprovechando lo comentado por el profesor en el foro oficial de la asignatura.

Adjunto el enlace donde os podéis bajar el epígrafe "Física matemática" (hasta Galileo).

El Padre Guillermo Fraile es uno de esos autores que no esconde su condición de afiliado a la escolástica y, particularmente, al tomismo. Ningún filósofo tiene por qué esconder su afinidad con la posición filosófica con la que simpatiza. En el caso que nos ocupa, no hace el Fraile una exposición exhaustiva del pensamiento de Galileo, se limita sólo a mostrar los aspectos relacionados con las dos condenas. Este capítulo está bastante superficialmente tratado por el autor. Nada comparado con las más de 120 páginas que le dedica a Kant (T. Urdánoz), las más de 250 de Santo Tomás o las 70 y pico de Spinoza, por citar sólo a unos pocos de los mejor expuestos.

Tras la exposición de Galileo, la opinión de nuestro autor se encuentra entre las páginas 287 (hacia el final "El caso de Galileo es ...") y 289. Se podrá comprobar que lo que viene a hacer el filósofo dominico es una total defensa de la Iglesia de la época, aunque muy bien argumentada, bajo mi punto de vista. Es tal vez la opinión más descaradamente católica que he leído en todos los tomos de la obra (ocho volúmenes, el segundo en dos tomos).

El caso es que en relación a la figura de Filolao le comenté al profesor Carlos Solís (que muy amablemente atiende nuestras preguntas) que el Fraile hacía retroceder la teoría heliocéntrica hasta Filolao (final del primer párrafo de la p.288).

La respuesta del profesor Carlos Solís fue muy didáctica y amable porque nos explicaba la supuesta teoría heliocéntrica de Filolao, pero un poco severa con el Fraile:

"Realmente el Fraile se puede vender para combustible de caldera. En general hay que tener mucho cuidado con la manía de buscar "precedentes" de teorías modernas muchos siglos antes, pues los planteamientos y los problemas son en gran medida demasiado dispares (por no decir "inconmensurables" en el sentido de Kuhn).

Las ideas de Filolao no tienen mucho que ver con la astronomía matemática de posición. En realidad las noticias sobre Filolao son tan confusas y contradictorias que se ha llegado a dudar de que fuese alguien real o de que los fragmentos que se le atribuyen sean de una persona concreta, a pesar de que Platón atestigua que existió y no vamos a dudar del maestro. Pero lo más genuino de Filolao son especulaciones numerológicas sobre los dioses griegos y cosas por el estilo. Ciertamente, a finales del siglo V a.C. circuló un "sistema" atribuido a Filolao o a algún pitagórico del Sur de Italia. En realidad parece que Filolao puso al fugo en el centro porque era más apropiado que la sucia Tierra para ese lugar. Parece también que la Tierra gira a gran velocidad en torno a un fuego central que no es el Sol (y que no se ve por ninguna parte), por lo que nada explica del ciclo día-noche o de las estaciones, por no hablar de los movimientos irregulares de los planetas, mientras que diametralmente opuesta la Tierra hay una anti-Tierra que no se sabe para qué sirve y que además está más cerca del fuego. (Según algunos, la anti-Tierra sirve para convertir a los cuerpos celestes en diez, número perfecto relacionado con la tetractis 1+2+3+4=10.) El orden de circulación de los diez en torno al fuego central es: Anti-tierra, Tierra, Luna, Sol, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter, Saturno y la esfera de las fijas. Según Autolico, el Sol es un cuenco que refleja la luz del fuego hacia la Tierra, aunque según Aquiles (un comentarista de los "Fenómenos" de Arato) es una lente que concentra la luz estelar. Los pitagóricos tendían a considerar a los astros como seres vivos racionales y de ahí los movimientos irregulares de los planetas ("errantes", en griego). No parece que fueran cuerpos rocosos que obedecen leyes materiales ineludibles. Aristóteles cuenta que los pitagóricos que inventaron este sistema no trataron de explicar los fenómenos astronómicos de manera matemática y cuantitativa. Por tanto, no es ningún antecedente de Aristarco ni menos aún de Copérnico que eran matemáticos. Sin embargo, la idea de sacar a la Tierra del centro pudo animar a ensayar otros esquemas geométricos del cosmos."


Posteriormente, en otro hilo, hablábamos de si Galileo dijo o no dijo eso de "Eppur si muove" y la supuesta simpatía que en el Fraile parece desprenderse del Papa Urbano VIII hacia la figura de Galileo. El profesor argumentó lo siguiente:

"Fraile tiene aquí razón. Galileo no estaba para andarse con bromas el día de su condena. Si Maffeo Barberini (Urbano VIII) era amigo de Galileo, pido a Zeus no tener amigos. El libro de Beltrán, "Talento y poder", le enseñará quién era en realidad Barberini y que intereses lo movían. Brevemente, amañó el juicio y las pruebas para condenarlo a perpetuidad (tras haberlo engañado con un trato extrajudicial). Primero estuvio arrestado en Siena, pero como era muy visitado, fue encerrado en su Villa de Arcetri de la que sólo podía salir si pedía permiso para ir al médico o a misa, y donde se controlaban las visitas que recibía."

El caso es que al Papa conmutó la sentencia de cadena perpetua el mismo día. Por tanto, ¿para qué molestarse en falsificar las pruebas?. Un compañero del foro me comentó que tal vez para dar un ejemplo de magnanimidad. Tal vez, pero tal magnanimidad no existió con los casos de Bruno y Savonarola.

La historia de la filosofía de Guillermo Fraile y Teófilo Urdánoz se viene publicando desde el año 1956, por lo que no creo que sea como para arrojarla al fuego. Yo he estudiado con ella desde que la profesora Oñate nos la recomendó para la filosofía griega y me ha ido bastante bien. Es normal que un catedrático de Historia de la Ciencia no simpatice con los puntos de vista de un católico, pero eso no implica que ninguna de las versiones sea como para arrojarlas al fuego. Personalmente, creo que hay que leerse todos los puntos de vista para sacar alguna conclusión. En todo caso y, volviendo al tema de Galileo, está claro que la Iglesia se equivocó, y me suena que hasta han pedido perdón (demasiado tarde para Bruno y Savonarola, para quienes no hubo magnanimidad).

Bueno, creo que es un tema interesante en el que pienso profundizar cuando llegue el verano.
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Última Edición: 20 Nov 2011 00:17 por Conrado.
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Re: Galileo visto con las gafas de los autores cristianos 20 Nov 2011 00:25 #5359

Solís siempre ha sido un petulante, máxime cuando se trata del catolicismo, no pierde comba para hacer chistes al respecto, tanto en el manual de Espasa, como en el de la "Revolución científica". Y no lo digo por el caso Galileo, que creo que históricamente está bien tratado en el manual de Espasa, y que revela el tinte político de la condena de Galileo, con el trasfondo de la guerra de los treinta años, la reticencia de los jesuitas a la condena del heliocentrismo y el intento de conciliación de Belarmino.
el P. Guillermo Fraile, O.P., fue un fraile de la orden dominica que se formó en la filosofía neoescolástica que toma auge en los ambientes católicos a fines del XIX. Como es obvio, ese es su "objeto formal quo", para analizar los distintos autores. Obviamente, tiene partes muy mejorables, pero es bastante didáctico, sobre todo en lo relativo a los árabes (que otros manuales como Reale o Coppleston casi ni los tocan) y a la escolástica. En el tomo de Urdanoz sobre el siglo XIX, tras exponer a Kant, pronuncia su opinión sobre algunas aporías de su sistema, que está bastante bien expuesto (¿Y qué?¿Nos hemos convertido en comisarios políticos?). Igualmente cuando nos acercamos al escrito de un marxista o neokantiano tenemos en cuenta su perspectiva pero ello no determina nuestra visión, no sería honesto lo contrario. Curiosamente, cuando Solís menciona a Marin Mersenne (interlocutor epistolar muy frecuente de Descartes, e iniciador de lo que fue la academia francesa de las ciencias), o a Lammetrie ( padre de la teoría del big bang), se le olvida mencionar -con algún chiste de los suyos- que el primero era un fraile de la congregación de los mínimos y el segundo, un jesuita. Entre muchos otros ejemplos. O que Descartes cooperó para que la reina Cristina de Suecia se convirtiese al catolicismo.
Creo que el problema de fondo es el prejuicio ilustrado de que no es compatible el pensamiento racional y el catolicismo. En cambio, en otros ámbitos, a algunos por haber sido estalinistas (Sartre) o nazis (Heidegger) se les disculpa con especiosos argumentos. Lo curioso es la vara de medir.
Y ya que nos movemos en el ámbito de la emancipación con respecto al pensamiento mítico, en el plan de la UNED hay una asignatura optativa llamada "Sabidurías orientales de la antigüedad", cuyo manual no es meramente descriptivo, sino que tiene un fuerte componente apologético - religioso de algunas corrientes, sobre todo el budismo y el hinduísmo (en los foros muchos decían que gracias a su asignatura iban a empezar a hacer meditación zen, en fin), insistiendo en la influencia que ello podría tener en superar la crisis espiritual de occidente y tal. Me parece muy bien ¿Y si hubiera una asignatura llamada "Introducción a la Teología católica medieval"? No se puede obviar la importancia en el pensamiento filosófico, al menos desde San Agustín hasta Kant (unos mil doscientos años no es poca cosa), pues como decía Unamuno, el cristianismo no sería sino el resultado de la fusión de la filosofía griega y el derecho romano en torno a una religión. ¿Qué diría Solís?

Salu2
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Re: Galileo visto con las gafas de los autores cristianos 20 Nov 2011 00:52 #5360

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Muchas gracias El genilo maligno por tan bien argumentada crítica.

Me he percatado del humor del profesor Solís, sobretodo en el libro Revolución científica, que me está ayudando mucho con la materia (algunos temas del libro Historia de la Ciencia están muy bien resumidos en aquél libro). Excuso decir que a mí no me molesta para nada ese buen humor del profesor. Es más, le da un toque a sus libros que hace que el autor parezca estar entablando un diálogo directo con el lector. Al menos esa es la sensación que a mí me da.

Por lo demás, coincido contigo en todo lo que has expuesto.

Por cierto, que quienes estén con la asignatura (como yo) deberían tener muy en cuenta el libro del profesor Manuel Sellés Introducción a la historia de la cosmología, que aborda muy bien algunos capítulos del extenso libro Historia de la Ciencia. Era el manual de la asignatura optativa de idéntico nombre en la licenciatura, que por desgracia se ha perdido en el Grado (al igual que la de la Revolución científica).
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Última Edición: 20 Nov 2011 01:00 por Conrado.
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Re: Galileo visto con las gafas de los autores cristianos 20 Nov 2011 01:07 #5361

Los tres libros citados son altamente recomendables. Sánchez Ron -si no me falla la mente por las horas, creo que da clase en la universidad autónoma- tiene un manual en alianza llamado "Historia de la Ciencia", flojísimo. En palabras de Solís "apto para combustible" (el libro).
A mi los chistes tampoco me molestan, sólo es que los deconstruyo.
Saludos.
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Re: Galileo visto con las gafas de los autores cristianos 20 Nov 2011 12:55 #5364

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Si hablamos del mismo libro, yo dispongo de él. Me lo compré hace un año. Abrí un hilo sobre él. El que yo tengo es el de tapas duras. El que se muestra es la edición de bolsillo.

Más que flojo el problema que le veo es que carece de cuadros y gráficos aclaratorios. Por ejemplo, habla de epiciclos, excéntricas y deferentes dando por sentado que con la explicación en letra será suficiente para entender esas cuestiones. Es de Espasa-Calpe, coleción Austral.
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Re: Galileo visto con las gafas de los autores cristianos 20 Nov 2011 18:00 #5367

Eso es, Espasa. Me falla el subconsciente en ocasiones.
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Última Edición: 21 Nov 2011 13:53 por admin.
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Re: Galileo visto con las gafas de los autores cristianos 20 Nov 2011 21:38 #5372

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Comparto vuestra opinión de que Solís se ha pasado bastante con lo de “combustible de caldera”; y que frecuentemente tiene tendencia a realizar bromas (a veces de dudoso gusto) y, en especial, cuando se trata de la Iglesia.

Y en particular también comparto lo que dice El genio maligno sobre la inquina con que a veces se trata al pensamiento católico, que contrasta con la benevolencia con que se tratan otras posturas no menos dogmáticas. Me ha hecho gracia lo de la asignatura "Introducción a la Teología católica medieval", perfectamente comparable, en muchos aspectos, a la de “Sabidurías orientales antiguas”.

En general, sobre esta cuestión del pensamiento católico tengo que opinar lo mismo que opino respecto al furor feminista. Que una injusticia no se corrige con otra injusticia de signo opuesto, sino haciendo justicia. Que no se corrige la discriminación histórica que han padecido las mujeres estableciendo otra discriminación de signo contrario. Y que no se corrigen los abusos del monopolio ideológico secularmente ostentado por la Iglesia católica emprendiéndola contra ese pensamiento con razón o sin ella. Si nuestros argumentos son buenos, no necesitamos utilizarlos malos, aunque sea contra quien nos impuso durante siglos los suyos, fueran buenos o malos, por las buenas o por las malas.

Veo, sin embargo, que la cuestión del libro de Fraile y el comentario de Solís no tiene nada que ver con lo que a mí me llamó la atención del jesuita Copleston y su opinión sobre este asunto. Dejo de lado la cuestión de los hechos históricos del enfrentamiento y del proceso de Galileo, y voy directamente al grano.
Copleston escribió:
Por otra parte, Galileo se negaba obstinadamente a reconocer el carácter hipotético de su teoría. Dada su idea ingenuamente realista de la condición de la hipótesis científica, acaso le era difícil reconocer dicho carácter; pero Bellarmino observó que la verificación empírica de una hipótesis no prueba necesariamente su absoluta verdad, y si Galileo se hubiese mostrado dispuesto a reconocer ese hecho, que es hoy bastante familiar, todo el infortunado episodio con la Inquisición podía haberse evitado. Pero Galileo no solamente insistió en mantener el carácter no-hipotético de la hipótesis copernicana, sino que se mostró además innecesariamente provocativo en la discusión. (...)
Por lo que respecta a la condición de las teorías científicas, la tesis de Bellarmino era mejor que la de Galileo, aun cuando éste fuese un gran científico y Bellarmino no lo fuese. (tomo 3, p. 272)

Ciertamente la defensa por Copleston de la postura de Bellarmino es hábil. Y, además, tiene razón en que hoy en día la ciencia considera que toda hipótesis científica, si quiere serlo, tiene que ser falsable. La comprobación empírica sólo puede dar al traste con una teoría, pero nunca confirmarla definitivamente; todo ello siguiendo la doctrina de Karl Popper. Pensaba que Fraile iría también por ahí, aunque me da la impresión de que no es tan sutil como Copleston.

Pero si tengo que dar en eso la razón a Copleston, tengo también que decir que no estoy de acuerdo con su planteamiento, sencillamente porque desvía la cuestión. Evidentemente lo importante no es si tenía la razón Galileo o Bellarmino. Lo importante es si se puede quemar a alguien en la hoguera en la plaza pública por pensar diferente. Y sobre eso, que es el núcleo del asunto, Copleston calla.

En una entrada sobre mi Santo Patrón Giordano Bruno, alias “El Nolano”, ya dije Enlace que no se quema a nadie públicamente en la hoguera por una cosa como si el Sol se mueve o está quieto en el cielo. Por lo que se quema, se mata, se tortura a la gente, es por el control ideológico de la sociedad. Y en el siglo XVI el discutir si la configuración del cosmos era una cuestión teológica (de hermenéutica de los textos sagrados) o científica (de comprobación empírica) impugnaba el dominio ideológico secular de la Iglesia Católica. Y ahí es donde le dolía a ésta. El asunto de Galileo, como el de Bruno, no nos engañemos, no es un debate científico; es una cuestión de poder político.
Bin ich doch kein Philosophieprofessor, der nöthig hätte, vor dem Unverstande des andern Bücklinge zu machen.
No soy un profesor de Filosofía, que tenga que hacer reverencias ante la necedad de otro (Schopenhauer).


Jesús M. Morote
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Re: Galileo visto con las gafas de los autores cristianos 20 Nov 2011 22:05 #5373

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Yo también lo veo así, Nolano. La cuestión es de control social; es decir, de poder. Fue un enfrentamiento similar al que venían manteniendo papas y emperadores desde el siglo XIII.

Por cierto, hay que reconocer como muy afortunada la expresión "para combustible de caldera" para cuando se quiera decir que un libro es infumable. Creo va a ser una expresión popular, ¿no os parece?. A partir de ahora tal vez debamos decir que este o aquel libro no son aptos nada más que para "combustible de caldera". :lol:
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Re: Galileo visto con las gafas de los autores cristianos 21 Nov 2011 04:10 #5378

Convengo en la tesis con Nolano. El problema de Galileo es más que nada el problema del pensamiento autónomo, y el problema político de la influencia de lo ideológico -en este caso lo religioso- en el cuerpo social. Por eso, la explicación histórica "al detalle" no solventa el problema. Es más, cuando la Iglesia "ha pedido perdón" por el "caso Galileo", lo que está haciendo es reconocer un error "procedimental", pero no entra en el fondo del problema, si fue un error o no la influencia de la Iglesia en la configuración política, social y cultural de Occidente. Creo que ellos mismos se automarcaron dicho límite en los diversos pronunciamientos que se han marcado sobre ese asunto.
Por aquello de echar el guante y con intención polémica, se me ocurren, sin embargo, un par de cosas. Dice Kuhn en "La revolución copernicana", que la relación de la Iglesia católica con la ciencia varía dependiendo de la situación interna de la Iglesia en cada momento. Tanto es así, que en la baja edad media, Santo Tomás, en el comentario al "de coelo" de Aristóteles, niega -no duda, niega, y el texto es más que elocuente- la literalidad de varios párrafos del génesis, como aquél que habla de la "separación de aguas inferiores y superiores". Santo Tomás, como aristotélico no acepta que haya ningún tipo de agua en las diversas esferas celestes y lo interpreta como recurso pedagógico "adaptado" a la "ignorancia de aquellas gentes" (sic). Tres siglos después decir lo mismo, le traería problemas a cualquiera. Lo mismo se puede decir de Nicolás de Cusa, que defendía un universo infinito, con infinitos mundos (como haría el nolano), habitados todos ellos , y sin un centro fijo. Y Nicolás de Cusa era cardenal; y no pasó nada. ¿Por qué? Supongo que por la solidez en la que está asentada la Iglesia en esa época. En los siglos XVI-XVII se siente amenazada, y como suele suceder en ese tipo de procesos, ante la amenaza de los fundamentos mismos, se da una situación de repliegue donde el control ideológico estricto es la contrapartida a los movimientos de protesta o de escisión, como el caso de la reforma protestante. Un caso es el tema del "literalismo bíblico". Curiosamente la exégesis bíblica patrística y medieval incide en lo que se ha dado en llamar "teología bíblica", que prescinde del elemento literal-histórico y apela al comentario "mistagógico" y "alegórico". Es muy significativo sobre ello los comentarios de San Agustin al génesis, donde marca una interpretación de signo alegórico, desechando la interpretación "naturalista" y "literal". Curiosamente, ese literalismo toma fuerza en el siglo XVIII en el seno del catolicismo, probablemente ante la acusación protestante de que el catolicismo se habría apartado del texto bíblico interpretandolo desde "filosofías" y "pensamientos" ajenos al mismo texto. Quizás sea esa la razón de la calma chica en el catolicismo ante la publicación del "de revolutionibus" de Copérnico (y su uso por parte del Vaticano para elaborar el calendario gregoriano, hecho con las matemáticas copernicanas, trabajo de chinos acometido por el jesuita cristóforo clavio) que contrasta con los problemas relativos a Galileo.
Asimismo planteo una tesis que me resisto a desarrollar. El mismo Galileo es un resultado del proceso cultural occidental en el que el catolicismo tiene un importante papel. Me resisto a desarrollarlo, aunque dicho así suena simple. Digamos que la independencia de las colonias americanas no se entiende sin la presencia española anterior, la creación de instituciones, de redes sociales, económicas, culturales, y lógicamente "depredadoras", conjunto que en interacción va a producir las condiciones mismas para que en el seno de ese proceso se produzca algo nuevo que acaba convirtiéndose en distinto a lo que había antes de la conquista y a los deseos de los mismos conquistadores. Algo así. La Iglesia para justificar algunos dogmas como los de la encarnación o la trinidad desarrolla un pensamiento filosófico de tipo realista, basado en la tradición aristotélica, pero que debido a la estabilidad de la institución eclesiástica y su control de los centros académicos, permite profundizarla para acabar produciendo algo que como reacción va a permitir una ciencia y un pensamiento autónomo. Resulta simple decirlo así -y un poco hegeliano- pero no lo es tanto -ni tan simple ni tan hegeliano- y creo que es preciso desde ahí poder responder a por qué Galileo apareció en la Italia del XVII y no en la India o en Japón.
Salu2
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Re: Galileo visto con las gafas de los autores cristianos 01 Dic 2011 13:57 #5557

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El caso Galileo ha salpicado polémicamente la historia de la Iglesia hasta nuestros días y, tras documentarme sobre ella, he llegado a la conclusión de que no es correcto simplificar de forma maniquea la historia de la condena a Galileo como peli de buenos y malos.

Creo que como hemos leído, el relato de Solís y Sellés está históricamente bien fundamentado. Mientras el copernicanismo fue una doctrina abstrusa de un oscuro matemático polaco, no pareció haber problemas. Pero cuando Galileo publicó sus descubrimientos, toda Europa contemplaba cómo se desmoronaba la cosmología aristotélica, uno de los pilares con los que la Iglesia había articulado gracias a Santo Tomás la verdad de su doctrina. Y he aquí por qué, en plenos enfrentamientos religiosos en una Europa quebrada por la Reforma y las disputas políticas, la postura de la Iglesia era tan contundente en lo que tuviera que ver con su principio de autoridad, fuera en cuestión sacramental o astronómica. Estoy con Nolano en que este aspecto es insoslayable. De hecho, Stillman Drake ha sugerido que las alusiones del propio Galileo a su celo por la Iglesia no eran pura cortesía de la época: buscaba proponer una forma de conciliar las Escrituras con los descubrimientos de la ciencia que se prometía imparable, y preservar así la autoridad de la religión en cuestiones de fe.

De hecho, en 1612, Galileo especuló con la idea de Kepler de que la rotación del Sol que mostraban sus manchas tuviera algo que ver con el movimiento de los planetas, lo que haría al copernicanismo compatible con la Biblia, pues la detención del Sol que pidió Josué a Dios habría detenido el cosmos entero (algo que el sistema de Ptolomeo, por otro lado, no podía explicar). Esta sugerencia de Galileo no hizo la menor gracia a los teólogos, al provenir ésta de alguien que no sólo trataba de demostrar científicamente el herético movimiento de la Tierra, sino encima explicar a los expertos cómo interpretar la Biblia. En Diciembre de 1614, el dominicano Caccini cargaba en un sermón contra la ciencia y los matemáticos, acusando explícitamente a Galileo de herejía e increpándoles a él y a sus seguidores, con poco atino teológico, Hombres de Galilea, ¿qué hacéis ahí mirando al cielo? (Hch 1, 11). Galileo arremetió contra este despropósito acusándolo de ignorante, en su habitual y polémica virulencia dialéctica.

En realidad, como sabía Galileo, el copernicanismo resultaba matemáticamente indiscernible del sistema de Ptolomeo y de Brahe, por lo que era preciso buscar otros argumentos e indicios para decantarse por alguno de los sistemas. Pero tras diferentes acusaciones de Caccini – que le permitieron escalar puestos –, la Iglesia condenó expresamente el copernicanismo en 1616 y prohibió enseñarlo como herético. Bellarmino se lo comunicó a Galileo teniendo que certificar que se lo comunicaba como a un católico más para desmentir los rumores de condena personal – documento que Galileo guardaría como oro en paño, tal y como dicen Sellés y Solís.

Sin poder pronunciarse a favor del copernicanismo, condenado en 1616, Galileo arremetió contra Brahe que era el último bastión de los jesuitas, hablando de física terrestre en la búsqueda de pruebas del movimiento de la Tierra. Creyó encontrar tres: las mareas, los vientos alisios, y el patrón anual aparente de las manchas solares. Erróneas las dos primeras pruebas, Galileo culminó con esta última, que Scheiner había descubierto, su refutación a Brahe: para hacer plausible el comportamiento de las manchas y la inclinación del Sol, los geocentristas tenían que recurrir a cuatro inverosímiles movimientos solares. Esta explicación que salva las apariencias cinemáticas resultaba “casi imposible para mi intelecto” en palabras de Galileo, dinámicamente injustificable, y mucho más sencilla de resolver con el sistema heliocéntrico. El principio de parsimonia o economía ontológica – navaja de Ockham – que la filosofía de la ciencia estudia se ejercía aquí, reforzando la verosimilitud de la tesis galileana, aunque ciertamente no dotándola de una verdad irrefutable.

Además, aunque el movimiento de la Tierra sea indiscernible de su reposo, Galileo expuso algunas experiencias difíciles de medir para la época que sí podían probarlo (Por ejemplo el de un peso cayendo desde una torre suficientemente alta, que en lugar de retrasarse hacia occidente como criticaban los contrarios al movimiento terrestre, lo haría hacia oriente; o el disparo hacia un objetivo situado al Sur a lo largo del mismo meridiano que se desviaría hacia la derecha por el que después sería llamado efecto Coriolis). Es cierto que los argumentos no eran indudables, pero eran tan poderosos, que la República europea de las letras, con la excepción del ejército de Loyola, abandonó a Ptolomeo y Brahe.

Mientras, comenzó el proceso contra Galileo en el que confluyeron diferentes motivos hacia la condena: Además de la discusión filosófico-teológica, algunos sostienen que el Papa se habría sentido ofendido al verse caricaturizado en el ridiculizado personaje de Simplicio en el Diálogo. Solís y Sellés insisten en que, sobre todo, el Papa afrancesado habría quedado acorralado por España a causa del coqueteo que había mantenido con Francia en la Guerra de los Treinta Años del lado de los protestantes de Suecia. Así, la oposición proespañola encabezada por el cardenal Borgia le acusó de connivencia con la herejía, siendo amenazado con la destitución por el cardenal Ludovisi. Urbano VIII, temeroso, abandonó su política aperturista haciéndose pasar por más ortodoxo y conservador que nadie, entregando con ello el símbolo de la apertura: Galileo, que fue condenado en 1633 acusado de herejía y de tratar de engañar al Papa en un juicio lleno de irregularidades procesales. Su escrito había sufrido media docena de correcciones a manos de la Inquisición que Galileo había aceptado, por lo que para condenarle era preciso corregir antes a la Inquisición. Por ello, uniendo la sospechosa pérdida del Diálogo original entre los archivos de la Inquisición, se buscó la excusa de que Galileo hubiera infringido un precepto personal de 1616, documento sobre el que hoy planea la sospecha de la falsificación. Pero Galileo conservaba el documento extendido por Bellarmino. Así que finalmente se hizo un trato extrajudicial con Galileo en que se le prometió una sentencia benévola a cambio de una confesión que salvase la cara de la Iglesia, no tanto por sus tesis científicas sino por su imprudente interpretación teológica. Las acusaciones que sostuvo el Tribunal, anclado en la literalidad de las Escrituras que creía amenazas y ajeno a la hermenéutica posterior de las mismas, gozaban de cierto fundamento: Galileo no había dado pruebas radicalmente irrefutables. En palabras de W. Brandmüller: “Todo esto conduce al paradójico resultado de que Galileo se equivocó en el campo de la ciencia y los eclesiásticos en la teología, mientras que éstos acertaron en los terrenos científicos y el astrónomo en la exégesis” (Galileo y la Iglesia, 2ª edición, Rialp, Madrid, 1992). La explicación de Copleston, aunque obvie el aspecto político que destacan Sellés y Solís, me parece acertada. Al final, como siempre, razones e intereses se embridan como trigo y cizaña.

El caso Galileo ha sido blandido contra la Iglesia durante años, y el triunfo de su ciencia, como sostuvo Popper, es tan incuestionable que la polémica resulta ya algo rancia. El suceso, sin duda, se ha instrumentalizado ideológicamente de forma escandalosa, hasta el punto de que hay muchos que creen todavía que Galileo fue quemado en la hoguera como le ocurriera a Bruno. Galileo fue un hombre de carne y hueso que no puede mitificarse como paladín de la ciencia y la verdad, pues como todo humano, se movía por diversos motivos además del afán científico (se dieron casos en los que atacó duramente a los astrónomos jesuitas que sostenían que unos cometas observados eran objetos reales, frente a la opinión de Galileo, que sostenía a priori que eran ilusiones ópticas, porque pensaba que no cuadraban con el sistema copernicano que defendía). Su voracidad dialéctica y, en ocasiones su dogmatismo, eran conocidos (no escatimaba en agresiones verbales llamando a sus oponentes “imbécil, con la cabeza llena de pájaros”, “apenas digno de ser llamado hombre”, “alguien que se ha quedado en la niñez”, “una mancha en el honor del género humano”, etc.). Cuando fue llamado a Roma se alojó, a cargo de la Santa Sede, en una casa de lujo, con 5 habitaciones, vistas al jardín vaticano y servicio personal. Tras la sentencia fue alojado en la famosa Villa Medici en el Pincio. Desde allí se trasladó en condición de huésped en el palacio del Arzobispo de Siena, uno de sus admiradores. Al final acabó en su villa de Arcetri, llamada “La Joya”, siendo miembro de la Academia Pontificia de Ciencias y sin perder la estima y amistad de obispos y científicos. Frente al falso adagio que se le atribuye del Eppur si muove que al parecer inventó Giussepe Baretti en Londres en 1757 (Messori Vittorio, Leyendas negras de la Iglesia, Ed. Planeta, Barcelona, 1996, p.117), escribió al final de sus días En todas mis obras no habrá quien pueda encontrar la más mínima sombra de algo que recusar de la piedad y reverencia a la santa Iglesia (Messori Vittorio, Leyendas negras de la Iglesia, Ed. Planeta, Barcelona, 1996, p.120). La foto que pintan Sellés y Solís de un Galileo aislado y ciego al que se le impedía ir al médico y a misa quizá deba ser matizada.

La figura de Galileo Galilei volvió a ponerse de actualidad en 1979, cuando Juan Pablo II organizó una investigación para esclarecer los distintos aspectos del proceso al que fue sometido. En 1992 el Papa se lamentó de cómo fue gestionado el caso Galileo, reconociendo ciertos errores cometidos por los teólogos que le enjuiciaron, pero la comisión volvió a concluir en negar que las tesis de Galileo fueran irrefutables, exonerando a la Iglesia e impidiendo la rehabilitación completa de Galileo. Ya como cardenal Ratzinger, y después como Benedicto XVI, el actual Papa ha mostrado cierta ambigüedad en este asunto: Por un lado ha criticado a Galileo y justificado la actuación eclesial, y por otro ha promovido diferentes actos alabando la figura de Galileo y su inigualable contribución a la ciencia moderna.
“Genio maligno” escribió:
cuando la Iglesia "ha pedido perdón" por el "caso Galileo", lo que está haciendo es reconocer un error "procedimental", pero no entra en el fondo del problema, si fue un error o no la influencia de la Iglesia en la configuración política, social y cultural de Occidente.
Si razones e intereses se embridan como trigo y cizaña, resultaría muy poliédrico y complejo analizar el papel de la Iglesia en la configuración política, social y cultural de Occidente a lo largo de la Historia – además de salirnos del tema de este hilo y probablemente del foro. En lo que respecta a la filosofía natural y al pensamiento en general, es posible que la tesis de Khun sea acertada, pues a los capítulos “calientes” al estilo de Galileo se suman muchos otros que parecen ofrecer una imagen diferente de la Iglesia. Aunque la considerasen sierva, muchos santos estimaron que la filosofía natural ayudaba a contribuir a una mejor comprensión de la fe; y muchos laicos alcanzaron sus grandes logros filosóficos y científicos gracias a la inspiración que les proporcionaba su fe en un Dios geómetra, tan inteligente y asombroso ingeniero como para haber creado la maravilla de la naturaleza en la que podía descifrarse con la razón su impronta (entre los santos: San Anselmo, San Agustín, San Alberto Magno, Santo Tomás… y entre los laicos: Kepler, Descartes, Boyle, Newton, Leibniz,…). Algunos autores han considerado que el mandato “creced y multiplicaos, poblad la tierra y sometedla” (Gen 1, 28) ha inspirado el dinamismo occidental europeo, impulsado por su tecnociencia, a ser pionero en el mundo. En ese sentido, comparto contigo también que Galileo podría ser considerado cresta de ola del cambio cultural que se producía en occidente y para el que el cristianismo había contribuido indudablemente. Y de ahí, vuelvo al origen de mi hilo y la conclusión de mi análisis que rechaza toda lectura maniquea.
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