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TEMA: "Marx (sin ismos)". Notas de lectura crítica (III)

"Marx (sin ismos)". Notas de lectura crítica (III) 20 Oct 2011 20:30 #4970

  • Nolano
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El capítulo de las páginas 94-118 se dedica monográficamente a los Manuscritos de 1844. En realidad, creo que Marx no aporta gran cosa de novedad respecto del planteamiento general que ya tenía en mente en la Introducción a la crítica de la filosofía del Derecho de Hegel que hemos comentado en el hilo anterior a éste. En los Manuscritos Marx intenta asegurar más la unión entre su relato economicista y su metarrelato filosófico. Para el primero parte de la teoría económica clásica y sus resultados; para el segundo parte del sistema filosófico de Hegel. Y para fundirlos realiza la oportuna crítica a ambos, para hacerlos compatibles e integrarlos en un sistema unificado, en una visión del mundo completa y sistemática acorde con las aspiraciones emancipadoras del propio Marx.

Me interesa especialmente comentar los aspectos filosóficos de la cuestión, acudiendo al relato económico sólo en la medida necesaria para entender la revisión marxista del sistema hegeliano. Marx toma de éste el concepto clave de alienación.
FB escribió:
“El concepto de alienación o enajenación ocupa un lugar central en los Manuscritos” (p. 102).

“Se diferencia del concepto de Hegel por el punto de vista materialista con que se formula, y se diferencia del de Feuerbach porque cobra mayor extensión o amplitud al salir del ámbito de la religiosidad” (p. 102).

Para entender el concepto de alienación en Marx hay que entender el sentido que ese mismo concepto tiene en Hegel, pues es éste quien sirve de referencia a Marx. El concepto de alienación en Hegel guarda estrecha relación con su concepción ontológica idealista y forma parte del diseño de su filosofía de la historia. La humanidad atraviesa varias etapas: primero la certeza sensible, el reino de la percepción sensible del mundo que se ve como realidad auténtica. En la segunda fase, la conciencia, el hombre se da cuenta de que la realidad no es algo ajeno al propio hombre, sino que es éste el que pone la realidad (esse est percipi), que el ser es un producto del cogito. Pero en la segunda fase, el sujeto se percata de que ese mundo que él mismo produce se objetiviza, y se le opone, ofreciéndole resistencia; el hombre se percata de que el objeto es a su vez sujeto; que frente a él hay otros sujetos, entrando así en la tercera fase, la autoconciencia. Es la fase del escepticismo y de la “conciencia desventurada”. El sujeto se enfrenta al objeto que es, a su vez, otro sujeto; el hombre se reconoce en el objeto pero éste es una forma de alienación, enajenación o extrañamiento; el hombre reconoce en el otro a uno igual que él mismo y, a la vez, opuesto a él mismo: es la dialéctica del “amo y el esclavo”. La última etapa de la filosofía de la historia es la razón, en la que se produce la síntesis entre los distintos sujetos-objetos recíprocos que abandonan sus pretensiones de moral individualista (enfrentada al mundo e ineficaz frente a éste) y se integran, se concilian, en el espíritu absoluto, cuya forma fenoménica es el Estado hegeliano, fase final en la que la Moralität ineficaz se transforma en una Sittlichkeit eficaz.

Pero ya vimos en nuestro hilo precedente que Marx había observado que el Estado no mediaba realmente entre los diversos intereses, sino que apoyaba con su aparato burocrático al más rico, al más pudiente, al mejor postor. Así, no sólo no se resuelve, sino que se agudiza la dialéctica del amo y el esclavo. El Estado hegeliano es, sencillamente, un fraude, una impostura. Para mostrarlo Marx hace uso de los recursos teóricos de la economía política inglesa, en particular de la teoría del valor-trabajo. Éste es la mejor muestra de la conciencia: lo que vale en el mundo vale en tanto en cuanto incorpora trabajo humano; sin trabajo no hay valor; lo que no es obra del hombre no es mundo en sentido económico. Es, pues, el hombre, mediante su conciencia, que es productiva, poiética, quien hace el mundo.

Pero a su vez, al trabajar, al poner su trabajo en el objeto producido, el hombre se objetiviza, su trabajo se reifica, se hace cosa, al incorporarse al objeto. El dinero es el medium universal que hace posible el proceso: todo puede cambiarse por dinero, pero el dinero no es una obra del trabajo, no es un producto, sino un medio para acumular trabajo humano abstracto.

Podemos utilizar para nuestro estudio la parte final del Tercer Manuscrito, que tenemos disponible en:
Sobre Hegel:
Marx escribió:
“La lógica es el dinero del espíritu, el valor pensado, especulativo, del hombre y de la naturaleza; su esencia que se ha hecho totalmente indiferente a toda determinación real y es, por tanto, irreal; es el pensamiento enajenado que por ello hace abstracción de la naturaleza y del hombre real; el pensamiento abstracto”.

Hegel ha identificado perfectamente el problema de la alienación, de la cosificación, pero al no haber analizado adecuadamente lo que está ocurriendo en la realidad material y económica, cree haber superado el conflicto de la autoconciencia efectuando la síntesis sujeto-objeto por elevación, en el pensamiento abstracto (y, por ello, universal), una conciliación abstracta en el seno del Estado, sin haber tocado ni un ápice las bases materiales y económicas de la enajenación, y por ello, según Marx, dejando incólume la relación amo-esclavo, las relaciones sociales de opresión, dominio y explotación del hombre por el hombre.

Pero si descendemos a las relaciones materiales vemos lo siguiente: si el trabajador hiciera suyo como propietario el producto de su trabajo tal vez las cosas irían como desea la abstracción hegeliana. Pero la realidad de la división del trabajo y del mercado no funciona así: el trabajador da valor con su trabajo a la cosa producida, pero ésta se la apropia el capitalista. El trabajador sólo recibe un salario; ese salario no guarda relación con el valor creado por él, sino con la oferta y la demanda de mano de obra, cuyo precio es el salario. Ese es el precio que paga el empresario al trabajador; pero como lo producido vale más, esa plusvalía, por la ley del mercado, pasa a apropiársela el empresario, como renta del capital. Mientras eso no cambie la Sittlichkeit hegeliana no dejará de ser una entelequia, una mera abstracción tan alienante como la religión a la que había venido a sustituir.
FB escribió:
“... el trabajo, y, con él, el trabajador, se convierten en objeto de compra-venta, en una mercancía más, y el producto del trabajo en cosa ajena al trabajador” (p. 103)

“En ese proceso, que hace de él una mercancía más, el obrero se deshumaniza” (p. 103).

“... pérdida de la propia identidad en la medida en que lo que produce se convierte en algo extraño (...). El trabajador se convierte en siervo de su objeto, de su producto, en un doble sentido. Cuanto más produce menos ha de consumir; cuanto más valores crea tanto más sin valor se queda” (p. 105).

Lo más interesante de los Manuscritos, desde el punto de vista estrictamente filosófico, es la crítica que hace Marx del sistema hegeliano, que podemos seguir a través de sus propias palabras, sin necesidad de FB como intermediario. Comienza Marx la última parte del tercer manuscrito, en la que me voy a centrar, criticando duramente al “hegelianismo crítico” (la “crítica crítica” a que se refiere FB en p. 113); de ese posthegelianismo sólo salva a Feuerbach, cuyos méritos reconoce, aunque observando que se queda un poco corto. Finalmente, Marx hace su propia crítica a Hegel.
Marx escribió:
“La preocupación de la moderna crítica alemana por el contenido del viejo mundo era tan fuerte, estaba tan absorta en su asunto, que mantuvo una actitud totalmente acrítica respecto del método de criticar(...) La inconsciencia sobre la relación de la crítica moderna con la filosofía hegeliana en general y con la dialéctica en particular era tan grande, que críticos como Strauss y Bruno Bauer (...) están, al memos en potencia, totalmente presos de la lógica hegeliana.”

Las palabras de Marx se comentan por sí solas. A diferencia de esos críticos acríticos, Feuerbach sí hace una crítica efectiva de Hegel:
Marx escribió:
“Feuerbach es el único que tiene respecto de la dialéctica hegeliana una actitud seria, crítica (...) es el verdadero vencedor de la vieja filosofía (...).
La gran hazaña de Feuerbach es:
1) La prueba de que la Filosofía no es sino la Religión puesta en ideas y desarrollada discursivamente; que es, por tanto, (...) otro modo de existencia de la enajenación del ser humano.
2) La fundación del verdadero materialismo y de la ciencia real (...).
3) En cuanto contrapuso a la negación de la negación que afirma ser lo positivo absoluto lo positivo que descansa sobre él mismo y se fundamenta positivamente a si mismo”.

Para más detalles, pueden leerse las famosas Tesis sobre Feuerbach. De momento basta con tomar nota de que, de acuerdo con la crítica de Feuerbach, compartida por Marx, Hegel tras repudiar el fundamento religioso de la conciliación humana, acaba volviendo a un espíritu cuasi-religioso, a una mística del Estado que viene a ser una nueva religión, una nueva forma de enajenación revestida de falso consuelo. Hegel niega la negación y cree, por ese mero hecho de negar lo negativo, estar poniendo algo positivo. Eso es lo que desenmascara certeramente Feuerbach:
Marx escribió:
“Feuerbach concibe la negación de la negación sólo como contradicción de la Filosofía consigo misma; como la Filosofía que afirma la Teología (trascendencia, etc.) después de haberla negado; que la afirma en oposición a sí misma.
(...)
Pero en cuanto que Hegel ha concebido la negación de la negación (...) como el único acto verdadero y acto de autoafirmación de todo ser, sólo ha encontrado la expresión abstracta, lógica, especulativa para el movimiento de la Historia, que no es aún historia real del hombre como sujeto presupuesto, sino sólo acto genérico del hombre”.

Hegel creyó que poniendo al descubierto el engaño de la autoconciencia en cuanto presentaba una aparente pero falsa oposición entre los hombres, entre dos sujetos que se veían mutuamente como objetos, ya estaba resuelto el problema; con ello se conciliarían los sujetos en una unidad superior, el Estado, encarnación del espíritu absoluto. Pero nada más lejos de la realidad. Ese Estado, en cuanto desconectado del hombre (pues es sólo una herramienta de intereses privados), es una mera abstracción, que carece de positividad real. Es sólo un “acto genérico del hombre”, no “historia real del hombre como sujeto presupuesto”.

Pero la crítica de Feuerbach no es suficiente. Marx da un paso más adelante en esa crítica al hegelianismo:
Marx escribió:
“Un doble error en Hegel
El primero (...) Toda la historia de la enajenación y toda la revocación de la enajenación no es así sino la historia de la producción del pensamiento abstracto, es decir, absoluto, del pensamiento lógico especulativo...
La apropiación de las fuerzas esenciales humanas, convertidas en objeto, en objeto enajenado, es pues, en primer lugar, una apropiación que se opera sólo en la conciencia, en el pensamiento puro, es decir, en la abstracción, (...) por esto, ya en la Fenomenología (...) está latente como germen, como potencia, está presente como un misterio, el positivismo acrítico y el igualmente acrítico idealismo de las obras posteriores de Hegel, esa disolución y restauración filosóficas de la empiria existente”.

El primer error de Hegel, pues, es moverse siempre en un plano abstracto, absoluto, lógico-especulativo, no en un terreno real, en el mundo de los hombres de carne y hueso. Por eso su promesa de emancipación es igualmente, aunque pretendidamente absoluta, abstracta, interna y sin proyección exterior, es decir, resulta ineficaz frente al mundo material:
Marx escribió:
“En segundo lugar (... ) la sensibilidad, la Religión, el poder del Estado, etc., son esencias espirituales, pues sólo el espíritu, es la verdadera esencia del hombre, y la verdadera forma del espíritu es el espíritu pensante, el espíritu lógico, especulativo. La humanidad de la naturaleza y de la naturaleza producida por la historia, de los productos del hombre, se manifiesta en que ellos son productos del espíritu abstracto (...). La Fenomenología es la crítica oculta, oscura aun para si misma y mistificadora; pero en cuanto retiene el extrañamiento del hombre (aunque el hombre aparece sólo en la forma del espíritu) se encuentran ocultos en ella todos los elementos de la crítica y con frecuencia preparados y elaborados de un modo que supera ampliamente el punto de vista hegeliano.(...) Así como la esencia, el objeto, aparece como esencia pensada, así el sujeto es siempre conciencia o autoconciencia; o mejor, el objeto aparece sólo como conciencia abstracta, el hombre sólo como autoconciencia; (...) Como la conciencia abstracta en si (el objeto es concebido como tal) es simplemente un momento de diferenciación de la autoconciencia, así también surge como resultado del movimiento la identidad de la autoconciencia con la conciencia, el saber absoluto, el movimiento del pensamiento abstracto que no va ya hacia fuera, sino sólo dentro de sí mismo; es decir, el resultado es la dialéctica del pensamiento puro...
De momento, anticiparemos sólo esto: Hegel se coloca en el punto de vista de la Economía Política moderna. Concibe el trabajo como la esencia del hombre, que se prueba a si misma; él sólo ve el aspecto positivo del trabajo, no su aspecto negativo. El trabajo es el devenir para sí del hombre dentro de la enajenación o como hombre enajenado. El único trabajo que Hegel conoce y reconoce es el abstracto espiritual”.
Bin ich doch kein Philosophieprofessor, der nöthig hätte, vor dem Unverstande des andern Bücklinge zu machen.
No soy un profesor de Filosofía, que tenga que hacer reverencias ante la necedad de otro (Schopenhauer).


Jesús M. Morote
Ldo. en Filosofía (UNED-2014)
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Última Edición: 18 Ene 2012 19:45 por Nolano.
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