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TEMA: "Análisis y metafísica". Notas de lectura crítica (cap. 5)

"Análisis y metafísica". Notas de lectura crítica (cap. 5) 04 Dic 2011 22:20 #5615

  • Nolano
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Resumiendo Strawson lo que lleva avanzado hasta ahora, lo expone en el siguiente argumento (las palabras en negrita son mías para dar forma inferencial a lo que afirma Strawson):
Strawson escribió:
La verdad del juicio, si es verdadero, consiste en su conformidad con la manera en que son las cosas del mundo.
Pero:
Sin duda es un rasgo de nuestro habitual esquema de pensamiento el entender que la percepción sensible produce juicios que son verdaderos generalmente o de forma usual.
Luego:
Debería haber una relación de dependencia muy regular entre la experiencia propia de la percepción sensible y cómo son las cosas objetivamente. (En caso contrario, la verdad o la corrección normal de los juicios perceptivos sería inexplicable, una coincidencia extraordinaria.) p. 110.

Del concepto de verdad como correspondencia que ya habíamos adoptado al comienzo del capítulo 4, y de la creencia en que nuestros juicios son generalmente verdaderos, cabe deducir que la realidad es generalmente como la pensamos; y más aún: que nuestros juicios mantienen una relación de dependencia con las cosas tal como son.

Realmente el punto débil de ese argumento de Strawson es la segunda premisa, la creencia en que nuestros juicios son verdaderos generalmente. Pero aunque esa afirmación sea indemostrable (quizá un acto de fe) creo que no es del todo injustificada o arbitraria, aunque Strawson no se refiera a ello. En un nivel inmediato y personal, pensamos que si actuamos conforme al conocimiento que nos hemos formado del entorno, nos va mejor que si actuamos en contra de nuestros juicios sobre las cosas; si me formo el juicio “el agua hirviendo quema”, tal vez ese juicio sea falso, pero estoy convencido de que me irá mejor si no meto la mano en la cacerola cuando hierve el agua que si la meto. En un nivel general, se puede decir que las facultades cognoscitivas del hombre no son generalmente falsas porque el hombre ha sobrevivido como especie, cosa que no habría ocurrido si los juicios cognoscitivos fueran generalmente erróneos, como argumentaron Popper y Quine.

Especificando más la naturaleza de esa dependencia que creemos que hay entre cosas y juicios, Strawson la califica de dependencia causal. Enseguida nos ocuparemos de eso. No obstante, antes, me gustaría llamar la atención sobre una afirmación de Strawson:
Strawson escribió:
Pero estamos hablando de algo que no se limita a ser sensible a su entorno, como lo sería una planta o un instrumento, sino de algo cuya sensibilidad adopta la forma de conocimiento consciente de su entorno. P. 112

Reconozco que me desorienta esa frase: ¿A qué se refiere Strawson con lo de “consciente”? Hasta ahora nada se ha dicho de eso. Por mi parte, creo que sería legítimo hablar del “juicio” de, por ejemplo, un gato. Mi gato tampoco mete la pata en la cacerola de agua hirviendo y supongo que es porque formula el mismo juicio que yo sobre que “el agua hirviendo quema”, y juicios similares sobre los hechos del mundo que, generalmente, son verdaderos. Posiblemente la diferencia no es radical, sino de grado: posiblemente mis juicios son generalmente más acertados que los de mi gato, porque emito muchos más juicios y sobre un abanico más amplio de acontecimientos. Pero, en ese orden de cosas, ¿es legítimo excluir a una planta? ¿No busca con sus raíces el agua, no rehúye o busca (según el tipo de planta) la luz? Ciertamente aquí se trata de un “conocimiento” aún más limitado que el del gato, pero conocimiento al fin y al cabo. Toda reacción al entorno, creo, supone un cierto grado de “conocimiento” y un cierto “juicio”, que generalmente será verdadero (o el ser vivo perecerá más pronto que tarde) en el sentido pretendido por la teoría de la verdad como correspondencia.

Sin embargo, para Strawson es crucial que el sujeto del conocimiento y del juicio sea “consciente”; y ello porque se dispone a abandonar la estricta teoría de la verdad como correspondencia para introducir la teoría de la verdad como coherencia. Efectivamente, si nos mantenemos en el ámbito estricto de la verdad como correspondencia, tenemos que sostener el criterio de la dependencia causal estricta, pues evidentemente, bajo una óptica realista (dualista) como la que estamos siguiendo, la percepción sensible de la realidad es la causa de nuestro juicio, y no a la inversa (no es nuestro juicio la causa de la realidad y ésta su efecto, como ocurriría en el idealismo). Pero aquello sería aplicable tanto a un hombre como a un gato (o a una planta, en mi opinión); lo que sólo es aplicable al hombre, como titular de un “conocimiento consciente”, es que
Strawson escribió:
Los conceptos empleados en el juicio perceptivo sobre el mundo, por un lado, y la experiencia sensible misma, por otro, se compenetran más estrechamente de lo que sugiere la imagen [de dos estadios causales y, por consiguiente, sucesivos]. p. 112

El carácter de la experiencia perceptiva misma, de la experiencia sensible misma, se halla completamente condicionado por los juicios sobre el mundo objetivo que estamos dispuestos a hacer cuando tenemos esa experiencia. p. 113

No nos importa ahora la cuestión de si ese rasgo es exclusivamente humano y de si el hombre ocupa un estatuto privilegiado entre los entes del mundo. Lo que sí parece cierto, en todo caso, es que para el ejercicio de facultades cognitivas superiores como las del hombre es necesario un sistema simbólico (llamémoslo si queremos estructura conceptual) de un cierto grado de complejidad. No podemos captar directamente las impresiones en nuestros sentidos y formarnos imágenes con ellas; necesitamos una estructura mental de intermediación.
Strawson escribió:
Hasta el momento he observado que la experiencia perceptiva debe ser causalmente sensible al mundo que hay a nuestro alrededor; y también he señalado que se halla plenamente impregnada de los conceptos que empleamos al formar juicios perceptivos sobre el mundo. Pero es claro igualmente que si esos juicios han de ser verdaderos en general, los conceptos utilizados en ellos deben ser, en general, conceptos de géneros de cosas [kinds of things] que están realmente en el mundo y conceptos de propiedades que esas cosas realmente tienen. p. 114

Una nota sobre la traducción; cuando Strawson habla de que la experiencia se halla “plenamente” impregnada utiliza la palabra inglesa “thoroughly”, que puede traducirse mejor por “enormemente”; así queda sitio para la propia realidad de las cosas percibidas, que el “plenamente” parecería excluir.

Pero pese a la introducción de este nuevo elemento en nuestra teoría de la verdad, Strawson no está dispuesto a renunciar tan fácilmente al anclaje básico del conocimiento en la realidad, como pone de manifiesto que la estructura conceptual es maleable, cabe suponer que para su mejor adaptación a una correspondencia con la realidad:
Strawson escribió:
... ni estoy planteando un problema ni proponiendo una solución. Simplemente, me encuentro trazando las líneas que conectan entre sí las partes de la estructura. Esto no quiere decir que la estructura no pueda modificarse nunca. (...) ... la concepción que tenemos de la estructura básica de las ideas en que se produce tal ganancia de conocimiento puede refinarse como resultado de esa ganancia [en el conocimiento del mundo]. p. 115

De momento, no obstante, Strawson se muestra bastante cauteloso y no lleva muy lejos lo que viene llamando esa “estructura conceptual” que parece querer reducir a la constitución biológica sensorial del hombre, a un a priori filogenético, en suma:
Strawson escribió:
De modo que a las cosas se las puede concebir, se puede pensar en ellas como realmente son, en términos abstractos, pero no se las puede percibir como son de verdad. Percibimos las cosas, por supuesto, pero no como son en realidad, sino tan sólo como se les aparecen a seres constituidos fisiológicamente como nosotros lo estamos. p. 117

Pero Strawson nos reserva una sorpresa para finalizar el capítulo, que se titula “La experiencia sensible y los objetos materiales”, sin que hasta el momento haya hablado más que de la primera. La sorpresa es ésta: bajo el título de “objetos materiales” Strawson va a hablar de un concepto de tanta raigambre metafísica como el de “sustancia”; aunque sin usar dicha palabra. Reparemos en el siguiente texto:
Strawson escribió:
[El crítico obsesivo] ha perdido completamente de vista la función que desempeñan en nuestras vidas (...) los conceptos de lo objetivo. De todo lo que ha pasado por alto puede que lo más importante sea el hecho de que los objetos han de percibirse como portadores de cualidades sensibles, visuales y táctiles, para que se los pueda percibir como ocupadores de espacio (p.118).

Me interesa la siguiente expresión: “objetos como portadores de cualidades”. En la tabla (más bien tablas, pues expone varias) de categorías de Aristóteles aparece una primera, radicalmente separada de las demás: la “sustancia” (sub-stancia, sub-jectum, sujeto), el soporte de las demás (que serían predicados). Sustancia que, más adelante, se identifica con la referencia de nuestros juicios, ya sean lógicos (referencia), ya gramaticales (sujeto):
Strawson escribió:
Pero todas las imágenes (...) son imágenes de un mundo en el cual cada uno de nosotros ocupa, en un momento dado, un punto de vista perceptivo y en el cual los individuos que ocupan espacio, señalados y señalables como tales mediante conceptos de cosas de ese género, tienen, como nosotros, historias pasadas y, quizás, un futuro.
Así pues, estos individuos que ocupan espacio y que conservan su identidad –individuos a los que, en nuestra experiencia, cabría llamar «objetos materiales» o «cuerpos»- ocupan una posición fundamental en nuestro esquema de cosas, en la estructura conceptual que empleamos (p. 120)

Así pues, como piedra angular de nuestro sistema filosófico hemos acabado poniendo al “individuo” que “conserva su identidad”. ¿No estamos, pues, de vuelta a Quine, a quien habíamos abandonado al final del capítulo 3? ¿Necesitábamos tantas alforjas para tan poco viaje? Creo que sí, y hay que darle la razón a Strawson. El “ser es el valor de una variable” de Quine sólo tenía alcance lógico, pero no decía mucho sobre la realidad. El trayecto de Strawson, sin embargo, nos ha llevado a través del argumento que hemos expuesto al principio: nuestros juicios generalmente se aproximan bastante a la realidad de las cosas. Así que la afirmación de Quine se nos ha convertido en una “casi” condición necesaria y suficiente. Dentro de la exposición que hasta aquí ha hecho Strawson podemos decir que es una condición que podemos admitir “generalmente”, con generalidad más que con necesidad, y generalmente suficiente. Y ello porque:
Strawson escribió:
Percibimos las cosas, por supuesto, pero no como son en realidad, sino tan sólo como se les aparecen a seres constituidos fisiológicamente como nosotros.
Lo que ha de tenerse presente a propósito de esta conclusión es que es perfectamente aceptable, si se la entiende apropiadamente; y que, al mismo tiempo, resulta perfectamente compatible con la proposición de que normalmente percibimos las cosas como son en realidad. Aunque en apariencia parezcan contradecirse, de hecho no es así. Pues la frase «las cosas como son en realidad» se usa en esas proposiciones en sentidos diferentes o con diferentes criterios de aplicación” p. 117.

No nos debería sorprender todo esto, pues ya Strawson nos había avisado al comienzo de su libro de que posiblemente estaríamos todo el rato moviéndonos en círculos viciosos argumentativos; pero lo importante no era eso, sino la amplitud de los círculos que recorriéramos. Desde luego, como era de esperar, Strawson no ha demostrado que haya una realidad ahí fuera y que dicha realidad sea como la concebimos. Tampoco lo ha pretendido; se trata, simplemente de analizar por qué esa opinión es bastante (si no la que más) plausible y aceptable. Y es, por otra parte, la que se corresponde con nuestra forma de hablar. Así que cierra el capítulo con otro retorno, en este caso a la opinión de Wittgenstein que recogió en el primer capítulo sobre la conveniencia de acudir al lenguaje ordinario en que nos expresamos:
Strawson escribió:
El lenguaje nos proporciona un reflejo del lugar fundamental que corresponde a ciertos tipos de objetos de referencia, a los individuos lógicos, en nuestro esquema de las cosas. Y, por consiguiente, también de la primacía de ciertos tipos de predicación, de los tipos que corresponden a las propiedades y relaciones (p. 121)

Recordar, para terminar, que no estamos tan lejos de Aristóteles, después de todo. Ya habíamos hablado de la categoría de “sustancia”, fundamental para el Estagirita y, como vemos, también para Strawson, aunque bajo el nombre de “objeto con identidad”. Ahora la mención de éste al lenguaje nos recuerda que asimismo para Aristóteles, las categorías eran formas de ser, pero también formas gramaticales; y ambas cosas de forma inseparable.
Bin ich doch kein Philosophieprofessor, der nöthig hätte, vor dem Unverstande des andern Bücklinge zu machen.
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Re: "Análisis y metafísica". Notas de lectura crítica (cap. 5) 28 Dic 2011 13:58 #5884

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Nolano escribió:
se puede decir que las facultades cognoscitivas del hombre no son generalmente falsas porque el hombre ha sobrevivido como especie, cosa que no habría ocurrido si los juicios cognoscitivos fueran generalmente erróneos, como argumentaron Popper y Quine.
Este argumento, que ya hemos compartido alguna vez, me parece muy razonable. Ahora bien, creo que implica cierto optimismo: aunque se habla en general y se admiten juicios cognoscitivos erróneos, se postula que la exigencia de la selección natural tiende a convertirlos en residuales. En lo que a la ciencia se refiere - y quizá sólo se esté hablando de ciencia -, creo que esta evolución es evidente. Ahora, me pregunto, ¿no hay juicios que pueden contribuir con su falsedad a la supervivencia de la especie? Me pregunto si en un “mundo feliz” la población puede reproducirse y sobrevivir mejor viviendo en un engaño.

Sobre el agua hirviendo, el gato y la planta, creo que el factor diferencial entre ellos y un humano no es sólo una cuestión de grado, sino que sólo puede llamarse conocimiento al humano por haberse adquirido culturalmente o experiencialmente con un grado de abstracción cualitativamente superior. De ahí, en mi opinión que Strawson hable de “consciente”. La planta busca el agua porque genéticamente está determinada para ello. El gato, además de la determinación genética, ha podido aprender por experiencia propia a evitar escaldarse con el agua hirviendo, pero nunca porque su madre o su comunidad se lo haya enseñado, y menos habiendo sido capaz de abstraer como un ser humano el agua hirviendo. Quizá sí sea una cuestión de grado, pero de un grado que acaba derivando en un salto cualitativo, de forma análoga al principio de correspondencia que Bohr postulaba entre la mecánica cuántica y la clásica. Incluso entre los animales superiores más similares a los seres humanos, se ilustra este salto con un experimento que nos ofrecía un profesor de filosofía del colegio para ilustrar en qué consistía la abstracción: Se situaba un mono en una isleta en medio de una piscina. La isleta estaba comunicada con el bordillo de la piscina mediante un tablón. En la isleta se colocaba una caja de determinadas dimensiones que contenía cacahuetes, de manera que por el agujero practicado a la caja el mono era incapaz de alcanzar dichos cacahuetes al fondo. A su lado un cubo de agua vacío. Fuera de la piscina había una fuente. Previo a este experimento, el mono había sido enseñado a jugar con la caja y había aprendido que transportando agua con el cubo desde la fuente hasta la caja a través del tablón lograba hacer flotar los cacahuetes y así alcanzar con la mano su preciado tesoro. Una vez logrado este aprendizaje, el tablón era cambiado por una vara, de forma casi cilíndrica, de manera que rodaba por las superficies del bordillo y de la isleta y el transporte de agua desde la fuente hasta la caja se hacía muy inestable. Tan inestable que el pobre mono multiplicaba sus viajes desde la fuente a la caja, dado que los cubos que transportaba perdían mucha agua en el camino. El mono llegaba incluso a desistir de conseguir los cacahuetes: Había sido incapaz de abstraer las características del agua y acuñar "agua" como concepto universal y, por tanto, no entendía que toda la inmensa cantidad de agua que rodeaba la isleta era agua exactamente igual que la de la fuente, y que por tanto le hubiera servido igual para sus propósitos habiéndole evitado innumerables viajes.

Por lo demás, comparto tu análisis de las palabras de Strawson en su salto a la teoría de la verdad coherencia. Y me pregunto si esa maleabilidad de la estructura conceptual no está más que nunca desafiada por los descubrimientos que la ciencia ha traído en las últimas décadas: si hasta ahora (en las últimas decenas de milenios) esa estructura conceptual se había venido consolidando filogenéticamente por la experiencia cotidiana del homo sapiens - y Hume sólo había podido llegar a cuestionar como irrefutablemente dado en la experiencia -, el revolucionario salto cultural de nuestro conocimiento que nos ha separado del resto de las especies nos ha llevado a las aparentes aporías de la ciencia de nuestros días, que chocan frontalmente con nuestras concepciones metafísicas y lógicas más elementales, de lo que ya hablamos en la subcategoría de Teorías de la Ciencia y de lo que me serví para preparar mi trabajo/examen para el segundo cuatrimestre de Teorías de la Ciencia (Junio 2011) que está colgado aquí.

No obstante, como ya he puesto de manifiesto en el capítulo 3, discrepo de que el "ser es ser el valor de una variable" de Quine sólo tenga alcance lógico, como dices. La propuesta de Strawson es ontológicamente bastante más prudente que la de Quine, que presenta todo un compromiso: los objetos que subyacen, y que se nos presentan siempre espacio-temporalmente, constituyen una noción que forma parte de nuestra estructura coceptual, según Strawson. Su anclaje experimental con la realidad presiona selectivamente esta estructura conceptual para que resulte adaptativa (esto contribuye a su verosimilitud aunque no necesariamente, como decía antes). Esto no quiere decir que el "ser", todo cuanto exista, haya de corresponderse necesariamente con nuestra estructura conceptual, y por tanto la condición necesaria y suficiente es en realidad una relación general a la especie humana. Otra cosa sería la interpretación ligera que haría de Quine otro Berkeley, crítico con la capacidad de nuestra limitada noción de "ser", pero ya desestimé esa posibilidad. Como se ve y también advertí, la coincidencia de Strawson con Aristóteles que adviertes al final, también tiene que ver con su moderación a la hora de pronunciarse.
Última Edición: 28 Dic 2011 14:02 por Kierkegaard.
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Re: "Análisis y metafísica". Notas de lectura crítica (cap. 5) 28 Dic 2011 16:56 #5885

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Hay una cita de este capítulo que me ha llamado la atención y es aquella en la que Strawson dice en la página 117:
Strawson escribió:
De modo que a las cosas se las puede concebir, se puede pensar en ellas como realmente son, en términos abstractos, pero no se las puede percibir como son de verdad. Percibimos las cosas, por supuesto, pero no como son en realidad, sino tan sólo como se les aparecen a seres constituidos fisiológicamente como nosotros lo estamos.
Al margen de la verosimilitud que tiene concebir, finalmente, que las cosas son razonablemente como las percibimos, traigo este extracto porque me ha llamado la atención la confianza de Strawson en nuestra capacidad para concebir las cosas en términos abstractos. Y es una suposición un tanto optimista de la raigambre kantiana tan notable en Strawson. Aun moderando sus términos categóricos de universalidad y necesidad, por una atemperada generalidad, Strawson hereda este optimismo de Kant que considera que, una vez separado el noúmeno y el fenómeno por un abismo infranqueable, tiene a bien especular sobre las categorías del a priori, confiando en que su especulación queda liberada de una crítica que cualquier Hume habría desplegado con dureza, aunque no sin esfuerzo.

Si distinguimos, por prudencia entre "las cosas [...] como son en realidad" de las cosas "como se les aparecen a seres constituidos fisiológicamente como nosotros lo estamos", ¿por qué no habríamos de guardar la misma prudencia y distinguir entre las cosas tal y como abstractamente las piensan seres como nosotros y las cosas como realmente son?
Última Edición: 30 Dic 2011 14:36 por Kierkegaard.
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Re: "Análisis y metafísica". Notas de lectura crítica (cap. 5) 29 Dic 2011 13:24 #5900

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No soy zoólogo y, por supuesto, menos aún especialista en comportamiento animal, pero el ejemplo que pones del mono y el agua creo que debe interpretarse de forma completamente distinta a la tuya.

Yo tengo un gato y, aunque hay a su disposición en la cocina un bebedero junto a la comida, suele ir a beber sin ningún problema tanto a la piscina como al grifo del fregadero, sin que nadie se lo haya enseñado. Él sabe muy bien que lo que hay en esos tres sitios es agua. Si un gato es capaz de saber eso, no veo por qué un mono iba a pensar que lo que sale del caño de la fuente es diferente de lo que hay en la piscina.

Eso me lleva a pensar que no es la “incapacidad de abstraer las características del agua y «acuñar» agua como concepto universal” lo que hacía que el simio fuese a por agua con el cubo para echarla en la caja, en vez de usar agua de la piscina. El mono, aun sabiendo que ambas cosas son agua, y sirven para su utilidad básica que es beberla, no es consciente de que también son intercambiables para otras funciones secundarias, como es la de hacer subir los cacahuetes dentro de la caja. Creo que la clave la das tú mismo:
Kierkegaard escribió:
...el mono había sido enseñado a jugar con la caja

El mono sabe de forma innata que el agua sirve para beber; pero sólo sabe que sirve para elevar la altura de los cacahuetes porque ha sido enseñado: ha sido “culturizado”, ha aprendido una práctica “cultural”; y espero que se me permita utilizar este sustantivo para recoger cualquier práctica aprendida de forma imitativa. El sistema simbólico de aprendizaje le ha enseñado que el agua-que-hace-subir-los-cacahuetes es sólo el agua de la fuente, pero nadie le ha enseñado eso del agua de la piscina.

Estos días oí en la radio que se celebraba la efeméride del famoso accidente de los Andes, en que los supervivientes se tuvieron que alimentar de carne humana. Esos supervivientes sabían que eso era carne animal muerta, que sirve para alimentarse como cualquier otra carne animal. Pero sólo la comieron por extrema necesidad; si hubieran tenido que recorrer unos kilómetros en la nieve para coger carne de oso, por ejemplo, hubieran, como el mono de nuestra historia, realizado todos los días el duro trayecto en medio de la ventisca, en vez de comer la carne humana de los pasajeros muertos en el accidente. Y no por no saber abstraer “carne”, sino por un prejuicio cultural: se les ha enseñado que la carne humana (aunque es carne) no se come.

Si mi interpretación es cierta, tu ejemplo muestra precisamente que no hay un salto entre el mono y el hombre, sino una gradación. Y sigo sin comprender qué quiere decir Strawson cuando habla de “consciente” en relación con el hombre y para diferenciar sus facultades cognitivas de las de los animales.
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Re: "Análisis y metafísica". Notas de lectura crítica (cap. 5) 03 Ene 2012 10:46 #5985

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Desde luego, yo tampoco soy zoólogo, y es muy posible que el experimento que he relatado pueda haber sido alterado por mi memoria, mi capacidad para explicarlo, o incluso por el profesor que me lo contó en su día, entre otras cosas.

Ciertamente el mono pudo ser culturizado. Lo pensé según lo conté de ese modo. Pero me pregunto si, como la paloma de Skinner por condicionamiento operante, podría haber aprendido casualmente a emplear el agua de la fuente para obtener sus cacahuetes, lo que habría reforzado dicho comportamiento. En ese caso no distaría mucho del aprendizaje de tu gato, que está muy probablemente basado en un condicionamiento operante: un día probó, y como le fue bien, ha adquirido el hábito y ese "conocimiento".

La cuestión es qué podemos legítimamente deducir de ahí: ¿la diferencia que hay entre que tú "sepas" que lo que hay en tu piscina, en tu grifo y en el bebedero es agua y que tu gato lo sepa muy bien, como dices, es una cuestión sólo de grado? Indudablemente, de hecho, lo que hay en los tres sitios no es la misma agua. Por ejemplo, la de la piscina lleva cloro. Pero desde el punto de vista de la función beber, es ciertamente la misma. El humano es capaz de aprovechar para muchas más funciones el agua que el gato, y por eso la conoce mejor. Parece que en este sentido es pura cuestión de grado en complejidad, al margen de la casi omnipresente mediación cultural en el conocimiento humano.

Pero ¿encontraría el gato algún inconveniente en sostener juicios que no fueran consistentes entre sí si los hubiera aprendido por condicionamiento operante? Strawson da importancia a esto de "ser consciente" como dices, para recoger el valor de la teoría de la verdad como coherencia, y para eso ¿no es preciso "saber que se sabe"? Eso no creo que el gato lo haga. La coherencia se la impone el mundo al gato pues, por lo que de momento nos parece en nuestro mesocosmos, el mundo resulta ser coherente en sí mismo y fuerza al gato a mantener juicios coherentes. Pero precisamente porque somos conscientes del significado de nuestros juicios, de que tienen una pretensión de verdad que los trasciende (verdad-correspondencia) somos nosotros mismos los que nos anticipamos a romper la incoherencia de nuestros juicios antes de que el mundo nos exija descartar al menos a uno de ellos para restaurar la coherencia.
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Re: "Análisis y metafísica". Notas de lectura crítica (cap. 5) 03 Ene 2012 11:41 #5988

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Kierkegaard escribió:
Por ejemplo, la de la piscina lleva cloro
No mucho más que la del grifo, a decir verdad... :lol:
Kierkegaard escribió:
Strawson da importancia a esto de "ser consciente" como dices, para recoger el valor de la teoría de la verdad como coherencia, y para eso ¿no es preciso "saber que se sabe"? Eso no creo que el gato lo haga.
Parece que tienes demasiada confianza en un "algo" que hace al hombre de otra clase diferente a los animales; Strawson lo llama "ser consciente", que creo que es una perífrasis de otro nombre más apropiado, aunque también más rancio y, quizá, hoy desacreditado; pero os referís a lo mismo, creo.
Kierkegaard escribió:
somos nosotros mismos los que nos anticipamos a romper la incoherencia de nuestros juicios antes de que el mundo nos exija descartar al menos a uno de ellos para restaurar la coherencia.
No estoy de acuerdo. No creo que, sosteniendo un sistema de creencias coherente, "nos anticipemos a romper" nada si el mundo o el entorno no nos empuja a ello (y que conste que creo que hay una acción recíproca y dinámica entre el hombre y el entorno; pero como la hay en el caso de cualquier animal). En eso no creo que nos diferenciemos cualitativamente del gato: éste toma decisiones continuamente, como nosotros, y las toma teniendo en cuenta su experiencia pasada (sistema coherente de creencias sobre el mundo); naturalmente, a veces algo falla, nuestra previsión no es acertada y cambiamos el sistema de creencias apremiados por el mundo; como el gato. Por supuesto, salvada la inmensa distancia entre la complejidad de nuestro sistema simbólico y el más sencillo del gato.
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Re: "Análisis y metafísica". Notas de lectura crítica (cap. 5) 03 Ene 2012 15:42 #5993

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No sé muy bien si te refieres a algún tipo de principio como el "alma" o similar. No creo que haga falta tal postulado, ni que Strawson esté insinuándolo con sus palabras. Creo que lo que sostiene es algo que bien puede entenderse de forma puramente inmanente: el hombre sabe que sabe (o más bien que en esencia no sabe, como dice el adagio socrático) y eso le hace desconfiar de sus propios esquemas cuando son lógicamente inconsistentes aunque el mundo no se lo haya exigido todavía, precisamente porque está escarmentado de cuando sí se lo ha exigido. La pregunta es, ¿el gato es capaz de aprender de sus errores para trasladarlos por analogía a otros esquemas? Yo creo que necesita volver a tropezar en una piedra análoga para aprender. Y sin embargo, el hombre ha aprendido a aprender.
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Re: "Análisis y metafísica". Notas de lectura crítica (cap. 5) 03 Ene 2012 19:21 #5996

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Strawson, realmente, mediante el "consciente", diferencia al hombre de una planta (no habla de animales intermedios; es cauteloso, como siempre), y la cuestión no es decisiva ni afecta en exceso a su planteamiento.

Efectivamente, me llamó la atención lo cuidadosamente que en los tiempos modernos se viene evitando la palabra "alma" como elemento decisivo para distinguir al hombre en el concierto de los seres naturales. Eso obliga realmente a dar excesivas (e innecesarias) perífrasis en muchos ámbitos: el más palmario, la Antropología Filosófica; auténticos encajes de bolillos, verdaderos tratados sobre el alma sin hablar del alma.

No creo que un gato necesite haberse caído desde un árbol análogo a otro para saber la altura desde la que puede saltar y la que no. Tampoco sé a qué te refieres con "una piedra análoga"; quiero entender que no se trata de piedras iguales, sino parecidas; y para ser parecidas tendrán algún rasgo, que el gato sea capaz de abstraer, común. Y eso implicaría una capacidad de abstracción: distinguir la dureza, o la altura, más allá del objeto concreto que tiene delante. Nuestro Código civil define la analogía refiriéndose a supuestos diferentes entre los que se aprecie "identidad de razón", y subrayo la razón como fundamento de la analogía. Para discernir la analogía hace falta estar provisto de "razón".

Pero, como digo, creo que se trata de una cuestión de creer o no en el "alma" del hombre y su naturaleza radicalmente diferente al "ánima" de los animales; a una psique intelectiva más allá de la vegetativa y la sensible, por ceñirme a la tripartición platónica. Pero, como digo, eso no afecta a nuestro asunto principal, pues todos reconocemos que el hombre tiene una capacidad de simbolización (la tengan o no los animales), que es lo que interesa, y de un grado tan avanzado que no tiene parangón en los demás seres del reino animal.
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