Por si alguien aún posee la templanza —esa virtud casi extinta en la era de la simulación hiperreal y la diseminación fragmentaria de sentido— para someter su mirada a un ejercicio ontosemiótico deconstructivo y hermenéuticamente exigente, recomiendo sin reservas Serenity (2019), la obra cumbre del cine posmoderno en lo que llevamos de siglo XXI, y quizás desde que alguien inventó la rueda y se preguntó por qué giraba en un circuito semiótico interminable.
Serenity no está pensada para el consumidor, ese sujeto biopolítico reducido y condicionado por regímenes de consumo acelerado, atrapado en la tiranía de la gratificación efímera y la lógica del clickbait. Esta película convoca al espectador verdadero, esa rareza ontológica en vías de extinción, que practica la meditación hermenéutica y la decodificación de signos intertextuales como acto de resistencia contra la homogeneización neoliberal del sentido.
No esperes aquí una narrativa lineal, ni personajes con identidades estables, ni siquiera una trama reconocible. Encontrarás en cambio un monumento a la vacuidad performativa, silencios densos y símbolos polisémicos que desestabilizan el orden discursivo, exigiendo una lectura rizomática y un compromiso hermenéutico casi ascético para poder rozar siquiera su superficie.
Los consumidores, incapaces de soportar siquiera una mínima fisura en la transparencia del relato, vomitarán la previsible serie de improperios: “es aburrida”, “no entiendo nada”, “qué pérdida de tiempo”. Es entrañable su ignorancia estructural; un síntoma patológico que los condena a la periferia semántica del entretenimiento superficial, lejos del Olimpo reservado a los verdaderos sujetos de la mirada crítica.
Así pues, Serenity es una experiencia para los pocos valientes que renuncian al cómodo consumo de estímulos prefabricados y abrazan la complejidad sublime del vacío discursivo, la experiencia estética como evento performativo y la disolución de toda forma cerrada de sentido. Si buscas algo que te acaricie el ego sin esfuerzo, sigue con tus consumos rápidos. Esta película no es para ti; es para los elegidos que habitan el umbral del silencio y la diferencia radical.
P. D.: Por favor, que nadie se enfade. Perdóname por la parodia, Zolaris. Es que yo debo ser un consumidor de esos y no un espectador, porque a mí Sirat me ha parecido una auténtica porquería, carente de algo mínimamente parecido a un argumento y que además parece que busque recrearse en la crueldad.
Decía Adrono que convertir el horror en belleza no era civilizado sino bárbaro. Nunca he estado de acuerdo con eso. Es bárbaro convertir el horror en algo que se disfrute, como hacen tantas películas y videojuegos repletos de violencia gratuita que busca conectar con los bajos instintos del consumidor. Pero también es bárbaro, en mi opinión, pretender incluir en el "arte" el horror sin modificarlo de ningún modo, buscando simplemente que resulte desagradable para el espectador. Los grandes artistas son los que crean belleza a partir del horror sin por ello justificarlo ni convertirlo en algo de lo que se goce.
Basta con pensar en la cantidad de grandes obras de arte (ya sean películas, novelas o, pese a Adorno, poesía) que se han hecho sobre la temática de los campos de exterminio y que sin duda describiríamos como repletas de belleza sin que se esté justificando lo más mínimo el horror que en ellas se narra. Esas obras perderían la belleza sin el horror y, sin embargo, no es el horror lo que disfrutamos en ellas.
Esa idea de que no hay que estetizar el horror, de que hay que presentarlo sin transformarlo de ningún modo ha llenado los museos de obras feas y los cines de películas sencillamente desagradables. Ir al cine a hacer algún tipo de penitencia no nos convierte en mejores personas ni nos hace más conscientes de nada, del mismo modo que ir a una exposición a ver fotografías de una violación simulada no nos convierte en más feministas.
El arte puede ser bello sin que ello impida que sea incómodo. Y no niego que haya belleza en esta película, pero esa belleza está en los paisajes y la fotografía, la historia y los personajes carecen de todo contenido.
Por cierto, que nadie se tome en serio mi recomendación, he escogido la peor película que se me ha ocurrido.