Cada vez que llego a viejos autores Borges ya ha estado ahí. Rafael Barrett, Óssip Mandelstam, a un maravilloso librito de Louis-Auguste Blanqui, Borges ya ha estado ahí. ¿Qué no se habrá leído este hombre? Imagino mis horas pasadas en los bares, noches de ebriedad descontrolada, de total disolución del yo. A diferencia de Hemingway, yo no bebía para hacer mas interesante a la gente. Ni siquiera para ser más interesante yo. Quizás para hacer salir mi yo verdadero, dejándolo sin control.
Pero la suma de esas horas no son suficiente. Veamos las pasadas frente a un televisor. Incontables. Aunque desde hace seis años ya no tengo televisor, otras pantallas conectadas ocupan mi tiempo. La horas pasadas en trabajos inútiles...ni sumando esas toneladas de tiempo hubiera leído una milésima parte de lo que leyó Borges. Y no solo lo leyó, también lo comprendió. ¡Qué se le va a hacer, me distraje viviendo! No me gustaría mirar a atrás y pensar lo mismo que escribió el argentino: “He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer. No he sido feliz”.
Edito: una contradicción con lo que afirma aquí:Bernat: "Mi frase preferida de Borges era la frase preferida de Borges, que era la frase preferida de Hudson, que era la frase preferida de Boswell, quien decía que muchas veces en la vida emprendió el estudio de la metafísica, pero que siempre lo interrumpió la felicidad." ( Pillado del Twitter de Bernat Castany Prado. Que es una mina de oro).
El librito de Louis- Auguste Blanqui:
La eternidad a través de los astros. Sedujo por igual a Borges y a Walter Benjamin. Dijo Borges: “Blanqui abarrota de infinitas repeticiones, no sólo el tiempo, sino también el espacio infinito. Imagina que hay en el universo un número infinito de facsímiles del planeta y de todas sus variantes posibles. Cada individuo existe igualmente en infinito número de ejemplares, con y sin variaciones”.
Le preguntaron a Blanqui, cuando compareció ante el consejo de guerra en el Palacio de Justicia de Versalles:
- ¿ Domicilio?
- La prisión- respondió.
Nacido, como yo, un 8 de febrero, de 1805, Louis Auguste Blanqui pasó mas de treinta años en prisión, más de un tercio de su vida; de ahí su apodo L’enfermé, “el encerrado”. Para soportarla: “Me refugio en los astros donde uno puede pasearse sin límites”. Una vida dedicada a la conspiración y la revolución. En presidio escribió un extraño y poético texto alejado de proclamas y llamamientos a la insurrección,
La eternidad a través de los astros. Anticipando la teoría del Eterno Retorno, el tiempo que vuelve una y otra vez, una vida circular: “Esto que escribo en este momento en una celda del fuerte de Taureau, lo he escrito y lo escribiré durante la eternidad, sobre una mesa, con una pluma, con vestimentas, en circunstancias semejantes”. En su teoría sobre universos finitos pero incontables, mundos que se repiten, mantiene un halo de esperanza: “No nos olvidemos que todo lo que se habría podido ser aquí abajo, se es en alguna otra parte”.
Samuel Bernstein, el eminente historiador de los movimientos sociales, nos relata los detalles de la vida militante y romántica de Blanqui, modelo de revolucionario y generador de tumultos que cualquier autoridad civil temería en libertad. A pesar de que Blanqui, encerrado en la cárcel la mayor parte de su vida, fue el gran ausente de la Comuna, no dejó de ser, tal como señaló Marx, «la cabeza y el corazón del partido proletario en Francia» y por todas partes planeó la sombra del que los insurrectos parisienses llamaban cariñosamente «el Viejo».
Recordando las palabras de Blanqui: “Sí señores, es la guerra entre ricos y pobres; los ricos lo han querido así: ellos son, en efecto, los agresores. Sólo ellos consideran acción nefasta el hecho de que los pobres opongan resistencia. Con gusto dirían, al hablar del pueblo: Este animal es tan feroz que cuando es atacado se defiende”.
Pepitas Editorial ha editado (por fin) un libro con los escritos de Blanqui:
Ni dios ni amo. Antología esencial. Otro para la lista…..
Y ahora a leer la recomendación de Lapidario:
Deja de huir. Deja de evadirte. Contempla tu angustia. ¡Contémplala! No hay refugio. Compréndelo. Sólo cuando comprendemos que no hay refugio dejamos de buscarlo. Acepta la intemperie.
Recordando esta cita del nobel egipcio Naguib Mahfuz: “Tu hogar no es donde naciste; el hogar es donde todos tus intentos de escapar, cesan”