Vengo a traer un par de mis últimas lecturas. La primera, un ensayo corto y deliciosamente divertido: "Ciencia ficción capitalista", de Michel Nieva.

Empieza suave, con un repaso a las conexiones entre la ci-fi (en particular la ciencia ficción hard) y la industria, adelantando nuevos inventos y proponiendo su utilidad. Esta relación, hoy en día, se encuentra sobre todo en Silicon Valley, donde los mayores cabrones (desde Musk hasta Bezos o Thiel) se declaran super fans de libros de ciencia ficción que amo, desde los de la Cultura de Iain Banks hasta los del pobre Douglas Adams. El libro analiza el ethos tecnooptimista de esta gente, que o bien por convencimiento sincero o bien por interés se convencen y convencen al mundo que la tecnología tendrá respuesta a todos los problemas del mundo... Cuando la crisis ecológica se hablaba de geoingeniería, con la crisis energética de superinteligencias que lo vendrán a arreglar todo: siempre un paso hacia adelante... A través de nuestros productos y servicios, claro. El Antropoceno y la crisis climática serían buenas en el fondo, un "Antropoceno espectacular" que serviría como campo de pruebas para tecnologías revolucionarias.
Las chorradas de Musk y Bezos son una
“versión farsesca y corporativa del macho salvador de ‘Armageddon’ o ‘Independence Day’. Porque, en esta narración, todos los problemas ambientales, políticos y económicos del mundo son en realidad insuficiencias técnicas que la viril valentía del Homo Deus de Silicon Valley y sus intrépidas soluciones tecnológicas van a solucionar”.
Hay en particular dos capítulos super graciosos: uno sobre ciencia ficción comunista y los afanes del argentino Posadas por encontrar ovnis proletarios, y otro final en que Nieva escribe un breve cuento sobre Musk colonizando Marte y los problemas que allí encuentra.
Y, en un cambio completo de tercio, una novela que me ha dejado tocadísimo: "Dispersión", de Ian Reid.
En la contraportada mencionan que es un thriller, pero nada de eso... O sí, pero de una forma muy indirecta. En realidad es bastante inclasificable. La historia está narrada en primera persona por una anciana de ochenta y muchos años. Empieza contando como, tras quedarse viuda de un famoso pintor, empieza a sentirse observada, a oír ruidos extraños y fragmentos de conversaciones procedentes del piso de al lado, recibiendo la visita de un sospechosísimo inspector del gas... Y tras un accidente más o menos inexplicable, acaba en una residencia de ancianos en la que no recuerda haber pedido plaza y con una directora con una agenda oculta... Y pongo el resto en spoiler, para quien no vaya a leer el libro (de verdad recomiendo leerlo, es breve y contundente):
Ya había leído alguna vez un libro con un narrador poco fiable o mentiroso, pero este es el primer libro que leo con un narrador... Con demencia. Me pasé una cantidad sorprendente de tiempo aceptando las paranoias de la protagonista tal como venían: los lapsus temporales, las alucinaciones, el desconcierto, los olvidos... Todo fruto de malvados experimentos para alargar la vida. Pero si se acepta que toda la paranoia está en la mente de la narradora, el punto de vista cambia por completo y la historia se vuelve un triste e inevitable descenso en el olvido, puntuado por una reflexión sobre lo importante que es aceptar el fin.
Y edito otra vez para añadir que no queda cerrado el tema en el libro al 100%, pero por una vez (raro en mí) la explicación Scully me convence más que la Mulder.