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TEMA: Filosofía sobre la MUERTE y su ACEPTACIÓN?

Filosofía sobre la MUERTE y su ACEPTACIÓN? 06 Sep 2022 10:05 #72754

  • Lazz
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Buenas.

Puede que el tema suene algo disparatado, pero en un foro de este tipo creo que puede tener cabida.

Como la mayoría de la gente, tengo mis divagaciones en torno a la idea de la muerte y de la nada y, aunque poco a poco la voy aceptando e incluso viendo como algo natural y a lo que no hay por qué tener miedo, sigo sintiendo angustia, La náusea en términos sartrerianos, cuando pienso en ello.

Al ser neófito y un aficionado en esta disciplina, me gustaría que me recomendarais autores, libros, escuelas... Que hablen sobre la muerte y más concretamente en la aceptación de esta. Me gustaría saber qué autor o libro os hizo cambiar de idea respecto a la muerte y vivir sin miedo a esta.

Gracias!
Última Edición: 06 Sep 2022 10:06 por Lazz.
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Filosofía sobre la MUERTE y su ACEPTACIÓN? 06 Sep 2022 11:43 #72757

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Uffff, muy difícil esto... Quizá lo más difícil dentro de la filosofía, a mi modo de ver, pero claro, yo siempre he sido un poco obsesivo con este tema. El trabajo de HFAII para la PEC lo escribí sobre cómo estoicos y epicúreos se enfrentaban al miedo a la muerte, pero teniendo en cuenta que lo titulé "La nada indiferente" no sé hasta qué punto es una lectura alegre.

Martha Nussbaum, en un libro muy chulo llamado "La terapia del deseo", le dedica unos capítulos al helenismo y su aceptación de la muerte.

No tengo tiempo ahora de desarrollar más, pero copipego un párrafo de mi trabajo que habla de ciclos cósmicos: si no se puede evitar el miedo a la muerte, como mínimo quedarse con la idea de que sirve para algo:

Epícteto subraya que la separación de cuerpo y alma en la muerte es más un cambio que una aniquilación completa, o por expresarlo de modo más preciso: no es un cambio de ser a no ser, sino de ser a ser lo que no se es ahora (Diss. III 24.93). Una idea similar será desarrollada por Marco Aurelio en Med. XI, 35: “uva verde, uva madura y pasa. Todo es transformación, no en lo que no es, sino en lo que no es todavía”. Ese cambio no es caprichoso sino conforme al lógos, natural y necesario. Antes de nacer nuestros elementos ya existían; nacimos cuando el cosmos lo necesitó, y lo nuevo que vendrá tras nuestra muerte es lo que el cosmos necesitará en ese momento. En el ciclo de la vida no puede haber nacimiento sin muerte. La justicia de la naturaleza pide que los viejos mueran y dejen sitio a los jóvenes. Esta idea de generosa conformidad con la naturaleza es profundamente estoica, por ejemplo Marco Aurelio la recoge en Med. XII, 21: “Todo ha nacido para cambiar de lugar y de forma, para corromperse, con el fin de que otros seres puedan venir a su vez”. El necio se pregunta si no podría la naturaleza hacer una excepción con él. Pero más allá de la cobardía y el egoísmo que implica, el propio deseo de inmortalidad es en el fondo desear no ser humano, ya que la mortalidad es parte integral de lo que nos define. No morir sería una maldición, como para el trigo no ser recogido (Diss. II 6.11-13); implicaría una existencia eterna fuera de la ordenación del cosmos. Marco Aurelio acaba llevando este argumento de inevitabilidad natural y acuerdo con el cosmos hasta su extremo: “actúa como si estuvieras ya muerto en vida, y vive, por tanto, lo que te queda de acuerdo con la naturaleza”. (Med. VII, 56).

El epicúreo Lucrecio adopta un enfoque sorprendentemente similar al estoico en su argumento de la población: “es necesario reponer unas cosas con otras: (...) hace falta materia para que crezcan las generaciones venideras, todas las cuales sin duda te seguirán en el disfrute de la vida; y no menos por tanto que tú fueron ellas antes cayendo y habrán de caer. Nunca así dejará de surgir una cosa de otra; a nadie se le otorga la vida en posesión, a todos en usufructo” (LN III, 963,971). Este fragmento invita a tomar un punto de vista más amplio que el individual y mostrar interés en todos los seres vivos, que requieren de la muerte de los presentes para existir, tanto por disponibilidad de materia prima como de recursos. Por ejemplo, si nadie se viera abocado a la muerte sería necesario evitar el agotamiento de espacio y recursos con un estricto control de natalidad: un mundo así perdería el impulso y la capacidad de renovación de los jóvenes. Este argumento no elimina el miedo a la muerte, pero disminuye su sensación de injusticia: tal vez por eso Lucrecio lo incluye en su poema, por motivos terapéuticos puramente instrumentales. Martha Nussbaum lo ve como un punto de partida para una terapia modificada que considere la finitud como parte constituyente de los valores humanos, inimaginables para un ser inmortal (¿cómo puede ser valiente quien no se enfrenta al peligro de morir?). Y la aceptación algo estoica de la parte saludable y necesaria de nuestras limitaciones y de las necesidades de otros seres permite superar tanto la tendencia epicúrea al aislamiento como la sospechosa tendencia hacia la divinización antes comentada (cfr. NUSSBAUM, 2003, p.287).
Primum vivere deinde philosophari
Última Edición: 06 Sep 2022 11:46 por Lapidario.
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Filosofía sobre la MUERTE y su ACEPTACIÓN? 06 Sep 2022 12:46 #72758

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Hola:

Alfred North Whitehead dijo eso de que toda la filosofía occidental son notas al pie de página de la filosofía de Platón. Yo creo que no, que toda la filosofía occidental y universal son notas al pie de página de la filosofía de Anaximandro. Y lleva menos tiempo, porque toda la obra de ese autor es esta:

"De donde las cosas tienen origen, hacia allí tiene lugar también su perecer, según la necesidad; pues dan justicia y (dan) pago unas a otras de la injusticia según el orden del tiempo". En traducción de Marzoa, donde palabras como hacia son importantes.

Que eso consuele o sirva de aceptación ya es otra cosa. Pero no se ha escrito, que yo haya leído, nada que lo complemente con algo que no esté ya ahí. Comprender la muerte es descomprender el yo. Y no hay textos que se lean sin el yo. Aun así me mojo con otro un poco más extenso:

Biografía del silencio de Pablo D'Ors.

Pero no hay recetas que valgan, Aristóteles ya sentenció que "el ser quiere conservar su ser".

No sé si hay que marearse mucho. Finalmente hay muy pocas cosas mejores y más redentoras para la muerte que unas cañas con un amigo.

Salud!
A Flaubert que le den.
Última Edición: 06 Sep 2022 13:34 por zolaris.
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Filosofía sobre la MUERTE y su ACEPTACIÓN? 06 Sep 2022 14:40 #72762

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Yo no creo que sea posible transformar nuestra visión de la muerte a partir de un evento puntual (epifanías aparte), como leer un libro o aprender una idea sugerente al respecto, sino que más bien se trata de ir propiciando un marco mental que sea capaz de controlar esa ansiedad que viene provocada por la capacidad de previsión que tenemos los humanos. Es el precio que tenemos que pagar. Por eso, en mi opinión, una parte importante de aprender a vivir es aprender a morir. Ser capaz de aceptar esa porción del destino que te ha sido asignada (que dirían los griegos) y cerrar tu ciclo vital de manera ordenada, asumiendo que todo tiene un límite.

Ahora bien, ¿cómo hacerlo? Yo veo dos tendencias generales en las que se ha abordado el asunto: la vía del misticismo y la de la razón o la lógica. El problema de la primera es que no es algo que se pueda modular tan fácilmente, uno no puede decidir que va a "creer" y hacer que eso funcione automáticamente sin que se acabe percibiendo como un autoengaño. En cuanto a la segunda, el problema es que no funciona. Ya te puedes leer veinte veces el Tetrafármaco de Epicuro que te vas a quedar igual que estabas. Puede que esta vía solo tenga salida a base de un continuo esfuerzo reflexivo y de saber situarse en un contexto más amplio que el de la propia subjetividad. Diría que tal vez se trate de una destrucción controlada del ego, si es que eso es posible, para de alguna manera ir difuminando esa individualidad tan caprichosa que nos hace vernos especiales y separados del resto del mundo.

Bien es cierto que en la historia de la filosofía normalmente encontramos ambas posiciones combinadas, pero con el enfoque centrada en una de ellas. Platón quiere justificar lo místico usando la razón y en los plantemientos tan pragmáticos de los estoicos (sobre todo los romanos) hay una densa aura de misticismo, por poner un ejemplo. Por eso pienso que para intentar progresar en este aspecto uno debe saber de dónde parte y seguir el camino que le resulte más acorde con su naturaleza. Después de todo, no nos engañemos, lo importante aquí no es lo verdadero de la conclusión a la que lleguemos, basta con que estemos convencidos de verdad.

Sobre bibliografía, que más que divagaciones personales sobre el tema es realmente lo que pedías, no puedo aportar gran cosa. Como ya ha comentado Lapidario, la filosofía helenística es una fuente inagotable de saber al respecto. Por ejemplo, en las Cartas a Lucilio de Séneca, encontrarás que en muchas de ellas se aborda el tema de la muerte de una forma prosaica e informal que es de agredecer (algunas ediciones las tienen seleccionadas y organizadas por temática). Por otro lado, no conviene olvidar las perspectivas orientales, como la budista, que creo que pueden resultar muy provechosas.

Saludos.
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Filosofía sobre la MUERTE y su ACEPTACIÓN? 06 Sep 2022 16:00 #72765

zolaris escribió:
Yo creo que no, que toda la filosofía occidental y universal son notas al pie de página de la filosofía de Anaximandro.

Amén, Zolaris. Ahora bien, ¿lo suyo es Filosofía, es Sabiduría o es Poesía?

Creo que, junto a las dos tendencias apuntadas por Hiperbóreo, se puede abordar el "asunto de la muerte" desde una tercera estrategia, quizá síntesis de las apuntadas: la del Arte.

Os dejo, por si os interesa, la entrada de la voz Muerte que da Félix de Azua en su Diccionario de las artes.

MUERTE. "Una vieja relación de intimidad, una relación originaria, tiende un puente entre las prácticas de las artes y la experiencia de la muerte. Dostoievski era un escritor mundano, brillante, un narrador de éxito, hasta que, tras pasar diez años en la Casa de los muertos, el campo siberiano de trabajos forzados, se transformó en un artista verdadero. Aunque todos sabemos que la condición humana es mortal, muy pocos son aquellos que tienen acceso a la experiencia de la muerte y luego siguen vivos. Forman un selecto grupo de artistas y pensadores. Sirvan estas líneas como una breve introducción a las virtudes necesarias para enfrentarse con las artes, dada la abundancia de candidatos.

La constatación de que nuestra estancia a la luz del mundo es inexplicable y efímera conduce, sea (1) a la indiferencia y la atonía, (2) a la reflexión y a la voluntad de poder, (3) al conjuro.

La indiferencia (1) es la estrategia de defensa elegida por una abrumadora mayoría; es la más inocua, evita muchos disgustos y deja tiempo para entretenerse y tener familia. Ante el pensamiento de nuestra insignificancia, la relación habitual es distraerse pensando en otra cosa, y seguir viviendo como si fuéramos inmortales o animales. Que éste ha sido siempre y es todavía el recurso mayoritario, lo pone de manifiesto el hecho de que inexorablemente va venciendo lo que llamamos “las sociedades avanzadas”, es decir, aquellas que viven del crédito, de contraer deudas, de firmar hipotecas, de establecer seguros de vida y de enfermedad, planes de jubilación y de ahorro, y otras mil argucias para engañar a la convicción de que todo es inútil. A esta estrategia, en su nivel más elevado, se la acompaña con una buena dosis de cinismo o de escepticismo elegante.

A la reflexión (2) se dirigen, en cambio, aquellos para quienes el dolor de la muerte se hace insoportable e imposible de distraer y creen poder domesticarlo con lo específicamente humano, a saber, con el raciocinio. Su ejemplo más adecuado es el de Hegel, cuyo sistema filosófico se presenta como una superación de la muerte. Toda la filosofía occidental (de la oriental no tengo ni idea) toma su primer impulso en el horror de la insignificancia y la consiguiente batalla por la inmortalidad.

El estupor que produce la certeza de estar constituido por un efímero equilibrio de Tiempo y Conciencia conduce a la inevitable verdad de que es el pensamiento lo que nos ha introducido en la muerte. Siendo esto así, el pensamiento es la única herramienta capaz de liberarnos de la desolación de la muerte. Sólo el pensamiento conoce la puerta, y si hay una de entrada bien puede haber otra de salida. De ahí que ya desde Platón (Fedón, 64 A) todo pensamiento en sentido riguroso es mera preparación para la muerte y un intento desesperado de contrarrestarla.

Pero queda una tercera estrategia (3), la cual consiste en penetrar en el misterio sin querer dominarlo, haciendo uso de la inquietud que genera la muerte para penetrar en su interior y conocerla desde dentro. Si la reflexión filosófica es un intento de dominar y domesticar la muerte, las artes tratan más bien de llegar a un pacto con ella. Su ambición final es la de construir un mundo (considerado “ficticio” o “falso” por la opinión pública) en la que la muerte y la vida se muestran en su inseparable necesidad mutua. Ni la muerte domina a la vida, ni la vida domina a la muerte.

Las técnicas que practican las artes son técnicas de negociación con la muerte. El modelo es Orfeo, dios del canto y de la música y, por lo tanto, de la poesía, pero la poesía, no lo olvidemos, es el fundamento mismo de todas las artes. La práctica de un arte sin poesía es o bien tecnología (arte como filosofía del arte), o bien periodismo (arte como actualidades). El pacto de Orfeo, su descenso a los Infiernos, su victoria sobre Cerbero (el perro guardián de los muertos) y su regreso a la luz del sol, es una alegoría de las artes: son las artes explicadas artísticamente. La obra de arte aparece a la luz del sol, una vez abandonada su ocultación subterránea, su paseo por los infiernos.

Se recomienda muy vivamente a los lectores de este diccionario el estudio cuidadoso de la máxima obra de arte sobre la fábula de Orfeo, la ópera homónima de Claudio Monteverdi. Es una de las más explícitas de entre todas las que se han conservado. En el camino de ida y vuelta del Infierno, Orfeo pierde a Eurídice por una bobada. Que el practicante de las artes es, además, un peligro para todas aquellas mujeres que quieren o deben perpetuar la especia es un tópico tan popular que no precisa comentario. Compañero y amigo de la muerte es Eros, el dios estéril.

La construcción artística exige el conocimiento y la experiencia del mundo de los muertos, el desierto de la esterilidad, el conocimiento y la práctica habilidosa de las relaciones metafóricas, el rechazo a que la Creación continúe matando tan sólo a los humanos. Pero esa negación se construye como fábula, como conjuro, no como técnica de dominio. Las artes dan un giro radical a la insignificancia humana, construyéndola bajo su más deslumbrante realidad, a saber, que la muerte es la fuente de la vida. Ésta es, en verdad, una posición de temible soberbia, pues presenta a los mortales como si la muerte fuese su aliada y el mundo sub specie aeternitatis. Rigurosamente, presentan la realidad como un prodigio.

Sin ese punto de partida no es posible un arte grande, todo lo más un arte ornamental, pero no vaya a creerse que sólo es gran arte el más explícito, el arte de Rembrandt o el de Kafka, el de Bruckner y el de Schubert, el de Van Gogh y el de Proust, el de Faulkner y del de Shakespeare, todos ellos impregnados de negociación con la muerte. No, señor. También en otras producciones más aparentemente triviales, como las serenatas de Mozart, las novelas de Jane Austen o las pinturas de Fragonard, el arte verdadero narra la experiencia del mundo desde el punto de vista del muerto. En Don Giovanni, la ópera de Mozart, veía Kierkegaard la expresión suprema de la máxima sabiduría humana sobre la muerte.

Esta pertinaz presencia de la muerte incluso en las biografías de los artistas (las cuales no son sino narraciones artísticas y fábulas sobre las artes, pues los artistas no existen más que como parte de la fábula) no obedece a ningún desarreglo psíquico inherente a las tareas propias de su oficio, sino a que los artistas verdaderos viven en la misma familiaridad con la muerte que los embalsamadores egipcios. De hecho, bien puede decirse que son los actuales embalsamadores egipcios, pues adviértase que, a semejanza de ellos, la materia con la que trabajan es la única que resiste el paso del tiempo.

Las vidas de los artistas suele ser tan agitadas como las de los aventureros, aunque igualmente inventadas en su mayoría. Eso sí, incluso cuando no se mueven de su cuarto, como Marcel Proust o Franz Kafka, hay en sus biografías una desproporcionada acumulación de sucesos incompatibles con la tarea cotidiana de ganarse la vida. Es más: un artista de verdad lo que se gana es la muerte. La actividad frenética, el cuidado de la obsesión y la necesidad de mirar detrás de las puertas son aspectos que comparten con los exploradores. En muchas ocasiones se adornan con un velo de majadería, pero no hay que darle importancia. Un artista majadero, como un filósofo distraído, es un gran clásico de nuestra civilización.

Es propio de los artistas negar su experiencia en tanto que muertos y conducirse del modo más extravagante, incluso como vivales, en contraste irónico con los filósofos, a quienes irritan siempre que pueden. Pero se debe desconfiar profundamente de aquellos que en verdad desconozcan el pacto. Es interesante observar cómo la modernidad ha reconstruido fatigosamente la figura del bufón, un verdadero conocedor del misterio, pero del que, por pudor, sólo habla mediante la burla. Modelo puro de bufón púdico de quien con suma modestia dice verdades insoportables es, en las artes, Marcel Duchamp".
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Filosofía sobre la MUERTE y su ACEPTACIÓN? 06 Sep 2022 17:50 #72766

No he podido resistirme a dejaros este artículo de Eugenio Trías sobre “El gran viaje” (en La funesta manía del pensar).

"No es posible sublimar el carácter salvaje y despiadado que la última nota de la vida en este mundo siempre posee. Toda muerte constituye una irrupción intempestiva con carácter de miraculum siniestro. Llega siempre a destiempo, «como un ladrón en la noche». No permite mediación ni conciliación. Se halla en máximo abandono respecto a toda imaginación simbólica. Revela las insuficiencias de toda concepción racionalista del mundo.

Deja la muerte, inevitablemente, toda vida en condición de puro escorzo, como fatal torso fragmentario, o en estado de ruina irremediable. Hija de Hades y de Thanatos, incuba sus letales huevos en el desenlace de toda vida.

La muerte es, quizás, un pointd’orgue inquietantemente prolongado. Desde aquí, desde nuestra perspectiva mundana y carnal, se muestra como helado y sepulcral calderón que pone punto final a la partitura de la vida. Desde una percepción espiritual puede presentirse, sin embargo, como pasarela hacia otra vida mejor. Como silencio expresivo sería rampa de lanzamiento hacia una vida diferente.

Entonces la sepultura podría llegar a ser cuna de una nueva forma de existencia, según el principio de toda metamorfosis. Este mundo sería la incubadora de un nuevo modo de vivir: la matriz material de un verdadero renacimiento. El cuerpo del hombre viejo, devuelto a su condición de neonato, se transformaría en carne espiritual, o en cuerpo glorioso, como en el final transfigurado del Segundo Fausto. Esta grandísima pieza de Goethe suele interpretarse de forma alegórica y ornamental, en lugar de tomársela de manera literal: como una iniciativa literaria de gran estilo para explicar la transmutación alquímica de nuestra vida en una vida diferente. Gustav Mahler supo escenificar de forma genial esa gran pieza literaria en la segunda parte de su Octava sinfonía.

Apenas se atiende hoy a la gran pregunta kantiana que interroga no tanto por lo que podemos conocer, o por lo que debemos hacer, sino por lo que tenemos derecho a esperar. Una cuestión que culmina con una reflexión sobre nuestra condición; o con la pregunta: ¿Qué es el hombre?

¿Tiene el hombre en la muerte su límite infranqueable, el que trueca lo posible en lo imposible? ¿Tiene razón Homero en suponer que el alma sólo subsiste en el Hades como alma en pena, en proceso de extinción, con pérdida sustancial de ánimo vital, de energía y fuerza, de vigor colérico?

¿Sobreviene con la muerte la negatividad absoluta y radical? ¿Será cierto lo que afirman quienes hacen decir a la ciencia lo que ésta no está en condiciones de afirmar: que nada hay tras la barrera insalvable que comparece al final del trayecto de nuestra existencia en este mundo? ¿Es la muerte un límite que no permite conjeturar nada que lo trascienda? ¿Somos lo que somos solo y en la medida en que nos hallamos cercados y encerrados entre un comienzo en el cual hemos sido arrojados a la vida, y un fin que la cancela de forma definitiva?

La perspectiva existencial —Heidegger, Sastre— padece una tremenda insuficiencia respecto al origen. Quizás esa escasez explica la precariedad de la concepción que poseen respecto a la muerte. Tenía razón Hanna Arendt en su crítica a Heidegger: obsesionado por la idea de concebir el ser en el mundo como ser para la muerte se le escapó una posible reflexión sobre lo que antecede a ese «ser» o «estar» en el mundo.

Disponemos de la evidencia de haber vivido dos vidas. De la primera vida no guardamos memoria. Discurrió en el seno materno. Allí se estableció el paradigma de todo vínculo comunitario y de todo idilio amoroso, o de toda relación interpersonal: la que en la vida intrauterina celebró la «unión mística» del feto con la madre (que le dio cobijo y sustento).

Ese escenario del origen permite, por extrapolación razonable, avanzar hacia un escenario postmortem. Respecto a éste sólo es posible desplegar, desde el punto de vista estrictamente filosófico, una argumentación mediante acuciantes interrogaciones.

¿Por qué dos vidas solamente? ¿Por qué no puede pensarse esta vida como el útero y la matriz de una vida diferente? ¿Por qué no pensar a fondo, radicalmente, la idea fecunda de metamorfosis? ¿No hay suficientes indicios en el ámbito de la vida, como puede ser el pasaje de gusano a ninfa y a crisálida, o finalmente a mariposa, o el increíble tránsito del feto animal hasta la composición del neo-nato humano, o de éste hasta el homo loquens?

¿No podría pensarse esta vida como un complejo escenario, mucho más conflictivo y doloroso que la idílica vida fetal, en el que se pusiera a prueba, como a los metales en la forja, nuestro propio temple de ánimo, nuestro valor y nuestra inteligencia, y sobre todo nuestro anhelo?

Responder estas preguntas sólo puede hacerse a través de un relato razonable. Platón lo plantea de este modo al final de dos de sus principales diálogos, Fedón y La República. En ambos se provee de un extraordinario mito para dar respuesta a esa cuestión.

Se discute en el Fedón sobre la inmortalidad del alma. Se ofrecen varias pruebas posibles que son sagazmente examinadas y discutidas. El alma adquiere su propio vuelo en separación del cuerpo: eso no es una peculiaridad griega, como una cierta apologética teológica nos quiere hacer creer. Ese vuelo místico del alma tiene raíces arcaicas (basta repasar al respecto los trabajos de Mircea Eliade sobre chamanismo para percatarnos de ello).

La vida se oscurece o se ilumina desde el sentido que concedemos a la muerte. El último suspiro de esta aventura que somos es decisivo. Según sepamos anticiparlo adquiere nuestra vida su propia radiación. En la modernidad más reciente prevalece un dogma: esta vida es única. Carece de continuación. No hay lugar a la deseada repetición que el gran filósofo y teólogo danés, Sôren Kierkegaard, proyectaba sobre la vida eterna.

La humanidad ha estado siempre dividida en este decisivo asunto. Los pueblos mesopotámicos expresaron trágicas dudas sobre la inmortalidad en su poema épico Gilgamesh. Este héroe, con solo un tercio de divinidad, asumió con máxima amargura y horror la muerte de su amigo Enkidu, un mortal.

La muerte está ahí: no admite reconciliación sencilla. Yo profeso una gran admiración por los egipcios: durante tres milenios sustentaron la creencia inquebrantable de que la muerte constituye el inicio de un Gran Viaje. Por eso el Libro de los Muertos detallaba instrucciones para el moribundo con vistas a avisarle de los peligros que le acechaban en esa aventura final.

Quizás sea eso la muerte: el inicio del más arriesgado, inquietante y sorprendente de todos los viajes. Sé que estas ideas chocan de modo frontal con los dogmas de la sabiduría convencional. Se ha ido imponiendo, como si fuese una evidencia, la convicción de que tras esta vida nada existe. O que la nada es lo único que nos espera.

Esa nada en la que mayoritariamente se cree no es homologable a lo que en Oriente se entiende por Nirvana. El vacío radiante, la nada sacrosanta del budismo, no es ni por asomo semejante a esa convicción basada en argumentos filosóficos de muy poco vuelo, o en extrapolaciones flagrantes de una ciencia más o menos manipulada.

Personalmente vuelvo a la sabiduría egipcia: prefiero entender la muerte como el gran viaje, por mucho que nos esté vedado conocer el paisaje que tras ese tránsito se nos descubre.

«La muerte no es más que el resultado de nuestra indiferencia ante la inmortalidad» (Mircea Eliade). «¿Qué es nuestra vida sino una serie de preludios de una canción desconocida cuya primera y solemne nota es la muerte?» (Franz Liszt)".

Y aunque en el artículo se hable de la Octava de Mahler os dejo el primer movimiento de la Cuarta de Brahms que para eso me la descubrió él.



Como recomendación, además de los ya aportados, Semper dolens. Historia del suicidio en Occidente de Ramón Andrés me encantó y me ayudo a comprender lo incomprensible. Más que de la muerte trata sobre el dolor de la existencia. Tal vez no te ayude a encaminarte bien hacia la muerte pero sí hacia la vida.
Última Edición: 06 Sep 2022 18:13 por MonterreyRuiperez.
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Filosofía sobre la MUERTE y su ACEPTACIÓN? 06 Sep 2022 20:30 #72774

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Hola
Qué interesante lo que habéis venido escribiendo. No iba a entrar, me lo tengo prohibido, sois una droga y yo tengo un trabajo pendiente. Me sois del todo incompatibles. No iba a entrar. No me venís bien, la verdad y voy y entro. Al cuerno mi trabajo.

Qué sí, que Heidegger o ¿qué esperabais de una yonki? Solo un párrafo, nada más, lo prometo.

“Yo estoy, en lo que concierne a mi ser-ahí, siempre en camino; es siempre todavía algo que no ha terminado todavía. Al final, cuando llega ahí, precisamente ya no es. Antes de este fin no es jamás con propiedad lo que puede ser, y si lo es, ya no lo es” El concepto del tiempo. M.Heidegger

Menudo galimatías, siempre en busca de mi ser para acercarme a la idea del ser en general, pero resulta que cuando alcanzo la completud de mi ser en la muerte ya no soy. Algo sí sé, sé sobre la muerte de los demás, pero nunca será la mía propia, sé que la mía va a acontecer, lo sé desde el minuto cero, pero ese pensarla que me acompaña durante toda mi existencia se me diluye en mi estar siendo, entretenida en mis cosas, sobrepasada por otras…, vamos que a cada paso me regateo en mi pensar la muerte, la mía propia y la de otros. De lo contrario no resistiría el vivir y sin embargo vivo y la pienso, aunque no mucho rato. ¿Pero y si atiendo a esa llamada? ¿Y si permanezco un momento ante la inminencia? El mundo que me es familiar deviene extraño y yo en él una extrajera.
Soy tiempo y en ese momento alcanzo el sentido del mi ser que es el de abrirme al ser en general, abierta hacia una temporalidad extática, saliendo de mí, con sus tres éxtasis entrelazados, el futuro, lo que está por venir, abierto a que venga, comprendiéndolo desde su posibilidad más extrema, la muerte. Volviendo al pasado, asumiéndolo desde mi por-venir. En ambos éxtasis enlazados, acontece el instante que alumbra como el rayo toda la situación de golpe, mi modo más propio, mi temporalidad finita. Entonces ¿qué es lo que decido hacer? Tal vez acciones libres, perfectas, eternas en su finitud. Por ejemplo, mi trabajo de master. Vuelvo a él.

Espera.
Zolaris: "De donde las cosas tienen origen, hacia allí tiene lugar también su perecer, según la necesidad; pues dan justicia y (dan) pago unas a otras de la injusticia según el orden del tiempo" Anaximandro

Debemos dejar el espacio a los que vendrán, como otros nos lo dejaron a nosotros. “… dan pago unas a otras de la injusticia según el orden del tiempo” … el diacrónico, el que arrasa con todo pero ¿podemos pensarlo en sincronía, traer lo pasado con sus posibles sentidos, los dichos y los que aun están por decir?
Última Edición: 06 Sep 2022 20:39 por Xna.
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Filosofía sobre la MUERTE y su ACEPTACIÓN? 06 Sep 2022 20:56 #72775

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Filosofía sobre la MUERTE y su ACEPTACIÓN? 06 Sep 2022 20:57 #72776

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Ups perdón, me equivoqué de hilo. Esto iba a Cuarentena filosófica.
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Filosofía sobre la MUERTE y su ACEPTACIÓN? 06 Sep 2022 21:31 #72777

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Precioso tema para un martes loco.

En cuanto a la muerte de los demás, me resulta muy consoladora la idea freudiana del duelo. Si en un primer momento Freud pensaba que tras una pérdida (abandono amoroso, muerte) el yo busca un sustituto con el que combatir el duelo, posteriormente reformula su hipótesis y considera que durante el duelo se produce una interiorización de la persona ausente (por abandono, por muerte o lo que sea), de manera que pasa a formar parte de nuestro propio yo, pese a las censuras del Superyó.

En cuanto a la muerte propia, creo que los filósofos no tienen mucho más que decir que el resto de los mortales. Soy de la opinión de Wittgenstein en cuanto a los límites del lenguaje filosófico.

Sin embargo, existe también la ansiedad por la muerte, en cuyo caso me declaro abiertamente unamuniano. Por decirlo de otra manera, lo ideal (al menos para mí) sería creer en Dios y la creencia de una vida futura; si no se puede, la idea de la muerte resulta inconcebible. A mí especialmente me resulta inconcebible por su infinitud. Habida cuenta de que los filósofos carecen de gafas ultraterrenas, creo que son los teólogos, los poetas o gente de semejante ralea los más idóneos para hablarnos por la muerte. Como decía María Zambrano en Filosofía y Poesía (cito de memoria) en los límites del conocimiento, donde acaba la filosofía, comienza la poesía. Y esta reflexión es especialmente idónea para la mística o la poesía del silencio.

Ahora bien, creo que la concepción de la muerte es tremendamente individual y, sea lo que sea lo que suceda cuando se traspase el inevitable umbral, en vida cada cuál es muy libre de intuirla como pueda: aceptarla con ánimo estoico, desearla como Edipo (lo mejor es no haber nacido, pero una vez nacido lo mejor es morirse cuanto antes) o rechazarla.

Claro, que siempre mejor estar de parranda que muerto, como bien recuerda Alma.

Edito: Lazz dijo: "Que hablen sobre la muerte y más concretamente en la aceptación de esta. Me gustaría saber qué autor o libro os hizo cambiar de idea respecto a la muerte y vivir sin miedo a esta".
Yo no lo he encontrado. Avísame si lo encuentras.
Última Edición: 06 Sep 2022 21:33 por Futaki.
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