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TEMA: Hegel. Fenomenología.Cap V. Certeza y verdad de la Razón. Parte 9ª.

Hegel. Fenomenología.Cap V. Certeza y verdad de la Razón. Parte 9ª. 07 Jul 2024 18:01 #83716

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C. La Individualidad que se es real en y para sí misma.

“La autoconciencia… a partir de ahora, su fin y esencia son la compenetración en movimiento de lo universal -los dones y capacidades- y de la individualidad”.

“La autoconciencia… de primeras como conciencia que observa y luego como activa. Su objeto es la categoría pura misma”. Esta categoría va un poco más allá, creo yo, se antoja, de las categorías mentadas de Razón Pura y Negación absoluta.

“El elemento en el que la individualidad expone su figura… es, sin más, la luz del día a la que la conciencia se quiere mostrar. La actividad -movimiento como concepto- no cambia nada y no va contra nada… y el contenido que se saca a la luz del día y se expone no es otra cosa que lo que ésta actividad es ya en sí. Es en sí. Si asociamos el en-sí con esencia y entidad, el principio de individuación en Hegel sería a través de lo en sí, es decir, es lo en-sí lo que constituye los individuos. Esto se parece mucho a “lo ente” en Francisco Suarez.


a. El reino animal del Espíritu y el Engaño, o la Cosa Misma.

“Se tiene que ver cómo se determina en sus momentos este concepto de la individualidad real en sí misma, y como su concepto de ella misma entra a sus ojos en la conciencia”.

“Pero la negatividad… está en el en-sí simple como determinidad”, “la individualidad entra en escena como naturaleza primigenia determinada… pues lo negativo es en lo en-sí, y éste es por eso una cualidad”. Es decir una categoría.

Podría decirse que en este caso de lo en-sí y la esencia, la Negación Absoluta aparece como relación entre contrarios, es decir, lo que aparece y surge en primer lugar son los contrarios y lo que aparece a continuación es la negación entre ambos que es determinidad. Recordemos que Hegel dice determinidad cuando se trata de una causación o determinación como de segundas y que sucede entre una diversidad de casos o ejemplos, a lo Spinozza.

Parece ser que en el magma original de los inicios del universo, lo primero que aparece, lo auténtico individuo, son los elementos primordiales simples y que aparecen en forma de contrarios, que se hacen contrarios al estilo de los Imanes. Es ahora cuando se constata el cambio y el movimiento. Hegel dice que por el mismo hecho de aparecer, es la negación absoluta del uno por el otro lo que organiza la función de existencia de esos contrarios. Pero por lo mismo podría pensarse que la razón de unión de esos contrarios primordiales podría ser la simple Afirmación Absoluta. Incluso una tercera cosa que nosotros decimos: la existencia de un tercer ión que sería la simple participación de esos contrarios de la experiencia del vacío espacio infinito que los rodea. Es de suponer que la negación absoluta de un contrario por el otro debería de adoptar aquí el simple polo opuesto del imán, es decir el negativo, el electrón, es decir, ser como negativo uno de los contrarios Y en el caso de que la razón o el nexo de unión entre esos contrarios fuese la Afirmación Absoluta, es decir la afirmación de un contrario por el otro, al estilo de la determinación clásica, esa afirmación debería de ocupar, por simpleza, el lugar del otro contrario es decir, el contrario afirmativo, el protón.

Si abandonamos pues la trasnochada concepción cosmológica del Átomo, y trasnochada por portentosa y portentosa por inverosímil, es decir que el átomo está constituido por una series de partículas (protones, electrones, neutrones) que giran alrededor de un núcleo, como planetas y satélites que giran alrededor del sol, pues ya que de átomos se trata -partículas mínimas indivisibles- no sabría decirse muy bien qué es lo que son esos protones y electrones que giran en torno a algo que nadie sabe lo que es. ¿Es átomo el electrón? Y el Protón ¿es átomo?, o quizás sea átomo el núcleo que nadie sabe lo que es.

Sería mejor pues ya que de sistemas de contrarios se trata y si el átomo admite divisiones, concebirlo según un simple sistema de imanes, protones y electrones, polo positivo y negativo, algo que sigue perteneciendo al territorio de los inicios y el surgir de las cosas y el universo. O mejor pensar como átomo las últimas partículas indivisibles que pudieran constatarse antes de su fin, término y desaparición. Y esto como un fenómeno y experiencia siempre presente y activo, que siempre habría sucedido.

Pero no se sabe de cierto qué es en concreto lo que determina la separación o la unión de elementos físicos, si el polo positivo o el polo negativo o ambos a un mismo tiempo.

Dice Hegel: “Esta naturaleza primigenia determinada de la conciencia que permanece libre y entera dentro de sí misma aparece como el contenido propiamente dicho, inmediato y único, de lo que el individuo observa como su fin y propósito”. “La negatividad es determinidad sólo en el ser; más la actividad no es ella misma otra cosa que la negatividad; en la individualidad actuante… la determinidad está resuelta en negatividad en general, o en la quintaesencia de toda determinidad”.

“La naturaleza primigeniamente determinada de la individualidad… no está todavía puesta como actuando, y así, se llama capacidad, talento, carácter, etc., particulares”. “Esta esencia primigenia no sólo es contenido del fin, sino que es también, en sí, la realidad efectiva…”. “Y es que la actividad –movimiento como concepto- no es más que un puro trasponer de la forma de lo no presentado todavía a la del ser presentado”.

“Esta conciencia, al determinarse a sí para actuar, no se deja engañar por la apariencia de la realidad efectiva presente, y,… tiene que mantenerse unida respecto al contenido –fin- primigenio de su esencia”.

La conciencia “para que sea para ella lo que es en sí, ella tiene que actuar, que obrar; o bien, el obrar es justamente el llegar a ser del espíritu en cuanto conciencia”. El individuo no sabe lo que él es antes de fabricar su realidad efectiva por medio de su actividad. “Pero entonces parece que no puede –el individuo- determinar el fin de su actividad antes de haber actuado”. El individuo parece no encontrar comienzo alguno porque sólo por el hecho de serlo conoce su esencia original que es lo que ha de ser su fin y propósito, “pero para actuar tiene previamente que tener ese fin y propósito”. Son la diatribas entre acto y potencia, sobre cuál de los dos sería antes. Ya Aristóteles predispuso eso de forma parecida.

El individuo pues “tiene que empezar inmediatamente… a avanzar hacia la actividad… pues su esencia y su naturaleza que es en sí es todo en uno, comienzo, medio y final”. “Así, pues, lo que hay aquí son circunstancias encontradas que son, en sí, la naturaleza primigenia del individuo”. Es curioso lo que eso se parece a lo que dice Ortega y Gasset 200 años después que “él es él y sus circunstancias”, el individuo.
Con la obra parece entrar la diferencia de las naturalezas primigenias, la obra es algo determinado, al quedar en libertad como realidad efectiva es la negatividad en cuanto cualidad en ella. “Pero la conciencia se determina frente a la obra como lo que tiene en ella la determinidad como negatividad en general”.

“El bien y el mal expresarían una diferencia absoluta, pero esta última no tiene aquí lugar. Lo que se toma de un modo o de otro es… un exponerse y enunciarse de una individualidad, y por eso todo está bien, y no se podría propiamente decir qué habría aquí de malo”. Hegel nos dice real y fehacientemente aquí, y con su mente del norte y protestante, su reflexión de lo que va haciendo en su discurso, los límites de su libertad absoluta de discurso. “Obra mala se llamaría a la vida individual de una naturaleza determinada que se realizara efectivamente en ello –que se repitiera infinitamente en el mal-, se echaría a perder y se convertiría en una mala obra solamente por el pensamiento que compara, el cual, sin embargo, es algo vacío” ya que va más allá de la esencia de la obra, y “porque lo que se compararía unas con otras son obras o individualidades diversas pero que no tienen nada que ver entre ellas; cada una se refiere sólo a sí misma. Sólo la naturaleza primigenia –algo parecido a lo que dice el título “el reino animal del espíritu”- es lo en sí… lo que podría ser puesto… según norma para juzgar una obra”.

El individuo, “Sea lo que sea lo que él haga y le acurra, lo ha hecho él, y es él mismo; sólo puede tener la conciencia del puro traducirse a sí mismo”, “dado que sabe que en su realidad efectiva no puede encontrar nada distinto de la unidad de ésta con él… no puede sino vivir la alegría en sí”.

“La obra es la realidad que la conciencia se da; es aquello en lo que el individuo es para él lo que él es en sí, y lo es de tal manera que la conciencia para la cual él llega a ser en la obra, no es lo particular, sino la conciencia universal”. Así, así, así. Esta es la barbarie demostrada y conseguida por el hacer y el discurso del hermoso chico del norte, alguien que se halla de hecho en estos momentos históricos del siglo XIX en la consecución plena de su canonicidad y clasificidad para el estamento y circularidad planetaria de su ser y lugar geográfico. Es quizás ahora precisamente en Hegel, cuando parecen en ese lugar norteño los primeros indicios de recuperación de la Barbarie como bien genuino y separado en contraste con la demostración que desde antiguo habría llegado desde el Sur.

Dice el filósofo que el individuo se saca a sí para ponerse en la universalidad, que la conciencia que se retira de su obra es la conciencia universal y que en esta oposición “ella –la conciencia- llega a ser la negatividad absoluta o la actividad (movimiento-concepto)”. Dice que según concepto la obra queda cancelada en cuanto obra que es, “Pero la obra debe ser y lo que hay que ver es cómo la individualidad va a conservar la universalidad y sabrá satisfacerse en el ser de la obra”. Pero no se sabe qué necesidad tendría de hacerlo.

No se sabe si lo que hay que ver es eso precisamente, si hay que ver cómo el individuo conserva su universalidad y se satisface con el ser de la obra. Quizás haya que ver cualquier otra cosa mejor, aparte de que hay una cierta confusión continuada, aquí y en otros parajes de la escritura entre el ser que tenga que ser y el ser como el ser de una cosa. Y no se crean ustedes que eso va a arreglarse ahí en el desarrollo de la filosofía alemana, con la solución del “deber ser” o el “dasein” en su sentido filosófico y metafísico, quiero decir arreglar esa confusión en torno al "ser" como producto genuino del Latín idioma, sino que será el aprovechamiento de esa posibilidad lingüística de confusión -Godos contra Romanos- el útero donde nacerán esos monstruos que son “deber ser” y “dasein”.

Dice el filósofo que en el marco de la determinidad “el individuo ha llegado a serse efectivamente real en cuanto individuo”, pero la determinidad, ahora, es el contenido y la forma de la realidad efectiva, y que “la realidad efectiva en cuanto tal… es justamente esta determinidad de estar contrapuesto -el individuo- a la autoconciencia”. ¡Pues acabáramos señores! Es posible, pues que aquí y ahora Hegel haya iniciado el auténtico proceso de recuperación de la Barbarie que antes anunciábamos. Si desde Descartes, Spinozza y Leibniz el pensamiento y toda la gente del norte, su individuación y su generalización habían conseguido para ellos el estamento del canon y el clasicismo y habían abandonado para siempre ahí su sangre y su estirpe de bárbaros, el filósofo de Stuttgard se está dando cuenta que acaso no estaría tan mal recuperar el alma y alguna de las antiguas esencias y advertir con su palabra alguna clase de excelencia y “óptimus” para el antiguo estamento de la Barbarie.

“La obra, entonces, es en general, algo efímero, pasajero, que queda borrado por el juego contrario de otras fuerzas e intereses, y más bien presenta la realidad de la individualidad como evanescente que como plenamente cumplida”.
“A la conciencia se le origina en su obra –Hegel, la Fenomenología del Espíritu- la oposición entre el hacer y el ser”, además, la actividad pura –como movimiento concepto puro- es desigual con la determinidad de la naturaleza primigenia. “Aquí, como en los demás sitios, es indiferente cual de ambos se denomina concepto, y cual realidad”. “Concepto y realidad, entonces, se separan en cuanto fin y en cuanto aquello que es la esencialidad primigenia”.

Si se dice, pues, de un elemento que eso es lo positivo y eso otro lo negativo y estos son los dos iones que hacen funcionar el mundo, la “otra cosa” que es el fin y límite de esta, y más bella e interesante, es un ión, un tercer ión necesario para la función de ese mundo. El infinito espacio vacío es un ión.

“Cuando… a la conciencia, en su obra, le adviene la oposición del querer y el llevar a cabo… comprehende dentro de sí la contingencia de su actividad… y la experiencia de la contingencia de la acción es, ella misma, solo una experiencia contingente”. Además, la contingencia que el ser llevado a cabo tiene frente al querer y el llevar a cabo contradice el concepto de la acción. Es decir, la contingencia del ser advenido contradice la noción de actividad como movimiento concepto. “Pero si examinamos el contenido de esta experiencia en su integridad, ese contenido es la obra que se desvanece… lo negativo se hunde ello mismo con lo positivo cuya negación es”. No se ve, ahí, ningún problema.

“Este desvanecerse del desvanecerse reside en el concepto mismo de la individualidad real en sí”. Nosotros diríamos siguiendo la norma del discurso que impone el filósofo que la negación de la negación reside en el concepto de la individualidad real.

La oposición y negatividad que aparecen en la obra aciertan en el contenido de la obra, en la realidad efectiva y en el desvanecerse de la obra.

La conciencia se refleja desde su obra perecedera, afirma su concepto, hace la experiencia de su concepto según lo cual la realidad efectiva es solamente uno de los momentos, es sólo para ella, es sólo existencia no esencia en y para sí, hace la experiencia de la realidad efectiva como momento evanescente y esta clase de realidad efectiva “vale para ella –para la conciencia- sólo como ser en general, cuya universalidad es lo mismo que la actividad. Esta unidad –de la conciencia con la realidad efectiva- es la obra verdadera; es la Cosa misma”. No obstante, la unidad curada y santificada, aquí se ve perfectamente demarcado el escepticismo hegeliano, no exento de notas estoicas, el peligro que eso supone para el normal funcionamiento del pensamiento filosófico, pues escepticismo siempre es mejor asociarlo con epicureísmo, no con estoicismo que es siempre el verdadero escape de la norma lógica aristotélica. No se sabe si algo estoico puede ser algo escéptico, ¡vamos digo yo!

“La Cosa misma… es la unidad de la realidad efectiva y de la individualidad como compenetración de ambas; así mismo, es actividad”.

“En la Cosa misma… es donde le ha advenido a la autoconciencia un concepto verdadero de sí… donde ella ha llegado a la conciencia de su substancia”. “Los diversos momento de la determinidad primigenia, o de la Cosa de este individuo… son para esta conciencia… momentos singulares que ella puede abandonar y entregar frente a la Cosa misma”. Todos esos momentos –los momentos contradictorios- tienen a la Cosa misma por esencia -lo en sí- y ella, la Cosa misma, se halla como lo universal abstracto de los diversos momentos contradictorios “y puede ser predicado suyo. Ella misma no es todavía el sujeto, sino que como tal valen aquellos momentos, porque ellos caen del lado de la singularidad en general, mientras que la Cosa misma… es… lo simplemente universal”. Es decir, una cosa que es la cosa misma, en estos momentos de secuencia, ha de ser predicado de unos ambos momentos contradictorios que tienen que ser sujeto. Lo simple como predicado de lo múltiple que tendría que ser sujeto. Ejem: "la orquesta de los flautistas basa todo el concierto en el flautista colorado". Que pudiera ser, creo yo.

Hegel pues se autoinmola como auténtico protagonista de la razón y escapa con su razonamiento estoico de los condicionamiento de “ecce mondo expositus” y de “ecce homo expositus” kantiano. Pero al mismo tiempo parece que dice que no es él, que no quiere ser esa clase de hombre, que esa forma de ver las cosas es de otro filósofo, que él, Hegel, es capaz de hacer que la Cosa Misma como que solo es, todavía, lo simplemente universal “Es el género que se encuentra en todos estos momentos -los momentos contradictorios- como especies suyas y que está igualmente libre de ellos”.

Dice Hegel que él quiere ser honesto aparte de cualquier otro filósofo.

“Se llama honesta a la conciencia que, por un lado, ha llegado a este idealismo que la Cosa misma expresa, y por otro lado, tiene lo verdadero en esta Cosa en cuanto esa universalidad formal; a la conciencia que le importa siempre sólo ésta última”, y que por eso vagabundea por sus diversos momentos y especies, pero que “Bien puede ir ella -la conciencia- como quiera, ha llevado a cabo y alcanzado la Cosa misma, pues ésta, en cuanto género universal de aquellos momentos, es predicado de todos”. El género reparte su esencia entre las especies, pero la cosa lingüística –sujeto o predicado- no queda muy clara.

“Como lo universal mismo contiene bajo sí lo negativo o el desvanecerse, entonces, el que la obra -Hegel, la Fenomenología del Espíritu- se transforme en nada es también ello mismo su actividad”. Y su movimiento concepto.

“La honestidad de esta conciencia… consiste… en que no pone juntos sus pensamientos, los que ella tiene de la Cosa misma”. “Ahora, en el mero haber querido, o también en el no haber podido, la Cosa misma tiene el significado del fin vacío”. “El consuelo por la aniquilación del fin… hace del puro hacer o de la obra absolutamente mala una esencia, pues bien se puede llamar algo malo a lo que no es absolutamente ninguna cosa”. Si se da el caso afortunado de que esa esencia -la obra totalmente mala que no es ninguna cosa- se encuentra con la realidad efectiva, este ser, viene a ser, sin hechos, la Cosa misma. Ese “sin hechos” hay que remarcarlo especialmente pues por una parte es la Cosa Misma sin obrar que es una realidad efectiva, por otra es la actitud estoica del “dejarlo estar” y por otra da la sensación que ello nos remite a los más profundos rincones del pensamiento integrista protestante, que ellos serían los santos y honestos al no ser ellos quienes iniciaban las acciones en contra. Acciones teológicas, de religión o bélicas, me refiero.

“La verdad de esta honestidad, empero, consiste en no ser tan honesta como su aspecto indica”.

“Al individuo le parece que se trata sólo de la Cosa misma en cuanto realidad efectiva abstracta… a él le importa en cuanto que es su actividad. Pero… en tanto que a él le importan sólo las actividades y afanes, no las toma en serio, sino que a él le importa sólo una Cosa y la Cosa le importa en cuanto que es la suya. Finalmente, en tanto que él parece querer sólo su Cosa y su actividad, lo que importa de nuevo, es la Cosa general”.

La Cosa Misma y sus momentos aparecen como contenido y son necesarios “como formas en la conciencia”. Tampoco es que uno de los momentos fuera expuesto y sacado fuera, quedándose el otro retenido en su interior “sino que la conciencia va alternándose con ellos”, es decir, no es necesario aniquilar-abstraer ninguna de las premisas del silogismo lógico para que la cosa siga. “El todo es la compenetración semoviente de la individualidad y de lo universal”. Según la alternancia, la conciencia tiene un único momento para sí y como esencia, mientras que el otro lo tiene exteriormente o para los otros, “interviene aquí un juego recíproco de las individualidades en el que ellas tanto se engañan a sí mismas como se engañan entre ellas mutuamente, tanto se engañan como se encuentran engañadas”.

“Hay, pues, tanto un engaño de sí mismo como de los otros cuando se supone que se trata sólo de la Cosa pura”. Lo posible leibniziano es el imposible hegeliano. E imposible por lo que había dicho Kant.

En estos momentos Hegel se dispone a fabricar la conclusión para este apartado de “El reino animal del espíritu y el Engaño o la Cosa misma”, el filósofo se recupera de la Barbarie, de una clase de Barbarie insana, equivocada y engañosa, de la bestialidad canonizada, del vegetalismo-animalismo natural de la conciencia y recupera el discurso filosófico.

Dice que la esencia que es la esencia de todas las esencias es la esencia espiritual. “La conciencia hace la experiencia de que ninguno de esos momentos -los momentos contradictorios- es sujeto, sino que, más bien, ambos se disuelven en la Cosa universal misma; los momentos de la individualidad que, para la privación de pensamiento de esa conciencia, pasaban sucesivamente de ser sujetos, se recogen en la individualidad simple que, en cuanto que esta individualidad, es también inmediatamente universal”. “La Cosa misma pierde la relación del predicado y… es más bien la sustancia –sin b-… el sujeto en el que la individualidad es tanto en cuanto ella misma”. Género sigue prodigando su esencia entre las especies y la cosa lingüística queda arreglada. “El flautista colorado es la base del concierto de la orquesta de flautistas”.

“La Cosa pura misma es lo que más arriba se determinaba como categoría, el ser que es yo, o yo que es el ser… pero aquí, los momentos de la autoconciencia efectivamente real… están puestos como siendo una sola cosa con la categoría simple misma, y por lo cual, esta es, a la vez, Todo el contenido”.

Es por esto lo que se dice que Razón Pura en Kant, habría de haber sido determinada como Categoría Pura si su pretensión más importante fuese la controversia de antinomias y paralogismos propuesta para la comprensión del mundo, y que ahora Hegel corresponde con Negación Absoluta y acaso también como necesaria categoría. Curiosamente de los Entes de Razón escolásticos, Negación, Privación y Relación, sólo ésta, la Relación, se ve incluida en las diez Categorías Aristotélicas.
Última Edición: 07 Jul 2024 18:06 por outsider. Razón: corrección de espacios
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