Lo prometido es deuda
La igualdad de género fue alcanzada en el sistema esclavista en los EEUU del s.XIX. Una mujer, al ser considerada unidad de fuerza de trabajo económicamente rentable era desprovista de género para los propietarios de esclavos. De esta forma pudo romperse “la ideología decimonónica de la feminidad”, la que subrayaba el papel de las mujeres como madres, educadoras de hijos, compañeras y amas de casa, siendo relegadas a la esfera interior por el sistema económico capitalista.
En el campo se alcanzó la igualdad. La opresión de las mujeres negras fue igual que la de los hombres negros, ¿o tal vez no? El abuso sexual y otras formas brutales de maltrato las individualizó respecto del otro sexo. Su capacidad reproductora les permitió ser seleccionadas por su fertilidad. Al año de ser prohibida la importación de africanos, un tribunal de Carolina del
Sur dictaminó que las mujeres esclavas no tenían ningún derecho legítimo sobre sus hijos. Al castigo de flagelación o el de mutilación padecido por los esclavos negros, las esclavas negras sumaron también el ser objeto de violación, como expresión del dominio económico del propietario.
Ellas afirmaron con violencia su igualdad desafiando a la institución inhumana de la esclavitud. Pese a la represión violenta que sufrieron raro fue el caso en que la mujer negra aceptara pasivamente su destino. La violación era un arma de dominación y represión que buscaba ahogar el deseo de resistir en las mujeres negras y la desmoralización de los hombres...
Éstos son algunos ecos extraídos de la lectura “
Mujeres, raza y clase”, la obra capital de Ángela Davis, en la que desgrana las alianzas que tuvo el movimiento abolicionista de la esclavitud en Norte América con la estrecha colaboración de las mujeres blancas de clase media, subyugadas en el matrimonio, sin derechos de propiedad y dependientes moral y económicamente de sus maridos y con la de las obreras de las fábricas, sujetas a deplorables condiciones de explotación y vulnerables al abuso y a la coerción sexual. Aconteció que la defensa de los derechos de las mujeres fue apoyada por las personas negras que luchaban por su propia libertad y en concreto por las negras, que luchaban contra la opresión racista y la dominación sexista. Y es que existen profundas conexiones ideológicas entre el racismo, el sesgo clasista y la dominación masculina.
Para comprender el pensamiento de esta filosofa y activista por los derechos civiles, es preciso determinar el lugar desde donde reflexiona. Su vida arranca en un país donde no hacía muchos años que se había abolido la esclavitud, pero la segregación racial era cotidiana. Su hogar se encontraba en “Dinamita Hill”, nombre que recibía la colina donde los hogares de los negros eran reventados con explosiones a cada instante. La segregación en la educación se unía a la de las normas y las políticas, se recurría al linchamiento como forma de frenar la aspiración de las personas negras a la ciudadanía y a la igualdad económica. Desde ese marco, expresaría que “
es imposible imaginar un negro libre si las mujeres negras no lo son”.
Más sonidos.
El conocimiento hace inservible a un joven como esclavo. El deseo de aprender no es excepcional en las personas negras pese a la ideología dominante que las consideraba incapaces de realizar progresos intelectuales. Si realmente hubieran sido inferiores biológicamente, habrían carecido del deseo y la capacidad de aprendizaje y no habría sido necesaria prohibición alguna de derecho a la enseñanza, pero “en realidad, las personas negras habían exhibido una impaciencia feroz en lo que se refiere a recibir educación”
Ángela Davis llega a Europa y estudia filosofía con Herbert Marcuse, quien le introduce en la lectura de los presocráticos, de Platón y Aristóteles, quien le provee de las herramientas del pensamiento con el conocimiento de la filosofía kantiana. Después se traslada a Frankfurt, donde fue discípula de Theodor Adorno y de Max Horkheimer, pero abandona Europa y el academicismo para ejercer el activismo a pie de pista. Retorna a los EEUU, es miembro de los Black Panther y se afilia al partido comunista para la lucha activa por los derechos civiles de los negros. Fue presa política, acusada falsamente de tres delitos capitales y absuelta gracias al apoyo de un movimiento de defensa que tuvo extensión mundial.
Su pensamiento es holístico, se expande en lo social y político así como en lo cultural, “
Blus y feminismo negro” es un recorrido por la música de las blueswomen: Ma Rainey, Bessi Smith, Billy Holiday… al encuentro de una profunda conciencia de raza y una oposición a las construcciones de género patriarcales dominantes, un terreno donde analizar la conciencia feminista histórica propia de las comunidades negras de la clase trabajadora, el espacio de las representaciones artísticas de las políticas de género y de la sexualidad, construidas y entremezcladas con representaciones de raza y de clase, elevaran esta música enormes cotas de provocación. El amor, la libertad de representación, la imagen sexual, la homosexualidad se enfrenta en estas canciones a las formas de amor romántico. Adulterio, violencia conyugal, relaciones abiertas y soberanía sexual, se derraman por sus letras.
Su compromiso filosófico hoy sigue en movimiento, se adapta a los cambios, responde a cada forma de opresión del colonialismo y del imperialismo. Es abolicionista del “
complejo carcelario industrial” por estar estructurado desde conceptos sociales y políticos de la democracia y el capitalismo que urge desmontar, por precisar de un cambio en la estructura social pues reproducen, junto a la violencia policial, aspectos del esclavismo. Propone para la desaparición del racismo la eliminación de estructuras e instituciones del sistema capitalista y del patriarcado, como el marxismo buscó eliminar al estado y sus instituciones para acabar con la explotación de las clases obreras.
Hoy piensa que el movimiento Black Lives Matter se apoya en los movimientos de lucha por los derechos civiles de los años 50 y 60 del pasado siglo. El pasado ayuda a proyectar el futuro y a definir prioridades
Si bien el racismo y el sexismo tiene muchos puntos de convergencia, es preciso la lucha desde sus intersecciones de clase y de raza. La defensa del medio ambiente, la revolución queer y cualquier batalla contra toda forma de opresión, encontrarán la voz de Angela Davis, como hace un par de semanas cuando expresó para Democracy Now que “
Palestina es realmente el centro del mundo”