Psique777: Por otro lado, me vienen a la mente las "heteras" de la Antigua Grecia, que eran cortesanas o mujeres "más libres" y más cultas que las otras mujeres, y que no eran necesariamente prostitutas, como se suele decir; Rhodopis, Aspasia de Mileto, esposa de Pericles, Friné y su relación con Praxíteles...
Aspasia, Lais, Friné… heteras o “
mujeres de mundo” siempre asociadas a la gloria de sus amantes, pese a ser mujeres que escaparon de sus familias y del “hombre”, ante el que se erigieron como su igual, pero que no dejaron de ser excepciones a la “mujer” griega, reducida a la medio esclavitud y a la total ausencia de libertad. Simone de Beauvoir en El segundo sexo, reconoce en Aspasia y Safo ecos contestatarios a la reclusión de las mujeres en el hogar (gineceo), lejos de la vida pública. Es curioso que estás mujeres, las heteras, que sí ocupan el espacio público, fueran reducidas por la historia a la condición de meretriz.
Psique777: Quizás daría para otro tema... pero ¿qué hay de mujeres "transexuales" o "transgénero" (que no son lo mismo) a lo largo de la historia, aunque no hayan sido filósofas o grandes pensadoras? Si la mujer ya estaba relegada a un segundo plano, no me imagino a éstas...
Sí, hoy conocemos filósofos/as transexuales y transgénero, como Paul. B. Preciado (cuya tesis doctoral versó sobre su propia transición) y la misma Judith Butler, (transgénero no binaria) ¿pero que nos cuenta la historia acerca de esto? Traigo algunas reflexiones de Luc Brisson en su texto El sexo incierto.
Lo que hoy entendemos por bisexualidad en la antigüedad refería a la posesión simultanea o sucesiva de dos sexos por el mismo individuo, algo que “
estaba en todas partes y en ninguna” pues tachado de “monstruoso” era condenado a su desaparición o a su exilio en los márgenes de la sociedad.
En la antigua Grecia y en Roma eran signos funestos enviados por los dioses a los hombres, con los que les mostraban su colera y les anunciaban la destrucción de la especie humana. Era urgente la intervención quirúrgica, entonces primitiva, hasta hace muy poco tiempo en nuestras sociedades, también.
En Grecia y Roma tanto esta comprensión de la “
bisexualidad” como la homosexualidad eran una amenaza a la inversión de roles en la sociedad y para las relaciones sexuales. Sin embargo, en los mitos, estos tipos de “
bisexualidad” eran considerados arquetipos, seres primordiales. Tener dos sexos era no tener ninguno, no daban opción a la procreación ni a las relaciones familiares y sin embargo tal “
bisexualidad” destacaba en dioses del Orfismo y del hermetismo, también en seres fabulosos como el Ave Fenix.
El ser humano mira con nostalgia ese estado primordial en el mito que narra el personaje de
Aristófanes en el dialogo Banquete de Platón “
fuera cual fuera la relación amorosa, heterosexual, homosexual masculina o femenina, cada pareja accedía a momentos de la más intensa unión”, pero como el deseo de una imposible fusión permanente puede llevar al fracaso al plan de los cuerpos, Diotima en el Banquete y las corrientes filosófico-religiosas nos regalaran otro “objeto de amor”, una entidad espiritual. A la preocupación por la inmortalidad biológica gracias a la unión sexual macho/hembra, se suma el anhelo de la inmortalidad del alma a través de la unión mística.
Y todo en orden. Pues la diferencia sexual es un criterio esencial para interpretar el mundo animal, para organizar las relaciones de grupo de modo que se aseguren la supervivencia de las especies en general y de la humana en particular. Pero hete aquí el “fallo del sistema”, en el corazón mismo de esta diferencia y es que no cesan de manifestarse en la naturaleza otros cuerpos, también ese deseo de fusión que escapa a estas clasificaciones, “
la posesión de tal o tal sexo sobrepasa con creces las nociones de utilidad y de placer que permiten a un individuo afirmar su identidad, organizar la realidad e introducir todo tipo de clasificaciones basadas en la oposición masculino/femenino por el hecho de ser lo más común”. Estos “fallos” desnudan la enclenque arquitectura que elevamos acerca de “todo” lo real, y aquí seguimos existiendo como especie a pesar de esas piezas que no encajan en nuestro perfecto puzle, a la espera de que a algún desgraciado le de por apretar el botón nuclear.
Y una vuelta de tuerca más. En el ámbito de la blasfemia, de la ironía, a caballo entre el humor y la seriedad como estrategia retórica y como método político, “
la imagen del ciborg”
Dona Haraway nos describe a finales del s.XX y en este “
otro tiempo mítico” como quimeras, como híbridos teóricos, fabricados de máquina y organismo, como ciborgs. Es su Manifiesto Cirborg, un texto que es “
un llamamiento para encontrar el placer dentro del a confusión de fronteras y, al mismo tiempo, para actuar en su proceso de construcción. También un esfuerzo por contribuir a la cultura y la teoría feminista socialista de un modo posmodernista, no naturalista y dentro de la tradición utópica de imaginar un mundo sin géneros, que tal vez sea un mundo sin génesis y un mundo sin fin."
Pero esto ya en otra ocasión, muy pronto, que ahora estoy que me voy y no me voy y no termino de irme y que ya me voy ¡dios, qué tensión!