Hola:
Como esto es un asunto que ya me ha jodido el sueño, y la semántica racional en vigilia colapsa contra una práctica nula de los agentes de poder impotentes, estoy empezando a prestar más atención a mis ensoñaciones de madrugada esperando al despertador, para salir otro día a luz en un mundo oscuro. Quizás sospechado que en esos momentos de racionalidad atenuada, adormecida, pueda haber algún atisbo de claridad paradójica:
- Los niños, sus caras. ¡Los niños! que decía Iván Karamazov. Unas caras en el limbo marginal de la historia, como electrones flotando en un caos atómico. Algunas pasan muy cerca de otras en algún momento de esa errancia en la periferia minúscula. Sin tener nada que decirse.
- La hegemonía del lenguaje económico: la línea de valor de la vida humana, ya no depende del valor absoluto de esa vida, sino de su valor de rentabilidad en ese lenguaje. Es decir, en ese mundo. Se salvará aquel que esté a un lado de esa línea, el resto queda pendiente de la evolución de rentabilidad a la que sea sometido cuando toque. La gran mayoría de europeos, más cerca de la línea de rentabilidad de los palestinos, que de la opuesta a la aristocracia que busca su inmortalidad, nos salvaremos mientras seamos rentables en el consumo que marque esa aristocracia. Se salvará el que contribuya a la inmotalidad de una élite ajena.
- La vergüenza. Hace semanas de ser europeo. Ahora ya de ser humano. Si alguien ha sentido esto comprenderá la dificultad de dormir bien.
- El carácter vengador del destino. El destino, que para los griegos estaba incluso por encima de los dioses. La víctima será reparada finalmente cuando se convierta en verdugo. Parece ser.
- El concepto por encima de la materia. Sometida. Un logos sin atisbo de pensamiento mitológico. Soberbio, altanero. Productor del actual ethos grosero de la humanidad.
...................... chuk chuk chuk ............ araña rasga araña rasga........... y finalmente
puede que te vuelvas a dormir. Y cuando te despiertas, ¿cómo decía el cuento?... el dinosaurio sigue ahí. Reflejando en sus colmillos mi cara de imbécil.