Buenas noches, adcasna
Si el enfoque lo haces centrándote en el tiempo que duran las cosas, pues algunas metas de las que hablas te pueden resultar muy efímeras, incluso puedes pensar que la vida humana es bastante efímera. Si la comparamos con la inmensidad de la vida del mundo, del cosmos, pues ya ni te cuento, puede intimidar y agobiar.
Creo que por eso no se suele estar quieta la persona, ni en la mente ni en el cuerpo: cambia de objetivos, de ideas, de compañías, a veces necesita soledad, otras veces estar con un montón de gente, etc.
A mi parecer, en cuanto la gente se detiene a cavilar, es cuando viene la estupefacción-parálisis ante la inmensidad, y la pequeñez, de todo lo que está en acción y de
por qué está en acción, sin derrumbarse.
El preguntarse por el
para qué de las cosas que hacemos puede ser importante, pero también paralizante. Me refiero, incluso las cosas que consideramos que podemos atesorar durante más tiempo, pues la memoria nos puede jugar una mala pasada y hacer que olvidemos detalles según van pasando los años, de recuerdos muy bonitos. ¿Todo lo humano es un parpadeo, entonces? El mundo se puede presentar como algo abrumador con muchísimas direcciones que seguir que terminan abruptamente porque las personas son
como hojas que caen.
Pues entonces, lo que dice ksetram, si tenemos la posibilidad nos autoentrenamos para hacer frente lo mejor posible al mundo. Hay quienes no tienen posibilidad de hacer este ejercicio interior por las circunstancias que les ha tocado vivir.
adcasna escribió:
De hecho creo que cuando eres feliz ni te enteras, es como fijarte en una parte de tu cuerpo que no duele ahora mismo.
Vivir una existencia con esa idea de felicidad, sin pensar, sin enterarte de tu estado feliz, me parece preferible a la habitual búsqueda audaz de un estado ideal de lo que se supone la felicidad -en la que uno se toparía con decepciones y amargura por temor a no haberlo logrado.
¡Un saludo!