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TEMA: Henri Bergson. La Evolución Creadora. Cap. IV. Parte III
Henri Bergson. La Evolución Creadora. Cap. IV. Parte III 05 Feb 2026 01:35 #89937
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Platón y Aristóteles.
Que eso habría sido lo que hicieron “los filósofos de la escuela de Elea sin ningún tipo de consideraciones. Como el devenir choca con los hábitos del pensamiento y se inserta mal en los marcos del lenguaje, le declararon irreal”. “Se podría… decir que la realidad cambia, pero que no debería de cambiar. La experiencia nos pone en presencia del devenir; esa es la realidad sensible”. Que el principio fundamental de la filosofía en la antigüedad fue la Filosofía de las Formas o, mejor, la Filosofía de las Ideas. Dice Bergson que la palabra Eidos “Designa… en el fondo, el esquema del acto supuesto ya como realizado”. “Eidos es la vista estable tomada sobre la inestabilidad de las cosas”, es decir, estable como lo inmóvil e inestable como cambio y movimiento. Esto es como la mala leche superior de las cosas. Prosigue el filósofo: la cualidad es momento del devenir, la forma de la evolución, la esencia es la forma media y, por último, Eidos es “la intención inspiradora del acto que se realiza, el cual, como decíamos, no es otra cosa sino el esquema anticipado del acto ya realizado”. Es decir como haberse volado la tapa de los sexos antes de haberlo hecho. Además la esencia como forma media es una necesidad, algo que tiene que ser así, esencia media como solución para una serie de términos desgraciados que fabrican un conjunto de ambigüedades sin más. El filósofo francés ha querido decir que Eidos es la vista inmóvil tomada sobre la movilidad de las cosas. Restarían por saber, entonces, cómo el pensamiento es acción. Después lo explica. “Reducir las cosas a ideas” es “resolver el devenir en sus momentos principales”, “se llega a la filosofía de las ideas cuando se aplica el mecanismo cinematográfico de la inteligencia al análisis de lo real”. Que quiere decirnos la representación de lo real a la que nos lleva ese mecanismo y que esa representación “es precisamente la que se halla en la filosofía antigua”. Pues ala, que pobres griegos, siempre. Dice que las doctrinas desarrolladas desde Platón hasta Plotino pasando por Aristóteles y los Estoicos “no tienen nada de accidental ni de contingente”. “Trazan la visión que una inteligencia sistemática obtendrá del devenir universal” mirado según vistas tomadas en su transcurso. Así es que hoy hacemos filosofía como los griegos “en la exacta medida en que nos fiemos del instinto cinematográfico de nuestro pensamiento”. Que en el movimiento hay más que en las posiciones sucesivas, más en el devenir que en las formas unas después de otras, más en la evolución de la forma que en las formas continuadas. “La filosofía podrá sacar de los términos del primer género los del segundo, pero no podrá sacar del segundo el primero”. Es del primero de donde parte la especulación. “Pero la inteligencia invierte el orden de los dos términos y, en ese punto, la filosofía antigua procede como lo hace la inteligencia. Se instala en lo inmutable, y sólo admitirá Ideas. Sin embargo, el devenir existe; es un hecho. Habiendo admitido únicamente lo inmutable, ¿cómo se hará surgir el cambio? No podrá ser por adicción de algo, pues… no existe nada positivo fuera de las Ideas. Será entonces por una disminución”. Pero no se sabe si esa disminución deductiva de un género generalísimo que se hace especie es algo posible si siempre, siempre, hay más en el género que en la especie. No se sabe, así mismo, la manía adquirida en la moderna filosofía con la repugnancia sobre esa adicción de algo al pensamiento o a un género o cosa. Como si fuese una repetición innecesaria, como adicción de algo que ya estuviera puesto. Otra cosa es el seguimiento consuetudinario de esa filosofía de la categoría de la “cualidad”, pues es de suponer que adicción se haría mejor según categoría de “cantidad”. Pero esto aparece siempre como desprestigiado. No se sabe, por otra parte, si cambio, movimiento y evolución, pueden ser posibles si no es por adicción. Dice Bergson que la filosofía antigua permanece en el postulado: “hay más en lo inmóvil que en lo que se mueve, y de la inmutabilidad se pasa al devenir por vía de disminución o de atenuación”. También es que Aristóteles había dejado dicho que “el Todo es mayor que la suma de sus partes”. Asegura Bergson que “Por lo tanto, lo que habrá que añadir a las ideas para obtener el cambio será algo negativo, o todo lo más el cero”. Recordemos que Bergson es una personalidad de aspecto tradicional, además de judío, de derechas, digamos, un carca y filisteo, como les llamaban antiguamente por el norte. “De derecho no debería haber más que Ideas inmutables, inmutablemente ajustadas las unas a las otras”. “Degradad las Ideas inmutables y obtendréis así el perpetuo fluir de las cosas”. Dice que de la filosofía de las ideas se deriva “una determinada concepción de la duración”. “A quien se instala en el devenir, la duración se le aparece como la vida misma de las cosas, como la realidad fundamental”. Las formas son “vistas tomadas sobre la realidad cambiante. Son momentos recogidos a lo largo de la duración”, que dejan a un lado el tiempo y “ya no duran”. “Entran… en la eternidad; pero lo que tienen de eterno es lo mismo que tienen de irreal. Por el contrario, si se trata el devenir por el método cinematográfico, las Formas no son ya vistas tomadas sobre el cambio; son los elementos constitutivos del mismo, representan todo lo positivo que hay en el devenir”, “esa es, precisamente, la actitud de la filosofía de las Formas o de las Ideas”. “Toda Forma ocupa así espacio, como también ocupa tiempo”. Pero la filosofía de las Ideas no fabrica la forma según la vista en el devenir, sino que se da forma en lo eterno, “la duración y el devenir sólo serían la degradación de esa eternidad inmóvil. La forma dada así, independiente del tiempo, no es ya la que v unida a una percepción; es un concepto”. Las Formas deben permanecer fuera del espacio y del tiempo. Cuando la filosofía se posiciona “el espacio y el tiempo sólo pueden ser el campo que se concede a una realidad incompleta… extraviada”. Las formas sensibles quedan ante nosotros siempre dispuestas a recobrar su idealidad, pero siempre se lo impide la materia y el vacío. “Una ley inevitable las condena… y esa ley, que las ha lanzado al espacio y al tiempo no es sino la propia constancia de su insuficiencia original”. Todo ello “representa simplemente cierto déficit fundamental en el cual consiste la materialidad. Colmad ese déficit y quedarán suprimidos el espacio y el tiempo”. Se ve que Bergson concede a la conciencia otra estética, además de lo kantiano. De cualquier forma no haría falta colmar ese déficit si antes no se ha propuesto ese mismo déficit, si antes no se propone una diminución, no harían falta rellenarla de cambio y movimiento. J. P. Sartre ya usaría esas mismas ideas, en su caso de escasez de materia dentro de sus ideas marxistas sobre la producción. Bergson está como ameritando la aportación judía en el surgir del Neoplatonismo hace 2.000 años. La manera de sus formas podría ser el “logos” de Filón de Alejandría, judío como él, de razonar la sabiduría del libro con la filosofía de los griegos. Y de cierto tiene una manera especialmente “sui géneris” de interpretar las doctrinas de Plotino, el verdadero impulsor del Neoplatonismo. Incluso si éstas tienen o no presencia real en su discurso. Lo Uno –primera de la hipóstasis- no piensa, dice Plotino, no admite predicados, no se conoce su posición temporal ni espacial según el mundo platónico de las Ideas. El intelecto como segunda hipóstasis, ha de surgir de lo No-Uno y su disminución ha de ser por Iluminación, una clase de Sobrabundancia. También lo Uno se comporta de una manera exuberante. Pero es que incluso las acepciones de materia en Bergson, son parecidas “a su manera” a la concepción de la materia por Plotino. Ha dicho el filósofo que cuando se colma el déficit que es la materialidad, quedan suprimidos el espacio y el tiempo de nuestra conciencia. Que entonces las cosas vuelven a su lugar, “Y pasado, presente y futuro se retraen a un momento único que es la eternidad”. A continuación, en el punto y aparte aparece: “Por donde volvemos a ver que la física es lo lógico viciado”. Que aquí residiría toda la filosofía de las Ideas. Lógicamente si la esencia de las cosas es la idea que tenemos de ellas, las cosas han de sucederse como un producto derivado o defectuoso de esas ideas. No se sabe si esto es algo posible. Pero la forma de exposición de Bergson no deja de ser otra de esas maneras de los chicos del norte. Bergson pues dice su gran verso, su versón, y se queda tan tranquilo, y además sin consideración de otros que hubiere poetas. “Ese orden físico, verdadera degradación del orden lógico, no es otra cosa que la caída de la lógica dentro del espacio y del tiempo”. Dice que los filósofos reduciendo lo percibido al concepto comprimen en lógica lo que la física contine de realidad positiva. Que “ Así se obtiene la Ciencia”. Que “La ciencia no es una construcción humana. Es anterior a nuestra inteligencia, independiente de ella, verdadera generadora de las cosas”. ¡La Ciencia es de dios!, señoras y señores, eso ha dicho Bergson. Nosotros en la consideración de la filosofía de Kant-Hegel ya estábamos con el eterno peregrino bajando por el camino que discurre junto al río. La dirección, ahora, es la correcta para las tres cosas, el caminante, el camino y la corriente, ambas tres se dirigen en el mismo sentido y cuesta abajo. Habíamos dejado a lo lejos el manantial de las montañas y contemplábamos, otra vez, la existencia o posible fábrica de un puente que cruzara el río. Al subir por el otro lado, cuando las tres direcciones no estaban de acuerdo, habíamos contemplado así mismo la posibilidad de ese mismo puente, y a su vez la existencia verdadera de unos árboles con frutos, justo a este lado por donde ahora vamos. Pero ni entonces ni ahora hubo posibilidad ninguna de puente y se tuvo que andar todo el trayecto. Pero bueno, debido a ello pudimos saber dónde estaba el manantial y la dulzura de su agua. Ahora pues ya pudimos llegar a esos árboles con frutos puesto que seguimos vivos y con fuerzas renovadas por la pendiente. Tan sólo ahora, cuando las tres direcciones son la misma sabemos que estamos más cerca de la eternidad que es el océano. Y, acaso, entonces, pues, contemplamos ahora otros puentes reales, o no, para pasar al otro lado del río por donde ya habíamos ido. Pero eso es un imposible. Y sabemos que es imposible, no sólo por la existencia o no de esos puentes, sino porque aquel camino de subida que sigue estando al otro lado del río, ya lo hemos pasado. Dice Bergson que si las formas se consideran sólo como vistas en el devenir, serían relativas al espíritu que las representa y no existirían en sí mismas. Que “Es necesario que las ideas existan por sí mismas”. Y dice para concluir con lo de Platón que: “Puesto que el movimiento nace de la degradación de lo inmutable, no habría movimiento ni, por consiguiente, mundo sensible, si en alguna parte existiese la inmutabilidad realizada”. Hay que decir, no obstante, que la ciencia ha de guardar una cierta manera epistemológica porque si no no hay nada que hacer. Forma es pues indisociable de materia -la materia y la inteligencia que dice el propio filósofo- y su proporción es sustancia. La ciencia, entonces, no puede ser una resolución a-priori, sino una experiencia. Así el movimiento y el cambio deben ser un perfeccionamiento hirsuto de lo inmóvil y estable. Y no sólo ese perfeccionamiento oscuro de lo inmutable será la causa del cambio y movimiento, sino que será la causa del surgir de todo, las partículas y los elementos. Si existe en algún lugar la inmutabilidad realizada, debe existir en ello mismo la creación. Dice Bergson que Aristóteles no pudiendo arrebatar la evidencia a las ideas en sí mismas, se dedicó a reunirlas en una masa y situó por encima del mundo físico “una Forma que resultó ser así la Forma de las Formas, la Idea de las Ideas, o empleando su expresión, el Pensamiento del Pensamiento”. Hay que fijarse que las dos primeras expresiones son singular-plural y la tercera son dos singulares. En la expresión no contemplada de la Forma de la Forma ¿cuál de esas dos palabras iguales sería el sujeto y cuál el atributo? Y ahabríamos puesto nosotros que el orden sería lo que crea la lógica de la oración. La primera Forma pues sería la que contuviera en sí la mayor cantidad de materia para ser sujeto y a priori. En este caso no se sabe la necesidad de mentar ahí una segunda Forma. Pero la “forma de la forma” concede a la segunda un cierto aspecto de sujeto como en “la forma de la forma de la luz”, incluso en “la forma de la Forma”. Aquí el sujeto podría presentarse en la segunda de las palabras iguales. Se refiere ahora Bergson, en su dicción de Aristóteles al Principio de Causalidad. Dice que: “inmanente a la filosofía de las ideas, se hallará una concepción… de la causalidad”, que eso nos remonta a los orígenes y al movimiento natural de la inteligencia. Que los antiguos nunca habrían formulado ese principio de modo explícito y que sólo sacaron consecuencias de lo mismo. Debe ser el judío Bergson con sus cuitas. Dice refiriéndose a los Alejandrinos -el Neoplatonismo de Alejandría- que “todo deriva del primer principio y todo aspira a volver a él”. Dice que “basta con la más ligera disminución del primer principio para que el ser sea precipitado en el espacio y en el tiempo”. Habla del “primer motor inmóvil” de Aristóteles que lo fundara, y no según que el movimiento tuviera un comienzo, sino “afirmando que ese movimiento no pudo comenzar y no debe jamás terminar”. “Un movilidad perpetua sólo es posible si está adosada a una eternidad de inmutabilidad que aquella desenvuelve en una cadena sin comienzo ni fin”. Dice que eso habría sido la última palabra de la filosofía griega. Así tal cual. Pero que esa sabiduría tiene orígenes múltiples y que si se elimina de ella todo lo que tiene de poesía, de religión, de vida social, de física y de biología “queda una armadura sólida y esa armadura traza las grandes líneas de una metafísica que, en nuestra opinión, es la metafísica natural de la inteligencia humana”. Termina Bergson el apartado y dice que “Lo físico quedará definido por lo lógico”, que según los fenómenos cambiantes se mostrará por trasparencia “un sistema cerrado de conceptos subordinados unos con otros. La ciencia, entendida como sistema de conceptos, será más real que la realidad sensible. Será anterior al ser humano… Su inmutabilidad -la de la ciencia- es la causa del devenir universal” Dice que quiere poner en claro el por qué la metafísica de los modernos conduce a las conclusiones generales de la metafísica griega. Para terminar el comentario de este apartado decir que en el escrito de Bergson hay mucha guasa y mucha perasa, algo absolutamente impensable en tiempos de Kant o Hegel. Lo de los tiempos de Platón y Aristóteles podría ser la misma persona lo que no puede saberse. La Ciencia Moderna. ¡La ciencia es de dios!, repito, señoras y señores. Esto es lo que tiene que decirnos la voz de la sabiduría en Francia. Que la ciencia es toda nuestra y de dios, por supuesto para repartirla. No puedo ni imaginarme cómo podría uno hoy día llegar a esa clase de conclusiones con la sarta de barbaridades inmundas a las que la ciencia, esa misma que elogia Bergson, ha conducido en nuestros días. “La ciencia moderna, como la ciencia antigua, procede de acuerdo con el método cinematográfico”, “toda ciencia está sujeta a esa ley”. “¿Cuál es el objeto esencial de la ciencia? Acrecentar nuestra influencia sobre las cosas”. “La ciencia se propone siempre la utilidad práctica”. “Por mucho que se eleve ha de estar dispuesta a volver a caer en el campo de la acción”. “El método cinematográico se impone a nuestra ciencia como ya se había impuesto a la de los antiguos”. “¿Dónde está, pues, la diferencia entre ambas ciencias?”. Dice que los antiguos reducían el orden físico al orden vital, las leyes a los géneros mientras que los modernos pretender resolver los géneros en leyes. Pero no se sabe si “leyes” puede conseguir categoría de géneros generalísimos, es de suponer que sí, en la ley. No se sabe si en muchos lugares diferentes puede ser eso de la ley contemplado como género. Quizás sería mejor hacer la comparación según Causas y Leyes como en otras ocasiones y asociado de una manera normal como una cosa relacionada con otra. De cualquier forma la obviedad que se manifiesta en esa pregunta es algo patente. Que la comparación entre ley y causa no es procedente desde esa precisa perspectiva y la asociación con la técnica cinematográfica parece algo absolutamente fuera de lugar. Quizás en una “cámara lenta” conseguida sólo con fines de rememoración jurídica. Seguramente es que la ciencia antigua está más retrasada que la moderna, que la moderna le da veinte mil vueltas, digamos a la antigua. No es necesario recurrir una y otra vez a una demostración obsoleta. Y si la moderna ciencia necesita de la antigua por sus principios y sus causas debe hacerlo con el debido protocolo y deferencia. Que debe ser ese, por mí, que expone el mismo Bergson. Las cosas se hicieron así porque había que hacerlas de alguna manera. Ahora lo va a arreglar el chico del norte. “¿En qué consiste la diferencia de actitud de esas dos ciencias frente al cambio? La formularíamos diciendo que la ciencia antigua cree conocer suficientemente su objeto cuando ha señalado alguno de sus momentos privilegiados, mientras que la ciencia moderna lo considera -el cambio- en cualquier momento”. Es decir que a la ciencia antigua le corresponden los fotogramas inmóviles múltiples y a la moderna el darle a la manivela del cinematógrafo. Pero vamos, es de suponer, repito, que Tales ya tenía presente, al considerar el agua como causa de todas las cosas que había otras sustancias materiales en el mundo y que el agua podría servir para explicar una generalidad. Dice que “nuestra física difiere sobre todo de la de los antiguos por la descomposición indefinida que opera en el tiempo”. Antes se había referido al análisis de la Gravedad efectuado por Galileo -que considera como de lo moderno-, sobre que observar el cuerpo que cae es conisderarlo en cualquier momento de su caída, pero que no hay momento esencial, ni instante privilegiado que definiera en sí la Gravedad, como pretendían los antiguos. Yo pienso a este respecto, entonces, que un objeto lanzado al aire no tiene ningún derecho a regresar a tierra; una vez se ha lanzado debe seguir su ruta hacia el infinito. Si hay que descomponer su trayectoria, debe ser en el sentido de la dirección hacia el pasado, hasta regresar a su lugar que ocupaba en la superficie. Y aquí no ha pasado nada. El tiempo debe tener derecho de ir hacia el pasado, hacia su origen, hacia el infinito eterno anterior. Si el universo se hace en una expansión continuada ¿cuál es la fuerza que lo asiste, la presión universal o la gravedad universal? "Tuquetienes" lo tiene aquí algo crudo puesto que él sigue preocupado por el lugar o Topos que ocupa el universo y sobre si el espacio vacío infinito que recoge ese lugar le pertenece al universo o es “otra cosa” física que supone el fin, término y desaparición de esta. Pero vamos, esa expansión continuada y que también se expande hacia nosotros, es decir hacia un interior, debe usar sus propias causas, principios y leyes que lo asisten, acaso que no sean con exactitud presión o gravedad. Hay que saber cuáles son esas leyes. No es posible decir que todo ha estallado en sus orígenes. “Los cambios que se producen de un momento a otro no son ya, por hipótesis, cambios de cualidad; son desde ese momento variaciones cuantitativas”. A mí eso me parece perfectamente al revés, pero Bergson considera cualidad de forma con cualidad de sustancia y cualidad como categoría de la ciencia, no del pensamiento. Estaba proponiendo la solución cuántica. “Por lo tanto se ha dicho, con razón, que la ciencia moderna se diferencia de la de los antiguos en que se ocupa de las magnitudes y se propone sobre todo medirlas”. “Lo que distingue a nuestra ciencia no es que experimente, sino que sólo experimenta y, en general, sólo trabaja con vistas a medir”. Y con el metro diría yo. “La ciencia antigua se ocupa de los conceptos, mientras que la ciencia moderna busca leyes, relaciones constantes entre magnitudes variables”. Aquí hay que tener en cuenta que Bergson, en su grande verso, está hablando con alguien que se encuentra refugiado en su Torre de Ortodoxia, después de lo de Kant y Hegel, y que le está pegando tiros a su torre inmarcesible y a él mismo que es un muñeco de cuero y madera que tiene una calabaza por cabeza. “La ciencia de los antiguos es estática”. “La ciencia moderna se ha constituido en torno a los descubrimientos de Galileo y de Kepler”. “Para los antiguos la geometría era una ciencia puramente estática”. “La ciencia moderna es hija de la astronomía”. “Cada punto material se convierte en un planeta rudimentario”. Pero seguramente Leucipo propuso la hipótesis de los átomos como causa y sustancia que justifica las cosas según una observación y experimentación precisa, según la cual, cualquier cuerpo o materia acaba con el tiempo por convertirse en polvo, o después de una acción sobre él que lo desgaste o lo disuelva. La madera se convierte en ceniza por el fuego, el agua al evaporarse deja multitud de corpúsculos en el aire, la tierra y la sílice se convierten en el polvo de los caminos y el desierto. Esto a su vez posee ciertas reminiscencias de la sabiduría de antes de los griego, la Biblia dice “polvo eres y en polvo te convertirás”, incluso en Egipto con la fábrica de la “fayenza”. Hay más cosas: al soplar un puñado de ceniza o del polvo de la tierra o de harina, por ejemplo, lo que se observa es su dispersión en el aire. Polvo que después en una cierta proporción debe desaparecer antes de llegar al suelo. Dice Bergson que “no conocemos jamás las posiciones respectivas de los verdaderos elementos de la materia, suponiendo que haya elementos reales”. “Mas nos basta con saber que esos elementos podrían ser conocidos”, “y que una inteligencia… sometiendo esos datos a operaciones matemáticas, podría determinar las posiciones de los elementos en cualquier otro momento del tiempo”. “Toda ley de forma estática nos parece un anticipo provisional o un punto de vista particular sobre una ley dinámica que nos diera ella sola el conocimiento íntegro y definitivo”. Que la magnitud a la cual quiere referir todas las demás es el tiempo. “y que la ciencia moderna debe definirse sobre todo por su aspiración a tomar el tiempo como variable independiente. Mas ¿de qué tiempo de trata?”. Dice que la ciencia moderna procede y trabaja de igual manera que el conocimiento usual, “que en el intervalo de tiempo que considera distingue tantos momentos como se quiera”. Y que “nos autoriza a dividirlos también”. Que, a diferencia de la ciencia antigua que se detiene en momentos esenciales, la ciencia moderna se ocupa de cualquier momento indiferente. Pero que considera sólo momentos, en definitiva inmovilidades, y que el tiempo real considerado como un fluir “escapa aquí al conocimiento científico”. “Cuando la ciencia positiva habla de tiempo, se refiere al movimiento de un determinado móvil T en su trayectoria”. “Lo que se repite del movimiento del móvil T son posiciones tomadas sobre su trayectoria”. “Supongamos que esa rapidez del fluir se vuelva infinita”. “La ciencia no tiene ningún signo para expresar lo que de la sucesión y de la duración impresiona nuestra conciencia”. Habla de los registros desquiciantes que usa el Universo, en tamaño, velocidad, etc., y que a la mirada de la conciencia eso se advierte como un verdadero absoluto. Dice que: “si el futuro está condenado a suceder al presente, en lugar de estar dado junto a éste, es que no está determinado en el momento presente”. Que si el futuro no está en el presente, no se puede pensar que suceda a éste. Que “Esa duración puede no ser un hecho de la materia misma, sino de la Vida”. “La duración del Universo debe formar un todo con la latitud de creación que en ella puede hallar lugar”. Esto me parecen sabias palabras. “La idea de leer en un estado presente del Universo material el futuro de las formas vivientes y de desplegar de una vez su historia futura, debe encerrar un verdadero absurdo”. Pero que podría ser “”porque el pasado es ya algo inventado, algo muerto, y no creación y vida”, “la duración que venga implica el mismo tratamiento que la duración pasada” y que “el futuro está ahí enrollado, pintado ya sobre el lienzo. Un ilusión, sin duda, pero una ilusión natural”. “O el tiempo es invención o no es absolutamente nada. Mas el tiempo invención no puede tenerlo en cuenta la física, sujeta como está al método cinematográfico”. “Pues desde el momento en se vuelve a estar en presencia de la duración verdadera, se ve que ésta significa creación, ya que , si lo que se deshace dura, ello de debe a su sólida unidad con lo que se hace. Así se manifestaría la necesidad de un crecimiento continuo del Universo, es decir, de una vida real”. Que según los antiguos el cambio es sólo el esfuerzo de la Forma en su realización y que lo que importa es la realización, aunque jamás sea completa. Que si el objeto que cambia está determinado a un momento esencial, cenital o apoteósico es cuando roza la forma inteligible. Que nuestra ciencia y nuestra conciencia se apoderan de esa forma inteligible. Que una ciencia -debe ser la moderna- que sitúa los momentos del tiempo en la misma categoría, el fluir del tiempo es la realidad misma y lo que se estudia son las cosas que transcurren. Que los antiguos disponían de una manera de saber única y su metafísica queda fragmentaria en una ciencia concentrada y sistemática. Que donde él, Bergson, se sitúa “ciencia y metafísica serían dos modos opuestos… de conocer; el primero no tendría mas que instantes… lo que no dura; el segundo estaría referido a la duración misma” Termina Bergson el apartado titulado “La Ciencia Moderna”: que cuando la física sólo retiene el tiempo y lo situa por entero de una vez en el espacio, la Metafísica tendría que negar el tiempo, “como si la duración no tuviese ninguna eficacia. Reducida -la metafísica- como la física de los modernos y la metafísica de los antiguos, al método cinematográfico, llegaría a la conclusión… de que Todo está dado”. Que todo está dado si se sigue la derivación del método cinematográfico. Pero vamos si ahí se respeta la sucesión histórica y sus diversos grados de conocimiento científico, no habría por que encontrar tantas diferencias establecidas entre una ciencia y otra. Los antiguos inventaron el cambio y el movimiento como Forma. Psicológicamente, además, la antigua ciencia sigue unos patrones que se aprecian más normales que la moderna. En un aparte habría que poner aquí la teoría Geocéntrica, por ejemplo. Y tampoco se la podrían achacar, digamos, a la ciencia antigua los desbarres monumentales de la ciencia moderna del tipo la “gran explosión”, la conquista del espacio exterior, o la mera incongruencia de presión-gravedad para el universo en expansión continua. Nosotros vamos a abandonar aquí el escrito de Bergson, aunque quedan una serie de apàrtados donde el filósofo se dedica a precisar una serie de ideas según los escritos de otros filósofos en relación escueta con su discurso. Se refiere a Descartes, Spinozza, Leibniz, Kant y Spencer. De este último su idea original de la Evolución. Ahí termina el escrito de Bergson, “La Evolución Creadora”. En resumidas cuentas lo que se puede observar a lo largo de la obra de Bergson es que el filósofo está metafisizando la Teoría de la Evolución en su diferentes acepciones, Lamarckismo, Darwinismo, Mutacionismo, etc. También está considerando los recovecos de esa nueva ciencia aparecida desde unos parámetros de consideración filosófica y pensamiento puro. Y no cabe duda, que sus frutos llegarían a obtenerse, para la continuidad y permanencia del pensamiento filosófico y sus presupuestos. Y, es cierto, a eso después lo llamaron Bergsonismo. Antes, Kant y Hegel, habían hecho eso mismo con las nuevas ciencias de la mente, Psiquiatría y Psicología. Todo el muendo tendría ocasión después de comprobar que Filosofía seguiría sus derroteros pujante y feliz después de ese tremendo envite de las ciencias empíricas y positivas en la Modernidad y Actualidad en Europa y el mundo. Bergson era matemático, había estudiado muchas matemáticas en su carrera y conocía, con suficientes razones para ello, la Teoría de la Relatividad de Einstein. Precisamente ambos señores se conocían y mantuvieron un diálogo encontrado en París por su diferente manera de ver las cosas. Bergson, precisamente, no presentó una crítica palmaria matemática y física, es decir normal, contra la Teoría de la Relatividad, sobre la que sí expuso sus pareceres. En esa discusión ambos pensadores y científicos vinieron a encontrarse sobre la diferente manera que ambos tenían sobre la idea del Tiempo. Curiosamente podría decirse que Einstein creo su teoría física y el filósofo Bergson expuso su doctrina metafísica. Cuentan las crónicas, que sería en ese diálogo, uno de los lugares donde mejor podría apreciarse la radical separación entre las maneras de razonar las cosas según la filosofía y ciencia del pensamiento y las formas originales de pensar y hacer las cosas en Física y ciencias positivas. Eso sucedió en 1.922. Además, en ese mismo sentido, Bergson se convertiría en uno de los hombres más famosos e importantes de la primera mitad del Siglo XX. Una de las primeras muestras o veces que alguien adquiriría esa condición de mundialismo, todo ello propiciado por la sorprendente dimensión pública lograda por los llamados Medios de Comunicación Social. Y se piensa así mismo, que en esa discusión y enfrentamiento la postura que habría resultado ganadora habría sido la Teoría de la Ciencia, propuesta por A. Einstein. Esto sin duda promovido por la presencia cada vez más importante de una Opinión Pública informada, culturalizada y creyente, mejor, en las condiciones de progreso que no en doctrinas filosóficas. No obstante, no puede saberse qué clase de ventajas sustanciales para el progreso efectivo de la sociedad, para la propia integridad moral y social de esa Opinión Pública, pudo traer esa toma de postura. Lo cierto es que más tarde, pero no mucho más tarde, el resultado de esas entrevistas y otros importantes hechos al margen, por supuesto, canalizarían las diferentes maneras de pensar mundiales, con respecto al desarrollo del asunto nuclear y la construcción de la Bomba Atómica. Una vez logrado eso, contemplado lo mismo por todo el mundo, se produciría sin más la opinión aberrante mundial sobre lo mismo. Y ciertamente no se sabe si una cosa, la opinión pública y el despliegue de medios técnicos y científicos coinciden en algún punto o lugar. Es por esto que sigue siendo importante el “caer en la cuenta”, creo yo, y de una manera importante, de que las doctrinas y teorías desde la ciencia filosófica merecen nuestra atención y consideración sobre los conceptos extraordinarios y variaciones que propone la ciencia. Estas últimas ni como adjutores de progreso para los pueblos. Ni como exponentes de una manera normal de pensamiento. Pero es a lo que vamos, nosotros estábamos discurriendo sobre las matemáticas malas y las matemáticas buenas. Es de prever que las matemáticas y el uso de los números, sus leyes y sus fórmulas, se habrían usado siempre desde la antigüedad procedentes del fenómeno natural de los Equinoccios, es decir, cuando las condiciones naturales de las cosas poseen unos valores parecidos, comparables, pesables y medibles, cuando el cómputo de las horas, los minutos y los segundos de los días en el transcurrir del año son iguales y constatables así en la memoria, cuando la luz y la obscuridad, sus horas correspondientes se parecen en los Equinocios de Primavera y los Equinocios de Otoño. Que habría sido ahí cuando mejor habríamos podido confabular con la Aritmética y la Matemática para hacer los números y las cuentas que nos servirían para hacer más fáciles y efectivos nuestros quehaceres y formular nuevas hipótesis, doctrinas y teorías sobre la existencia de las cosas, y la forma magnífica de la naturaleza y el universo. Esto serían pues las matemáticas buenas y normales que siempre se habrían usado. Pero además es que hay tener en cuenta que esos números naturales no son exactos, de ahí la aplicación cada 6 años de un año bisiesto. Es decir, el círculo que crean esos números naturales ha de estar ajustándose constantemente para que al final el círculo o ciclo de todos los años sea conseguido. El gran fallo o ausencia final de la Aritmética Equinoccial, habría venido a ser el haber excluido la teoría heliocéntrica de Aristarco de Samos, para dejar puesto ahí las terorías erráticas del geocentrismo según Aristóteles y Ptolomeo. Hay, sin embargo, otra manera de contemplar y entender las matemáticas y la aritmética, algo que tiene lugar en los mismos tiempos de la actualidad y anclado precisamente en las más rancias propuestas geocentristas. Esta es la matemática mala y nefasta, los números y fórmulas mal empleados, las cuentas fabricadas en la misma inversión de las mismas. Debe ser y se debe suponer que esos números, aritméticas y matemáticas sean los que proceden del fenómeno natural de los Solsticios, el solsticio de verano y el solsticio de invierno, unas zonas y territorios temporales del año altamente contrastados en sus fenómenos. En el solsticio de invierno el último momento de la luz que disminuye se confunde y se mezcla con el primer momento de la luz que empieza o aumenta y en el solsticio de verano, el último momento de la luz que aumenta se confunde con el primer momento de la luz que disminuye. Es pues este lugar temporal de los solsticios donde el uso de los números y sus leyes, la búsqueda incesante de sus causas lógicas, son especialmente difíciles y complejos en sí mismos, y la medida y el cómputo del tiempo y la luz son contrapuestos, muy difíciles de medir por cualquier trasto o reloj. Esa complejidad que adquiere la cosa aritmética en los solsticios, posee por sí sola la posibilidad de confundir y trastocar nuestra intuición y práctica de esos números y cuentas aritméticas. Estas son las matemáticas malas, nefastas y dañinas. Esas mismas que pueden mandar al traste todos nuestros planes de futuro y el éxito evolutivo de nuestra especie. De ahí, del pozo negro de la mala física y de sus cuentas aritméticas es de donde mana el agua maligna y oscura de la experimentación nuclear y el uso de sustancias radiactivas, la invención de nuevos artefactos de destrucción masiva, donde se averiguan las sustancias mortales de la guerra biológica, incluso de donde proceden los cálculos de las meras cuentas prácticas del estamento económico y político. El uso del dinero, así, uso cada vez más pertinaz y tozudo de los números puros, amenaza no sólo la continuidad de nuestra existencia como seres evolucionados, sino que confunden o invierten nuestra misma posibilidad inteligente pues a fin de cuentas, todas estas cosas son nuestras, de los seres humanos que las usamos, sino que amenazan y dicen conseguir lo otro, lo que no es nuestro, lo que nos encontramos y robamos, el mismo alrededor circular de la Tierra, su seguridad o futuro como planeta. Lo más curioso de esta Aritmética Solsticial es que no parece conocer enemigo y no dispone de ejemplos de fallos garrafales. Lo que hace te mata y ya está. A mí, quiero decir, a “túquetienes”. No se sabe que justicia, reivindicación o derecho natural puede o podría asistir eso. Una justicia y una ley que es un compuesto de justicia, Una mezcla de razón justiciera de ladrones y razón justiciera de asesinos. Un compuesto de ley y de justicia que nosotros, una inmensa mayoría de los humanos -mujeres y hombres- hemos manejado y usado desde siempre, incluso en las conclusiones nefastas que ello produce, autolesión y autoeliminación, si no el descubrimiento del camino más cercano y certero que conduce a la miseria y la mala imagen absoluta y eterna de lo humano. Acaso haga falta aquí desmarcarse, que esa clase de hombres y mujeres no podríamos ser los desheredados y olvidados de la Tierra, ni los renegados de la suerte y el destino. Que seríamos otra clase de personas nosotros. Que hay que declarar la guerra y saber hacerlo a esa positura que pretende en su sueño la amenaza efectiva a todo lo que existe y se menea. |
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