«Desde el principio estoy en comunicación con un ser, y solo con uno, un vasto individuo del cual se toman mis propias experiencias, y que persiste en el horizonte de mi vida como el lejano rugido de una gran ciudad proporciona el fondo de todo lo que hacemos en él»
«Toda la naturaleza es el escenario de nuestra vida, o nuestro interlocutor en una especie de diálogo»
A lo largo de su obra, Merleau-Ponty mantiene la coherencia respecto a la idea de que la expresión es fundamentalmente ambigua, ya que nunca está del todo claro quién o qué está expresando. No se trata simplemente de que intentemos expresarnos a través del lenguaje, dado que el lenguaje, o incluso el ser mismo, puede verse como expresándose a través de nosotros. También se refiere cada vez más a esta ambigüedad fundamental en términos de la «paradoja de la expresión».
“En la experiencia del diálogo, se constituye entre el otro y yo un terreno común; mi pensamiento y el suyo se entrelazan en un único tejido, mis palabras y las de mi interlocutor son provocadas por el estado de la discusión, y se insertan en una operación compartida de la que ninguno de nosotros es el creador. Aquí tenemos un ser dual, donde el otro ya no es para mí un mero fragmento de comportamiento en mi campo trascendental, ni yo en el suyo; somos colaboradores el uno del otro en una reciprocidad consumada. Nuestras perspectivas se fusionan mutuamente y coexistimos a través de un mundo común. En el diálogo presente, me libero de mí mismo, pues los pensamientos de la otra persona son ciertamente suyos; no son obra mía, aunque los capto en el momento en que surgen, e incluso los anticipo. Y de hecho, la objeción que mi interlocutor plantea a lo que digo me arranca pensamientos que ni siquiera sospechaba poseer, de modo que, al mismo tiempo que le presto mis pensamientos, él me los devuelve haciéndome pensar también.”
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Comparto estos fragmentos del capítulo Expression en el libro Merleau-Ponty Key Concepts porque creo que entrelazan de forma muy armónica el cuerpo, la naturaleza, el ser y el lenguaje. Desde su perspectiva del lenguaje como ‘gesto’ y del cuerpo como ‘tejido’ del mundo, no existe una distinción clara entre dentro y fuera, entre yo y otro, ni, por tanto, entre un significado que pueda provenir de mí y un significado que provenga del mundo.
Bajo esta luz, la expresión lingüística no solo es a la vez centrípeta y centrífuga, sino que, siendo un acto en el que confluyen simultáneamente los significados previamente sedimentados (fondo común que es condición de posibilidad de la comunicación) y los ‘nuevos’ o mutados, hace que emerjan significados ocultos, inesperados para quien los produce. Ese ‘arrancar pensamientos’ es una idea muy evocadora que conecta con el movimiento, tal y como lo expresa Dekone en su alusión al Tao.
Siguiendo este hilo, el lenguaje considerado como algo instrumental, desde el paradigma cartesiano de un yo que piensa y luego habla, estaría desde el inicio imposibilitado para alcanzar el ser, en tanto que sería el movimiento, la bidireccionalidad, lo que daría lugar a la revelación. En otras palabras, el ejercicio unilateral de la parte creativa del lenguaje daría lugar a la ilusión de un significado puro, previo al diálogo, o lo que Wittgenstein llamaría un ‘lenguaje privado’. La bidireccionalidad merleau-pontyana, en cambio, implica también una cierta pasividad; una receptividad que recuerda un poco a la poesía de María Zambrano en Filosofía y Poesía, donde la revelación se produce de forma inesperada pero dentro de un ecosistema de entrega al instante que favorece su aparición.